sábado, 11 de julio de 2026

Portada 2026 del Cristo de la Caridad, acuarela de José Manuel Salamanca

         La portada de la Revista del Cristo de la Caridad 2026 ha sorprendido por su calidad artística. Se trata de una acuarela pintada por José Manuel Salamanca Escobedo, médico, pintor y hermano del Cristo de la Caridad.[1]

Esta acuarela res una interpretación artística y devocional del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, concebida como una imagen de carácter votivo en la que se combinan elementos religiosos, heráldicos y paisajísticos propios de la tradición barroca, el propio autor la ha titulado: “Cristo de la Caridad con ángeles custodios”.

La composición está organizada en torno a un gran marco fingido de estilo barroco, ricamente dorado y decorado con roleos, querubines y elementos vegetales. En la cartela superior puede leerse la inscripción en latín: «Sanctissimus Christus Caritatis - Sancta Eulaliam», que identifica a la advocación y a la localidad. Además, en la parte baja podemos leer: «Anno Domini MMXXVI – JM Salamanca»

En el centro de la obra domina la figura del Cristo crucificado, con su característico faldellín rojo. En la Cruz y la peana también reproduce sus espejos y su característica policromía verde y dorada.

Tras la cruz se abre un cielo de nubes grises que enmarca dos símbolos cósmicos tradicionales: un sol y una luna antropomorfos, entre nubes. Ambos evocan el relato evangélico de la Crucifixión y son un motivo frecuente en la iconografía cristiana desde la Edad Media.

En segundo plano aparece la iglesia de San Julián de Santa Olalla, reconocible por su torre y su amplia fachada.

Más que una reproducción literal, la obra constituye una interpretación iconográfica que combina fidelidad al Cristo de la Caridad con una recreación idealizada de su contexto histórico y espiritual. El resultado recuerda a las antiguas estampas devocionales y a los pequeños retablos pintados, actualizados mediante una técnica delicada y luminosa. Esta obra conmemorativa une patrimonio, fe e identidad local en una única composición, que una vez publicada se suma ya al patrimonio artístico y bibliográfico de Santa Olalla.



[1] Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026).

viernes, 10 de julio de 2026

Julia Gálvez, una cupletista santaolallera que triunfó en los escenarios españoles en la primera década del siglo XX

 

Julia Gálvez con mantón de Manila - Año 1910
(Fotografía coloreada digitalmente)

A comienzos del siglo XX, cuando el cuplé vivía su época dorada y las artistas de variedades llenaban teatros y cafés-concierto, una joven nacida en Santa Olalla consiguió abrirse camino en algunos de los escenarios más prestigiosos del país. Se llamaba Julia Gálvez y fue una cancionetista de reconocido éxito, especializada en un repertorio en el que convivían los cuplés con otros géneros populares y flamencos como el garrotín y las marianas, prestigio que quedó reflejado en la prensa de la época.

Desaparecido Casino de Gálvez
Plaza de Santa Olalla

            Julia Gálvez Molina, nació en Santa Olalla en 1890. Quizá sus primeros pasos en la canción los dio en el casino que su familia regentaba en la Plaza de Santa Olalla, y desde este lugar de paso junto a la carretera nacional, con menos de veinte años a los principales escenarios españoles.

Portada de "La Actualidad"
Barcelona 1910

El 15 de marzo de 1910 ocupó la portada de la revista gráfica barcelonesa “La Actualidad”, donde aparecía anunciada como «la genial Julia Gálvez, reina del garrotín y las marianas, que actúa con gran éxito en el Salón de Proyecciones».[1] Que una artista figurase en la portada de una publicación ilustrada era un reconocimiento reservado a intérpretes que gozaban de una notable popularidad.

Publicidad de un espectáculo de Julia Gálvez

El 2 de junio de 1910 debuta en el Cine Escudero de Cádiz, donde la publicidad la presenta como «reina de las granadinas y de las marianas».

Un artículo sobre el Teatro Vico del Puerto de Santa María la describe así: «La cupletista y cantadora Julia Gálvez, anunciada como la reina de las marianas, que al modo de la época se presentaba en el escenario con pañolones de Manila, con capote y montera de torero o, como en la foto adjunta, de traje de corto campero».

Cinco años más tarde, el periódico El Eco Toledano, en su edición del 16 de octubre de 1915, le dedicaba un artículo bajo el título «Artistas toledanos».[2] En él se recordaban los importantes éxitos alcanzados por la artista: «La bella cancionetista Julia Gálvez, que ha logrado triunfos ruidosos en Madrid, luciendo su gentil palmito en escenarios como el de Apolo y el del Retiro, y en casi todas las grandes poblaciones de España…».

Estas palabras confirman que Julia Gálvez había actuado en algunos de los teatros más conocidos de Madrid, como el Apolo, considerado uno de los grandes templos del género lírico y de variedades, además de realizar giras por numerosas ciudades españolas.

Sin embargo, el mismo artículo revelaba también el difícil momento personal que atravesaba. Desde hacía algunos meses permanecía en Santa Olalla, su localidad natal, aquejada de una enfermedad respiratoria que había obligado a interrumpir su carrera artística. El periodista describía con tono apesadumbrado cómo una afección en el pecho, inicialmente leve, había ido debilitando poco a poco su salud, transformando a aquella artista «tan pizpireta y tan bulliciosa de ordinario» en una mujer «triste y decaída».

El artículo concluía con un deseo que refleja el cariño que despertaba entre sus paisanos: «De todas veras deseamos el pronto restablecimiento y la vuelta a la escena de Julia Gálvez, alegre y linda como siempre.»

Sepultura de Julia Gálvez
Cementerio de Santa Olalla (Toledo)

Aquella afección pulmonar terminó siendo una tuberculosis, que acabó con su vida un año después, a los 26 años de edad. El 1 de agosto de 1916 fallecía en Santa Olalla, su pueblo natal, donde fue enterrada en el cementerio parroquial, aunque cuando en 1924 se inaugura el cementerio municipal sus restos son trasladados a una nueva sepultura de un singular estilo modernista.

Estuvo casada con el director de orquesta de la compañía para la que trabajaba.

Aunque hoy su nombre ha quedado prácticamente olvidado, estas referencias periodísticas permiten recuperar la figura de una artista que llegó a alcanzar notoriedad en el panorama del espectáculo español de principios del siglo XX. Julia Gálvez forma parte de aquella generación de cupletistas y cancionetistas que llevaron su arte por los teatros de España y contribuyeron al enorme éxito de los espectáculos de variedades en la llamada Belle Époque.

Transcribimos el artículo integro:

ARTISTAS TOLEDANOS - JULIA GÁLVEZ

La bella cancionetista Julia Gálvez, que ha logrado triunfos ruidosos en Madrid, luciendo su gentil palmito en escenarios como el de Apolo y el del Retiro, y en casi todas las grandes poblaciones de España, se encuentra desde hace algunos meses en Santa Olalla, su pueblo natal, enferma y melancólica...

Una afección al pecho, leve en un principio, de cuidado después, ha ido minando poco a poco su organismo, y la popular artista, tan pizpireta y tan bulliciosa de ordinario, se halla triste y decaída en su lugarejo.

De todas veras deseamos el pronto restablecimiento y la vuelta a la escena de Julia Gálvez, alegre y linda como siempre.



[1] La Actualidad: La genial Julia Gálvez, reina del garrotín y las marianas que actúa con gran éxito en el salón de proyecciones. (Barcelona, 15 de marzo de 1910).

[2] El Eco Toledano: Artistas Toledanos – Julia Gálvez. (Toledo. Sábado, 16 de octubre de 1915).

La cupletista Julia Gálvez

martes, 7 de julio de 2026

Etapas de una fiesta histórica (Las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla)

Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa
Catedral de Toledo - 1788

Las fiestas que Santa Olalla celebra cada 16 de julio en honor del Cristo de la Caridad son sin lugar a dudas las más antiguas de cuantas se siguen celebrando en nuestra comarca. Más de ochocientos años ha pervivido su celebración que ha ido evolucionando en cada época.[1]

Estatua orante de Diego Lope de Haro
Catedral de Toledo - Finales del siglo XV

1212 - El Origen Medieval de la Fiesta

El origen de la fiesta está claramente fijado en el 16 de julio de 1212 cuando don Diego Lope de Haro, vinculado por su hermana Mencía al Señorío de Santa Olalla, participa heroicamente en la victoria de las Navas de Tolosa, probablemente la victoria más trascendental de la Reconquista.

Desde esa fecha se establece que sea fiesta solemne, con el título de fiesta del Triunfo de la Cruz, en los pueblos del Arzobispado de Toledo, pero con mayor intensidad se establece la celebración en los pueblos del Señorío de Santa Olalla: La Mata, Domingo Pérez, Otero, Carriches, Erustes y Santa Olalla, junto a otros núcleos hoy desaparecidos.

El Crito de la Caridad en un galeón por el Atlántico
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

Siglo XVI – La Santa Caridad y un Cristo Novohispano

En el siglo XVI se funda en Santa Olalla la Cofradía de la Santa Caridad que tenía entre sus obligaciones dar cristiana sepultura a aquellos pobres solemnidad que no pudieran pagarla. Esta cofradía recibió como donación por parte de alguno de los muchos santaolalleros emigrados al nuevo continente, la imagen de un Crucificado de gran tamaño, un Cristo elaborado con una técnica colonial, con caña de maíz y llegado desde Nueva España, el actual Miochacán en México.

El fraile canario Matías de Escobar dijo de estas imágenes: “Las imágenes vestían la traza española con el ropaje indiano, […] se paga tanto el Señor de ver consagradas aquellas cañas en imágenes suyas que quiere obrar por ellas las mayores maravillas”.

La peste o la muerte con un reloj de arena
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

1598 – La Peste y el Voto al Cristo

A finales del siglo XVI la peste bubónica hizo estragos entre la población de Santa Olalla, se calcula que llegaron a fallecer hasta seiscientas personas. Cuenta la leyenda que en aquel momento de oscuridad, los santaolalleros hicieron voto solemne encomendándose al Cristo de la Santa Caridad. Al sanar la población, las antiguas fiestas del Triunfo de la Cruz se transformaron en las fiestas del Cristo de la Caridad, manteniendo su fecha del 16 de julio.

Desde entonces, el Cristo se convirtió en el protector de la salud de los santaolalleros, que se encomendaban a él bajo el lema “In te nostra salus”. Su fama y milagros llegaron incluso hasta la Puebla de Montalbán, donde también comenzaron a celebrar su fiesta.

Este voto solemne se ha renovado al finalizar otras epidemias que azotaron a nuestro pueblo, como el cólera morbo de 1885, o más recientemente en 2020 en medio de la pandemia de Coronavirus.

Santa Faz, en la cúpula de la Capilla del Cristo de la Caridad
Luis Cosón - 1726

Siglo XVII – El Arte al servicio de la Cofradía

Todo lo acontecido provocó que la devoción al Cristo de la Caridad creciera enormemente y su imagen fuera protegida por ilustres personajes, como los Condes de Orgaz o el escritor Cristóbal de Fonseca.

En esta época se levanta su nueva capilla; en 1625 se coloca en ella su retablo obra del escultor Toribio González; en 1694 se encarga para el Cristo la cruz rococó con espejos que tiene actualmente; en 1701 se añaden las andas en el mismo estilo; y como culmen de esta época, en 1726 se decora la cúpula de la capilla con unas valiosas pinturas al temple, obra del pintor de origen flamenco Luis Cosón.

Barreñones de fuego en 2025
Foto de Jesús del Castillo (Objetivo Tradición)

Siglo XVIII – Las tradiciones enriquecen la fiesta

La fiesta del Cristo de la Caridad en aquella época era la fiesta principal de Santa Olalla y para engrandecerla se suman a ella una serie de actos que en sus orígenes provenían del Concejo de la villa o de otras Cofradías pero que solo por esta celebración han llegado hasta nuestros días.

Desde 1722 encontramos referencias documentales del alumbrado de la plaza para esta fiesta con los Barreñones y tenemos también una descripción del artefacto de los Barreñones: “la iluminación se hace a base de candilejas, faroles de todos los colores, hachas de viento y otras luces. Cinco pirámides con una ziguiñuela la hacían dar vueltas sin parar, en la que había ocho barreñones encendidos con las mismas materias, que así mismo daban mucha luz”.

Otra de las tradiciones que se sumaron al Cristo fue la Soldadesca de Animas que ejecutaba en esta fiesta diversos bailes grotescos como la danza de paloteo o el baile de la bandera que se documenta por primera vez vinculado al Cristo en 1720. Los bailes populares de jotas formaban parte elemental de la fiesta, como también lo eran los toros, en 1626 el alcalde de Santa Olalla decía “que se corran dos o tres toros para fiesta de la Cruz”, y pocos años después “que se corran y maten dos toros con capea, buscándolos donde los haya”, con los años los toros pasarían a vincularse a las fiestas de la Virgen de la Piedad cuando estas comenzaron a ser las fiestas mayores.

Baile de las Cintas en 2025
Foto de Juan Oeo

Dos de los danzantes del Baile de la Bandera en 2025
Foto Juan Oeo

La actualidad – El resurgir de la fiesta

Actualmente, cuando avanzamos por el segundo cuarto del siglo XXI, los santaolalleros conocedores del valor inmaterial de esta fiesta nos hemos sentido en la obligación de conservarla, engrandecerla y difundirla. Conocedores del legado recibido el Ayuntamiento y la Hermandad han logrado en pocos años volver a convertir esta fiesta en una referencia para Santa Olalla y su comarca, referencia en los actos lúdicos y festivos y también en las singulares tradiciones que la componen.

Se han potenciado las tradiciones más peculiares como los barreñones y el baile de la bandera, se ha recuperado el baile del “palo y las cintas”, se han sacado partituras y grabado las melodías de estos bailes, compuesto y grabado la Jota Santaolallera, el Romance de Barreñones y las Coplillas de las Antiguas Tierras.

Cada año un intercambio nos acerca a un pueblo toledano donde también bailan la bandera, cada uno a su “modo”. Un mercadillo local, rutas de historia local para los niños, un campeonato de juego de la Rana y otros juegos populares en las Olimpiadas Rurales que ya van por su tercera edición.

Todo lo dicho supone valor en el presente y la mejor herencia que debemos cuidar para que la puedan recibir los futuros santaolalleros.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Etapas de una fiesta histórica, las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla. Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026). Pág. 21.



miércoles, 1 de julio de 2026

Vitrina Cero - Columnilla visigoda

Columnilla visigoda

Fragmento de una pequeña columna (columnilla) tallada en caliza. De fuste cilíndrico, presenta collarino liso desde donde arrancaría un capitel.

Número de inventario: SO/33

Datación: Siglos V-VI

Contexto histórico: Etapa visigoda

Materia: Piedra caliza

Técnica: Tallado y pulido

Origen: Colección González-Castrejón

Bibliografía: Josué López Muñoz y Francisco Javier de Fuentes Fernández http://ceres.mcu

sábado, 27 de junio de 2026

El primer aeroplano que vieron los santaolalleros - Asombro ante un acontecimiento extraordinario en 1915


Imagen de un aeroplano en 1915, en algún lugar de Castilla

El 9 de marzo de 1915 quedó grabado en la memoria de los habitantes de Santa Olalla de los inicios del siglo XX. En una época en la que la aviación apenas daba sus primeros pasos y los aeroplanos eran una rareza incluso en las grandes ciudades, los vecinos de esta localidad presenciaron por primera vez el paso de una aeronave sobre su cielo.

Al día siguiente, el miércoles 10 de marzo de 1915, el periódico El Eco Toledano recogía la noticia en su sección «Desde Santa Olalla», dejando un valioso testimonio de cómo vivieron los santaolalleros aquel momento histórico.

La crónica refleja con enorme naturalidad el desconcierto y la fascinación que produjo aquel aparato volante. El ruido del motor alertó a los vecinos, que salieron apresuradamente de sus casas para descubrir un «enorme pajarraco» cruzando el cielo a considerable altura. Poco a poco comprendieron que estaban contemplando un invento del que seguramente solo habían oído hablar.

El corresponsal señala que el aeroplano parecía ir tripulado por dos oficiales de Infantería y que atravesó el pueblo siguiendo una trayectoria de norte a sur. Mientras estuvo relativamente cerca pudieron distinguirse sus ocupantes, aunque al alejarse fue ganando altura hasta confundirse con las nubes.

La impresión causada fue enorme. El cronista destaca que durante toda la jornada no se habló de otra cosa y que el acontecimiento dio pie a innumerables comentarios y conjeturas entre los vecinos. Aquella breve aparición supuso el primer contacto directo de muchos santaolalleros con la aviación, apenas doce años después del histórico vuelo de los hermanos Wright y cuando los aeroplanos seguían siendo una auténtica novedad en España.

Más de un siglo después, esta pequeña noticia periodística constituye un curioso documento para conocer cómo la llegada de la aviación transformó el imaginario colectivo de los pueblos españoles. Lo que hoy resulta cotidiano fue entonces un espectáculo insólito que despertó sorpresa, curiosidad y admiración.

Transcribimos íntegramente el artículo publicado en El Eco Toledano, el miércoles, 10 de marzo de 1915.[1]

 

DESDE SANTA OLALLA - Paso de un aeroplano

(De nuestros corresponsales)

Santa Olalla, 9. — Ayer pasó por este pueblo un aeroplano que al parecer venía tripulado por dos oficiales de Infantería.

Al ruido del motor, creyendo que era una cosa extraña, los vecinos salieron de sus casas precipitadamente, descubriendo en seguida al enorme pajarraco que volaba a bastante altura.

La gente al principio no se hizo cargo de lo que era aquello hasta que más tarde se fue dando cuenta.

Resultó un espectáculo bonito y de el que se habló durante todo el día, pues nunca vio el pueblo un aparato de tal clase.

Vino por el Norte y siguió la ruta del Sur, ignorándose de dónde venía ni hacia dónde se encaminaba.

Cuando pasó por el pueblo podía distinguirse perfectamente los que le tripulaban, pero a medida que se iba alejando fue elevándose de tal manera que parecía confundirse con las nubes.

El pueblo está intrigado y sobre el aeroplano de referencia hace un sinnúmero de juicios.

Este episodio puede considerarse, con la documentación actualmente conocida, la primera referencia periodística al paso de un aeroplano sobre Santa Olalla y, muy probablemente, la primera ocasión en que la mayoría de sus habitantes contempló uno con sus propios ojos, convirtiéndose en una pequeña pero significativa página de la historia local.



[1] El Eco Toledano: Paso de un aeroplano. (Toledo. Miércoles, 10 de marzo de 1915).

jueves, 25 de junio de 2026

Libro colectivo: Tradiciones en la Comarca de Torrijos

Recientemente he vuelto a tener la suerte de participar en un nuevo libro colectivo editado por el Instituto de Estudios Comarcales Señoríos de Entre-Ríos, “Tradiciones en la Comarca de Torrijos - Fiestas, costumbres, gastronomía, folclore, música, juegos...”.

En esta interesante y extensa obra sobre el patrimonio inmaterial de la comarca he participado como autor del capítulo relativo a Santa Olalla: “Tradiciones de Santa Olalla”, este capítulo esta presentado por el alcalde de Santa Olalla Pedro Congosto. Dentro de él hay varios subcapítulos: Introducción; Tradiciones del ámbito privado en Santa Olalla; Traje típico eulaliense; y el más extenso de todos, Tradiciones santaolalleras (Un calendario anual de tradiciones); además está ilustrado con fotografías a color.

Tradiciones en la Comarca de Torrijos es una obra que quiere poner en conocimiento de los lectores las tradiciones que han ido marcando el devenir de cada una de las localidades de la Comarca de Torrijos. Todas ellas han creado una cultura propia e idiosincrásica que les ha identificado como únicas y bien diferenciadas de las demás. Esta cultura se ha ido manteniendo y trasmitiendo a lo largo del tiempo. Es el legado de unas generaciones que terminan entregando a las nuevas lo que ellas a su vez heredaron de sus mayores. En esta variopinta cultura podemos encontrar todo tipo de costumbres, gastronomía, fiestas, folclore, música, juegos, profesiones que identificaron el quehacer cotidiano de nuestros pueblos y sobre todo la fe y creencias religiosas que se plasmarán en fiestas, Hermandades, Cofradías, agrupaciones de devotos, asociaciones benéficas, obras de caridad, etc., en cada uno de los pueblos.

Las tradiciones son la esencia vital de una comunidad, son la herencia de un pasado en el que se sembró una semilla que dio como fruto la cultura que hoy nosotros celebramos. Lo mismo que el ser humano necesita de una razón vital para dar sentido a su vida, en los pueblos sucede algo parecido, la cultura es el resultado de esa fuerza y a la vez el motor que la dinamiza.

El libro recién editado se ira presentando en todos los pueblos de nuestra comarca.


lunes, 1 de junio de 2026

Vitrina Cero - Azuela romana

Azuela romana

Azuela de hierro forjado, herramienta usada para trabajar la tierra. La pieza tiene dos partes diferenciadas a partir de un orificio central para el enmangue. En un extremo una hoja de perfil trapezoidal y en el opuesto otra hoja de perfil semicircular.

Número de inventario: SO/9/B

Datación: Siglo I - II

Contexto histórico: Etapa romana

Materia: Hierro

Técnica: Forjado

Origen: Colección González-Castrejón

Bibliografía: Josué López Muñoz y Francisco Javier de Fuentes Fernández http://ceres.mcu

 

viernes, 29 de mayo de 2026

Notas sobre el Capítulo Hispano Americano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo

 

“En el año del Señor de mil novecientos cincuenta y ocho surgió la idea, por primera vez, de dar vida a un Capítulo de Caballeros que reuniese a nacionales de países hispanoamericanos y a españoles, vinculados de una manera directa o indirecta hacia quehaceres en pro de la Hispanidad. Se trataba de vincularles con un nexo espiritual a la Imperial Ciudad de Toledo, síntesis y suma de las Españas”.[1]

El Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo constituye una de las corporaciones religiosas y caballerescas más representativas de la tradición eucarística toledana contemporánea. Su origen está íntimamente unido a la solemnidad del Corpus Christi de Toledo, considerada una de las procesiones más antiguas y solemnes del mundo hispánico.[2]

La institución fue erigida canónicamente el 18 de noviembre de 1958 por el entonces arzobispo de Toledo y Primado de España, Enrique Pla y Deniel. Poco después, el 15 de diciembre de 1959, quedó formalmente constituido el Capítulo, celebrándose las primeras investiduras solemnes de caballeros el 14 de junio de 1960.

La fundación estuvo impulsada por miembros del Instituto de Cultura Hispánica, con el propósito de estrechar los vínculos espirituales entre España, Hispanoamérica y Filipinas bajo la devoción común al Santísimo Sacramento. Desde sus comienzos, el Capítulo reunió a diplomáticos, intelectuales, militares y miembros destacados de la sociedad hispánica acreditados en España, especialmente vinculados al mundo iberoamericano.

Su sede canónica se encuentra en la Santa Iglesia Catedral Primada de Toledo, corazón espiritual de la Archidiócesis y centro de la celebración eucarística toledana.

Uno de los rasgos más distintivos del Capítulo es su solemne hábito ceremonial, inspirado en la tradición caballeresca española y en el simbolismo eucarístico.

Los caballeros visten: Manto verde de lana fina, cerrado y circular, con tres cruces verdes sobre el pecho, evocando las cruces que llevaban las tres naves de Cristóbal Colón durante el descubrimiento de América; gola blanca al cuello; fiador verde de seda que cae hasta las rodillas; birrete verde cuadrangular con borla; guantes blancos y zapatos negros.

En las dignidades capitulares, las borlas y adornos cambian de color: el Preboste utiliza borlas doradas; las restantes dignidades usan plata.

La insignia principal del Capítulo es la venera capitular, formada por el águila imperial y las tres cruces verdes, representación simbólica de la tradición católica hispánica y de la unidad espiritual entre España y América.

El gobierno del Capítulo recae sobre diversas dignidades tradicionales: el Maestre, cargo asociado al Arzobispo Primado de Toledo; el Preboste; el Canciller; el Clavero; el Maestro de Ceremonias; el Notario; y los Mayordomos capitulares.

Las ceremonias de investidura conservan un marcado carácter medieval y litúrgico. El candidato pasa primero por la condición de neófito y posteriormente recibe el hábito y la venera en una ceremonia celebrada habitualmente en la Catedral Primada, acompañada de misa solemne.

Durante la gran procesión del Corpus Christi, el Capítulo desfila corporativamente junto a otras antiguas hermandades y órdenes toledanas, como los Caballeros Mozárabes, los Caballeros del Santo Sepulcro y los Infanzones de Illescas.

En palabras quien fuera su preboste, don Gregorio Marañón, dijo: “No es el Capítulo Hispanoamericano del Corpus Christi de Toledo una simple fórmula comunitaria, ceremonial o suntuaria, sino una permanente confesión de fe en el silencio más fecundo de todos los tiempos: el silencio de los Tabernáculos. Hacemos votos para que ese silencio del Dios escondido en los Tabernáculos de todo el mundo, sea la más elocuente escuela para el lenguaje de amor y de paz que una a todos los hombres de la raza hispánica”.

La Regla 12ª de los Estatutos nos dice que "La investidura habrá de operarse con hermosa solemnidad, cumpliendo fielmente el ritual establecido. Con tan significada ocasión será convocado el Capítulo, y a él se incorporará el Caballero de la mano de su padrino. Le armará el Preboste. Dará fe el Canciller.[3]

Y el libro del ceremonial nos da el detalle de tan solemne acto de investidura. Destacado el texto de la Monición que lee el preboste antes de la Eucaristía.

Habéis de saber, hermanos, que antiguamente una noche antes de que alguno se hubiese de investir Caballero, se armaba de todas sus armas, y armado se iba a la iglesia, y allí estaba toda la noche en pie, orando y suplicando a Dios que aquella Orden que tomaba fuese para Su servicio.

Conviene tengáis de ahora en adelante presente que los que toman Orden de Caballeros han de ser más nobles y virtuosos que otros, y por esto en latín los llaman Mílites; porque antiguamente escogían entre mil, uno, por las cualidades que se requiere que tengan el que lo ha de ser; y en Castilla los llaman Caballeros, y se les cruzaba con espada y espuelas, por lo que estas dos cosas significan. La espada simboliza las cuatro virtudes cardinales: por el pomo, la Fortaleza; por el puño, la Prudencia; por el aliger, la Templanza; y por la cuchilla, la Justicia.

Y así como el Caballero, con las espuelas que calza, guía al caballo derecho por las carreras, así corresponde al que se le hace Caballero, que siempre todas sus obras sean ordenadas y dirigidas en mucha discreción. Y si los tiempos hogaño son otros, las virtudes y la voluntad de servicio a la Iglesia han de ser las mismas, aunque acomodadas a lo que mejor ahora convenga.[4]

 

Pasearon el «Corpus»

por nuestros solares

los hombres que luego

fundaban ciudades

y abrían los surcos

para los trigales...

Espigas dan Hostias,

y leños, altares.



[1] LLIDÓ XÁVIA, Ramón: Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo. (Ediciones Cultura Hispánica. Madrid, 1967). Pág. 37.

[3] Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo: Estatutos del Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo. (Madrid, 1975). Pág. 9.

[4] Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo: Ceremonial para el acto de investidura de nuevos caballeros. (II Edición. Madrid, 1972). Pág. 23.

Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo
Ramón Llidó - 1967

Ceremonial para el acto de investidura de nuevos caballeros del Capítulo
Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi en Toledo- 1972

Estatutos del Capítulo Hispanoamericano de
Caballeros del Corpus Christi en Toledo - 1975


Repostero del Capítulo en un balcón de la Calle Comercio de Toledo