martes, 3 de noviembre de 2026

Rubens en cerámica de Talavera, por Salvador Montero

En el resurgir de la cerámica de Talavera a principios del siglo XX encontramos la figura de Salvador Montero, un excelente pintor-ceramista especializado en reproducciones en cerámica de cuadros famosos. Su trabajo destaca especialmente por la traslación de la pintura de los grandes maestros españoles a la superficie cerámica, con reproducciones de obras principalmente de Velázquez y Murillo.

Las primeras referencias a Salvador Montero las encontramos en Toledo, donde estuvo vinculado al alfar de Sebastián Aguado (abierto desde 1918 a 1933). También en Toledo pintó firmando de manera independiente. Se conocen algunos platos suyos de 1919, con temas toledanos, pintados al óleo sobre el bizcocho de barro.

Poco después, en torno a 1920, su nombre aparece en Talavera vinculado a la producción del alfar San Antonio, propiedad de Julián Montemayor Carreño, situado en la plaza de los Descalzos de Talavera de la Reina. Taller que funcionó aproximadamente entre 1914 y 1941.

Salvador Montero participó en 1922 en la elaboración de la fachada del taller de Montemayor en la Calle Trinidad número 11 de Talavera, actualmente en el Museo Ruiz de Luna, mientras que en su emplazamiento se encuentra una reproducción.

Describimos a continuación una obra suya en la que reprodujo la pintura de Rubens. Se trata de un gran plato de 55 centímetros, elaborado en el alfar de Julián Montemayor, titulado Danza de Lugareños de Rubens y que podemos fechar en torno al año 1920.

El plato reproduce en cerámica la pintura de Rubens conservada en el Museo del Prado de Madrid,[1] “Danza de personajes mitológicos y aldeanos”, fechada entre 1630 y 1635. Un grupo de personajes bailan al son de la flauta que toca un hombre subido a un roble y de los cascabeles que algunos bailarines se han colocado en las pantorrillas.

En la parte baja del plato encontramos una cartela rectangular entre dos dragones, dentro el texto «Danza de Lugareños - Rubens», en torno a ello la firma «J. Montemayor - Ceramista - Talavera», y otra firma «S. Montero». El plato tiene algunos defectos de cocción que han hecho que aparezcan cráteres en la pintura.

Danza de personajes mitológicos y aldeanos de Rubens
Museo del Prado - Madrid

Firmas del alfar Julián Montemayor y del pintor Salvador Montero

domingo, 1 de noviembre de 2026

Vitrina Cero - Jaeces medievales


Jaeces medievales

Juego de jaeces o pinjantes para correajes de las caballerías. Elemento metálico elaborado en bronce que formaba parte de una guarnicionería medieval, pieza de sujeción y ornamental del atalaje. Con hebillas decoradas con veneras en los extremos.

Número de inventario: SO/50/D

Datación: Siglo XII

Contexto histórico: Edad Media

Materia: Metal bronce

Técnica: Fundición y martillado

Origen: Colección González-Castrejón

Bibliografía: Josué López Muñoz y Francisco Javier de Fuentes Fernández http://ceres.mcu

domingo, 18 de octubre de 2026

El Tío Caracas, un santaolallero pionero del toreo cómico

El Tío Caracas (en el centro) con su cuadrilla

El Tío Caracas fue uno de los grandes toreros cómicos del siglo XX. En una época en la que esa especialidad humorística del toreo estaba muy en boga, y los nombres de Llapisera, Charlot, El Bombero Torero, La Paleta Manuela, El Chino Torero, Don Canuto... y tantos otros conquistaron una enorme fama, Felipe Sanz Peña adquirió un gran prestigio en su profesión. Su hermano, Julio Sanz, fue novillero. Fue tío político del matador de toros Gregorio Sánchez y de su hermano el torero cómico Julio Lozano Sánchez “El Tío Roque”.

Felipe Sanz Peña, conocido popularmente como “El Tío Caracas”, nació en Santa Olalla el 15 de noviembre de 1900.[1] Siendo practicante un niño se trasladó a Talavera de la Reina, donde ejerció como limpiabotas en la plaza del Reloj, pero su fama llegó por el espectáculo cómico taurino que montó.

Felipe Sanz Peña "El Tío Caracas"

El apodo se lo pusieron de joven porque cuando se despedía siempre repetía la misma coletilla: «Me voy a Caracas, a ver que pasa…».

El día que murió Joselito el Gallo en Talavera, el 16 de mayo de 1920, fue el espontáneo que se tiró a la plaza en un toro de Sánchez Mejías. Contaba que Ignacio Sánchez Mejías lo cogió de un brazo con fuerza, lo llevó al callejón y le dijo: «Muchacho, no seas loco, que ya tenemos bastante con lo que está pasando ahí dentro».[2]  Agonizaba Joselito en la enfermería de la Caprichosa.

Tras comenzar como novillero (como la mayoría de los toreros cómicos), pero no tuvo suerte en el toreo serio, toreó por última vez vestido de luces en Talavera de la Reina el 9 de abril de 1950.

Muy pronto, en 1931, comenzó a acompañar a la banda cómico-taurina-musical Los Talaveranos, que dirigía Félix Medina Ruiz. Al principio, incluso toreó festejos mixtos, en los que también toreaban toreros serios vestidos de luces. Toreo incluso en la plaza de Las Ventas, de Madrid.

Con algunos de sus compañeros en aquellos primeros formo la cuadrilla de “Los Lagarteranos”, aquellos primeros compañeros fueron: Antonio Moreno “La Tía Antonia”, un camarero del Bar Nueva España que en el espectáculo se vestía de mujer y hacía de pareja del “Tío Caracas”; don Armando y Anselmito que en ocasiones imitaban a los famosos comicos “Cantinflas” y “Charlot”; y finalmente “El Niño Pollito”.[3] Personajes que hacían las delicias de los chavales que asistían a la plaza de toros “La Caprichosa” y a las plazas de los pueblos durante sus fiestas.

Salía vestido de paleto, con pantalón de pana, chaleco, boina, alpargatas y un garrote en la mano. En muchas ocasiones saltaba a la plaza desde el tendido, los espectadores pensaban que era un espontáneo y hubo veces que intervino la Guardia Civil creyendo que era así.

El Tío Caracas "El Paleto"

A continuación, El Tío Caracas se colocó en el espectáculo Galas de Arte, que dirigía Isidro Ortuño Jumillano, trabajando entre otros con Ángel Villaverde “La Paleta Manuela”. Ambos cómicos pasaron después al espectáculo Toros y Claveles, de Ricardo Villaverde “el Gran Kiki”, formando una pareja que adquirió gran fama. En los años siguientes viajó con el espectáculo Alegrías de España, donde coincidió, entre otros, con Julián Melero “El Toronto”, un cómico que años después adquirió mucha fama con su propio espectáculo, en el que incluía una trouppe de “monos-toreros”.

A lo largo de su trayectoria llegó a matar más de mil quinientas reses. Cinco cicatrices por cornadas en el rostro y nueve en el cuerpo.

Toreó por última vez en Talavera de la Reina el 9 de mayo de 1979. Se retiró de los toros en Madrigal de la Vera (Cáceres) el 23 de septiembre de 1981, con ochenta años. Felipe Sanz falleció en Talavera de la Reina el 9 de mayo de 1985. La ciudad de Talavera, en recuerdo de los muchos años que allí vivió, le puso su nombre a una calle.

Del Tío Caracas se cuenta una anécdota: estando un día de 1956 en un café donde se suscitó una discusión sobre toros, ya que un sevillano hacía grandes elogios de un torero andaluz. El Tío Caracas se levantó y dijo al sevillano: «Lo que ese torero hace, también lo hago yo» y se fue. El sevillano le despreció sin saber quién era y, cuando alguien le dijo que se trataba de un torero-cómico, el sevillano contestó: «En el mundo sólo hay dos grandes de ese toreo-cómico: el Bombero Torero y ese otro al que dicen el Tío Caracas».

En Talavera corría el bulo de que el Tío Caracas, era millonario y que tenía varias casas en Madrid, lejos de la realidad de un hombre que de joven ejerció de limpiabotas y trabajo en el espectáculo hasta sus últimos años.

Lejos del clasicismo serio de los grandes maestros del toreo, Caracas conquistaba al público con su ingenio, su arte desenfadado y su capacidad para sacar una carcajada incluso en mitad del ruedo. Armado con trastos de broma, sombreros estrafalarios y mucha picaresca, formaba parte de aquellas cuadrillas de toreros cómicos que recorrían pueblos durante las fiestas patronales, parodiando las faenas taurinas y conectando con grandes y chicos.

Aunque no cortó orejas, Felipe cortó muchas penas, llevando alegría con su humor directo y castizo, y dejando huella en cada albero que pisaba. El Tío Caracas es recordado como un símbolo del espíritu popular, de esos personajes que con poco hacían mucho: una sonrisa en tiempos duros.


[2] MONTERRUBIO, Ángel: Felipe Sanz Peña, el Tío Caracas. (La Tribuna de Toledo. Miércoles 14 de octubre de 2026).

[3] Folleto publicitario de la Cuadrilla Cómica-Taurina Los Lagarteranos, de Felipe Sanz Caracas. (Imprenta Ramiro Gómez. Talavera de la Reina, 1954).

Folleto publicitario del espectaculo del Tío Caracas - 1954






Recorte de un Cartel de la Plaza de Toros de Zaragoza
Año 1944 - Don José, el Hombre de Goma y el Tío Caracas


viernes, 16 de octubre de 2026

La Tribuna de Toledo – Una nueva versión del Entierro más famoso de Toledo

El periodista Javier Moreno ha recogido en el diario La Tribuna de Toledo del jueves, 16 de octubre de 2026 mi descubrimiento sobre una nueva versión del Entierro del Señor de Orgaz. Una versión del siglo XVI que amplía la corta lista de representaciones de esta escena, cuyo principal exponente es la que el Greco pintó para la iglesia de Santo Tomé de Toledo.

https://www.latribunadetoledo.es/noticia/z8b50e4f7-e236-4f25-8528b2699ca4d279/202610/una-nueva-vision-del-entierro-mas-famoso-de-toledo 

sábado, 10 de octubre de 2026

Entierro del Señor de Orgaz de José García Hidalgo, otra representación del entierro en el siglo XVII

Entierro del Señor de Orgaz por José García Hidalgo - 1674

La representación del entierro del Señor de Orgaz, erróneamente llamada tantas veces del Conde de Orgaz, es poco común al tratarse de un tema legendario, exclusivamente toledano y vinculado a los Condes de Orgaz. Por este motivo solo se conocen una decena de cuadros con esta representación.[1]

Lo que se ha tenido menos en cuenta es que también es un tema agustino, al tener a San Agustín como uno de los personajes protagonistas de la escena. Por este motivo algunos conventos agustinos de Toledo, Madrid e incluso de Ecuador y Perú,[2] completaron series de la vida del Santo fundador con esta escena.

Hoy podemos aportar el descubrimiento de un nuevo cuadro con este tema que recientemente ha aparecido en el mercado del arte,[3] y que ya forma parte de una colección particular toledana. Se suma esta nueva identificación a una decena de obras que ya conocíamos: encabezadas por la obra maestra del Greco para Santo Tomé en Toledo, donde está enterrado su protagonista don Gonzalo Ruiz de Toledo, de 1587; la versión del cuadro de su padre que pintó Jorge Manuel Theotocópuli, para la casa profesa de la Compañía de Jesús de Toledo y que desde 1901 está en el Museo del Prado; el boceto preparatorio de Miguel Jacinto Meléndez, conservado en el Museo Casa Natal de Jovellanos de Gijón; la versión definitiva de éste que pintó sobre el boceto de Meléndez, su discípulo Andrés de la Calleja conservado hoy en el Museo del Prado; el conservado en iglesia de San Julián de Santa Olalla que perteneció a los condes de Orgaz; otro cuadro anónimo de la colección de los Condes de Orgaz y que actualmente conservan en su casa de Ávila; otro pequeño cuadro anónimo del Museo de Santa Cruz de Toledo; y por último dos versiones de este tema en conventos agustinos de Hispanoamérica, el convento de San Agustín en Quito (Ecuador) y el Convento de San Agustín de la Visitación de Nuestra Señora de las Mercedes de Cuzco (Perú).

Entierro del Señor de Orgaz con su marco

Titulado en el catálogo como "Exequias de un caballero", es sin duda una versión desconocida hasta hoy del Entierro del Señor de Orgaz. Se trata de un óleo sobre lienzo de 24,5 x 33 cm. con un antiguo número de colección «58» en el ángulo inferior izquierdo. La obra es un pequeño boceto en forma de luneto cuyo estilo se corresponde plenamente con el de José García Hidalgo, a quien se atribuye la obra. Su remate en forma de medio punto indica que el lienzo definitivo, no sabemos si se llegó a realizar, pudo ser concebido para una decoración claustral.

José García Hidalgo (Villena, Alicante, 1645 - Madrid, 28 de julio de 1717)[4] fue un pintor, grabador y tratadista de pintura del barroco español. Muy activo durante el reinado de Carlos II y los primeros años del siglo XVIII, desarrolló una gran actividad en las ciudades de Valencia y Madrid.

 Autor del importante tratado de arte Principios para estudiar el nobilisimo y real arte de la pintura de 1693.[5]

Portadas del Tratado de pintura de José García Hidalgo

De su abundante obra pictórica, diecisiete de sus lienzos se conservan en el Museo del Prado. Destaca en su producción series para conventos agustinos y carmelitas, especialmente veinticuatro óleos dispersos de la historia de San Agustín que pintó en 1674 para el claustro de San Felipe el Real de Madrid.

En esta serie se encuadra nuestra pintura, de factura muy abocetada. De formato apaisado y rematado en arco, concebida probablemente como boceto para una pintura de mayor tamaño para una luneta.

En primer plano aparece el sepulcro abierto y, sobre él, el cuerpo de don Gonzalo Ruiz de Toledo, que está siendo depositado por San Agustín y San Esteban, tal como relata la tradición del milagro. El primero sostiene al difunto por la cabeza y el segundo por los pies. A la izquierda, de espaldas al espectador, aparece uno de los sacerdotes que ofician las exequias, mientras que al fondo se dispone un cortejo de nobles que asiste al entierro portando velas.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla: El Maestro, su hijo, sus discípulos y sus vínculos con Santa Olalla, residencia de los Condes de Orgaz. (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2014). Pág. 46. Ampliado en el Blog Eulaliense: https://eulaliense.blogspot.com/2024/03/el-otro-entierro-del-senor-de-orgaz-la.html

[2] GOMEZ FERNANDEZ-CABRERA, Jesús: La Villa de Orgaz, textos e imágenes, (Ayuntamiento de Orgaz. Orgaz, 2017). Pág. 339. Se puede ampliar información en la web de este mismo autor: www.villadeorgaz.es

[3] Ansorena: Catalogo de la Subasta 458, (Madrid, 29 y 30 de septiembre de 2026). Pág. 158. Lote: 641.

[4] Urrea Fernández, Jesús: El pintor José García Hidalgo, Archivo Español de Arte, XLVIII, n.º 190. (Madrid, 1975). Págs. 97-117.

[5] García Hidalgo, José: Principios para estudiar el nobilisimo y real arte de la pintura [1693], (Instituto de España. Madrid, 1965).


Conversión de San Agustín por José Garcia Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

Reina María Luisa de Orleans por José García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

Ordenación de San Agustín por Jose García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

San Agustín ante el emperador Honorio
por José Garcia Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

San Agustín discutiendo con el maniqueo Fortunato
por José García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

domingo, 4 de octubre de 2026

Falso grabado de Ntra. Sra. de la Piedad

Falso grabado coloreado de la Virgen de la Piedad de Santa Olalla
por Rafael Alcoba

La enorme devoción que Santa Olalla profesa a su patrona, la Virgen de la Piedad, ha hecho que sean muchas las representaciones que de ella se conservan y se siguen elaborando. Si contamos con un primer grabado antiguo de 1741,[1] en 2026 se ha elaborado otro nuevo que vamos a describir en el siguiente artículo.

Con la técnica del falso grabado coloreado el artista sevillano Rafael Alcoba Vasco ha concebido esta nueva estampa con una estética historicista. Al modo de los "Verdaderos retratos" del siglo XVIII. Pintado con bolígrafo, lápiz, grafito duro y oleo. Representa a la Virgen de la Piedad en su trono, entre cortinajes barrocos y dos jarrones con flores, en la parte baja una cartela para incluir un texto.

Esta representación se publicó y reprodujo por primera vez como portada de los libros de las fiestas de mayo de 2026 editado por el Ayuntamiento de Santa Olalla.[2] En la contraportada, acompañaba al grabado de la Virgen un querubín sosteniendo el escudo de Santa Olalla, pintado a modo de falso grabado coloreado también por Rafael Alcoba.



[1] Biblioteca Nacional de España: Nuestra Señora de la Piedad [Material gráfico] Autor Juan Bernabé Palomino, 1741. Descripción física: estampa; grabado calcográfico 282 x 162 milímetros. Signatura: INVENT/29975.

[2] Libro de las Fiestas Ntra. Sra. de la Piedad 2026. (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 2026).

Querubín con el escudo de Santa Olalla
por Rafael Alcoba

viernes, 2 de octubre de 2026

Vitrina Cero - Punta de flecha palmela


Punta de flecha palmela

Punta de flecha tipo palmela, de bronce fundido, de hoja triangular y alargada, con pedúnculo o espiga de enmangue. Superficie muy alterada por corrosión, con intensa pátina verde, tonalidades pardas y negruzcas, fisuras, picaduras y pérdidas de materia. Bordes irregulares y extremo distal apuntado.


Número de inventario: SO/49/B

Datación: Edad del Bronce

Contexto histórico: Pre-historia

Materia: Metal bronce

Técnica: Fundición y martillado

Origen: Colección González-Castrejón

Bibliografía: Josué López Muñoz y Francisco Javier de Fuentes Fernández 

http://ceres.mcu

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Etiquetas de Conservas La Piedad


Etiqueta de la Campaña de 1947

Recientemente han entrado en mi colección de curiosidades vinculadas con Santa Olalla dos etiquetas de botes de conservas de la marca “La Piedad” de la fábrica de Cirilo Calderón.

La primera corresponde a una etiqueta de pimientos morrones de la campaña de 1947, de la Fábrica de Conservas Vegetales Cirilo Calderón; la segunda, a una etiqueta de perdiz escabechada de la Fábrica de Conservas Vegetales Sucesores de Cirilo Calderón.

La familia Calderón, aunque afincada en Torrijos, era oriunda de Santa Olalla y especialmente devota de la Virgen de la Piedad. Esta familia tenía montada en la finca Alcubillete de La Puebla de Montalbán, plantaciones y una fábrica en la que envasaba los productos de las vegas del río Tajo, tales como judías verdes, guisantes, pimientos, tomates, melocotones, membrillo, etc.

Para aprovechar el ferrocarril, deciden trasladarla a Torrijos y Barcience hacia el año 1945, consiguiendo de RENFE una vía apartadero para carga y descarga directa de sus productos. Y en esta nueva ubicación, con la denominación de “La Piedad”, amplían su oferta de productos a perdices, codornices, liebres y conejos además construyen un matadero en cuya fachada lucía un retablo cerámico con la Virgen de la Piedad, patrona de Santa Olalla, firmada por el talaverano alfar de Ruiz de Luna. Además también en cerámica de Ruiz de Luna estaba el lema «Yo soy la guardiana de esta casa».

Entre las curiosidades que se pueden observar esta por ejemplo, que la lata de perdiz escabechada contenía una sola perdiz y que además las perdices no eran de granja, sino de campo, habiendo sido cazadas por disparos de armas de fuego, como demostraban el cartucho y la canana que aparecía en su envase.

El matadero La Piedad de Barcience se mantuvo en pie hasta su derribo en 2004.



Fachada del Matadero La Piedad en Barcience
Año 2000

viernes, 18 de septiembre de 2026

Cristóbal de Fonseca y San Alonso de Orozco, declaración en el proceso de beatificación

 

Retrato de Alonso de Orozco

San Alonso de Orozco (Oropesa (Toledo), 17.X.1500 – Madrid, 19.IX.1591) fue un famoso agustino (OSA), escritor espiritual, predicador real y fundador de conventos.

            En 1566 cuando el santaolallero Cristóbal de Fonseca profesaba en Toledo,[1] San Alonso de Orozco estaba desarrollando precisamente su actividad fundadora en Talavera, donde estableció el convento de San Agustín el Viejo ese mismo año de 1566 y años después en 1573 el Convento de San Ildefonso de las Madres Agustinas. Es decir Fonseca entró en la Orden de San Agustín en un momento en que Orozco era ya una de sus grandes figuras espirituales.

Fonseca pertenece, por tanto, a la generación siguiente de la tradición agustiniana española. Pero ambos forman parte de una misma tradición intelectual y espiritual agustiniana, especialmente importante en Castilla durante el Siglo de Oro. La historiografía agustiniana ha estudiado precisamente la continuidad de la corriente en torno al tema del “Amor de Dios” en la que ambos autores se inscriben.

Al morir en 1591 Alonso de Orozco gozaba de fama de gran santidad, era conocido como “el Santo de San Felipe”, convento en el que murió y pasó buena parte de su vida. Su muerte produjo una gran conmoción, la documentación vaticana señala que después de su fallecimiento la ciudad de Madrid acudió masivamente a venerarlo, hasta el punto de que se llegaron a producir situaciones de gran aglomeración para conseguir reliquias u objetos relacionados con él.

La Orden de San Agustín impulsó el proceso y la causa diocesana se incoó en 1619, es decir, 28 años después de su muerte, llegando a incluir la declaración de 401 testigos.

Entre ellos había personas de muy distinta condición social, pero también personajes de relieve intelectual y eclesiástico. Declararon en el proceso escritores como Francisco de Quevedo y Lope de Vega, así como importantes nobles.

El Padre Fonseca fue uno de los agustinos testigos en el proceso de beatificación. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual de San Felipe el Real, había sido anteriormente su prior, que “tiene 65 años, poco más o menos” y que “conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos”.[2] Respondió únicamente a los artículos 8, 11, 15, 20, 21, 34 y 35 pero no aportó ningún detalle de relieve, fuera de que, habiendo entrado una vez a ver su celda el dominico fray Lorenzo Suárez de Figueroa y Córdoba, obispo de Sigüenza, salió asombrado de la aspereza de su cama “y por ser el dicho obispo muy devoto, mostró un linaje de envidia y de ternura en los ojos de haberle visto”, añadiendo que suponía que había conseguido verla un poco por la fuerza, “pues el bendito Padre Orozco a nadie la dejaba ver”.[3]

En 1603, Cristóbal de Fonseca estuvo presente en la traslación de los restos de Alonso de Orozco. Dieciséis años después, en 1619, cuando fue llamado a declarar en el proceso de beatificación, pudo aportar su testimonio personal sobre el estado en que había encontrado el cuerpo. Añade que presenció la exhumación de sus restos y puede testificar que, “después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo”.

En 1603 se trasladaron los restos de Orozco desde la antigua ubicación a la nueva iglesia del Colegio de Doña María de Aragón, y médicos de la Corte examinaron el cuerpo, declarando que se encontraba incorrupto. Fueron testigos de ello los padres Hernando de Rojas, rector del colegio, Agustín de la Mota, prior de San Felipe, Juan de Arenas, prior en 1619 del convento de Valladolid, Cristóbal de Fonseca, Agustín Fernández, “y otros Padres graves”.

Finalmente del padre Diego Ramírez se escribe que era predicador y conventual de San Felipe y de 58 años de edad. Que hizo declaración favorable sobre los padres Cristóbal de Fonseca, Diego Gutiérrez, Bartolomé de Legarda, Juan Quijano, Luis de los Ríos, Andrés de Urosa, Juan de los Santos, Alonso de Soto, Matías de Ontiveros y Juan de Medina. A algunos de ellos los conocía de cuarenta años a esta parte, a otros menos hasta ocho, pero de todos tenía un alto concepto por sus cualidades religiosas.

El proceso de beatificación se prolongó durante más de dos siglos y San Alonso fue finalmente beatificado por el papa León XIII el 15 de enero de 1882, y canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] ALONSO VAÑES, Carlos: Agustinos en el proceso de beatificación del Beato Alonso de Orozco. Estudio agustiniano: Revista del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid, Vol. 26, Fasc. 2-3. (Valladolid, 1991). Págs. 355-386

[3] Proceso original para la Beatificación de San Alonso de Orozco. (Madrid, 1619). Declaración de Fonseca en las páginas de 796 a 800.

Grabado del todavía Beato Alonso de Orozco

La Virgen inspira a San Alonso en su estudio: «escribe, escribe»

San Alonso de Orozco con Santo Tomás de Villanueva