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miércoles, 28 de febrero de 2024

Guía de Santa Olalla para un grupo llegado de Mérida en el Año Jubilar de Santa Eulalia


El pasado domingo, como concejal de cultura y patrimonio, tuve la enorme suerte de ejercer de guía local para un gran grupo llegado de la ciudad de Mérida.

Santa Olalla recibía la visita de un gran grupo formado por 59 personas, llegadas de la ciudad de Mérida, que están celebrando el Año Jubilar de Santa Eulalia y por este motivo pretenden visitar otros lugares relacionados con la mártir que da nombre a nuestro pueblo. Guiados por el concejal de cultura, Josué López Muñoz, visitaron los restos arqueológicos de la exposición permanente de la Casa de Cultura, donde se sorprendieron al ver el altar visigodo de Santa Eulalia, después recorrieron con detalle las iglesias de San Julián y San Pedro donde se guarda nuestra pequeña y antigua imagen de Santa Eulalia. Al finalizar nos hicieron entrega de un recuerdo de su visita y del Año Jubilar Eulaliense. Su visita por nuestro pueblo terminó comprando algunos bollos y dulces y comiendo en un restaurante de nuestra localidad.






jueves, 7 de diciembre de 2023

El escritor Pedro Antonio de Alarcón pasó por Santa Olalla

 


El escritor Pedro Antonio de Alarcón (Guadix (Granada), 1833 - Madrid, 1891) publicó en 1883 un estupendo libro de viajes “Viajes por España”[1] en el que recopila algunos de los viajes que había hecho años atrás. En el primero de esos viajes “Una visita al Monasterio de Yuste” realizado y escrito diez años antes de su publicación el 9 de octubre de 1873, el escritor granadino, autor del famoso "Sombrero de tres picos", pasa y menciona a Santa Olalla.

Reproducimos la primera parte del viaje desde que sale de Madrid hasta que llega a Jarandilla de la Vera,[2] un viaje que pocos años después podría haber realizado en ferrocarril hasta Navalmoral de la Mata pero que hace en una de las incomodas diligencias de la época.[3]

Si sois algo jinete (condición sine qua non); si contáis además con cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en Navalmoral de la Mata algún conocido que os proporcione caballo y guía, podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden -que os ofrecerá reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca, el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa complacencia de aquellas romerías verdaderamente patrióticas que, como todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía respetan algo sobre la tierra... -Podéis, en suma, visitar el Monasterio de Yuste.

Para ello... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un billete, de berlina o de interior, hasta Navalmoral de la Mata, en la «Diligencia de Cáceres», -que sale diariamente de la calle del Correo de ésta que fue corte, a las siete y media de la tarde.

La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa. Pasaréis sucesivamente por la Dehesa de los Carabancheles, donde los Artilleros tenían establecida su muy notable Escuela práctica; -por las Ventas de Alcorcón y por Alcorcón mismo, que es como si dijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños; -por Móstoles, donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de 1808; -por Navalcarnero, uno de los principales lagares que surten de peleón a Madrid; -por Valmojado, que nada tiene de mojado ni de valle, pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso; -por Santa Cruz del Retamar, abundante en fiebres intermitentes y en carbones; -por Maqueda, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela, -y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos; -con lo cual, al amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera o en otoño), os encontraréis en Talavera de la Reina, confirmada (supongo) recientemente con el nombre de Talavera de la República federal.

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, a causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de sueño, o bien de dormición o dormimiento (como se decía antaño, para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ello habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes hoteles, que digamos, en toda vuestra romería; -pero al llegar a Talavera, donde se detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis, sin duda alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas...

Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar todo un día en aquella ilustre villa, cuna del ínclito Padre Mariana; rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y frutas de todo el país que vais a recorrer; renombrada por sus barros cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en Alcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles e ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados vencedores de Europa... -En otro caso vierais allí, además de las murallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, los celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público a la orilla del noble Tajo...- Pero ¡nada!, vosotros vais a Yuste exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna...

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y dejando a la izquierda el gran río y viendo siempre a la derecha la cadena del Guadarrama (que, con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal), continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente villa de Oropesa, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa, hoy Duques de Frías... -Como sabéis adónde vais, no dejaréis seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de encontrar íntimamente ligados con los del Monasterio de Yuste; y cumplida esta obligación, pasaréis por la Calzada de Oropesa, último pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura, y, en fin, a eso de las doce del día os hallaréis en Navalmoral de la Mata.

En aquella importante villa, perteneciente ya a la provincia de Cáceres, cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, es donde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir a la Diligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero que preferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse a Yuste desde su mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, a principios del siglo XV, a proteger la fundación del Monasterio, ora cuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, a visitar a Carlos V o a asistir a sus exequias. -Es decir, que os encaminaréis al lugarcillo de Talayuela (12 kilómetros); pasaréis por la barca del mismo nombre el caudaloso Tiétar, tan desprovisto de puentes; entraréis en la célebre Vera de Plasencia, y por Robledillo de la Vera, iréis a hacer noche a Jarandilla. […]



[1] ALARCÓN Y ARIZA, Pedro Antonio de: Viajes por España, (Imprenta de Antonio Pérez Dubrull. Madrid, 1883).

[2] BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES: https://www.cervantesvirtual.com/obra/viajes-por-espana--1/

viernes, 14 de enero de 2022

Informe de Ventura Rodríguez sobre el Camino Real de Extremadura, dos alternativas del Camino Real entre Madrid y Santa Olalla

Ventura Rodríguez (Ciempozuelos, 1717 - Madrid, 1785), fue arquitecto real y es considerado junto con Juan de Villanueva, el principal arquitecto español de su época y el gran arquitecto de la Ilustración.

Su obra arquitectónica repartida por toda España, pero con especial presencia en Madrid, es sobradamente conocida, desde la fuente de la Cibeles al Palacio de Liria. Pero su actividad profesional fue diversa, y dentro de ella recogemos este plano esquemático, dibujo o informe ilustrado relativo al trazado de la Carretera Real de Extremadura, que planteaba la disyuntiva de consolidar su trazado entre las afueras de Móstoles en Madrid y la población de Santa Olalla en Toledo.[1] Encargado por el Consejo de Castilla el 21 de mayo de 1779, Ventura Rodríguez como arquitecto asesor responde con un primer informe el 8 de junio y adjunta el 27 de agosto este documento que podríamos entender como síntesis, complemento y actualización del asunto.[2]

El plano está rotulado con esmerada caligrafía y extensa leyenda; aparece fechado y firmado por Ventura Rodríguez.[3] La unidad manejada es la cadena de cien pies castellanos (unos 27,86 metros) que probablemente se materializaban en el propio instrumento de medición.

El informe concluye que la distancia era mayor en la ruta por Navalcarnero, aunque la mejor condición general del terreno y el firme hacía más aconsejable esta segunda opción. Esta pequeña nota forma parte de un importante y dilatado proceso en el que el cruce del río Guadarrama supondrá un asunto clave, existiendo diversos proyectos redactados por Marcos de Vierna, Manuel Serrano y Juan Pedro Arnal. Este último será el que se lleve a efecto por la a veces denominada vía alta, quedando así progresivamente abandonada la vía baja que discurría por Casarrubios. Con respecto a esta última, podemos añadir aquí la referencia previa de Pedro Rodríguez de Campomanes, quien recorrió este camino poco antes en torno al 9 de abril de 1778 en su ruta hacia Extremadura, adjuntando un informe al Consejo de Castilla en el mes de mayo; en él manifestaba que este tramo era el peor de todo el camino.[4]

Transcribimos íntegros los textos que se incluyen como leyenda en el plano trazado y firmado por Ventura Rodríguez. Llama la atención que la ruta concluye en el arco, ya por aquellos años cerrado a causa de su mal estado, que daba acceso a la villa de Santa Olalla y que se conocía como Puerta de Madrid o más popularmente como la Puerta de Maqueda.

“Plano demostrativo de la medida ejecutada de Orden del Consejo (que se me comunicó en 21 de mayo de este año por don Manuel de Carranza) del Camino Real de Extremadura, desde Madrid hasta la villa de Santa Olalla, por las dos rutas de Arroyo Molinos y Navalcarnero, en que por menor van numeradas, respectivamente, las distancias que hay de un pueblo a otro: cuya medida está hecha con una cadena de cien pies castellanos, de que va puesta su correspondiente escala para que con ella se pueda comprobar la numeración; y demás va puesta la siguiente: Explicación.


Camino común de las Rutas.

-         Desde Madrid hasta la 1ª Venta de Alcorcón.

-         Desde dicha 1º Venta a la 2ª.

-         Desde dicha 2ª Venta a Alcorcón.

-         Ídem a Móstoles.

-         Ídem al punto de separación de las dos rutas.

 

Ruta por Arroyomolinos.

-         Desde dicho punto hasta el puente.

-         Ídem desde dicho puente a la villa de Arroyomolinos (su última casa).

-         Ídem a Casarrubios (a la última casa).

-         Ídem a las Ventas de Retamosa (a la última casa).

-         Ídem a la Venta del Gallo.

-         Ídem a Fuensalida y Portillo.

-         Ídem a la última Casa de Novés.

-         Ídem desde dicha casa a la Venta de Pedro Pérez.

-         Ídem hasta el arco cerrado que fue puerta de la villa de Santa Olalla.


Ruta por Navalcarnero, desde dicho punto de separación hasta Santa Olalla.

-         Desde dicho punto hasta el rio inclusive.

-         Ídem hasta Navalcarnero.

-         Ídem a Valmojado.

-         Ídem a Santa Cruz del Retamar.

-         Ídem a San Silvestre.

-         Ídem a Maqueda.

-         Ídem al referido arco cerrado de Santa Olalla.

De la expresada medida resulta: que desde el punto de separación de las dos Rutas, yendo por Arroyo Molinos hasta Santa Olalla, hay dos mil ciento noventa y dos cadenas y veintitrés pies, que son varas setenta y tres mil setenta y cuatro y un pie. Y desde el referido punto por Navalcarnero a Santa Olalla hay dos mil doscientas doce cadenas, que son varas setenta y tres mil setecientas treinta y tres y un pie. De cuyas medidas se evidencia ser la ruta por Navalcarnero seiscientas cincuenta y nueve varas.

Madrid agosto 27 de 1779.

Ventura Rodríguez [firma y rúbrica].

Nota: acompaña a este plano su correspondiente informe, con esta fecha, que tiene referencia con el que presenté en 8 de junio último.”



[1] La primera noticia sobre la existencia de este plano de Ventura Rodríguez la tuve gracias a mi amigo y compañero en la Academia Toledana Roberto Félix y a su blog: www.puentescarreterasyferrocarrilestoledo.blogspot.com

[2] SANCHO GASPAR, José Luis; ORTEGA VIDAL, Javier; y MARÍN PERELLÓN, Francisco José: Ventura Rodríguez. El poder del dibujo, (Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid. Madrid, 2018). Pág. 446-447.

[3] Archivo Histórico Nacional: Procede de AHN, Consejos suprimidos, nº. 375; Leg. 24.283, exp. 9.

[4] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Santa Olalla en… Relaciones geográficas y libros de viajes, del siglo XVI al XIX. Segunda edición ampliada. (Eulaliense. Santa Olalla, 2020). Pág. 66.

domingo, 25 de abril de 2021

Felipe III enfermo en Santa Olalla (Fiebres de Felipe III a su retorno de Portugal en 1619)

 


Recogemos en este artículo la estancia en la villa de Santa Olalla del rey Felipe III (Madrid, 1578 - Ibídem, 1621), apodado el Piadoso. Fue el primero de los llamados Austrias menores y reinó en España desde 1598 hasta su muerte, el 31 de marzo de 1621.

En el otoño de 1619 el rey acudía a Portugal en viaje de estado con su familia y sequito, para que las cortes lusas juraran a su hijo el príncipe Felipe, futuro Felipe IV, como heredero.[1] Acontecimiento que marca uno de los puntos culminantes de la monarquía española y que en nada presagia su próximo desmoronamiento.

El trayecto de vuelta lo hizo el sequito por Badajoz, Mérida, Trujillo y Guadalupe, donde el rey rezó ante la imagen de la Virgen. Prosiguió su camino por la Carretera Real de Madrid a Extremadura, lo que hoy sería la Carretera de Extremadura, pero el monarca se sintió indispuesto. Las primeras fiebres le sorprendieron en Talavera de la Reina, pero la comitiva decidió proseguir hasta Santa Olalla.[2] Achacaron la enfermedad a “haber comido unas empanadas frías”.

El jueves 7 de noviembre de 1619 están en Santa Olalla, donde los seis médicos que acompañaban al rey certificaron un empeoramiento de su salud, una subida de la fiebre: “más calentura, vómitos y descompostura de vientre”,[3] hasta el punto de ordenar detener momentáneamente la marcha.

Los médicos constatan la gravedad de Felipe III y creen que, en ese estado, no llegaría vivo a Madrid, por lo que a toda prisa buscan por los alrededores un sitio adecuado, y consideran que lo más conveniente es llegar cuanto antes a Casarrubios del Monte, a unos 45 kilómetros de distancia de Santa Olalla.

El 8 de noviembre de 1619 el sequito real irrumpía en Casarrubios del Monte instalándose el rey en el palacio del Conde de Casarrubios.[4] El estado del rey levantó la alarma y tuvo que permanecer en Casarrubios hasta primeros de diciembre. Desde la villa de Madrid se llevaron incluso las reliquias de San Isidro para dejarlas en el aposento junto al monarca y que le ayudasen a recuperarse. El caso es que empezó a mejorar y pudo volver a Madrid el 4 de diciembre.

El rey no terminó de restablecerse del todo, pues continuaron de manera esporádica las fiebres y los vómitos. Debilitado físicamente, un año y medio después de su enfermedad la salud del rey se volvió a agravar, falleciendo el 31 de marzo de 1621.

Aunque su reinado pasará a la historia como el comienzo del declive del imperio español, durante los años de Felipe III España vivió una auténtica explosión cultural el conocido como Siglo de Oro, donde resonaron nombres como Cervantes o el Greco, pasando por Lope de Vega, Quevedo o Velázquez.



[1] BAPTISTA LABANHA, João: La Jornada Real de Felipe III a Portugal en 1619, (Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado. Madrid, 2016).

[2] PÉREZ BUSTAMENTE, Ciriaco: Felipe III, semblanza de un monarca y perfiles de una privanza, discurso. (Real Academia de la Historia. Madrid, 1950). Pág. 109.

[3] LEÓN PINELO, Antonio de: Anales de Madrid, reinado de Felipe III años 1598-1621, (Imprenta Estanislao Maestre. Madrid, 1931). Pág. 474.

[4] El historiador casarrubiero don Fausto Jesús Arroyo López ha estudiado de manera minuciosa la estancia del monarca en Casarrubios del Monte, a través de los documentos del cura de su municipio.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Camino Real de Guadalupe por Santa Olalla

El 25 de octubre de 2020 se colocaba en Santa Olalla, junto al ayuntamiento, el primer hito del Camino Real de Guadalupe. La inauguración se realizó en forma de relevo que nos llegó de manos del alcalde de Maqueda, recogió el alcalde de Santa Olalla, Pedro Congosto y se entregó al alcalde de Cazalegas.

Tras muchos esfuerzos y gestiones junto a otros siete ayuntamientos, con autoridades civiles y eclesiásticas, Santa Olalla ocupó el lugar que le corresponde por derecho propio en ese trazado, de Madrid a Extremadura. Ningún santaolallero duda de que somos parte de ese trazado, como tampoco lo han hecho los pueblos que nos hemos unido para incorporarnos a esta red de caminos: Casarrubios del Monte, Ventas de Retamosa, Santa Cruz del Retamar, Quismondo, Novés, Maqueda, Santa Olalla y Cazalegas.

De manera que el trazado del Camino Real de Guadalupe es el siguiente: Madrid, Alcorcón, Móstoles, El Álamo, Casarrubios del Monte, Ventas de Retamosa, Santa Cruz del Retamar, Quismondo, Novés, Maqueda, Santa Olalla, Cazalegas, Talavera de la Reina, Alberche, Calera y Chozas, Alcañizo, Oropesa, Alcolea de Tajo, Puente del Arzobispo, Villar del Pedroso, Carrascalejo, Navatrasierra y Guadalupe.


Breve historia del Camino Real de Guadalupe

a su paso por Santa Olalla

Tenemos constancia del paso por Santa Olalla camino de Guadalupe de la corte del rey Juan II de Castilla, el 20 de febrero de 1435, cuando el rey procedente de Maqueda “fue a comer a Santa Olalla”. También sabemos de una estancia de Fernando el Católico que se aposentó en Santa Olalla el 10 de junio de 1479 procedente de la Puebla de Guadalupe. El emperador Carlos I el 6 de abril de 1525 partía de Móstoles, almorzaba en San Silvestre y pernoctaba en Santa Olalla de donde partió al día siguiente en dirección a Cazalegas y Talavera, donde durmió. Meses después, el 21 de febrero de 1526 partía de Torrejón, almorzaba en Portillo y se dirigía a Santa Olalla para dormir y partir el 22, de nuevo, a Talavera de la Reina.

Fray Francisco de San José fraile jerónimo profeso en el propio monasterio de Guadalupe recogió en un libro diversos milagros dela Virgen de Guadalupe, y entre ellos el que realizo a una niña santaolallera en 1714 Juana Tenorio, y recoge además la peregrinación que hicieron como promesa de ir ella y su madre desde Santa Olalla hasta el Monasterio de Guadalupe.

Como últimos datos añadir que Santa Olalla disponía del Hospital de San Antón, lugar en el cual, según sus ordenanzas, se acogía a los peregrinos que pasaran y tuvieran que hacer noche en nuestra villa.  Y además se cobraba el Portazgo, un pago del que estaban exentos los peregrinos, conservándose todavía las conocidas como “Piedras del Portazgo”, que situadas sobre la antigua Carretera Real era el lugar donde debía pagarse este impuesto.





jueves, 19 de marzo de 2020

Carlos V en Santa Olalla, dos visitas del emperador a Santa Olalla


Conocemos dos viajes del emperador Carlos I de España y V de Alemania en los que pasó y pernoctó en la villa de Santa Olalla.[1]
En el primero de ellos partió de Madrid el 5 de abril de 1525,  el emperador comió en Móstoles, cenó y pernoctó en Casarrubios del Monte. El 6 de abril, de nuevo en camino comía en San Silvestre y cenó y pernoctó en Santa Olalla. El 7 de abril partía de Santa Olalla hacia Cazalegas donde comió y pernocto en Talavera de la Reina. Su camino continúo por Calera, Puente del Arzobispo, Villar del Pedroso. Para llegar el 11 de abril al Hospital del Obispo y Nuestra Señora de Guadalupe.
Un año después partía el 21 de Febrero de 1526 de Torrejón, comía en Portillo y se dirigía a Santa Olalla para cenar y dormir. Desde Santa Olalla en la mañana del 22 de febrero partía de nuevo hacia Cazalegas y Talavera de la Reina y desde allí a Oropesa. El destino final de este viaje era Sevilla donde llegaría el 10 de marzo y donde se casaría, cuentan que esa misma noche, con Isabel de Portugal.

Carlos V e Isabel de Portugal
Copia de Rubens de un original perdido de Tiziano




[1] FORONDA Y AGUILERA, Manuel: Estancias y viajes del emperador Carlos V, desde el día de su nacimiento hasta el de su muerte, comprobados y corroborados con documentos originales, relaciones auténticas, manuscritos de su época y otras obras existentes en los archivos y bibliotecas públicos y particulares de España y del extranjero. (Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1914).

sábado, 30 de noviembre de 2019

Santa Olalla en el viaje de Gaspar Barreiros, viaje de un portugués desde Lisboa a Milán


Portada de la Chorographia
El infante Enrique de Portugal envió a Gaspar Barreiros (Viseu, 1515 – Ídem, 1574) como embajador para que rindiera honores ante el Papa Pablo III. Este viaje diplomático motivó uno de los libros de viajes sobre España más curiosos del siglo XVI. El relato, titulado «Chorographia de alguns lugares que stam em hum caminho que fez Gaspar Barreiros ó anno 1546 começado na cidade de Badajoz em Castella, te á de Milam em Italia», discurre entre Badajoz y Milán y fue publicado en Coimbra en 1561, cuando el autor ya era canónigo de Évora.[1] Existe traducción al castellano de la Corografía en la obra de García Mercadal, Viajes de extranjeros por España y Portugal.[2]
A continuación transcribimos y traducimos la descripción que hace a su paso por nuestra villa:
De Burugel al Bravo hay una legua. Bravo es lugar de treinta vecinos, es del Marques de Villena.
Del Bravo a Santa Olalla hay legua y media. Santa Olalla es una villa cercada de muros de tapias, del conde de Orgaz, de cuatrocientos vecinos poco más o menos, fui pasando sin mediar en esta villa.
De Santa Olalla a Maqueda hay una legua pequeña. Maqueda está asentada al lado de un otero, de la cual no se decir cosa alguna porque no entre dentro.



[1] BARREIROS, Gaspar: Chorographia de alguns lugares questam em hum caminho, que fez e anno de 1546. Comecando na cidade de Badajoz em Castella, te a de Milam em Italia, con algunas outras obras. (Imprenta Joan Aluarez. Coimbra, 1561).
[2] GARCÍA MERCADAL, José: Viajes de extranjeros por España y Portugal desde los tiempos más remotos hasta comienzos del siglo XX. (Junta de Castilla y León. Valladolid, 1999).

domingo, 20 de octubre de 2019

Santa Eulalia, Santa Olalla en época romana y visigoda

En el siglo II antes de Cristo encontramos a los romanos en nuestro pueblo, que formó parte de la provincia romana llamada Carthaginensis, en la frontera con la Lusitania.
Sobre la cañada ganadera de origen celta, montaron los romanos la calzada que unía Emérita Augusta con Caesaróbriga y Toletum (Mérida con Talavera y Toledo). Al estar Santa Olalla junto a esta calzada, tuvo una función específica que cumplir dentro del entramado romano, se convirtió en lugar de descanso de las legiones y de viajeros, presidio para los penados por la justicia e importante zona de explotación agrícola y ganadera.
Existe consenso entre la mayoría de los historiadores, para afirmar que es en la etapa romano-cristiana cuando el pueblo recibe por primera vez el nombre de Santa Eulalia. La situación de nuestro pueblo permitió que no tardara en llegar la fama y devoción a esta mártir que desde el bajo imperio romano fue patrona de Mérida.
Santa Eulalia de Mérida (Emérita Augusta, 292 - Emerita Augusta, 10 de diciembre de 304) fue una santa cristiana, virgen y mártir, que padeció el martirio a los trece años en la ciudad de Mérida, mandada martirizar por el gobernador de Lusitania, Calpurriano, durante las persecuciones a los primeros cristianos del emperador Diocleciano. La noticia de la vida y martirio de la santa emeritense se expandió rápidamente por el Imperio Romano, convirtiendo a la ciudad en uno de las metas más importantes de peregrinación de Europa occidental durante la alta Edad Media. De hecho, y hasta la proclamación de Santiago Apóstol, Eulalia fue invocada como protectora de las tropas cristianas en la Reconquista y patrona de las Españas.
Los datos acerca de la vida y muerte de Santa Eulalia los encontramos en un himno que en honor de ella escribe el poeta Prudencio en el siglo IV; así como del relato de su pasión recogido en el Pasionario Hispánico.[1]
En el himno del poeta Prudencio se cuenta lo siguiente: Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.
Viendo su madre que la jovencita podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella regreso a la ciudad de Mérida.
Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.
Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo. Y le dijo: "De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos". La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: "Al sólo Dios del cielo adoro; a El únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más".
Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.
Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.[2]
Etimológicamente, Eulalia significa en griego (Ευλαλια): 'la que habla bien' - eu = 'bien', lalein = 'hablar' (verbo) o lalia = 'habla' (sustantivo).

Santa Eulalia de Mérida
Iglesia de San Pedro Apóstol - Santa Olalla
Sería por tanto en el siglo IV, cuando surge oficialmente el hagiotopónimo de Santa Eulalia, en alusión a nuestro pueblo.
En el siglo V entran los pueblos bárbaros y se consolida el Reino Visigodo. Pocos datos tenemos de su relación con nuestro pueblo, únicamente sabemos que en esta etapa se mantuvo el nombre dado por los romanos, Santa Eulalia, en honor de la famosa mártir emeritense.
Es posible que se construyera en esta época la primera iglesia de nuestro pueblo, y que se dedicó, como no podía ser de otra forma, a Santa Eulalia que en ese momento se convierte en patrona del pueblo. No debió ser un templo muy grande, pero cumplió una importante función en la cristianización de nuestros antepasados. Fue destruida posteriormente por los musulmanes.
            El resto arqueológico de esta época más destacado es una sepultura con restos humanos encontrada en 1995 en el paraje de Alcantarilla según el arqueólogo que la estudió, Zacarías López-Barrajón Barrios, data de los siglos V o VI d. C.



[1] RIESCO CHUECA, Pilar: Pasionario hispánico, (Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995).