viernes, 13 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, reconocimientos de Cervantes a Lope de Vega


Supuesto retrato de Miguel de Cervantes
Atribuido a Juan de Jauregui - 1600

La obra de Cristóbal de Fonseca fue ensalzada por Miguel de Cervantes (1547-1616) en la primera parte del Quijote (1605), que lo recuerda en el prólogo, cuando relata la conversación con un amigo que le da ideas para que cite a escritores que darán renombre a su novela, dice: «Si trataredes de amores, con dos onzas que sepáis de la lengua toscana, topareis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia».[1]  Al decir “Del amor de Dios”, Cervantes se está refiriendo a la obra de Fonseca “Tratado del amor de Dios” de 1592, parece probado que esta referencia Cervantes la hace con cierta ironía como veremos más adelante.

Félix Lope de Vega
Anónimo madrileño

Lope de Vega (1562-1635) lo recuerda en una de sus composiciones poéticas de Jerusalén conquistada (1609). Al margen de la estrofa que transcribimos a continuación se puede leer «Al M.F. Cristóbal de Fonseca merecidísimo de toda alabanza».[2]

«Fonseca universal, fuente perenne,

Ya no Fonseca, sino fuente viva,

Pues en admiración el mundo tiene

Tu misma pluma, tu alabanza escriba».

El dramaturgo y actor Andrés de Claramonte y Corroy (Murcia, 1560?-Madrid, 1626) en su Letanía Moral dice de él: «El padre maestro Fonseca, del hábito agustino, padre de tantos que han enriquecido a España, insigne predicador».

Grabado de Vicente Espinel

Vicente Espinel (1551-1624) en su obra Vida del escudero Marcos de Obregón (1618) dice: «El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el deleite, y, espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y entretenimiento dan mucha ocasión para considerar el fin de las cosas».[3]

San Francisco de Sales
por Francisco Bayeu y Subìas

También un santo contemporáneo suyo, San Francisco de Sales (1567-1622), cita el “Tratado del Amor de Dios” en su obra de similares características “Practica del Amor de Dios”. «En nuestra edad han escrito muchos, cuyos libros por faltarme tiempo, no he leído distintamente, sino por partes, procurando reconocer si esta obra mía podrá tener lugar entre ellos. El p. Fr. Luis de Granada, maestro grande de santidad, tiene en su Memorial un tratado del Amor de Dios, que para decir cuan digno es de recomendación, basta decir que es suyo. Fray Diego de Estela, de la Orden de San Francisco hizo otro muy afectuoso, y útil para la oración. Fr. Cristóbal de Fonseca, Religioso Agustino, dio a luz otro más dilatado, en que dice muchas cosas buenas».[4]

Los recopilatorios de autores de la orden agustina de su época también le citan y nos dan alguna breve reseña bibliográfica: el padre Graciano en su Anastasis Augustiniana (1613); Tomas de Herrera el su Alphabetum «Christophurus de Fonseca celebris suo tempore concionator, non ignobilia ingenii sui reliquit posteris monumenta», que traducido del latin viene a decir «Cristobal de Fonseca, predicador famoso en su tiempo, dejó a la posteridad monumentos no insignificantes de su genio»; y también Tomas de Herrera le vuelve a citar en su Historia del convento agustino de Salamanca.

Marcelino Menéndez Pelayo
por José Moreno Carbonero - 1912

Pero no todo han sido elogios para Fonseca. El insigne crítico Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) cree excesivos y desproporcionados tan destacadas alabanzas, transcribimos su opinión crítica sobre Cristóbal de Fonseca:

«A los que hayan admirado lo que el beato Orozco, fray Juan de los Ángeles y Malón de Chaide especularon sobre el amor divino, muy poco les quedará que saborear en el famoso Tratado del amor de Dios, del maestro Cristóbal de Fonseca, de la Orden de San Agustín, libro de verdadera decadencia, farragoso y pedantesco, y tal que sólo debe la reputación que disfruta, entre los que no le han leído, a la casualidad de haberle citado Cervantes en el prólogo del Quijote, nada menos que en cotejo con León Hebreo:  «Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del Amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia». Como siempre es título de autoridad para un libro el haber formado parte de la biblioteca cervantesca, la sombra del gran novelador ha protegido a Fonseca, que es, sin duda (para hablar claro), uno de los menos originales y de los más pesados místicos españoles. Sólo a título de compilador, aunque desaliñado y sin arte, puede tener su valor, y esto para quien no conozca los originales que saqueó a manos llenas. El libro pertenece a la categoría de los llamados predicables, es decir, de los repertorios de lugares comunes, sentencias y textos para uso de los predicadores (Fonseca lo era de mucha fama), sin una centella de espíritu propio en el autor. Hasta el estilo, que todavía es de buen tiempo, se mueve lánguido y perezoso, obstruido por innumerables alegaciones de los antiguos y de los Santos Padres. No he encontrado un solo razonamiento que me llame la atención, ni por su novedad ni por la manera de expresarle: frases sueltas hay algunas muy felices, y es lo menos que se puede pedir a un libro de esa época. Sirvan de ejemplo las siguientes; «El Amor entróse por esos cielos, y cogiendo a Dios, no flaco, sino fuerte, no en el trono de la Cruz, sino de su Majestad y gloria, luchó con él hasta baxarle del cielo, hasta quitarle la vida... Porque nadie es tan fuerte como el Amor, ni aun la muerte, porque puso el Amor la bandera en lo más alto de los homenajes de Dios». El historiador de la Estética puede pasar de largo por delante de este libro tan ponderado, donde lo poco bueno que hay es de Platón, del falso Areopagita, y de todo el género humano».[5]

Otro critico M. Solana, más comedido, nos dice en referencia al Tratado del Amor de Dios: «En suma, es un buen libro, aunque no llegue a ser un gran libro».

Ya en los siglos XIX y XX se convirtió en una referencia para Santa Olalla y es citado como ilustre eulaliense en numerosas ocasiones, de las que destacamos algunas a continuación.

El geógrafo, historiador y político afrancesado Sebastián de Miñano y Bedoya (Becerril de Campos (Palencia), 1779 - Bayona, 1845) le cita en 1827 dentro de la extensa referencia que hace de Santa Olalla en su “Diccionario Geográfico estadístico de España y Portugal”: «Es patria del historiador Alvar Gómez de Castro, catedrático de humanidades y de lengua griega en Alcalá, encargado por Felipe II para el reconocimiento y corrección de las obras de San Isidoro y de Orígenes, escribió también comentarios sobre los hechos del cardenal Cisneros y otras varias obras; y del predicador Cristóbal de Fonseca, que floreció en el siglo XVI».[6]

El escritor Pedro Antonio de Alarcón (Guadix (Granada), 1833 - Madrid, 1891) le cita en 1883 en su estupendo libro de viajes “Viajes por España”: «y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos».[7]

El escritor y periodista navarro Félix Urabayen, afincado en Toledo y gran conocedor de su provincia, dijo de él en 1928: «Podemos ir a Santa Olalla, a olfatear el rastro erudito de fray Cristóbal de Fonseca, probable autor del falso Quijote».[8]

Un retrato suyo se encuentra en la colección de ilustres toledanos del cardenal Lorenzana, conservada y expuesta actualmente en la Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar de Toledo. Son retratos pintados de manera anacrónica por Dionisio de Santiago y Palomares entre 1780 y 1800, suponemos que este pintor se inspiró en el retrato de Cristóbal de Fonseca que en aquellos tiempos todavía conservaría el convento de agustinos de Toledo, según nos informaba el padre Gregorio de Santiago Vela.

Una calle del centro de Santa Olalla lleva su nombre y en 2015 coincidiendo con el V Centenario del nacimiento de Alvar Gómez de Castro se le homenajeo junto a este y a Alonso Palomino colocando un panel de cerámica de Talavera en la Casa de Cultura de Santa Olalla en homenaje “a estos tres ilustres eulalienses del siglo de Oro”.[9]



[1] CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1605). Prólogo. Pág. 13.

[2] LOPE DE VEGA Y CARPIO: Félix: Jerusalén Conquistada -epopeya trágica-, (Imp. Juan de la Cuesta. Madrid, 1609). Capítulo Decimonono. Pág. 498.

[3] ESPINEL, Vicente: Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1618). Prólogo. Pág. 11.

[4] SALES, San Francisco de Sales: Practica del Amor de Dios, (Imp. Andrés Ortega. Madrid, 1768). Traducción de su original en francés.

[5] MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino: Historia de las ideas estéticas, (Madrid, 1883-1889). Vol. II. Pág. de 580 a 582.

[6] MIÑANO Y BEDOYA, Sebastián de: Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal, (Imp. Pierarte-Peralta. Madrid, 1827). Tomo VII, pág. 123.

[7] ALARCÓN Y ARIZA, Pedro Antonio de: Viajes por España, (Imprenta de Antonio Pérez Dubrull. Madrid, 1883).

[8] URABAYEN GUINDO, Félix: Por los senderos del mundo creyente, (Espasa-Calpe. Madrid, 1928). Pág. 220.

[9] MORENO, Javier: Santa Olalla recordará la obra de Gómez de Castro en su quinto centenario, (La Tribuna de Toledo. Toledo; martes, 1 de diciembre de 2015).

Mural cerámico a los tres eulalienses del Siglo de Oro
Ayuntamiento de Santa Olalla - 2015

martes, 10 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, Santa Olalla y los Condes de Orgaz


Fraile agustino en el Entierro del Señor de Orgaz
El Greco - 1586
Identificado como Cristóbal de Fonseca

La vinculación de Cristóbal de Fonseca a Santa Olalla no se limita solo a su infancia y nacimiento, son varios los documentos posteriores que nos dejan constancia de su presencia en la villa. Además mantuvo una estrecha relación con quien fuera su protector, el conde de Orgaz y señor de Santa Olalla, don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 – Santa Olalla, 1606).[1]

Curiosamente los dos conventos en los que Fonseca tuvo mayor presencia: Toledo y Madrid, estaban vinculados a los condes de Orgaz. El Convento de Toledo estuvo tradicionalmente unido a los condes, estos tenían derechos de enterramientos en él y no podemos olvidar que uno de los santos que según la leyenda enterraron al señor de Orgaz, don Gonzalo Ruiz de Toledo, era el mismísimo San Agustín. El convento de San Felipe el Real de Madrid se construyó sobre parte de un solar de los condes de Orgaz a cambio de una capilla que estos obtuvieron en propiedad.

Vida de Cristo - Edición de Barcelona - 1598
Dedicada a don Juan de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz

Al conde de Orgaz le dedica en 1596 la Primera parte de la vida de Cristo Señor Nuestro. En la dedicatoria de la obra elogia a sus antepasados exaltando las figuras de Esteban Illán, Santo Domingo de Guzmán, Gonzalo Ruiz de Toledo y el linaje de los Mendoza; y de él dice que es un incomparable servidor del rey y el príncipe, textualmente dice así:

“¿Quién hay que no haya tenido envidia a V.S. desde los primeros años de su vida? Que mocedad más rica de todas las buenas prendas que se pueden desear en un caballero mozo. Porque dejando aparte la disposición y el semblante, lleno de gravedad, de valor y de buen donaire que se llevó tras si los ojos generalmente, la condición más generosa que la sangre, la discreción, el aviso, que son verdaderas canas en el hombre; la ocupación ordinaria de cazas y de caballos, ejercicio tan conveniente a la profesión y estado de caballeros y señores, en que V.S. se aventajo singularmente a todos los de su tiempo; ¿quien vivió más lejos de los vicios que comúnmente desdora la gente noble? como es jugar, mentir, hacer agravios, ser amparo de gente traviesa, acuchilladiza, arrufiananda, que son cosas que en nuestros tiempos hacen galas algunos nobles de España, saliendo en ellos la medida nobleza como en un Nerón, Commodo, Caligula y otros Emperadores de Roma.

Llegando después a los más graves años, en que su majestad fio a V.S. la asistencia de Sevilla. ¿Quién jamás gobernó con tanta igualdad, con tanta limpieza y con tan general aplauso? ¿Cuándo se vio la justicia respetada de la gente poderosa, tan temida de la popular, tan amada de grandes y pequeños? ¿Cuándo se vio aquella ciudad tan limpia de rufianes y ladrones? ¿Cuándo tan proveída y sobrada de todo? En fin V.S. se alzó con la gloria de los que gobernaron antes y después aquella insigne ciudad de manera que a todos dejo pobres.

Después que su majestad puso casa al Príncipe, nuestro señor, nombrando a V.S. por mayordomo, juntaronse con el buen natural y con la mucha virtud, el desengaño del tiempo y la experiencia de los años, ¿que bien puede desear su Príncipe y su Rey, en un criado, que en V.S. no se halle? A lo menos a mis ojos no echan de menos sino uno, y ese es la riqueza, que como es bien de fortuna huye muchas veces de los bienes de naturaleza y de la gracia, porque como es soberbia no sufre el más bajo y más humilde ligar. Pero más vale el buen nombre que las muchas riquezas como dice Salomón y V.S. le tiene tan bueno que a sus mismos enemigos es amable. Para celebrar tan buenas prendas, es grosera mi pluma y muda mi lengua, cuando el mundo no las conozca Dios las pondrá en el lugar que merecen.”[2]

Primera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1621
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Varias ediciones de obras de Cristóbal de Fonseca están dedicadas al conde o a su hijo el obispo de Pamplona don Francisco de Mendoza.

A la muerte del conde el 4 de octubre de 1606 aparece como su mayordomo en el testamento.[3] Actúa como albacea, junto a su hijo el obispo Francisco Hurtado de Mendoza y Ribera (Santa Olalla, 1573 - Madrid, Santa Olalla, 1634), en ese momento gobernador del arzobispado de Toledo; a su hija y a su yerno, Mariana Hurtado de Mendoza Guzmán y Ribera (Santa Olalla, 1559 – Cuerva, 1627) y Pedro Laso de la Vega y Figueroa (Toledo, 1559 - Cuerva, 1637), señores de Cuerva y primeros condes de los Arcos desde 1599; y a Pablo del Pozo.

Perteneció a la Cofradía de la Santa Caridad de Santa Olalla, en 1599 aparece en un listado de cofrades como miembro de ella,[4] su nombre aparece de los primeros junto otros ilustres santaolalleros como el conde de Orgaz, Juan Hurtado de Mendoza Guzmán; el hijo y heredero del conde, Esteban de Mendoza y Mendoza; y su yerno el conde de los Arcos, Pedro Laso de la Vega.

En ese círculo generado en torno a Lope de Vega, del que él era participe, compartió espacio con otro santaolallero, el poeta Alonso Palomino (Santa Olalla, 1573 -Mentrida, 1637).[5]

También hay quien le ha identificado con el fraile agustino que aparece en el cuadro El entierro del Señor de Orgaz que el Greco pintó en 1586 para la parroquia de Santo Tomé de Toledo.[6]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] FONSECA, Cristóbal de: Primera Parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Dedicatoria. (Pág. 3)

[3] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de defunciones de la Parroquia de San Julián. APSO/6 (de 1582 a 1647).

[4] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º dela Cofradía de la Santa Caridad. APSO/69 (de 1584 a 1609).

[5] MADROÑAL DURÁN, Abraham: Alonso Palomino y Juan Ruiz de Santa María, dos poetas toledanos del tiempo de Lope de Vega (con un vejamen inédito). Toletum, 35. (Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 1998).

[6] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla, (Santa Olalla, 2014). Pág. 34.

domingo, 8 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, biografía de un escritor eulaliense

 

Cristóbal de Fonseca
por Dionisio Santiago y Palomares, c. 1780
Biblioteca de Castilla-La Mancha

El padre y maestro agustino, fray Cristóbal de Fonseca (Santa Olalla, 1550 – Madrid, 1621) fue un predicador famoso en su tiempo y es uno de los más importantes escritores místicos españoles del Siglo de Oro. Su obra pertenece al periodo más brillante de la mística dentro del que se encuadran, entre otros: fray Luis de Granada, fray Juan de los Ángeles, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y los también agustinos fray Luis de León, fray Pedro Malón de Chaide y san Alonso de Orozco.[1]

Desarrolló, aunque en menor medida, la literatura profana; amigo de Lope de Vega y especialmente vinculado a su entorno, tal vez de ahí su enemistad con Miguel de Cervantes. Sus obras profanas las escribió bajo varios seudónimos, atribuyéndosele también, con algunas dudas más que razonables, ser quien se esconde tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, autor del Quiote apócrifo.

Cristóbal de Fonseca y Álvarez nació en la villa de Santa Olalla (Toledo) en 1550. Hijo de Diego de Fonseca y de Isabel Álvarez ambos naturales de Santa Olalla. No se conserva su partida de bautismo original dado que el primer libro de bautismos que se conserva de las parroquias de Santa Olalla se inicia a mediados de 1550, año de su nacimiento.[2] Su padre ejercía el oficio de contador, vinculado a los intereses que los Condes de Orgaz tenían en Santa Olalla como señores de la villa.

Acta de Profesión de Cristóbal de Fonseca - 1566
Archivo Provincia Agustiniana de Castilla

Con dieciséis años ingresó en la orden de San Agustín, profesando en el convento de calzados de Toledo el 8 de febrero de 1566. Profesó en manos del R. P. fray Luis Álvarez, subprior del convento en esa fecha, en nombre del Rmo. P. Maestro General. Firman la profesión: fray Luis Álvarez, subprior y receptor de la profesión, fray Bernardino de Figueroa y el neoprofeso. Se conserva el acta de su profesión,[3] que transcribimos y que contiene algunas notas biográficas en los márgenes.

“JHS - Yo hermano Cristóbal de Fonseca, hijo de Diego de Fonseca e Isabel Álvarez, su legítima mujer, de la Villa de Santa Olalla de la Diócesis Toledana, hago profesión y prometo obediencia a Dios Omnipotente y a la Gloriosa Virgen María y al Beato Nuestro Padre San Agustín, y también y por completo a ti, Reverendo Padre Hermano Luis Álvarez, Subprior titular de su convento toledano y Vice-Prior General de los Hermanos Eremitas del Santo Padre San Agustín y sus sucesores, vivir sin bienes y en castidad hasta mi muerte, bajo cuya confianza unánime lo firmé en el día octavo del mes de febrero en el año del Señor 1566.”[4]

Pese a la escasez de datos de sus primeros años y de su formación, sabemos que estudió filosofía en el convento de Toledo y teología en Salamanca. Sus primeros años de fraile, como hemos dicho, los pasó en el convento de Toledo, el padre Gregorio de Santiago Vela dice que según los libros del convento de Toledo había un retrato del padre Fonseca en la portería del convento “por haberle honrado con sus escritos”.[5] En su inscripción en el Libro Primero de Profesiones del Convento de Toledo al margen de su profesión se puso esta nota: “Fue insigne predicador y escritor famoso y rector provincial de esta provincia y definidor muchas veces”.

Convento de San Felipe el Real de Madrid

Fue prior del convento de su orden en Segovia desde 1591. En 1596 era maestro de la provincia de Castilla, en 1607 acude con los cargos de definidor y rector provincial de Castilla al capítulo provincial celebrado ese año.[6] El cargo de Rector Provincial lo habría ejercido en 1607 hasta la celebración del Capítulo de la Provincia en el mes de junio del mismo año, por muerte del Provincial fray Hernando de Orozco, fallecido el 3 de febrero. En este mismo Capítulo de 1607 fue nombrado prior de San Felipe el Real de Madrid; en 1609 es elegido definidor; siendo reelegido en 1615; y como definidor mayor presidio el 9 de noviembre de 1616 el Capitulo Intermedio que se celebra en San Felipe el Real[7] y también el capítulo celebrado en 1618.

Plano de Madrid 1622
Marcado el desaparecido Convento de San Felipe el Real

Fue el Padre Fonseca uno de los testigos en el proceso para la beatificación de San Alonso de Orozco. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual del Convento de San Felipe el Real, que “tiene 65 años, poco más o menos” y que “conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos”. Añade, después, que presenció la exhumación de sus restos ese mismo año y puede testificar que, “después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo”

Fray Cristóbal de Fonseca murió en el convento de su orden, San Felipe el Real, en Madrid, el 9 de noviembre 1621, con setenta y un años de edad. Por las notas del libro de profesiones sabemos que predico sus honras fúnebres el maestro fray Diego López de Andrada.[8]

A lo largo de su vida se convirtió en un reconocido escritor espiritualista y teólogo, un autor místico de inspiración platónica. Fue un gran predicador y alcanzó mucho renombre con sus sermones. Sabemos que predicó en Salamanca, Madrid, Alcalá de Henares, Toledo, Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Burgos y Segovia. El 20 de octubre de 1616 el arzobispo Bernardo de Sandoval y Rojas inaugura la Capilla de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, a la ceremonia asistieron Felipe III, el Príncipe, su mujer, los Infantes y los grandes del reino. Cristóbal de Fonseca se encargó del segundo de los ocho sermones, justo después del arzobispo y seguido de los mejores predicadores de Toledo, entre otros fray Félix Hortensio de Paravicino y Jerónimo de Florencia.

Descripción de la Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario
en la Santa Iglesia Catedral de Toledo - 1617
El segundo de los sermones que recoge es el de Cristóbal de Fonseca

Fue un gran defensor del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, Fonseca afirma que Dios preservó a la Madre de las consecuencias del pecado y del pecado mismo, como lo afirma la Sagrada Escritura y San Agustín. Fonseca dice que: “María es rosa sin espinas, sin pecado”; “Entre los hijos de Adán, sola mi Madre es Rosa purísima”; “Convenía al cielo cuya Reina y Señora era María, que no tuviese la mancha del pecado, que no es razón dar a los ángeles, Reina que lo haya tenido, pues ni la Virgen fuera conveniente Reina de los ángeles, si no los venciera en todo linaje de pureza y santidad”.[9]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de bautismos de la Parroquia de San Julián. APSO/1 (de 1550 a 1599).

[3] Archivo Provincia Agustiniana de Castilla (APAC): Libro 85. Libro I de Profesiones de Toledo, 1495-1566. Fol. 136r.

[4] Agradezco la colaboración de Sara González Castrejón para la correcta traducción de esta acta en latín.

[5] SANTIAGO VELA, Gregorio de: Ensayo de una Biblioteca Iberoamericana de la Orden de San Agustín, vol. II. (El Escorial, 1915). Pág. 621.

[6] HERRERA, Tomas de.: Historia del convento de San Agustín de Salamanca, (Imp. Gregorio Rodríguez. Madrid, 1652). Pág. 200, 2ª Col.

[7] Archivo Provincia Agustiniana de Castilla (APAC): Actas, Carp. 1. Subc. O. Introducción.

[8] VIÑAS, Teófilo (OSA): Breves notas de Cristóbal de Fonseca. www.agustinosmadrid.com

[9] FONSECA, Cristóbal: Primera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Capítulo IV.

lunes, 2 de marzo de 2026

«De Rebus Gestis» de Francisco Jiménez de Cisneros - La primera biografía del Cardenal Cisneros escrita por Alvar Gómez de Castro y breve biografía del autor

 

De Rebus Gestis de Francisco Jiménez de Cisneros
Portada de la edicción princeps de 1569

El humanista Alvar Gómez de Castro (Santa Olalla, 1515 – Toledo, 1580) conocido por sus contemporáneos como “El Eulaliense”[1], fue un humanista, historiador, profesor y escritor del Renacimiento. Nacido en Santa Olalla el 6 de diciembre de 1515, procedía de una familia de origen judeoconverso, hijo del médico Diego Gómez y nieto de Álvaro de Castro[2], médico del primer conde de Orgaz y hermano de Gómez Diego Gómez de Toledo, llamado antes de su conversión Samuel Abolafia. Tuvo tres hermanos: María, Ana y Tomás de Castro. La prematura desaparición de sus padres marcó su infancia y adolescencia, que vivió junto a su abuelo Álvaro en Santa Olalla. Desde los dieciséis años se educó en la Universidad Complutense de Alcalá, donde adquirió su extensa formación humanística y en la que recibió los grados de bachiller, el 2 de junio de 1537, y licenciado en Artes, el 3 de septiembre de 1538.

Retrato de Alvar Gómez de Castro
Biblioteca de Castilla-La Mancha

Vinculado al ambiente académico de Alcalá y Toledo[3], su formación se especializó en Artes, Teología y estudios clásicos, especialmente griego. Fue catedrático de griego en la Universidad Complutense de Alcalá de Henares y fundador del Colegio de Santa Catalina de Toledo[4]. También desarrolló actividades como clérigo y capellán, aunque su vocación principal fue académica e intelectual. Mantuvo contacto con importantes figuras del humanismo y con círculos intelectuales ligados a la corte y a la Iglesia.

Fue uno de los primeros contactos, incluso amigo, que el Greco tuvo en Toledo, no olvidemos que era catedrático de griego, y tuvo en entre sus posesiones una obra del pintor cretense.[5]

Retrato de Alvar Gómez de Castro

Su producción combina poesía, erudición histórica y trabajos editoriales[6]. Entre sus aportaciones destacan: Poemas humanistas escritos entre 1553 y 1556, con temas amorosos, religiosos y académicos; Ediciones y compilaciones de obras de autores contemporáneos y clásicos, como San Isidoro y San Ambrosio, revisión y estudio de manuscritos antiguos; Intervenciones en proyectos culturales promovidos por la monarquía y la Iglesia, como la asesoría a Felipe II en la selección de libros para la Biblioteca de El Escorial; Aficionado a la arqueología[7] y la numismática, fue el primero que en 1572 estudió los restos romanos de Talavera la Vieja (Cáceres).[8]

Su obra más importante es la biografía latina del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, titulada De rebus gestis a Francisco Ximenio Cisnerio, este libro fue escrito por encargo de la Universidad de Alcalá entre marzo y junio de 1566 e impreso en 1569. Es considerada la biografía más completa y documentada sobre Cisneros y una de las obras más destacadas de la historiografía latina española del Renacimiento.

En sus últimos años continuó enseñando y participando en proyectos académicos en Toledo. También redactó inscripciones y textos vinculados a monumentos religiosos importantes de la ciudad, como el epitafio sobre el Señor de Orgaz en la iglesia de Santo Tomé.

Murió el 16 de septiembre de 1580 en Toledo y fue enterrado en la catedral, en la capilla de Reyes Nuevos.

Mencionado como "eulaliense" en una
edición de su poesia de 1558

Los manuscritos originales de Gómez de Castro se conservan en bibliotecas como: Biblioteca de El Escorial, Biblioteca Nacional de España, Real Academia de la Historia, Universidad Complutense o la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

El académico Francisco de Borja San Román decía en 1928: «De los humanistas españoles del siglo XVI es, acaso, Alvar Gómez de Castro, sino de los más olvidados, si de los menos conocidos. Copiosas referencias a su saber y erudición se encuentran en los escritos de sus contemporáneos, y también menudean las citas y los elogios a tan ilustre toledano en las monografías modernas tocantes a la cultura en aquel siglo»[9].

Relieve del Cardenal Cisneros por Felipe Vigarny
Perteneció a la Colección de Alvar Gómez de Castro

Además de hacer una reseña biográfica básica de nuestro autor eulaliense, Alvar Gómez de Castro, en este artículo queremos ensalzar y conocer la que hemos dicho es su obra más destacada «De rebus gestis a Francisco Ximenio, Cisnerio, Archiepiscopo Toletano».[10] Publicada en Alcalá de Henares en 1569, recopilaba la vida y obra del cardenal Cisneros siendo su primera biografía. En el centenario de Cisneros se dijo: “Pocos personajes históricos han originado a lo largo de los siglos tanta literatura biográfica como Fray Francisco Ximénez de Cisneros, desde la primera e insustituible obra de Alvar Gómez de Castro, De rebus gestis, publicada en Alcalá en 1569”. 

Retrato de Cisneros en la edición princeps de 1569

Rótulo y capitular en la edición princeps de 1569

Es una biografía histórica escrita en latín que narra la vida y las acciones del cardenal y reformador español Francisco Jiménez de Cisneros. Se trata de un texto fundamental para el estudio del humanismo español y de la historia eclesiástica y política de finales del siglo XV y comienzos del XVI.

El libro ofrece un relato detallado de la trayectoria del cardenal, su labor como arzobispo de Toledo, su papel en la reforma religiosa de Castilla, su participación en la política de la monarquía hispánica y su impulso a proyectos culturales como la fundación de la Universidad de Alcalá y la promoción de la Biblia Políglota Complutense. La obra destaca por su enfoque erudito y por la perspectiva humanista con la que se analiza la figura histórica.

La formación de Alvar Gómez de Castro dentro del ambiente académico y eclesiástico le permitió redactar una obra rigurosa basada en fuentes documentales y testimonios cercanos a los hechos. La obra fue utilizada como referencia fundamental en estudios posteriores sobre el cardenal Cisneros y la historia religiosa de España. Las reediciones contemporáneas han facilitado el acceso a la obra dentro de los estudios sobre el humanismo español y la historia del Renacimiento en la península ibérica.

La primera edición impresa de la obra, de 1569, redactada en latín y publicada poco después de terminada, está actualmente digitalizada bajo dominio público y varios ejemplares antiguos se conservan en bibliotecas europeas. Y se ha reditado como facsímil en varias ocasiones.

De Rebus Gestis de Francisco Jiménez de Cisneros
Edición de Fráncfort de 1581

Conocemos también una edición alemana de la obra, impresa en Fráncfort en 1581.[11]

La obra fue traducida al español y publicada por José Oroz Reta[12] en 1984 con el título De las hazañas de Francisco Jiménez de Cisneros. Esta traducción facilita el estudio y permite acceder al contenido sin conocer latín clásico.



[1] Así aparece en la portada de su libro: «Aluari Gomecii Eulaliensis Edyllia aliquot siue Poematia». Impreso por Gasparum Trechsel. Lugduni (Lyon), 1558).

[2] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos Eulalienses, una selección de artículos del Blog Eulaliense sobre la villa de Santa Olalla. (Eulaliense. Graficas Lagomar. Santa Olalla, 2023). Pág. 213.

[3] VAQUERO SERRANO, Carmen: En el entorno del maestro Alvar Gómez, Pedro del Campo, María de Mendoza y los Guevara. (Oretania ediciones. Toledo, 1996).

[4] MARTÍN LÓPEZ, David: Orígenes y evolución dela Universidad de Toledo (1485-1625). (Ediciones Parlamentarias de Castilla-La Mancha. Toledo, 2006). Pág. 176.

[5] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla: El Maestro, su hijo, sus discípulos y sus vínculos con Santa Olalla, residencia de los Condes de Orgaz. (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2014). Pág. 24.

[6] ALVAR EZQUERRA, Antonio: Acercamiento a la poesía de Alvar Gómez de Castro – Ensayo de una biografía y edición de su poesía latina. (Tesis doctoral de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del profesor Dr. D. Lisardo Rubio Fernández. Madrid, 1979). Dos tomos, 744 páginas mecanografiadas. Colección personal de Josué López Muñoz.

[7] GARCÍA SÁNCHEZ, Justo: Las vestales romanas – tratado de Alvar Gómez de Castro año 1562. (Servicio de publicaciones de la Universidad de Oviedo. Oviedo, 1993).

[8] VAQUERO SERRANO, Carmen: El maestro Alvar Gómez: biografía y prosa inédita. (Caja de Ahorros de Toledo. Toledo, 1993).

[9] SAN ROMAN FERNANDEZ, Francisco de Borja: El testamento del humanista Alvar Gómez de Castro. (Tipografía de Archivos. Madrid, 1928).

[10] GÓMEZ DE CASTRO, Alvar: De rebus gestis a Francisco Ximenio, Cisnerio, Archiepiscopo Toletano. (Impresor Andrés de Angulo. Alcalá de Henares, 1569). Descripción 240 hojas, formato folio.

[11] GÓMEZ DE CASTRO, Alvar: De rebus gestis a Francisco Ximenio, Cisnerio, Archiepiscopo Toletano. (Impresor Andream Wechelum. Fráncfort, 1581). Descripción 271 hojas, formato folio.

[12] OROZ RETA, José: Alvar Gómez de Castro - De las hazañas de Francisco Jiménez de Cisneros, (Fundación Universitaria Española. Madrid, 1984).

Manuscrito de Alvar Gomez de Castro
Archivo Vaticano

Alvar Gómez de Castro