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martes, 1 de septiembre de 2026

Vitrina Cero - Trébedes de sartén


Trébedes de sartén

Trébede de sartén de hierro forjado, de carácter tradicional y fabricación artesanal. Dispone de un aro circular de hierro, destinado a recibir y sostener la sartén. El aro se apoya sobre tres patas, una de ellas se alarga y tiene una horquilla móvil para apoyar el mango de la sartén.

Número de inventario: SO/64

Datación: Siglo XIX

Contexto histórico: Edad Contemporánea

Materia: Hierro forjado

Técnica: Artesanal

Origen: Donación Teresa Benayas Pérez

Bibliografía: Josué López Muñoz

domingo, 16 de agosto de 2026

El Tren por Carriches - 150 años de la Línea Madrid - Lisboa

 

La línea de ferrocarril atraviesa de este a oeste el término municipal de Carriches, discurriendo al sur del núcleo urbano.[1]

El 15 de julio de 1876, hace ahora 150 años, partió el primer tren de viajeros entre Madrid y Talavera de la Reina. El transporte de mercancías no comenzaría hasta el mes de septiembre, cuando la línea quedó plenamente operativa.

La construcción de esta infraestructura fue posible gracias a la Ley General de Ferrocarriles de 1855, que impulsó la creación de la línea Madrid-Lisboa, conocida también como Ferrocarril del Tajo. Su trazado unía Madrid con Valencia de Alcántara, en la frontera portuguesa, para continuar desde allí hasta Lisboa. En su recorrido por la provincia de Toledo atravesaba, entre otras localidades, Torrijos y Talavera de la Reina. El proyecto fue diseñado por el ingeniero Pedro Nolasco Mans, natural de Alcaudete.

El tramo que discurre por el término de Carriches quedaba situado entre las estaciones de Santa Olalla-Carmena y Erustes. La primera de ellas cuenta, además, con una curiosa página de la historia, pues en ella residió y ejerció como jefe de estación Luis Mazzantini (Elgóibar, 1856-Madrid, 1926), quien años después alcanzaría gran fama como torero. Tras retirarse de los ruedos inició una destacada carrera política y administrativa, llegando a ser diputado, concejal del Ayuntamiento de Madrid y gobernador civil. Su trayectoria recuerda el conocido dicho popular que, con fina ironía, respondía a la pregunta de cómo se pasaba del toreo a la política: «Muy fácil: “endegenerando”».

Como suele ocurrir con los grandes avances, la llegada del ferrocarril despertó sentimientos encontrados entre los vecinos de Carriches y de toda la comarca. Por un lado, fue recibido con entusiasmo al representar el progreso y facilitar unas comunicaciones hasta entonces impensables. Por otro, también generó recelos entre quienes vivían del transporte por diligencia, veían amenazados sus mercados tradicionales por la competencia de Madrid o temían que las chispas desprendidas por las locomotoras provocaran incendios en las cosechas.

Con el paso de los años, aquellos temores quedaron eclipsados por la enorme trascendencia que tuvo el ferrocarril para el desarrollo económico y social de la comarca. Durante décadas constituyó la principal vía de comunicación con Madrid y Extremadura, facilitando el transporte de viajeros, mercancías e ideas, mucho antes de que el automóvil transformara la movilidad del mundo rural.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Tren por Carriches. Revista Cultural Adovea, nº 61. (Patrimonio Cultural Villa de Carriches. Carriches, agosto de 2026). Pág. 26.



domingo, 15 de febrero de 2026

Colección de grabados de toreros antiguos (Siglo XIX)

Comparto con vosotros esta interesante colección de grabados del siglo XIX que retratan a toreros de la época. Una colección que ha llegado recientemente a mis manos y que he digitalizado con el objetivo de preservar y difundir este valioso testimonio histórico. Muchos de estos grabados son obra del xilógrafo y grabador Arturo Carretero y Sánchez (Santiago de Compostela, mediados del siglo XIX - Madrid, 1903).

José Romero Martínez
(Ronda (Málaga), 1745 - 1826). Torero

Juan Molina Sánchez
(Córdoba, 1851 - 1932). Banderillero

José Ruiz “Joseito”
(Madrid, 1855). Torero

Juan Ruiz Vargas “Lagartija”
(Murcia, 1855 – Madrid, 1926). Torero

Antonio Pérez “Ostión”
(Laguardia (Álava), 1847 – Madrid, 1894). Torero

Ángel Fernández "Valdemoro"
(Valdemoro, 1840 - Madrid, 1915). Torero y banderillero

Hipólito Sánchez Arjona
(Sevilla, 1850 – 1920). Torero

Manuel Martínez Riesgo “Agujetas”
(Madrid, 1855 – 1937). Picador

jueves, 18 de septiembre de 2025

Un azulejo de 1892 de la Virgen de la Piedad, su representación en cerámica más antigua conocida

 

A veces, cuando creemos que todo está dicho sobre un tema, aparece una pieza que nos sorprende y nos abre nuevas preguntas. Eso es lo que me ha sucedido al descubrir un azulejo de cerámica de Talavera que, hasta donde sabemos, es el más antiguo con la representación de la Virgen de la Piedad, patrona de Santa Olalla.

Esta pequeña joya, de 20 por 20 centímetros, está esmaltada en blanco estannífero con decoración monocroma en negro manganeso. Una delicada greca de sencillos roleos enmarca la escena, mientras en la base descansa la peana del trono de la Virgen. El trono, el arco de rayos y la propia imagen están trazados con sencillez, casi con un aire infantil que, lejos de restarle valor, le otorga un encanto especial.

Un detalle particularmente curioso es un sudario que cubre el cuerpo de Cristo, un elemento que no aparece en ninguna otra representación conocida de la imagen de Santa Olalla, lo que convierte a esta pieza en un testimonio único.

En el centro de la peana se puede leer la inscripción: «Ntra. Sra. de la Piedad – Año de 1892».

Según me consta esta pieza no es única y existen varias versiones casi idénticas.

Por su fecha y estilo, todo apunta a que fue elaborado en la Fábrica de La Menora[1], un histórico taller alfarero de Talavera que tomó su nombre del apodo de su propietaria, Romualda Martínez, y que funcionó entre 1852 y 1905, primero bajo su dirección y la de su marido, y más tarde en manos de sus herederos.

Hoy, más de 130 años después, este azulejo no solo nos muestra una imagen devocional, sino que también nos conecta con la tradición alfarera de Talavera y con una forma de representar la fe que, en su sencillez, guarda todo el valor de lo auténtico.



[1] ATempora - Talavera de la Reina; Seis mil años de cerámica en Castilla-La Mancha. (Fundación Impulsa Castilla-La Mancha. Toledo, 2018).

jueves, 25 de julio de 2024

Santiago Matamoros, un pequeño grupo escultórico de la iglesia de San Julián

 

Son tres los modelos iconográficos con los que habitualmente se representa al Apóstol Santiago el Mayor, por su condición de apóstol, de peregrino o de caballero. Siendo su imagen adaptada, con esta diversidad iconográfica, a las diferentes necesidades devocionales de cada lugar y momento.

En el primer modelo y más antiguo, Santiago aparece con los atributos comunes a los demás apóstoles: túnica, manto, libro sagrado y pies descalzos o con sandalias.

En el segundo modelo encontramos a Santiago como peregrino, identificándose con los peregrinos que caminan hacia su tumba en Galicia, portando bastón, sombrero, esclavina, zurrón, calabaza y conchas o vieiras.

El tercer modelo iconográfico, típicamente español, es la representación de Santiago Matamoros, nombre con el que popularmente se conoce a esta iconografía, en la que el apóstol aparece como un guerrero de la reconquista, un caballero en combate, blandiendo una espada, montando un caballo blanco que arrolla un grupo de moros o musulmanes. Este último modelo procede de las crónicas medievales, según las cuales intervino milagrosamente en favor de los cristianos contra los musulmanes durante la batalla de Clavijo, supuestamente el 23 de mayo del año 844. En realidad, es un hecho legendario creado siglos después, «si bien este evento se basa en la leyenda, la supuesta batalla ha proporcionado uno de los iconos ideológicos más fuertes de la identidad nacional española».

En la iglesia de San Julián de Santa Olalla contamos con un pequeño grupo escultórico que reproduce este modelo iconográfico de Santiago Matamoros. Es una escultura de terracota, entelada y policromada, elaborada a finales del siglo XIX. Según varios testimonios orales que hemos podido recoger esta imagen fue donada por don Santiago Relanzón Almazán (Torrijos, 1875 – Toledo, 1952), médico y prestigioso fotógrafo toledano con orígenes y vínculos familiares en nuestro pueblo.

Santiago, con pelo y barba blanca, aparece sobre su popular caballo blanco, que esta enjaezado con guarnicionerías rojas. El apóstol esta vestido con el hábito de la Orden de Santiago, con manto y capa blanca, con la cruz roja de la orden sobre el centro del pecho, sobre el que descansan también pendientes del cuello unos cordones blancos terminados en borlas. La mano derecha alzada con la espada desenvainada y en la izquierda un cetro con la cruz. En el suelo tres moros que han sido arrollados por su caballo, uno de ellos sentado sirve de recurso al escultor y se convierte en el principal soporte físico de la figura del caballo.

Las figuras del conjunto, por su tamaño y elaboración, presentan enormes similitudes con figuras de un belén napolitano. Lo que nos lleva a pensar, a falta de un análisis más exhaustivo, que el conjunto pueda estar elaborado con figuras reutilizadas de uno de estos belenes.

jueves, 7 de diciembre de 2023

El escritor Pedro Antonio de Alarcón pasó por Santa Olalla

 


El escritor Pedro Antonio de Alarcón (Guadix (Granada), 1833 - Madrid, 1891) publicó en 1883 un estupendo libro de viajes “Viajes por España”[1] en el que recopila algunos de los viajes que había hecho años atrás. En el primero de esos viajes “Una visita al Monasterio de Yuste” realizado y escrito diez años antes de su publicación el 9 de octubre de 1873, el escritor granadino, autor del famoso "Sombrero de tres picos", pasa y menciona a Santa Olalla.

Reproducimos la primera parte del viaje desde que sale de Madrid hasta que llega a Jarandilla de la Vera,[2] un viaje que pocos años después podría haber realizado en ferrocarril hasta Navalmoral de la Mata pero que hace en una de las incomodas diligencias de la época.[3]

Si sois algo jinete (condición sine qua non); si contáis además con cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en Navalmoral de la Mata algún conocido que os proporcione caballo y guía, podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden -que os ofrecerá reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca, el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa complacencia de aquellas romerías verdaderamente patrióticas que, como todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía respetan algo sobre la tierra... -Podéis, en suma, visitar el Monasterio de Yuste.

Para ello... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un billete, de berlina o de interior, hasta Navalmoral de la Mata, en la «Diligencia de Cáceres», -que sale diariamente de la calle del Correo de ésta que fue corte, a las siete y media de la tarde.

La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa. Pasaréis sucesivamente por la Dehesa de los Carabancheles, donde los Artilleros tenían establecida su muy notable Escuela práctica; -por las Ventas de Alcorcón y por Alcorcón mismo, que es como si dijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños; -por Móstoles, donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de 1808; -por Navalcarnero, uno de los principales lagares que surten de peleón a Madrid; -por Valmojado, que nada tiene de mojado ni de valle, pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso; -por Santa Cruz del Retamar, abundante en fiebres intermitentes y en carbones; -por Maqueda, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela, -y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos; -con lo cual, al amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera o en otoño), os encontraréis en Talavera de la Reina, confirmada (supongo) recientemente con el nombre de Talavera de la República federal.

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, a causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de sueño, o bien de dormición o dormimiento (como se decía antaño, para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ello habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes hoteles, que digamos, en toda vuestra romería; -pero al llegar a Talavera, donde se detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis, sin duda alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas...

Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar todo un día en aquella ilustre villa, cuna del ínclito Padre Mariana; rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y frutas de todo el país que vais a recorrer; renombrada por sus barros cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en Alcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles e ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados vencedores de Europa... -En otro caso vierais allí, además de las murallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, los celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público a la orilla del noble Tajo...- Pero ¡nada!, vosotros vais a Yuste exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna...

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y dejando a la izquierda el gran río y viendo siempre a la derecha la cadena del Guadarrama (que, con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal), continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente villa de Oropesa, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa, hoy Duques de Frías... -Como sabéis adónde vais, no dejaréis seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de encontrar íntimamente ligados con los del Monasterio de Yuste; y cumplida esta obligación, pasaréis por la Calzada de Oropesa, último pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura, y, en fin, a eso de las doce del día os hallaréis en Navalmoral de la Mata.

En aquella importante villa, perteneciente ya a la provincia de Cáceres, cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, es donde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir a la Diligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero que preferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse a Yuste desde su mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, a principios del siglo XV, a proteger la fundación del Monasterio, ora cuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, a visitar a Carlos V o a asistir a sus exequias. -Es decir, que os encaminaréis al lugarcillo de Talayuela (12 kilómetros); pasaréis por la barca del mismo nombre el caudaloso Tiétar, tan desprovisto de puentes; entraréis en la célebre Vera de Plasencia, y por Robledillo de la Vera, iréis a hacer noche a Jarandilla. […]



[1] ALARCÓN Y ARIZA, Pedro Antonio de: Viajes por España, (Imprenta de Antonio Pérez Dubrull. Madrid, 1883).

[2] BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES: https://www.cervantesvirtual.com/obra/viajes-por-espana--1/

jueves, 16 de noviembre de 2023

Leonardo Garrido, un cura y guerrillero carlista de Santa Olalla

 

En 1842 nacía en Santa Olalla Leonardo Garrido,[1] que pese a ser ordenado sacerdote en 1866, se reconvertiría en uno de los más activos guerrilleros carlistas de la provincia de Toledo.

Nació en Santa Olalla fruto del matrimonio de Lucio Garrido y Gabriela García, siendo bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol el 25 de abril de 1842.

Se ordenó sacerdote en Toledo el 19 de mayo de 1866.[2] De él se dijo de él que era “un joven y virtuoso sacerdote”, que muy pronto debió simpatizar con las facciones carlistas pues también se resalta que es un “entusiasta carlista”.

Partida de ordenacion de Leonardo Garrido,
con transcripción de la de bautismo

Sabemos que en 1872 su partida fue alcanzada y fueron abatidos cinco de sus hombres en Novés. Tenemos constancia de sus primeras correrías con su partida carlista gracias a un libro de difuntos del archivo parroquial de Noves.[3]

Se dice que “el 2 de diciembre del año de 1872, se dio sepultura a los cadáveres de don José Cortés, don Dámaso García, Mariano Martín Cortés y otros tres cuyas personas no se han identificado previo oficio del Juzgado Municipal de este pueblo, dado en este día y de las averiguaciones que he tomado para saber de donde procedían dichos cadáveres, resulta fueron de la partida carlista que se presentó en este pueblo en la mañana del  veintinueve de noviembre pasado mandada por el referido Sr. Cortés y D. Leonardo Garrido natural de Santa Olalla; cuya partida fue alcanzada y batida en el término de este pueblo, al sitio que llaman de las Cárcavas; por la Columna de Tiradores de Caballería de Talavera al mando del capitán de la misma D. Antonio Parés; de cuyo encuentro resultaron muertos los seis referidos. Se les hizo en esta iglesia un entierro por todo el clero de ella, y en el cementerio se les cantó el oficio de sepultura por los mismos.” La partida la firma el cura Manuel Martín Pérez.

En una nota al margen se dice: “A pesar de no haberse identificado las tres personas que dan causa a esta partida se ha averiguado después que uno de ellos era Eleuterio Domínguez, natural de Navahermosa, casado con Gavina Pérez, vecinos de Madrid”.

El Diario oficial de avisos de Madrid del día del suceso 1 de diciembre de 1872 nos aporta el parte oficial. “Con motivo de haberse levantado una partida carlista, capitaneada por Cortés y Garrido, en la provincia de Toledo, salió anteayer de la capital una columna, y ayer el escuadrón de Talavera, al mando de su capitán don José Pares, y ocho guardias civiles, dejando a la infantería, que no podía seguir en su precipitada marcha, avanzaron reventando caballos hasta alcanzar la facción entre Noves y Maqueda, sitio denominado La Silla, dispuesta a resistir en los olivares.

El resultado ha sido dar muerte a siete enemigos, entre ellos dos de los jefes, haciendo 23 prisioneros que se encuentran en la cárcel de Toledo, cogiéndoles 24 armas de fuego, tres blancas, un caballo, 36 duros y un estandarte con varios lemas. Un corto número de ellos se vio huir durante el combate. Por nuestra parte hemos tenido un soldado herido levemente y el caballo de un guardia reventado.”

Tras este contratiempo, el cabecilla Garrido, huido milagrosamente se exilió en Bayona desde donde pedía ayuda para sus compañeros de infortunio, a través de una carta con fecha 9 de diciembre. Solicitaba que se abriera una suscripción popular en "La Esperanza".

“A mis compañeros de infortunio. Leales y desgraciados compañeros: La gratitud, patrimonio exclusivo de corazones nobles, me ha obligado desde el primer momento de nuestra desgracia a dedicaros mis recuerdos y suspiros, ya que otra cosa no me permitía la activa persecución que durante estos últimos días; he venido sufriendo: pero libre ya de las pesquisas de nuestros enemigos, mi primer deber es enviaros mí saludo y un tributo de gracias por vuestra digna conducta durante el corto período de tiempo que juntos hemos militado en el campo del honor.

Reunidos en número insuficiente para realizar la empresa proyectada, todos de común acuerdo, convinimos el variar de plan y aceptar el que las circunstancias nos deparaba. ¿Qué pasó después? Ni aun recordarlo puedo sin que la sangre se me encienda. Una delación infame, albergada en pechos mal nacidos, puso al enemigo en el sitio mismo donde empezábamos a operar, es buena prueba la precipitada marcha que emprende, los caballos reventados que dejó en el camino y la seguridad que tenía, del terreno donde, nos había de encontrar.

Sorprendidos por fuerzas del ejército, bien sabéis que no tuvimos tiempo para otra cosa que para hacer algunos disparos, sin poder ganar la retirada: estábamos completamente cercados por triple número, de fuerza que la nuestra y era imposible la salida, inútil la resistencia. Porque así lo comprendisteis, depusisteis las armas creyendo encontrar en los jefes enemigos la proverbial generosidad del verdadero ejército español. ¡Cruel desengaño!

Seis hermanos nuestros, algunos de ellos dignos y renombrados jefes de la pasada guerra, han sido pasados por las armas sin formación de causa y con quebranto de leyes tan escarnecidas como vociferadas: a todos probablemente os hubiera cabido también igual suerte, a no ser por un noble sargento de la Guardia civil que no sólo se opuso a que continuarán los fusilamientos, sino que fue preciso que se pusiera a vuestro lado para impedir, la horrible carnicería á que estaba dispuesta la tropa mandada por el capitán Pares.

Y ya que del señor Pares me ocupo, debo denunciar ante el partido carlista y la nación entera, el error en que dicho señor incurre al asegurar que había arrebatado de nuestras manos la bandera, digna enseña de nuestro Dios, nuestra Patria y nuestro Rey. Si esa bandera ha sido cogida, lo ha sido como pudiera serlo cualquier otro objeto que acompañara a la partida; pero nunca, como bandera izada, puesto que aún no se había desplegado. Si dicho señor tan falto está de glorias, que necesita suponerlas, de hoy en adelante se le presentarán ocasiones mil en que pueda aspirar a ellas. Para entonces le emplazo.

No obstante de haber gastado toda mi fortuna en preparar elementos para la campaña, estad seguros que como buen hermano compartiré con vosotros cuanto soy y cuánto tenga.

LEONARDO GARRIDO, Bayona 9 de diciembre de 1872.”

En la Torre de Esteban Hambran nos aportan más datos sobre su huida, allí retenido en una posada, aporta un nombre falso y falsas referencias de buena conducta, lo que le permite ganar tiempo y entretener a las autoridades torreñas. Leonardo Garrido, alega que su caballo esta cojo y desea le inspeccione el veterinario. “Personase este, llamado por el hijo del posadero, procede a un minucioso reconocimiento de aquel, y después de darle algún paseo en el portal de la posada, cuyas puertas abiertas tienen su salida a la carretera, manifiesta no hallar lesión alguna en él. D. Leonardo entonces monta en él, y dirigiéndose al veterinario y agentes que le vigilaban: Fíjense bien, les dice, y verán como cojea. Luego que hubo dado algunos pasos, se aproxima a la puerta de salida, le pica espuela, y tomando la dirección de la carretera, sale del pueblo a toda carrera, desapareciendo de la vista de los espectadores. Los cuales admirados de la audacia y destreza, se miran y dicen unos a otros ¡Ya no vuelve! ¡Se escapó! Y en efecto, no volvió. Unos y otros se increpan y recriminan, atribuyéndose mutuamente la torpeza. Pero el que más sintió este inesperado percance fue el tío Pepillo, si bien se consoló con haber quedado el otro detenido y en él poder vengar sus iras.”[4]

La última referencia a su persona encontrada, por el momento, nos lo cita como coronel y lo sitúa en Navarra y el País Vasco donde el movimiento carlista tuvo una gran aceptación. El 11 de noviembre de 1875 “El teniente coronel Leonardo Garrido, jefe del 8° Batallón de Navarra, logra sacar a rastras de la estación de ferrocarril de Pamplona dos magníficas locomotoras que puso luego en camino a Iruzun, sin sufrir ninguna baja. Las dos locomotoras se sacaron del depósito con varias parejas de bueyes, la segunda ya de día y a la vista de gran parte del vecindario, y fueron arrastradas hasta la vía. Entre las personas que contribuyeron a sacar las máquinas merecieron especial mención el inspector de ferrocarriles don Vicente Blázquez quien, ayudado por el fogonero Vicente Gorostieta, dirigió los trabajos de reparación de la vía y colocación en ella de las locomotoras y las condujo hasta que estuvieron fuera del alcance de los cañones de la plaza.”[5]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos de nuestra historia -Para conocer un poco más sobre la historia de

Santa Olalla, sus anécdotas y sus personajes-. Libro de las Fiestas de Ntra. Sra. de la Piedad 2022.

(Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 2022).

[2] FÉLIX GARCÍA, Roberto y DELGADO AGUDO, Adolfo: La Primera Guerra Carlista en los Partidos Judiciales de Escalona y Torrijos. Castilla la Nueva. 1833-1840. Recopilación Documental. (Lagomar artes gráficas. Torrijos, 2013). Pág. 300.

[3] Archivo Parroquial de Novés: Libro de muertos de la Parroquia de Novés año 1861, Partida Nº 224. Facilitado por Francisco Javier de Fuentes Fernández.

[4] GARCÍA FLORES, Isidoro: Reseña histórica de los orígenes, vicisitudes y estado actual de la villa de Torre de Esteban Hambrán, seguida de las Ordenanzas municipales de la misma, (Imprenta de Valero Díaz. Madrid, 1888). Pág. 228.

[5] PARDO SAN GIL, Juan: El ferrocarril carlista, VI Congreso de historia ferroviaria. (Sociedad de Estudios Vascos. Vitoria, 2012). Pág. 19.

Caricaturas del Carlismo, extraidas de la Revista La Flaca

lunes, 21 de noviembre de 2022

Petra Corral, la Doncella de Alcabón

 

Petra Corral por Guerrero Malagón

Petra Corral, conocida como la Doncella de Alcabón, fue una joven soltera, nacida en Alcabón en 1786. Vivía con sus padres en su localidad natal, su padre era un humilde labrador llamado Manuel Corral y su madre se llamaba Manuela Rodríguez Arevalillo.

Dentro de la Guerra de la Independencia contra los franceses, el 26 de julio de 1809 se produce una batalla entre Santa Olalla y Alcabón, prolegómeno de la famosa Batalla de Talavera.[1] La villa de Alcabón quedó desamparada, las huestes del general Lapisse que tenían su campamento en Santa Olalla, saquearon Alcabón y cometieron toda clase de tropelías. La mayor parte de su población huyó a otros pueblos cercanos, al campo o a las labranzas de la zona, ese fue el caso de la familia de Petra Corral que se refugió en la labranza de Villaseca, en el término municipal de Maqueda.

Pero los hombres de Lapisse ya sabían de la belleza de la joven alcabonera de veintitrés años, la memoria colectiva local recuerda que “era tan hermosa como un sol y más rubia que unas candelas” y muchos de los soldados franceses hablaban de ella como de un trofeo más de la guerra.[2]

Tras la derrota de Talavera, el rey José Bonaparte se retira con su guardia y con el cuarto cuerpo de su ejército a Santa Olalla en la tarde del 28 de julio y allí estuvo también todo el día 29 de julio. Fue en ese día, cuando unos pérfidos soldados franceses localizaron a Petra Corral en la labranza en la que se refugiaba, la instigaron para que accediera a sus deseos e intentaron forzarla vilmente. Petra no accedió a sus intenciones sexuales, se defendió, intentando salvar su vida y su castidad, pero finalmente murió como mártir, acribillada a balazos a la puerta del caserío el 29 de julio de 1809, siendo considerada por sus vecinos mártir y virgen. La fama de su virtud se extendió rápidamente por toda la comarca y pronto la apodaron como “La Doncella de Alcabón”.

Fusilamiento de Petra Corral por Jose Aguado

Pero las circunstancias no permitieron que su cuerpo fuera enterrado hasta el 1 de agosto, lo hizo su propio padre, junto a un vecino, en las inmediaciones de la labranza de Villaseca y cuentan que colocó en sus manos una azucena blanca.

La historia de Petra Corral quedó cubierta por la leyenda; la tradición oral más difundida recuerda que cada año, justo en el espacio de tierra donde se encontraba enterrado su cuerpo, brotaban azucenas blancas, sin que nadie las plantara, sin riegos y aun cortándolas. Los vecinos fueron testigos de este extraño suceso, que la comunidad religiosa llegó a considerar como un auténtico milagro.

El 16 de noviembre de 1814, terminada ya la Guerra de la Independencia, a propuesta del párroco de Alcabón don Cipriano Sánchez Roldán con el beneplácito de sus padres, los restos de Petra Corral fueron exhumados, trasladados hasta Alcabón y enterrados en el presbiterio de su iglesia.

Lápida de Petra Corral en la iglesia de Alcabón

Posteriormente, ya en el siglo XX fueron trasladados a una capilla lateral, conservándose la placa funeraria original de cerámica cuyo epitafio dice: “Aquí yacen los huesos de Petra Corral, que en defensa de su castidad, entregó su espíritu en manos de su criador, martirizada por los pérfidos franceses, en 29 de julio de 1809”.

No se conservan retratos suyos, pero en el siglo XX se hicieron varias representaciones alegóricas, como un dibujo para una estampa pintado por el ceramista toledano José Aguado Villalba (Toledo, 1919 – Ídem, 2007); una representación de su martirio a manos de los franceses, del mismo pintor, que debe ser boceto de un grupo de cerámicas con representaciones Petra Corral que están en manos privadas; o un magnifico cuadro que se conserva en la iglesia de Alcabón de Mariano Cecilio Guerrero Malagón (Urda, 1909 – Toledo, 1996).



[1] VV.AA.: La Comarca de Torrijos durante del Guerra de la Independencia. (Instituto de Estudios Comarcales Señoríos de Entre-Ríos. Torrijos, 2009). Págs. 141-143 y 393-397.

[2] MADOZ IBAÑEZ, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. (Madrid, 1845). Tomo 1. Pág. 351.

Estampa de Petra Corral por José Aguado

Estampa de Petra Corral - oración

Calle de Petra Corral en el pueblo de Alcabón