sábado, 21 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca y el seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta

 

Diccionario de vocablos...
Alonso Sánchez de la Ballesta - 1587

El estudio de la obra de Cristóbal de Fonseca[1] nos lleva a la conclusión de que nuestro autor escribió paralelamente a su obra mística obras profanas firmándolas bajo seudónimos. El seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta le usó al menos en dos ocasiones. La mejor justificación al uso de seudónimos la encontramos en este soneto suyo:

“Lo que el autor discreto y cortesano

en su edad más tierna y floreciente

compuso y trabajo curiosamente

determinó imprimir ahora anciano.

Entonces no, por muy temprano

y ahora por ser tarde no consiente

tiró la piedra y escondió la mano.

Tiro de lejos de la aljaba suya

mil ricas flechas con Ballesta ajena

al mordedor satírico indiscreto.

Más por más que el autor esconda y huya

el libro es tal y la invención tan buena

que no consiente al dueño estar secreto.”[2]

Con este seudónimo y como natural de Talavera de la Reina, escribe el Diccionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina (1587) publicado en Salamanca por Juan y Andrés Renaut. Al inicio de esta obra aparece el soneto que hemos trascrito arriba y que como podemos leer deja claro que el autor “tiró la piedra y escondió la mano”; además en un ejemplar de la Biblioteca Nacional aparece la siguiente nota “El autor de este excelente libro ocultó su nombre y su patria, según la aprobación, y el soneto puestos al principio. Hay quien pretende ser obra del P.M.F. Christóbal de Fonseca, del Orden de San Agustín”.

En la introducción al diccionario se nos deja clara la temática del mismo: “se declara gran copia de refranes, reduzidos a latinos y muchas phrases castellanas con las que en latín les corresponden sacadas de Cicerón y Terencio y otros graves autores. Con un índice copioso de los Adagios latinos a los quales responden los castellanos que van puestos en el libro por orden del A.B.C. Van también los nombres de los autores de los quales se sacaron los dichos Adagios Latinos”. Este diccionario español-latino se centraba en traducir frases y refranes del castellano a un latín preciso, basado en autores clásicos como Cicerón y Terencio. Contiene una gran cantidad de refranes vulgares y locuciones castellanas reducidos a la "propiedad" o corrección latina, buscando el equivalente exacto en latín. Servía para asegurar que el castellano utilizado se tradujera con la máxima propiedad, elegancia y rigor clásico, utilizando fuentes de autoridad. Se considera una obra clave para el estudio de la lengua castellana y su relación con el latín en el Renacimiento español. Esta obra es un testigo de la enseñanza de las lenguas y la importancia de la corrección gramatical basada en los clásicos en la España del siglo XVI.

Expostulatio Spongiae
Julio Columbario - 1618

En segundo y último lugar con ese mismo seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta y junto a Francisco López de Aguilar, que escribió bajo el seudónimo de Julio Columbario, escribieron en 1618 el “Expostulatio Spongiae”,[3] un libro en defensa de Lope de Vega.

Los antecedentes a esta obra los encontramos en la publicación en 1617 por Pedro de Torres Rámila, profesor de la Universidad de Alcalá, de “Spongia”, durísimo libelo en latín contra la vida privada y las obras de Lope de Vega, el escritor más famoso de la época. No se conserva ningún ejemplar de esa Spongia, pero sí de la Expostulatio Spongiae, la respuesta, también en latín, publicada en defensa de Lope.

Descripción de la Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario
en la Santa Iglesia Catedral de Toledo - 1617

Participación de Cristóbal de Fonseca - 1617

Participación de Pedro de Torres Ramilla - 1617

Un año antes en 1616 Cristóbal de Fonseca y Pedro Torres Rámilla participaron en los actos con motivo del traslado de la Virgen del Sagrario a su capilla y el sermón del primero y los “versos heroicos” del segundo fueron recogidos en la obra publicada a tal efecto.[4]

Expostulatio Spongiae es una obra excepcional en el contexto de la historia literaria de los Siglos de Oro, innovadora en su diseño editorial y provocadora en su estilo literario. A pesar de su importancia, el contenido del texto apenas es conocido entre los estudiosos y ha planteado un sinfín de interrogantes hasta llegar a los últimos estudios publicados en la última década[5], conseguidos a la luz de la traducción completa de la Expostulatio Spongiae, que no se había hecho hasta 2011[6].

Uno de los episodios más apasionantes en la vida de Lope de Vega es la mal llamada «polémica aristotélica», que estalló allá por 1617 con la aparición clandestina de la Spongia y que alcanzó su punto álgido al año siguiente con su imagen en el espejo, la Expostulatio Spongiae, posiblemente el libro más citado y menos leído por los especialistas en la obra de Lope. Mal llamada porque, por desgracia, el conocimiento de esta guerra literaria ha ido de la mano de los distintos errores de análisis que se han venido repitiendo desde que en los años treinta Joaquín de Entrambasaguas sacara a la luz su tesis doctoral.

La participación de Cristóbal de Fonseca en esta obra en defensa de Lope de Vega, afianza el vínculo de amistad y cercanía entre ambos autores.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso: Dictionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina. (Imp. Juan y Andrés Renaut. Salamanca, 1587).

[3] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso y COLUMBARIO, Julio: Expostulatio spongiae a Petro Turriano Ramila nuper euulgatae pro Lupo a Vega Carpio, poetarum hispaniae príncipe. (Imp. Pierre Chevillot. 1618).

[4] HERRERA, Pedro: Descripción de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo. (Imp. Luis Sánchez. Madrid, 1617).

[5] CONDE PARRADO, y TUBAU MOREU, Xavier: Expostulatio Spongiae: en defensa de Lope de Vega. (Anejos de la Biblioteca Lope de Vega. Gredos. Madrid, 2015).

[6] GONZÁLEZ-BARRERA, Julián:   (Edition Reichenberger. Kassel (Alemania), 2011).

domingo, 15 de marzo de 2026

El abrazo de los Nazarenos de Santa Olalla

 

Este dibujo, realizado por el artista sevillano Paco Moya, ilustró el cartel de la Semana Santa Eulaliense de 2014. Un dibujo realizado con lápices de colores y grafito sobre papel, que refleja un momento especialmente simbólico de la Semana Santa. Esta firmado y fechado en la parte inferior derecha.

El encuentro entre los pasos de Jesús Nazareno de Medinaceli y Jesús Nazareno con la Cruz a Cuestas, ante la mirada de la Virgen de los Dolores. Las manos, que trajeron hace doce años cierta polémica, pues había quien decía que “parecían las manos de los Cristos”, son dos manos enguantadas que simbolizan el abrazo entre las cuadrillas de anderos y de anderas de la Cofradía de Jesús Nazareno de Medinaceli de Santa Olalla que se produce cada año en la plaza de San Julián.

sábado, 14 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, sus obras

 

Cristóbal de Fonseca en su escritorio
Generado en base a su retrato de 1780 

Las principales obras de Cristóbal de Fonseca alcanzaron gran difusión ya en vida del autor. Se hicieron de ellas multitud de ediciones y fueron traducidas al italiano, latín, francés e inglés. Pese a todo, las dos primeras obras que citamos, Tratado del Amor de Dios y Vida de Cristo Nuestro Señor, fueron las que más fama le reportaron.[1]

 

·        Tratado del Amor de Dios: una obra extensa, compuesta de dos partes escritas en 1592. Sus principales ediciones fueron:

-         1592 en Salamanca, por Guillermo Foquel.

-         1594 en Barcelona, por Noel Baresson.

-         1595 en Valladolid, por los Herederos de Bernardino de Santo Domingo.

-         1596 en Córdoba, por Andrés Barrera.

-         1596 en Zaragoza, por Miguel Ximeno Sánchez.

-         1598 en Toledo, por Tomas Guzmán. Se añadió a esta impresión muchas cosas importantes y se enmendaron muchos descuidos y defectos de imprenta que las demás ediciones tenían.

-         1598 en Lisboa, por Antonio Álvarez.

-         1599 en Barcelona, por Sebastián Cormellas.

-         1603 en Lisboa, por Pedro Craesbeck.

-         1606 en Barcelona, por Onofre Anglada.

-         1608 en Valencia, por Pedro Patricio Mey.

-         1608 en Valencia, por Juan Crisóstomo Garriz. Publicada en dos volúmenes, la primera y la segunda parte.

-         1620 en Madrid, por Luis Sánchez. Primera y Segunda Parte. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Salamanca e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada y añadida por su mismo autor.

 

·        Vida de Cristo Señor Nuestro: compuesta de cuatro partes que debieron ser elaboradas en 1596. Cada una de las partes es un tratado independiente y por esta razón se publicaron separadamente, hasta 1621 no apareció una edición conjunta. Según los críticos, esta obra está compuesta por fragmentos escogidos de otros oradores, tiene un estilo ampuloso, erudito hasta el extremo y con demasiadas citas de los padres de la iglesia y de las Sagradas Escrituras.

·        Primera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Es una parte genérica que trata sobre los misterios de la vida de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1596 en Toledo, por Tomas Guzmán.

-         1597 en Barcelona, por Joan Amello.

-         1598 en Barcelona, por Jaime Cendrad.

-         1600 en Lisboa, por Antonio Álvarez.

-         1601 en Alcalá de Henares, por Justo Sánchez Crespo.

-         1605 en Madrid, en la Imprenta Real por Juan Flamenco. En la portada aparece el escudo de don Juan Hurtado de Mendoza Guzmán y Rojas, Conde de Orgaz, al que está dedicada la obra.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Pamplona e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada y añadida por su mismo autor.

·        Segunda parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de los milagros de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1602 en Toledo, por Tomas Guzman.

-         1602 en Barcelona, por Jaime Cendrad.

-         1602 en Lisboa, por Antonio Álvarez y Jorge Rodríguez.

-         1603 en Madrid, por Miguel Serrano de Vargas.

-         1615 en Lérida, por Luis Menescal.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Pamplona e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

·        Tercera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de las parábolas de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1605 en Madrid, en la Imprenta Real.

-         1606 en Barcelona, por Sebastián Cormellas.

-         1606 en Barcelona por Jaime Cendrad.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez.

·        Cuarta parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de su doctrina y contiene evangelios de los Santos y domingos del año y extravagantes. Fonseca nos indica en el prólogo que esta última parte no formaba parte de los planes iniciales. Sus principales ediciones fueron:

-         1611 en Madrid, por Luis Sánchez.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez

 

·        Discurso para todos los evangelios de cuaresma.

-         1614 en Madrid, en casa de Alonso Martín de Balboa.

-         1618 en Venecia, por Giortgio Valentini.

-         1629 en Londres, por el impresor Adam Islip. Traducida en el Magdalen Colledge de Oxford y publicada bajo el título “Devout Contemplations – Expresed in two and fortie sermons upon all Quadragesimall Gospells” (Devotas contemplaciones - Expresadas en cuarenta y dos sermones para todos los evangelios de Cuaresma). Contiene una hermosa portada con un grabado de Thomas Cecill.

 

·        Sermón segundo (Del Nacimiento de la Virgen María). Publicado por Pedro Herrera en su obra Descripción de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo.

-         1617 en Madrid, por Luis Sánchez.

 

·        Sermones para las Dominicas. Sus principales ediciones fueron:

-         1613 en París, por D. de La Noüe. Traducción al francés.

-         1622 en Venecia, por Giorgio Valentini. Traducción al italiano.

-         1629 en Londres, por Adam Islip. Traducción al inglés.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

Tratado del Amor de Dios
Edición de Salamanca - 1592

Tratado del Amor de Dios
Edición de Barcelona - 1594

Tratado del Amor de Dios
Edición de Cordoba - 1596

Tratado del Amor de Dios
Edición de Toledo - 1598

Tercera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1605
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Primera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1605
Dedicada al Conde de Orgaz

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Edición de Madrid - 1614

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Edición de Venecia - 1618

Primera y Segunda Parte del Tratado del Amor de Dios
Edición de Madrid - 1620
Dedicada la obispo don Francisco de Mendoza

Segunda Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1622
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Devout Contemplations
Edición de Londres - 1629

viernes, 13 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, reconocimientos de Cervantes a Lope de Vega


Supuesto retrato de Miguel de Cervantes
Atribuido a Juan de Jauregui - 1600

La obra de Cristóbal de Fonseca fue ensalzada por Miguel de Cervantes (1547-1616) en la primera parte del Quijote (1605), que lo recuerda en el prólogo, cuando relata la conversación con un amigo que le da ideas para que cite a escritores que darán renombre a su novela, dice: «Si trataredes de amores, con dos onzas que sepáis de la lengua toscana, topareis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia».[1]  Al decir “Del amor de Dios”, Cervantes se está refiriendo a la obra de Fonseca “Tratado del amor de Dios” de 1592, parece probado que esta referencia Cervantes la hace con cierta ironía como veremos más adelante.

Félix Lope de Vega
Anónimo madrileño

Lope de Vega (1562-1635) lo recuerda en una de sus composiciones poéticas de Jerusalén conquistada (1609). Al margen de la estrofa que transcribimos a continuación se puede leer «Al M.F. Cristóbal de Fonseca merecidísimo de toda alabanza».[2]

«Fonseca universal, fuente perenne,

Ya no Fonseca, sino fuente viva,

Pues en admiración el mundo tiene

Tu misma pluma, tu alabanza escriba».

El dramaturgo y actor Andrés de Claramonte y Corroy (Murcia, 1560?-Madrid, 1626) en su Letanía Moral dice de él: «El padre maestro Fonseca, del hábito agustino, padre de tantos que han enriquecido a España, insigne predicador».

Grabado de Vicente Espinel

Vicente Espinel (1551-1624) en su obra Vida del escudero Marcos de Obregón (1618) dice: «El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el deleite, y, espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y entretenimiento dan mucha ocasión para considerar el fin de las cosas».[3]

San Francisco de Sales
por Francisco Bayeu y Subìas

También un santo contemporáneo suyo, San Francisco de Sales (1567-1622), cita el “Tratado del Amor de Dios” en su obra de similares características “Practica del Amor de Dios”. «En nuestra edad han escrito muchos, cuyos libros por faltarme tiempo, no he leído distintamente, sino por partes, procurando reconocer si esta obra mía podrá tener lugar entre ellos. El p. Fr. Luis de Granada, maestro grande de santidad, tiene en su Memorial un tratado del Amor de Dios, que para decir cuan digno es de recomendación, basta decir que es suyo. Fray Diego de Estela, de la Orden de San Francisco hizo otro muy afectuoso, y útil para la oración. Fr. Cristóbal de Fonseca, Religioso Agustino, dio a luz otro más dilatado, en que dice muchas cosas buenas».[4]

Los recopilatorios de autores de la orden agustina de su época también le citan y nos dan alguna breve reseña bibliográfica: el padre Graciano en su Anastasis Augustiniana (1613); Tomas de Herrera el su Alphabetum «Christophurus de Fonseca celebris suo tempore concionator, non ignobilia ingenii sui reliquit posteris monumenta», que traducido del latin viene a decir «Cristobal de Fonseca, predicador famoso en su tiempo, dejó a la posteridad monumentos no insignificantes de su genio»; y también Tomas de Herrera le vuelve a citar en su Historia del convento agustino de Salamanca.

Marcelino Menéndez Pelayo
por José Moreno Carbonero - 1912

Pero no todo han sido elogios para Fonseca. El insigne crítico Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) cree excesivos y desproporcionados tan destacadas alabanzas, transcribimos su opinión crítica sobre Cristóbal de Fonseca:

«A los que hayan admirado lo que el beato Orozco, fray Juan de los Ángeles y Malón de Chaide especularon sobre el amor divino, muy poco les quedará que saborear en el famoso Tratado del amor de Dios, del maestro Cristóbal de Fonseca, de la Orden de San Agustín, libro de verdadera decadencia, farragoso y pedantesco, y tal que sólo debe la reputación que disfruta, entre los que no le han leído, a la casualidad de haberle citado Cervantes en el prólogo del Quijote, nada menos que en cotejo con León Hebreo:  «Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del Amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia». Como siempre es título de autoridad para un libro el haber formado parte de la biblioteca cervantesca, la sombra del gran novelador ha protegido a Fonseca, que es, sin duda (para hablar claro), uno de los menos originales y de los más pesados místicos españoles. Sólo a título de compilador, aunque desaliñado y sin arte, puede tener su valor, y esto para quien no conozca los originales que saqueó a manos llenas. El libro pertenece a la categoría de los llamados predicables, es decir, de los repertorios de lugares comunes, sentencias y textos para uso de los predicadores (Fonseca lo era de mucha fama), sin una centella de espíritu propio en el autor. Hasta el estilo, que todavía es de buen tiempo, se mueve lánguido y perezoso, obstruido por innumerables alegaciones de los antiguos y de los Santos Padres. No he encontrado un solo razonamiento que me llame la atención, ni por su novedad ni por la manera de expresarle: frases sueltas hay algunas muy felices, y es lo menos que se puede pedir a un libro de esa época. Sirvan de ejemplo las siguientes; «El Amor entróse por esos cielos, y cogiendo a Dios, no flaco, sino fuerte, no en el trono de la Cruz, sino de su Majestad y gloria, luchó con él hasta baxarle del cielo, hasta quitarle la vida... Porque nadie es tan fuerte como el Amor, ni aun la muerte, porque puso el Amor la bandera en lo más alto de los homenajes de Dios». El historiador de la Estética puede pasar de largo por delante de este libro tan ponderado, donde lo poco bueno que hay es de Platón, del falso Areopagita, y de todo el género humano».[5]

Otro critico M. Solana, más comedido, nos dice en referencia al Tratado del Amor de Dios: «En suma, es un buen libro, aunque no llegue a ser un gran libro».

Ya en los siglos XIX y XX se convirtió en una referencia para Santa Olalla y es citado como ilustre eulaliense en numerosas ocasiones, de las que destacamos algunas a continuación.

El geógrafo, historiador y político afrancesado Sebastián de Miñano y Bedoya (Becerril de Campos (Palencia), 1779 - Bayona, 1845) le cita en 1827 dentro de la extensa referencia que hace de Santa Olalla en su “Diccionario Geográfico estadístico de España y Portugal”: «Es patria del historiador Alvar Gómez de Castro, catedrático de humanidades y de lengua griega en Alcalá, encargado por Felipe II para el reconocimiento y corrección de las obras de San Isidoro y de Orígenes, escribió también comentarios sobre los hechos del cardenal Cisneros y otras varias obras; y del predicador Cristóbal de Fonseca, que floreció en el siglo XVI».[6]

El escritor Pedro Antonio de Alarcón (Guadix (Granada), 1833 - Madrid, 1891) le cita en 1883 en su estupendo libro de viajes “Viajes por España”: «y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos».[7]

El escritor y periodista navarro Félix Urabayen, afincado en Toledo y gran conocedor de su provincia, dijo de él en 1928: «Podemos ir a Santa Olalla, a olfatear el rastro erudito de fray Cristóbal de Fonseca, probable autor del falso Quijote».[8]

Un retrato suyo se encuentra en la colección de ilustres toledanos del cardenal Lorenzana, conservada y expuesta actualmente en la Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar de Toledo. Son retratos pintados de manera anacrónica por Dionisio de Santiago y Palomares entre 1780 y 1800, suponemos que este pintor se inspiró en el retrato de Cristóbal de Fonseca que en aquellos tiempos todavía conservaría el convento de agustinos de Toledo, según nos informaba el padre Gregorio de Santiago Vela.

Una calle del centro de Santa Olalla lleva su nombre y en 2015 coincidiendo con el V Centenario del nacimiento de Alvar Gómez de Castro se le homenajeo junto a este y a Alonso Palomino colocando un panel de cerámica de Talavera en la Casa de Cultura de Santa Olalla en homenaje “a estos tres ilustres eulalienses del siglo de Oro”.[9]



[1] CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1605). Prólogo. Pág. 13.

[2] LOPE DE VEGA Y CARPIO: Félix: Jerusalén Conquistada -epopeya trágica-, (Imp. Juan de la Cuesta. Madrid, 1609). Capítulo Decimonono. Pág. 498.

[3] ESPINEL, Vicente: Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1618). Prólogo. Pág. 11.

[4] SALES, San Francisco de Sales: Practica del Amor de Dios, (Imp. Andrés Ortega. Madrid, 1768). Traducción de su original en francés.

[5] MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino: Historia de las ideas estéticas, (Madrid, 1883-1889). Vol. II. Pág. de 580 a 582.

[6] MIÑANO Y BEDOYA, Sebastián de: Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal, (Imp. Pierarte-Peralta. Madrid, 1827). Tomo VII, pág. 123.

[7] ALARCÓN Y ARIZA, Pedro Antonio de: Viajes por España, (Imprenta de Antonio Pérez Dubrull. Madrid, 1883).

[8] URABAYEN GUINDO, Félix: Por los senderos del mundo creyente, (Espasa-Calpe. Madrid, 1928). Pág. 220.

[9] MORENO, Javier: Santa Olalla recordará la obra de Gómez de Castro en su quinto centenario, (La Tribuna de Toledo. Toledo; martes, 1 de diciembre de 2015).

Mural cerámico a los tres eulalienses del Siglo de Oro
Ayuntamiento de Santa Olalla - 2015