lunes, 23 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca y el seudónimo de Alonso Fernández Avellaneda - La autoría del Quijote apócrifo

Don Quijote contra el libro de Avellaneda - Salvador Tusell - 1905

En 1605 Cervantes publica la primera parte del Quijote. Años después, en 1614, aparece una segunda parte apócrifa, firmada con el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Este hecho provocó la rabia de Cervantes y el adelanto de la publicación de su segundo tomo al año siguiente.[1]

Aunque escribir segundas partes de obras ajenas estaba lejos de constituir delito, debió herir a Cervantes por los insultos que contra él Avellaneda acumuló en el prólogo y por presentar a los protagonistas envueltos en un halo de estupidez con el que no los pintó su autor original. Con todo esto, tiene rasgos que la hacen aceptable y no es fácil entender la segunda parte de Cervantes si no es en contraposición a ésta.

Identificar al escritor que se oculta tras el seudónimo de Avellaneda ha sido objeto de numerosos estudios, hasta hoy infructuosos, convirtiéndose en uno de los grandes enigmas de la literatura española. Una de las teorías surgidas a principios del siglo XX apunta a Cristóbal de Fonseca. Pero junto a él aparecen otros nombres más o menos aceptados por unos u otros investigadores: fray Luis de Aliaga, fray Andrés Pérez, Juan Blanco de Paz, Lope de Vega, Baltasar Elisio de Medinilla, Francisco de Quevedo, Alfonso Lamberto, Guillen de Castro, Alonso de Ledesma, Castillo Solórzano, Vicente García, Ginés Pérez de Hita, Liñan de Riaza, Jerónimo de Pasamonte, etc.

El primer y principal estudio a este respecto lo aporta en 1920 el académico vallisoletano Narciso Alonso Cortés, en "El falso Quijote y Fray Cristóbal de Fonseca".[2] Aunque en 1935 en "Historia de la literatura Española",[3] tras la falta de argumentos irrefutables da el problema por irresoluble. Narciso Alonso Cortés (Valladolid, 1875 — ibídem, 1972) fue investigador, historiador de la literatura, cervantista, académico de la Real Academia de la Lengua Española y Académico Bellas Artes de San Fernando.

También Martín de Riquer,[4] otro de los grandes investigadores de la literatura española y académico de la Real Academia de la Lengua Española, menciona a Cristóbal de Fonseca junto a otros nombres como uno de los posibles autores, aunque sus tesis se decantaron por Jerónimo de Pasamonte.[5] Y el investigador murciano Manuel Muñoz Barberán reconoce múltiples similitudes lingüísticas y estilísticas entre el Quijote apócrifo y las obras de Fonseca, eso si sus conclusiones apuntaban hacia Ginés Pérez de Hita.

Portada del Quijote apocrifo de Avellaneda
Imp. Felipe Roberto - 1614

En base a los estudios ya citados, recopilaremos las estableceremos las pruebas que apuntan a que Cristóbal de Fonseca se escondía tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.

Coinciden todos los autores en que el escritor que se oculta tras el seudónimo de Avellaneda fue ofendido por Cervantes en el Quijote de 1605. Decía Avellaneda en su prólogo “él tomo por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras, y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e innumerables comedias, con el vigor del arte que pide el mundo, con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar” en clara referencia a Lope de Vega. Además la crítica se encuentra en el prólogo, por el comentario que Cervantes hace en el prólogo de las Novelas Ejemplares “quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar este”.

Ya dijimos en el apartado de reconocimientos que Fonseca fue elogiado en el citado prólogo, pero el crítico Menéndez Pelayo considera exageradas y burlescas estas alabanzas, quizás él también las interpretó así. Partiendo de esto solo hay tres contemporáneos de Cervantes mencionados en el prólogo: Antonio de Guevara (obispo de Mondoñedo), Lope de Vega y Cristóbal de Fonseca. Al primero lo descartamos pues había muerto en 1545, y si releemos el comentario de Avellaneda “él tomo por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras...” son dos personas, Avellaneda y Lope de Vega por lo tanto descartado Lope, solo nos queda Fonseca.

Cervantes lanza otras puyas tanto a Fonseca como a Lope “¡Pues que, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino que son unos Santo Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado a un enamorado distraído, y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oille y leelle” ambos tenían la costumbre de citar especialmente a los doctores de la Iglesia y el Tratado del Amor de Dios parece en muchas páginas un libro erótico, describe el amor y los amantes a la par con reflexiones religiosas y morales. Por ejemplo “El amor es de muchas obras y de tan pocas palabras, que hace a su dueño medio mudo; por otra parte, es verdad notoria y averiguada con mil experiencias, que el Amor devasta la rudeza de un rústico y le hace elocuente y bien hablado, y algunas veces, poeta. Y si alguna cosa puede menoscabar la necedad para donde no hay ingenio ni arte, es el amor”, incluso describe a un viejo verde “¡Que haya llovido Dios sobre vos tanta gota, tanta hijada, tantos dolores, y todavía estéis verde...!”. La mayoría de las citas de la Sagradas Escrituras y de Ovidio que hace Cervantes en el prólogo aparecen en el Tratado del amor a Dios ¿será casualidad?

La falta de simpatía entre Cristóbal de Fonseca y Cervantes venia de antiguo, ya Fonseca en la Vida de Cristo Nuestro Señor dice en referencia al conocido como manco de Lepanto: “De las querellas y sufrimientos con que pasamos la vida, ninguna es más ordinaria, ni más triste, que un mal galardón después de largos servicios. Se va un mozo a la guerra, ofreciéndole al pensamiento alguna buena ventura, gasta en esa ocupación los treinta años mejores de su vida, al cabo hayase con dos arcabuzazos, diez heridas, viejo, pobre y medio manco”.

Hemos podido leer que Avellaneda sale en su defensa y a la defensa de Lope de Vega. Por lo tanto Avellaneda y Lope eran amigos, incluso podríamos decir que Lope fue el instigador de toda la trama. Efectivamente, Fonseca era amigo de Lope de Vega. Tuvieron mucha relación tanto en Madrid como en Toledo y su amistad quedaría demostrada  con el soneto que Lope le dedica en su obra Jerusalén conquistada (1609). Es posible que en aquella fecha ya se tramara algo. Después de la publicación del Falso Quijote los amigos de Lope comenzaron a adular a Fonseca y los enemigos a criticarle. Entre los aduladores, Vicente Espinel, enemigo reconocido de Cervantes y criticado por este en Viaje del Parnaso.

Fonseca salió en defensa de Lope en otras ocasiones y escribió casi de forma habitual bajo seudónimos. Un claro alegato en pro de Lope es Expostulario Spongiae (1618).

Después de expresada la que muchos han tomado como prueba rotunda -Avellaneda fue ofendido en el prólogo por Cervantes. Solo pudo ser Fonseca, el que contesto a esa ofensa-. Analizaremos una serie de características que han ido estableciendo todos los críticos, basadas en afirmaciones, opiniones o conocimientos vertidos en el Quijote apócrifo, que denotan rasgos de la personalidad del posible autor, y que Cristóbal de Fonseca cumple en su mayoría:

·        Se ha dicho que Avellaneda tuvo que ser un eclesiástico y representante activo de la contrarreforma, efectivamente Cristóbal de Fonseca era agustino. Algunos opinan que debió ser dominico por la defensa que hace del rosario, pero no es motivo suficiente ya que cualquier religioso podría ser devoto del rosario y obligación suya es ensalzar esta oración.

·        Hombre culto, tal vez licenciado o bachiller y Fonseca cursó estos estudios en Salamanca.

·        De clase social media-alta, no hay duda de que lo era, hijo del contador Diego de Fonseca y vinculado estrechamente a los condes de Orgaz y Señores de Santa Olalla.

·        Conocedor de Toledo, Alcalá y Zaragoza. Pese a que sus datos biográficos son muy escasos, sí que podemos saber que como predicador afamado que fue, recorrió todas estas ciudades.

·        Las similitudes lingüísticas y paralelismos estilísticos son numerosísimos y aunque no las vamos a analizar ahora, sí que vamos a dejar constancia de dos anécdotas. La primera es que en el Quijote apócrifo, Sancho jura continuamente por el gigante Goliat, mencionado repetidas veces en las obras de Fonseca. Y la segunda, es que en el Quijote apócrifo, sigue Fonseca con su afición a las citas, coincidiendo muchas de ellas con las de sus obras místicas.

Hay dos características que no cumple del todo, son:

·        Ser más joven que Cervantes, solo es tres años más joven que él, con lo que no se entendería que llamara viejo a Cervantes. Si bien es cierto que Cervantes estaba enfermo y él todavía estaba sano y predicando a diario.

·        Y ser escritor profano, ya que dedicó la mayor parte de su carrera a la literatura mística. Aunque ya dijimos que publico obras profanas bajo el seudónimo de Alfonso Sánchez de la Ballesta.

En cuanto a la publicación en Tarragona, no le resultaría difícil; Fonseca publicó ediciones de sus principales obras en Barcelona y también alguna de ellas en Lérida; los agustinos tenían convento en Tarragona y pudo haberle encargado el trabajo a algún compañero. Además los datos del pie de imprenta pueden ser falsos y no ser más que otra astucia para permanecer en el anonimato.

Suponiendo que esta que hemos expuesto sea una conclusión acertada, Cristóbal de Fonseca compuso su Quijote con sesenta y cuatro años de edad, coincidió esta publicación con la de Discurso para todos los evangelios de cuaresma. Poco después, en ese mismo año, Fonseca recibió una carta injuriosa de Miguel Ponce de León, una carta de clara influencia cervantina y seguramente inspirada por el propio Cervantes. Algunos apuntan que la letra es idéntica a la de Luis de Molina, yerno de Cervantes. Y es que Cervantes supo quién se escondía tras el seudónimo de Avellaneda. Cuando se refiere a él en los primeros capítulos de la segunda parte del Quijote, piensa que es aragonés, pero luego debió descubrirlo y deja de referirse a su origen. En el prólogo dice que “encubría su nombre” y “fingía su patria”.

Independientemente de que Cervantes destruye y ridiculiza con su segunda parte al texto apócrifo, convirtiéndolo en un elemento más de su ficción; no desveló el misterio, probablemente porque el arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandoval y Rojas, era su protector como también lo fue de Fonseca.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] ALONSO CORTÉS, Narciso: El falso "Quijote" y Fray Cristóbal de Fonseca, (Talleres Tipográficos Cuesta. Valladolid, 1920).

[3] ALONSO CORTÉS, Narciso: Historia de la literatura española, (Imprenta Castellana. Valladolid, 1930).

[4] RIQUER MORERA, Martín de: Aproximación al Quijote, (Salvat Editores. Madrid, 1970). Pág. 145.

[5] MUÑOZ BARBERAN, Manuel: Sobre el autor del Quijote apócrifo, (Nogues. Murcia, 1989).

sábado, 21 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca y el seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta

 

Diccionario de vocablos...
Alonso Sánchez de la Ballesta - 1587

El estudio de la obra de Cristóbal de Fonseca[1] nos lleva a la conclusión de que nuestro autor escribió paralelamente a su obra mística obras profanas firmándolas bajo seudónimos. El seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta le usó al menos en dos ocasiones. La mejor justificación al uso de seudónimos la encontramos en este soneto suyo:

“Lo que el autor discreto y cortesano

en su edad más tierna y floreciente

compuso y trabajo curiosamente

determinó imprimir ahora anciano.

Entonces no, por muy temprano

y ahora por ser tarde no consiente

tiró la piedra y escondió la mano.

Tiro de lejos de la aljaba suya

mil ricas flechas con Ballesta ajena

al mordedor satírico indiscreto.

Más por más que el autor esconda y huya

el libro es tal y la invención tan buena

que no consiente al dueño estar secreto.”[2]

Con este seudónimo y como natural de Talavera de la Reina, escribe el Diccionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina (1587) publicado en Salamanca por Juan y Andrés Renaut. Al inicio de esta obra aparece el soneto que hemos trascrito arriba y que como podemos leer deja claro que el autor “tiró la piedra y escondió la mano”; además en un ejemplar de la Biblioteca Nacional aparece la siguiente nota “El autor de este excelente libro ocultó su nombre y su patria, según la aprobación, y el soneto puestos al principio. Hay quien pretende ser obra del P.M.F. Christóbal de Fonseca, del Orden de San Agustín”.

En la introducción al diccionario se nos deja clara la temática del mismo: “se declara gran copia de refranes, reduzidos a latinos y muchas phrases castellanas con las que en latín les corresponden sacadas de Cicerón y Terencio y otros graves autores. Con un índice copioso de los Adagios latinos a los quales responden los castellanos que van puestos en el libro por orden del A.B.C. Van también los nombres de los autores de los quales se sacaron los dichos Adagios Latinos”. Este diccionario español-latino se centraba en traducir frases y refranes del castellano a un latín preciso, basado en autores clásicos como Cicerón y Terencio. Contiene una gran cantidad de refranes vulgares y locuciones castellanas reducidos a la "propiedad" o corrección latina, buscando el equivalente exacto en latín. Servía para asegurar que el castellano utilizado se tradujera con la máxima propiedad, elegancia y rigor clásico, utilizando fuentes de autoridad. Se considera una obra clave para el estudio de la lengua castellana y su relación con el latín en el Renacimiento español. Esta obra es un testigo de la enseñanza de las lenguas y la importancia de la corrección gramatical basada en los clásicos en la España del siglo XVI.

Expostulatio Spongiae
Julio Columbario - 1618

En segundo y último lugar con ese mismo seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta y junto a Francisco López de Aguilar, que escribió bajo el seudónimo de Julio Columbario, escribieron en 1618 el “Expostulatio Spongiae”,[3] un libro en defensa de Lope de Vega.

Los antecedentes a esta obra los encontramos en la publicación en 1617 por Pedro de Torres Rámila, profesor de la Universidad de Alcalá, de “Spongia”, durísimo libelo en latín contra la vida privada y las obras de Lope de Vega, el escritor más famoso de la época. No se conserva ningún ejemplar de esa Spongia, pero sí de la Expostulatio Spongiae, la respuesta, también en latín, publicada en defensa de Lope.

Descripción de la Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario
en la Santa Iglesia Catedral de Toledo - 1617

Participación de Cristóbal de Fonseca - 1617

Participación de Pedro de Torres Ramilla - 1617

Un año antes en 1616 Cristóbal de Fonseca y Pedro Torres Rámilla participaron en los actos con motivo del traslado de la Virgen del Sagrario a su capilla y el sermón del primero y los “versos heroicos” del segundo fueron recogidos en la obra publicada a tal efecto.[4]

Expostulatio Spongiae es una obra excepcional en el contexto de la historia literaria de los Siglos de Oro, innovadora en su diseño editorial y provocadora en su estilo literario. A pesar de su importancia, el contenido del texto apenas es conocido entre los estudiosos y ha planteado un sinfín de interrogantes hasta llegar a los últimos estudios publicados en la última década[5], conseguidos a la luz de la traducción completa de la Expostulatio Spongiae, que no se había hecho hasta 2011[6].

Uno de los episodios más apasionantes en la vida de Lope de Vega es la mal llamada «polémica aristotélica», que estalló allá por 1617 con la aparición clandestina de la Spongia y que alcanzó su punto álgido al año siguiente con su imagen en el espejo, la Expostulatio Spongiae, posiblemente el libro más citado y menos leído por los especialistas en la obra de Lope. Mal llamada porque, por desgracia, el conocimiento de esta guerra literaria ha ido de la mano de los distintos errores de análisis que se han venido repitiendo desde que en los años treinta Joaquín de Entrambasaguas sacara a la luz su tesis doctoral.

La participación de Cristóbal de Fonseca en esta obra en defensa de Lope de Vega, afianza el vínculo de amistad y cercanía entre ambos autores.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso: Dictionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina. (Imp. Juan y Andrés Renaut. Salamanca, 1587).

[3] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso y COLUMBARIO, Julio: Expostulatio spongiae a Petro Turriano Ramila nuper euulgatae pro Lupo a Vega Carpio, poetarum hispaniae príncipe. (Imp. Pierre Chevillot. 1618).

[4] HERRERA, Pedro: Descripción de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo. (Imp. Luis Sánchez. Madrid, 1617).

[5] CONDE PARRADO, y TUBAU MOREU, Xavier: Expostulatio Spongiae: en defensa de Lope de Vega. (Anejos de la Biblioteca Lope de Vega. Gredos. Madrid, 2015).

[6] GONZÁLEZ-BARRERA, Julián:   (Edition Reichenberger. Kassel (Alemania), 2011).

domingo, 15 de marzo de 2026

El abrazo de los Nazarenos de Santa Olalla

 

Este dibujo, realizado por el artista sevillano Paco Moya, ilustró el cartel de la Semana Santa Eulaliense de 2014. Un dibujo realizado con lápices de colores y grafito sobre papel, que refleja un momento especialmente simbólico de la Semana Santa. Esta firmado y fechado en la parte inferior derecha.

El encuentro entre los pasos de Jesús Nazareno de Medinaceli y Jesús Nazareno con la Cruz a Cuestas, ante la mirada de la Virgen de los Dolores. Las manos, que trajeron hace doce años cierta polémica, pues había quien decía que “parecían las manos de los Cristos”, son dos manos enguantadas que simbolizan el abrazo entre las cuadrillas de anderos y de anderas de la Cofradía de Jesús Nazareno de Medinaceli de Santa Olalla que se produce cada año en la plaza de San Julián.

sábado, 14 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, sus obras

 

Cristóbal de Fonseca en su escritorio
Generado en base a su retrato de 1780 

Las principales obras de Cristóbal de Fonseca alcanzaron gran difusión ya en vida del autor. Se hicieron de ellas multitud de ediciones y fueron traducidas al italiano, latín, francés e inglés. Pese a todo, las dos primeras obras que citamos, Tratado del Amor de Dios y Vida de Cristo Nuestro Señor, fueron las que más fama le reportaron.[1]

 

·        Tratado del Amor de Dios: una obra extensa, compuesta de dos partes escritas en 1592. Sus principales ediciones fueron:

-         1592 en Salamanca, por Guillermo Foquel.

-         1594 en Barcelona, por Noel Baresson.

-         1595 en Valladolid, por los Herederos de Bernardino de Santo Domingo.

-         1596 en Córdoba, por Andrés Barrera.

-         1596 en Zaragoza, por Miguel Ximeno Sánchez.

-         1598 en Toledo, por Tomas Guzmán. Se añadió a esta impresión muchas cosas importantes y se enmendaron muchos descuidos y defectos de imprenta que las demás ediciones tenían.

-         1598 en Lisboa, por Antonio Álvarez.

-         1599 en Barcelona, por Sebastián Cormellas.

-         1603 en Lisboa, por Pedro Craesbeck.

-         1606 en Barcelona, por Onofre Anglada.

-         1608 en Valencia, por Pedro Patricio Mey.

-         1608 en Valencia, por Juan Crisóstomo Garriz. Publicada en dos volúmenes, la primera y la segunda parte.

-         1620 en Madrid, por Luis Sánchez. Primera y Segunda Parte. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Salamanca e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada y añadida por su mismo autor.

 

·        Vida de Cristo Señor Nuestro: compuesta de cuatro partes que debieron ser elaboradas en 1596. Cada una de las partes es un tratado independiente y por esta razón se publicaron separadamente, hasta 1621 no apareció una edición conjunta. Según los críticos, esta obra está compuesta por fragmentos escogidos de otros oradores, tiene un estilo ampuloso, erudito hasta el extremo y con demasiadas citas de los padres de la iglesia y de las Sagradas Escrituras.

·        Primera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Es una parte genérica que trata sobre los misterios de la vida de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1596 en Toledo, por Tomas Guzmán.

-         1597 en Barcelona, por Joan Amello.

-         1598 en Barcelona, por Jaime Cendrad.

-         1600 en Lisboa, por Antonio Álvarez.

-         1601 en Alcalá de Henares, por Justo Sánchez Crespo.

-         1605 en Madrid, en la Imprenta Real por Juan Flamenco. En la portada aparece el escudo de don Juan Hurtado de Mendoza Guzmán y Rojas, Conde de Orgaz, al que está dedicada la obra.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Pamplona e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Edición enmendada y añadida por su mismo autor.

·        Segunda parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de los milagros de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1602 en Toledo, por Tomas Guzman.

-         1602 en Barcelona, por Jaime Cendrad.

-         1602 en Lisboa, por Antonio Álvarez y Jorge Rodríguez.

-         1603 en Madrid, por Miguel Serrano de Vargas.

-         1615 en Lérida, por Luis Menescal.

-         1622 en Madrid, por Luis Sánchez. Dedicada a don Francisco de Mendoza, obispo de Pamplona e hijo del Conde de Orgaz, aparece su escudo en la portada.

·        Tercera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de las parábolas de Jesús. Sus principales ediciones fueron:

-         1605 en Madrid, en la Imprenta Real.

-         1606 en Barcelona, por Sebastián Cormellas.

-         1606 en Barcelona por Jaime Cendrad.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez.

·        Cuarta parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro. Esta parte trata de su doctrina y contiene evangelios de los Santos y domingos del año y extravagantes. Fonseca nos indica en el prólogo que esta última parte no formaba parte de los planes iniciales. Sus principales ediciones fueron:

-         1611 en Madrid, por Luis Sánchez.

-         1621 en Madrid, por Luis Sánchez

 

·        Discurso para todos los evangelios de cuaresma.

-         1614 en Madrid, en casa de Alonso Martín de Balboa.

-         1618 en Venecia, por Giortgio Valentini.

-         1629 en Londres, por el impresor Adam Islip. Traducida en el Magdalen Colledge de Oxford y publicada bajo el título “Devout Contemplations – Expresed in two and fortie sermons upon all Quadragesimall Gospells” (Devotas contemplaciones - Expresadas en cuarenta y dos sermones para todos los evangelios de Cuaresma). Contiene una hermosa portada con un grabado de Thomas Cecill.

 

·        Sermón segundo (Del Nacimiento de la Virgen María). Publicado por Pedro Herrera en su obra Descripción de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo.

-         1617 en Madrid, por Luis Sánchez.

 

·        Sermones para las Dominicas. Sus principales ediciones fueron:

-         1613 en París, por D. de La Noüe. Traducción al francés.

-         1622 en Venecia, por Giorgio Valentini. Traducción al italiano.

-         1629 en Londres, por Adam Islip. Traducción al inglés.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

Tratado del Amor de Dios
Edición de Salamanca - 1592

Tratado del Amor de Dios
Edición de Barcelona - 1594

Tratado del Amor de Dios
Edición de Cordoba - 1596

Tratado del Amor de Dios
Edición de Toledo - 1598

Tercera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1605
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Primera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1605
Dedicada al Conde de Orgaz

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Edición de Madrid - 1614

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Edición de Venecia - 1618

Primera y Segunda Parte del Tratado del Amor de Dios
Edición de Madrid - 1620
Dedicada la obispo don Francisco de Mendoza

Segunda Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1622
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Discursos para todos los Evangelios de Cuaresma
Devout Contemplations
Edición de Londres - 1629