martes, 21 de julio de 2020

Arrocaiques, un bollo rico con un nombre único

Todavía se siguen elaborando y vendiendo con éxito en las panaderías de Santa Olalla los arrocaiques, que son unos bollos planos y finos elaborados a partir de la masa del pan a la que se le añade aceite, azúcar y anises.

Dando la receta todos conocemos este dulce, sin necesidad de ser de Santa Olalla o de la comarca, y es que lo más exclusivo de este bollo no es precisamente su receta, sino su nombre. Se trata de un localismo, desgraciadamente casi en desuso, muy probablemente “arrocaique” es una denominación de origen árabe.

Sirva esta exclusividad nuestra, solo he oído hablar de arrocaiques en Santa Olalla y en El Carpio de Tajo, para aportar en este artículo otros nombres más comunes de postres y dulces arraigados en la gastronomía de nuestro pueblo. 

Si bien los Arrocaiques se elaboran durante todo el año, la mayoría de los dulces típicos están ligados a una festividad o época del año concreta. En Navidad se elabora la sopa de almendras a base de almendras y pasta de mazapán. En Semana Santa las torrijas. En las fiestas de la Virgen de la Piedad de elaboraban las rosquillas de la Virgen. En las primeras semanas del otoño se recogen los membrillos y se prepara la carne de membrillo, únicamente con la pulpa de este fruto y azúcar en partes iguales. Para la fiesta de Todos los Santos destacaremos dos postres sobrios, el potaje de castañas y las puches, que son la variante dulce de las gachas.


viernes, 17 de julio de 2020

Renovación del Voto al Cristo de la Caridad en Santa Olalla

En este año 2020 en el que España y todo el mundo se encuentra tratando de superar una pandemia de coronavirus. En nuestro pueblo recordamos la tradición en torno al Cristo de la Caridad, transmitida por nuestros mayores y que también recogieron las crónicas de la época.

En 1598 la peste bubónica asoló España, desde principios de año se registraron casos en Santa Olalla y en nuestra comarca, incluso en la puertas de la ciudad de Toledo se colocó una tablilla prohibiendo la entrada de los vecinos de los pueblos afectados, aunque de poco sirvió pues también se infectó.

La peste había entrado por las pulgas de las ratas que llegaron al puerto de Valencia en una mercancía de tejidos y mantas. Santa Olalla tenía en aquel tiempo tres parroquias y aunque de esa época solo se conservan los libros de defunciones de esta iglesia de San Julián, las estimaciones indican que fallecieron casi seiscientas personas. La costumbre era enterrar dentro de las iglesias y el suelo de las tres iglesias quedo colapsado, especialmente sucedió así en la iglesia de San Miguel que desde aquel momento quedo marcada como lugar infecto y fue abandonada por sus feligreses.

Después de tanto sufrimiento, después de tan dura prueba, los santaolalleros se pusieron bajo la protección de un Cristo que estaba recién llegado de México y que había sido donado por un emigrante a la Cofradía de la Santa Caridad.

Tradición, leyenda y milagro o simplemente la fe de un pueblo que se puso bajo la protección del Cristo de la Caridad. Aquel verano la peste se detuvo y los rebrotes que se produjeron al año siguiente no tuvieron incidencia en Santa Olalla.

En aquel momento se hizo el conocido como “Voto al Cristo de la Caridad”: los Condes de Orgaz; el concejo de la villa, alcalde y regidores; clero de las tres parroquias y del convento franciscano, consagraron solemnemente esta villa de Santa Olalla al Cristo de la Caridad y le nombraron su patrón, convirtiendo la antigua fiesta del Triunfo de la Cruz, que había nacido en 1212 por la batalla de las Navas de Tolosa, en la Fiesta del Cristo de la Caridad.

Solo en otra ocasión en 1885 durante una epidemia de cólera en la que murieron 45 santaolalleros se renovó el voto. Aunque no se hizo de manera directa sino que el concejo de Santa Olalla se unió al voto realizado en La Puebla de Montalbán.

Hoy ante similares calamidades, Santa Olalla renueva su voto, su consagración al Cristo de la Caridad como patrón de esta villa y protector de la salud de sus vecinos.

Renueva el voto, en nombre de todos nosotros, nuestro alcalde don Pedro Congosto Sánchez.



Santísimo Cristo de la Caridad, rendidos a tus plantas, te consagramos solemnemente esta Villa de Santa Olalla.
Te consagramos las hermosas almas de los niños que la habitan y de los que nazcan y vivan a la sombra de tu venerada imagen. Te consagramos y dedicamos los corazones de nuestros mayores, transmisores de la fe que te profesamos. Te consagramos las almas de los vecinos y vecinas de este pueblo; nuestra salud, nuestros trabajos y nuestras casas y campos, como supremo hacedor de todo. ¡Santísimo Cristo de la Caridad!
Declaramos y confesamos que nuestros antepasados vieron el milagro que la Divina Providencia realizó cuando la peste de Levante casi despobló nuestra villa en el año 1598, cesando el azote al invocarte como su Patrono; y te ofrecieron el voto de la festividad que desde entonces celebramos en tu honor cada 16 de julio. También en 1885, durante la epidemia de cólera, el concejo de este pueblo se unió a la renovación del voto que La Puebla de Montalbán te hizo.
En este 2020 hemos visto repetidas las calamidades que pasaron nuestros antepasados y volvemos a ponernos bajo tu protección frente a esta pandemia de Coronavirus. Ahora también te invocamos ¡Santísimo Cristo! y nos ponemos al amparo de tu inmensa Caridad.
Igual que aquellos piadosos vecinos que en el siglo XVI establecieron la festividad del 16 de julio en honra tuya, ahora ratificamos y renovamos aquel voto, prometiendo y jurando solemnemente celebrarla con la mayor solemnidad posible, sin que jamás decrezca, procurando aumente de año en año el esplendor de esta fiesta, que es y será siempre de precepto para esta villa.
Santa Olalla no puede demostrarte de otro modo que tu amor, ¡Santísimo Cristo de la Caridad! es su defensa. Lo mismo en los días de amargura y prueba, como en los momentos de prosperidad, ¡Tú serás el Patrono, Tú el amparo, Tú el triunfo de este pueblo!
Mira a esta villa de Santa Olalla como cosa tuya, reina siempre en ella y líbrala de todo mal.
Al pie de tu Santa Cruz, postrados fervientemente, lo suplicamos.
Santa Olalla a 16 de julio de 2020.

domingo, 5 de julio de 2020

Un alfarero en Santa Olalla: Gregorio Sánchez Rodríguez

Tenemos documentada la presencia de un alfarero en Santa Olalla, que durante los trece años de producción que tuvo en nuestro pueblo surtió de cacharros de barro para uso doméstico a la mayoría de las casas santaolalleras, muchas de las piezas antiguas que todavía se conservan, ya como reliquia, fueron salidas de su alfar y horno. Se trata de Gregorio Sánchez Rodríguez (Talavera de la Reina, 24 de diciembre de 1897).[1]

Desde muy joven comienza a trabajar en los alfares talaveranos de  “El Carmen” en la época de Emilio Niveiro y Gil de Rozas, y posteriormente en la fábrica “Juan Ruiz de Luna” en el tiempo de la sociedad de Ruiz de Luna con Guijo y Cía.

Muy pronto dominó el oficio y en Calera y Chozas estuvo ayudando a un alfarero que enfermó. Trabajó como alfarero en La Iglesuela y Los Navalmorales. En Alcaudete de la Jara, siendo todavía soltero, se establece por su cuenta.

Se casó con Rufina Corrales Gracia; nacida, como él, en Talavera de la Reina en 1900. Tuvieron a su primera hija. En 1923 llegó a Santa Olalla, donde se estableció en una vivienda de la calle Alcolea, y allí tendría ocho hijos más.

En los diversos anuarios de industriales aparece alternativamente como cacharrero y como alfarero.

Su alfar estaba situado en el barrio de las Charcas, la tierra la cogía del camino Carriches, quitaban la de tierra de labor y bajaban después unos 50 centímetros. Usaban la misma tierra para los cacharros de agua y para los de fuego. La tierra la dejaba secar en una era y deshacían los terrones con un porrillo; hacían la mezcla con agua en un pilón, se batía con una pala de madera y se pasaba a dos pilas donde se dejaba solar. El barro solado lo pasaban al obrador donde se pisaba y recogía en un rincón, tapándolo con arpilleras.

El horno era abierto y algo enterrado, en la misma línea de todos los de la provincia. En la rueda trabajaba solo él, pero en el resto de tareas contó con la ayuda de su cuñado Alfonso Gil. Algunas vasijas se vidriaban, cociéndolas dos veces, la segunda después de aplicado el esmalte.

Elaboró cántaros de tres capacidades, también traía cántaros de la Puebla de Montalbán para vender, botijos, huchas, comederos, bebederos, nidos para las palomas o zambombas. Y vidriados solían hacer los pucheros, cazuelas, ollas y orzas.

Vendían a los santaolalleros y también a otros cacharreros que distribuían su producción por pueblos como Torrijos, Novés o Escalonilla.

Fue músico por afición y tocó en la banda de Santa Olalla.

En julio de 1936 cuando las tropas de Franco avanzaban por la carretera de Extremadura hacia Santa Olalla, Gregorio y su familia se refugian en Madrid. Terminada la guerra no regresarían a Santa Olalla y se estableció en Los Navalucillos.



[1] PRADILLO MORENO DE LA SANTA, Juan Manuel: Alfareros toledanos, (Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1997).


Cántaro de Santa Olalla
Catalogado por Juan Manuel Pradillo
y que perteneció a su colección

domingo, 21 de junio de 2020

Gregorio Sánchez, reseña biográfica del Torero de Santa Olalla

Gregorio Lozano Sánchez (Santa Olalla, 1927 - Vigo, 2017) ha sido un famoso matador de toros ejemplo castellano de torero sobrio de altísima dignidad profesional, profundo dominador, con intuición y conocimiento del oficio.

Nació en Santa Olalla el 8 de mayo de 1927, siendo bautizado en la iglesia de San Pedo Apóstol. Su infancia en Santa Olalla no fue fácil, nacido en el seno de una familia muy humilde, tuvo once hermanos de los que solo sobrevivieron cuatro. Vivió la posguerra siendo todavía un niño y dicen que llegó a ser torero por culpa del hambre, haciendo cierto el repetido refrán “más cornadas da el hambre”. Su padre Anselmo Lozano fue fusilado el 8 de mayo de 1940, después de una larga estancia en la cárcel.[1]

Vistió su primer traje de luces el 16 de septiembre de 1947 en Cadalso de los Vidrios y después de un bagaje de actuaciones por pueblos y más pueblos toreando desde las más infames capeas hasta las novilladas más duras, con todo tipo de astados, debutó en Madrid el 8 de agosto de 1954 alternando tarde con Luis Díaz y Manolo Rivas. El 1 de abril de 1956, domingo de Pascua, le dio la alternativa en Sevilla, Antonio Bienvenida, con el mejicano Joselito Huerta de testigo y ejemplares de la ganadería de Joaquín Buendía. En esa misma plaza de la Maestranza recibiría la cornada más grave de su vida. El 14 de junio de ese mismo año confirma la alternativa, con ganado de Antonio Pérez, de manos de César Girón y en presencia de Alfonso Merino. Sus mejores años fueron sin duda, 1957 y 1958 en los que toreo 73 y 87 corridas respectivamente.

Entre otros triunfos memorables en Las Ventas, destaca el 19 de junio de 1960 en la corrida a beneficio del Montepío de Toreros se encerró solo con los seis toros de Jesús Sánchez Cobaleda “Barcial”, después de que no pudieran acompañarle los convalecientes Antonio Bienvenida y Fermín Murillo. En solo una hora y veinte minutos corto siete orejas, nadie ha cortado siete orejas en una sola tarde en Madrid. Andres Travesi escribía en las páginas de ABC: “Solo una hora y veinte minutos duró la lección que con tanta maestría explico el domingo Gregorio Sánchez. No hacia falta más. Era también el tiempo justo, porque estaba hecho de faenas justas, con los pases precisos para cada toro. En fin, una bonita lección a los profesionales del toreo… Eran las siete y veinte de la tarde cuando –despachando el sexto toro de Barcial- la gente decía: ¿Y ahora, adonde vamos tan pronto? ¿Habrá entradas para el futbol?”[2] En los mentideros taurinos alguno dijo que el matador había lidiado en tiempo record para irse al Bernabeu a ver la final de copa entre el Real Madrid y el Atletic de Bilbao, pero lo cierto es que el torero madridista de corazón tenía una paliza en su cuerpo que difícilmente le permitiría ir al futbol.

Salió diez veces por la puerta grande de Las Ventas, una como novillero y nueve como matador de toros.

Se retiró el 30 de septiembre de 1973, en tarde desafortunada en Las Ventas, lidiando como único espada una dura corrida con toros de Manuel García-Aleas. Después de 17 temporadas en activo, el desaparecido crítico Vicente Zabala resumía su trayectoria con estas palabras: "Si en sus comienzos se caracterizó por un toreo valiente y esforzado, se fue transformando paulatinamente en un artista sobrio, eficaz y buen lidiador".

Tras su retirada fue profesor y director de la escuela de tauromaquia "Marcial Lalanda" de Madrid. Formado a toreros como: Cristina Sánchez; Julián López “El Juli”, al que consideró su “gran obra”; o a nuestro paisano, Carlos Collado, El Niño de la Taurina.

En 1960 es nombrado hijo predilecto de Santa Olalla y la antigua calle Jardines es renombrada en su honor, en 1982 el ayuntamiento de Santa Olalla coloca en la plaza Reyes de España un busto en su honor "por haber difundido el nombre de Santa Olalla por las plazas de toros de todo el mundo". En 2002 otro busto suyo se colocó en los Jardines del Prado de Talavera. El 31 de mayo de 2003 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha le concedió la placa al mérito regional. En 2010 recibió la Medalla de Oro de Santa Olalla. En 2016 se descubrió en Las Ventas un azulejo que homenajeaba sus Puertas Grandes y su magisterio en la Escuela Taurina.

Falleció en Vigo el 22 de junio de 2017 y al día siguiente el Ayuntamiento de Santa Olalla le rindió un último homenaje junto a su monumento en la plaza Reyes de España de su pueblo natal.[3]



[1] MORALES GUTIERREZ, Juan Antonio: Santa Olalla a mitad de camino, (Santa Olalla, 2003). Pág. 151.

[2] PÉREZ, Rosario: El maestro que pasó mucha hambre y se despachó seis toros en una hora y veinte minutos. (ABC. 21 de noviembre de 2014).

[3]DOMINGUIN: Adiós a Gregorio Sánchez, un torero de época de Santa Olalla. (La Tribuna de Toledo. Sábado, 24 de junio de 2017.


Fotografía Coloreada de Gregorio Sánchez

Postal de Gregorio Sánchez

Fotografía de Gregorio Sánchez

Primer boceto del busto de Gregorio Sánchez
en Santa Olalla - Año 1964

Gregorio Sánchez y el escultor Emilio Laiz Campos
ante el busto de Gregorio en el Sanatorio de toreros 

Busto a Gregorio Sánchez en los Jardines del Prado
en Talavera dela Reina

jueves, 18 de junio de 2020

Santa Rita en Alcabón, una devoción compartida con Santa Olalla

Pocas noticias escritas nos llegan de la celebración de Santa Rita en la villa de Alcabón. Solo he encontrado que la cita como “fiesta de especial devoción” el canónigo Pedro Guerrero Ventas.[1]

Y así ha debido ser durante todo el siglo XX, tengamos en cuenta que Santa Rita fue canonizada el 24 de mayo de 1900, pese a que era beata desde 1627. La fiesta, eminentemente religiosa, se celebra en el domingo más cercano a la celebración de Santa Rita de Casia, el 22 de mayo. Consta de misa y procesión; y al finalizar, reparto de panecillos y de las flores que ha llevado la santa en sus andas, las rosas son uno de los símbolos de la santa. Nos cuentan que antaño tres alcaboneras se disfrazaban de joven soltera, mujer casada y de monja, en recuerdo de los tres estados de la vida de Santa Rita.

Era tradición que algunos grupos de alcaboneras acudieran a los pueblos vecinos a pedir limosna para hacer la fiesta de Santa Rita. Tal vez las vecinas de estos pueblos acudieran luego hasta Alcabón, tradición que se ha mantenido solo entre las santaolalleras.

Por testimonios orales[2] sabemos que es tradición que muchas santaolalleras, hoy lo sigue haciendo un pequeño grupo, se acerquen andando por el camino, la salida se hace desde la ermita de San Sebastián, hasta la iglesia de Alcabón para escuchar allí la misa. También nos cuentan que se sigue manteniendo la deferencia, por parte de las mujeres de Alcabón, de ceder sacar a la santa de la iglesia para la procesión a las santaolalleras que hayan acudido.

La santa agustina es abogada de las causas imposibles y protectora en los problemas maritales y de familia.

Curiosamente la iglesia de San Pedro Apóstol de Santa Olalla también conserva una imagen de Santa Rita.



[1] GUERRERO VENTAS, Pedro: La piedad popular en la Diócesis de Toledo; ensayo para la investigación. (Instituto teológico San Ildefonso. Toledo, 2004). Pág. 12.

[2] Mis informantes han sido principalmente: Belén García López (Santa Olalla-Alcabón) y Mariano Maroto Garrido (Alcabón).



Imagen de Santa Rita en Alcabón
Parroquia de Santo Tomas Cantauriense

Estampa de Santa Rita de Alcabón

Imagen de Santa Rita en Santa Olalla
Parroquia de San Pedro Apóstol 



martes, 16 de junio de 2020

Pruebas de limpieza de sangre de Diego Ruiz de Bazán y doña Isabel de Loaysa, vecinos de Santa Olalla. Un artículo de José Carlos Gómez-Menor

         Hoy conocíamos la noticia de la muerte de don José Carlos Gómez-Menor Fuentes, sacerdote e historiador, numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.[1]

            Buscando los orígenes de su propia familia, del apellido Gómez-Menor, debió indagar en los archivos de los pueblos de nuestra comarca. En los siglos XVIII y XIX encontramos varias ramas con este apellido, Gómez-Menor, en los Pueblos de Cebolla, Los Cerralbos, Erustes, Domingo Pérez e Illán de Vacas.[2]

En cuanto a la historiografía de Santa Olalla, tiene una interesante aportación a través de este artículo: Pruebas de limpieza de sangre de Diego Ruiz de Bazán y doña Isabel de Loaysa, vecinos de Santa Olalla.[3] Este fragmento de la introducción del artículo nos sirve para situarnos en su temática:

“En el año 1644 un rico labrador de la villa de Santa Olalla llamado Diego Ruiz de Bazán pretende el título de «familiar del Santo Oficio», un cargo sin apenas funciones que cumplir, pero muy solicitado, porque para obtenerlo se precisaba probar su limpieza de sangre, lo que dejaba a su poseedor a cubierto de toda sospecha de descender de judíos o moros, al menos a nivel jurídico y oficial.

Cuando alguien solicitaba este título también se hacían pruebas de limpieza de la esposa del pretendiente; de esta forma los hijos quedaban libres de toda sospecha, y gracias a este «acto positivo», como se llamaba, les era más fácil acceder, a su tiempo, a la misma familiatura.

En el Archivo Histórico Nacional se conserva el expediente que se instruyó a Diego Ruiz Bazán y a su esposa doña Isabel de Loaysa en 1644; curioso expediente, que nos transmite algunos datos muy valiosos sobre una familia de judeoconversos, vecinos de Santa 0Ialla, un siglo antes; y asimismo sobre los cargos concejiles e inquisitoriales en dicha villa, señorío del conde de Orgaz, y sobre otras familias del cercano lugar de Domingo Pérez.”

El Archivo histórico Nacional ha catalogado un nuevo documento, de 1631, sobre este personaje, Diego Ruiz de Bazán. Se trata del Pleito ejecutivo de Diego Ruiz Bazán, estudiante en la Universidad de Alcalá, hijo y cesionario de Alonso Ruiz Aguado, vecino de Santa Olalla, contra los herederos de Francisco Fernández de Vargas, vecino de Rascafría (Madrid), por una deuda de 80 fanegas de trigo procedente de las rentas pontificales de Malpica de Tajo y Domingo Pérez.[4]



[2] GOMEZ-MENOR FUENTES: Una familia toledana, (Toletum, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Libro homenaje a Felix del Valle y Diaz. Toledo, 2009). Pág. 289. https://realacademiatoledo.es/una-familia-toledana-por-jose-carlos-gomez-menor/

[3] GOMEZ-MENOR FUENTES: Pruebas de limpieza de sangre de Diego Ruiz de Bazán y doña Isabel de Loaysa, vecinos de Santa Olalla, (Anales Toledanos XXVII. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Toledo, 1990). Pág. 127. https://realacademiatoledo.es/pruebas-de-limpieza-de-sangre-de-diego-ruiz-de-bazan-y-dona-isabel-de-loaysa-vecinos-de-santa-olalla/

[4] Archivo Histórico Nacional: Pleito ejecutivo de Diego Ruiz Bazán, estudiante en la Universidad de Alcalá… 1631. UNIVERSIDADES, 255, Exp. 19


sábado, 13 de junio de 2020

España y la custodia de Tierra Santa, a través de un recibo con la contribución de Erustes


España ha estado históricamente especialmente vinculada a la Custodia de Tierra Santa y de los Santos Lugares, contando desde el siglo XIII con la fidelidad de las casas reales españolas.

Esta devoción hacia los Santos Lugares será el origen de una contribución enorme y constante de España, a través de la orden franciscana, en favor de mantener su presencia en Oriente; estas contribuciones fueron, durante varios siglos, el principal apoyo económico y cultural de la Custodia de Tierra Santa. En consecuencia, el cargo de ecónomo de la Custodia, responsable de la gestión de fondos, fue durante mucho tiempo atribuido a un religioso español, como lo confirman de manera explícita los estatutos de 1746.

Un pequeño testimonio documental de aquellas contribuciones obligatorias, para cada una de las poblaciones españolas, es el recibo de la de mil maravedís que hizo en 1716 el lugar de Erustes, perteneciente al Señorío de Santa Olalla.[1]     

Transcribimos el documento:

Como vice-comisario de Jerusalén es esta Santa Provincia de Castilla: Digo que recibió el hermano sustituto del síndico señalado en ella, los mil maravedís que ha dado el lugar de Erustes por los mil que su majestad (que Dios guarde) manda dar de limosna cada un año a cada una de las ciudades, villas y lugares para la conservación de los Santísimos Lugares de Jerusalén, ayuda de los reparos de los sagrados templos en que están y se veneran, y mantenimiento de los religiosos, que en ellos habitan para su guardia y custodia y dichos mil maravedís los entregaron los señores Isidoro Gómez de las Heras, alcaldes ordinarios en este dicho lugar por lo que toca al año de mil setecientos y quince.

Y para que conste lo firme en el en primero de abril de mil setecientos y dieciséis años. Fray Alonso de Castro.


[1] ARCHIVO MUNICIPAL DE SANTA OLALLA: Recibo de contribución a los Santos Lugares por el lugar de Erustes, 1716. (AMSO/2002).


lunes, 8 de junio de 2020

El Libro del Real Pósito de Santa Olalla, una institución de préstamo a los labradores


El 9 de junio se celebra el Día Internacional de los Archivos y que mejor que celebrarlo divulgando una de las joyas archivísticas que conserva el Archivo Municipal de Santa Olalla (AMSO).

Como además también estamos ya en tiempo de cosecha seleccionamos el Libro del Real Pósito de Santa Olalla. Un libro que contenía las obligaciones que los labradores contraían con esta institución municipal.[1]

El pósito es una institución de carácter municipal y de muy antiguo origen en España, dedicada a hacer acopio de cereales, principalmente de trigo, y prestarlos en condiciones módicas a los labradores y vecinos durante los meses de escasez. Solía existir un edificio llamado también Pósito destinado a guardar el grano.

La actividad tradicional de los pósitos se centraba en la acumulación de grano en tiempo de abundancia que se prestaban a un tipo de interés bajo a los agricultores en el momento en que los necesitaran, lo que podría paliar las malas cosechas y las crisis de subsistencia. Salvando las distancias, sería lo que en la economía contemporánea llamarían una intervención anticíclica en el mercado.

También en nuestra zona existía la creencia de que pasados los años el cereal se basteaba y convenía cambiar la simiente con otros pueblos. Así era muy habitual cambiar grano con pueblos de la Mancha. Una labor de la que en principio solía encargarse el pósito, también surgieron muchos arrieros que se dedicaron a esta labor, algunos de los cuales terminaron estableciéndose en nuestro pueblo y generando lazos comerciales entre distintas zonas agrícolas.

Tras la portada de pergamino, sencilla pero curiosamente ilustrada, la primera página nos dice: “Santa Olalla 26 de octubre de 1795. Obligaciones otorgadas por los vecinos labradores y pegujaleros de esta villa, del trigo que se les ha repartido en sementera del corriente año arriba fechado.”

Las obligaciones que contiene este libro recogen las fanegas de trigo que los labradores recogen en tiempo de sementera y su obligación de devolverlo para Santa María de Agosto (15 de agosto). El recargo o interés que se aplicaba en este préstamo era de medio celemín por fanega prestada.

Debían devolverlo “en especie de trigo bueno, limpio, enjuto y de todo recibo, medido con las que sea cabal y puesto de su cuenta, costa y riesgo en las paneras del acreedor donde los han de medir”.

A este pósito se acogían grandes y pequeños labradores, otros en grupo que aparecen como labradores mancomunados y los pegujaleros (Labradores que tienen muy poca siembra o labor); e incluso fiadores de muchos de ellos.



[1] ARCHIVO MUNICIPAL DE SANTA OLALLA: Libro del Real Pósito de Santa Olalla, 1795. (AMSO/23).


Detalle de las cubiertas en pergamino

Primera página del registro de obligaciones