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martes, 7 de julio de 2026

Etapas de una fiesta histórica (Las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla)

Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa
Catedral de Toledo - 1788

Las fiestas que Santa Olalla celebra cada 16 de julio en honor del Cristo de la Caridad son sin lugar a dudas las más antiguas de cuantas se siguen celebrando en nuestra comarca. Más de ochocientos años ha pervivido su celebración que ha ido evolucionando en cada época.[1]

Estatua orante de Diego Lope de Haro
Catedral de Toledo - Finales del siglo XV

1212 - El Origen Medieval de la Fiesta

El origen de la fiesta está claramente fijado en el 16 de julio de 1212 cuando don Diego Lope de Haro, vinculado por su hermana Mencía al Señorío de Santa Olalla, participa heroicamente en la victoria de las Navas de Tolosa, probablemente la victoria más trascendental de la Reconquista.

Desde esa fecha se establece que sea fiesta solemne, con el título de fiesta del Triunfo de la Cruz, en los pueblos del Arzobispado de Toledo, pero con mayor intensidad se establece la celebración en los pueblos del Señorío de Santa Olalla: La Mata, Domingo Pérez, Otero, Carriches, Erustes y Santa Olalla, junto a otros núcleos hoy desaparecidos.

El Crito de la Caridad en un galeón por el Atlántico
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

Siglo XVI – La Santa Caridad y un Cristo Novohispano

En el siglo XVI se funda en Santa Olalla la Cofradía de la Santa Caridad que tenía entre sus obligaciones dar cristiana sepultura a aquellos pobres solemnidad que no pudieran pagarla. Esta cofradía recibió como donación por parte de alguno de los muchos santaolalleros emigrados al nuevo continente, la imagen de un Crucificado de gran tamaño, un Cristo elaborado con una técnica colonial, con caña de maíz y llegado desde Nueva España, el actual Miochacán en México.

El fraile canario Matías de Escobar dijo de estas imágenes: “Las imágenes vestían la traza española con el ropaje indiano, […] se paga tanto el Señor de ver consagradas aquellas cañas en imágenes suyas que quiere obrar por ellas las mayores maravillas”.

La peste o la muerte con un reloj de arena
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

1598 – La Peste y el Voto al Cristo

A finales del siglo XVI la peste bubónica hizo estragos entre la población de Santa Olalla, se calcula que llegaron a fallecer hasta seiscientas personas. Cuenta la leyenda que en aquel momento de oscuridad, los santaolalleros hicieron voto solemne encomendándose al Cristo de la Santa Caridad. Al sanar la población, las antiguas fiestas del Triunfo de la Cruz se transformaron en las fiestas del Cristo de la Caridad, manteniendo su fecha del 16 de julio.

Desde entonces, el Cristo se convirtió en el protector de la salud de los santaolalleros, que se encomendaban a él bajo el lema “In te nostra salus”. Su fama y milagros llegaron incluso hasta la Puebla de Montalbán, donde también comenzaron a celebrar su fiesta.

Este voto solemne se ha renovado al finalizar otras epidemias que azotaron a nuestro pueblo, como el cólera morbo de 1885, o más recientemente en 2020 en medio de la pandemia de Coronavirus.

Santa Faz, en la cúpula de la Capilla del Cristo de la Caridad
Luis Cosón - 1726

Siglo XVII – El Arte al servicio de la Cofradía

Todo lo acontecido provocó que la devoción al Cristo de la Caridad creciera enormemente y su imagen fuera protegida por ilustres personajes, como los Condes de Orgaz o el escritor Cristóbal de Fonseca.

En esta época se levanta su nueva capilla; en 1625 se coloca en ella su retablo obra del escultor Toribio González; en 1694 se encarga para el Cristo la cruz rococó con espejos que tiene actualmente; en 1701 se añaden las andas en el mismo estilo; y como culmen de esta época, en 1726 se decora la cúpula de la capilla con unas valiosas pinturas al temple, obra del pintor de origen flamenco Luis Cosón.

Barreñones de fuego en 2025
Foto de Jesús del Castillo (Objetivo Tradición)

Siglo XVIII – Las tradiciones enriquecen la fiesta

La fiesta del Cristo de la Caridad en aquella época era la fiesta principal de Santa Olalla y para engrandecerla se suman a ella una serie de actos que en sus orígenes provenían del Concejo de la villa o de otras Cofradías pero que solo por esta celebración han llegado hasta nuestros días.

Desde 1722 encontramos referencias documentales del alumbrado de la plaza para esta fiesta con los Barreñones y tenemos también una descripción del artefacto de los Barreñones: “la iluminación se hace a base de candilejas, faroles de todos los colores, hachas de viento y otras luces. Cinco pirámides con una ziguiñuela la hacían dar vueltas sin parar, en la que había ocho barreñones encendidos con las mismas materias, que así mismo daban mucha luz”.

Otra de las tradiciones que se sumaron al Cristo fue la Soldadesca de Animas que ejecutaba en esta fiesta diversos bailes grotescos como la danza de paloteo o el baile de la bandera que se documenta por primera vez vinculado al Cristo en 1720. Los bailes populares de jotas formaban parte elemental de la fiesta, como también lo eran los toros, en 1626 el alcalde de Santa Olalla decía “que se corran dos o tres toros para fiesta de la Cruz”, y pocos años después “que se corran y maten dos toros con capea, buscándolos donde los haya”, con los años los toros pasarían a vincularse a las fiestas de la Virgen de la Piedad cuando estas comenzaron a ser las fiestas mayores.

Baile de las Cintas en 2025
Foto de Juan Oeo

Dos de los danzantes del Baile de la Bandera en 2025
Foto Juan Oeo

La actualidad – El resurgir de la fiesta

Actualmente, cuando avanzamos por el segundo cuarto del siglo XXI, los santaolalleros conocedores del valor inmaterial de esta fiesta nos hemos sentido en la obligación de conservarla, engrandecerla y difundirla. Conocedores del legado recibido el Ayuntamiento y la Hermandad han logrado en pocos años volver a convertir esta fiesta en una referencia para Santa Olalla y su comarca, referencia en los actos lúdicos y festivos y también en las singulares tradiciones que la componen.

Se han potenciado las tradiciones más peculiares como los barreñones y el baile de la bandera, se ha recuperado el baile del “palo y las cintas”, se han sacado partituras y grabado las melodías de estos bailes, compuesto y grabado la Jota Santaolallera, el Romance de Barreñones y las Coplillas de las Antiguas Tierras.

Cada año un intercambio nos acerca a un pueblo toledano donde también bailan la bandera, cada uno a su “modo”. Un mercadillo local, rutas de historia local para los niños, un campeonato de juego de la Rana y otros juegos populares en las Olimpiadas Rurales que ya van por su tercera edición.

Todo lo dicho supone valor en el presente y la mejor herencia que debemos cuidar para que la puedan recibir los futuros santaolalleros.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Etapas de una fiesta histórica, las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla. Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026). Pág. 21.



sábado, 31 de enero de 2026

Dovela-Salmer del Palacio de Santa Olalla

 


El Ayuntamiento de Santa Olalla ha recuperado recientemente una pieza arqueológica procedente del antiguo Palacio Señorial de los Condes de Orgaz en Santa Olalla. Esta recuperación, llevada a cabo en diciembre de 2025, supone poner en valor uno de los pocos restos conocidos de dicho palacio. Su colocación sobre un tótem de piedra sirve, además, para señalar el lugar que ocupó esta edificación.

Se trata de una dovela-salmer. Las dovelas son cada una de las piezas que forman un arco, y el salmer es la primera de ellas, la que asienta de plano sobre un machón o una columna; su parte superior presenta un corte inclinado para recibir la siguiente dovela.

La pieza reúne todas las características propias de un salmer y está decorada con una moldura en ambas caras. Pese a su sencillez, se trata de un elemento ampliamente documentado y constituye una buena muestra de la importancia de aquella edificación. La dovela ha sido, además, contextualizada mediante una placa de cerámica de Talavera, cuyo texto dice así: «Al poniente de la iglesia de San Julián, en el ángulo noroeste del recinto murado, se alzaba el Palacio de los Condes de Orgaz. Sobre el solar de la antigua Casa-Fuerte, en 1593, D. Juan Hurtado de Mendoza ordenó su construcción, con trazas del aparejador Francisco Cuevas y dirigidas las obras por el maestro de cantería Rodrigo de la Iglesia. Como recuerdo de aquel edificio se recuperó esta dovela-salmer, siendo alcalde D. Pedro Congosto y concejal de Cultura D. Josué López. Santa Olalla, 2025».


Este aporte arqueológico permite recuperar y reforzar la información que poseemos sobre el palacio señorial que antaño fue residencia de los Condes de Orgaz.

Junto al templo de San Julián, en su parte de poniente y en el ángulo noroeste del recinto amurallado, se alzaba el palacio señorial de Santa Olalla, conocido también como Palacio de los Condes de Orgaz o de los Guzmán, por pertenecer estos a dicha dinastía.

El palacio se ubicó principalmente sobre el solar de la antigua Casa-Fuerte, que sirvió de residencia a los señores de la Casa de Castro, a Martín Fernández y al resto de sus descendientes de la Casa de Orgaz. Las Relaciones de Felipe II nos aportan dos testimonios de aquella primitiva construcción: «Al trigésimo segundo se responde que está en tierra llana esta villa y cercada de una cerca de tierra y en las puertas de ella hay tres torres y la casa del señor es llana y fuerte»; y «El asiento del pueblo es llano, está bien cercado, tres puertas torreadas, y dentro de ella la casa del señor, de mediana labor y muy fuerte, y las demás de casas comunes».[1]

Sobre este solar se ordenó la construcción, en el siglo XVI, de un nuevo edificio acorde con el gusto renacentista de la época. Existen documentos contradictorios en cuanto a la fecha exacta de construcción del palacio, ya que algunos apuntan a que su promotor fue Alvar Pérez de Guzmán. Este primer conde de Orgaz explica, en una carta dirigida a Carlos V, la situación de endeudamiento que sufría a causa de los gastos de construcción del palacio, indicando textualmente «que tiene muchas fuentes de ninfas, sirenas y otras esculturas en mármol traído de Italia, así como jardines, estanques y una fuente de agua que ha venido desde una legua». Parece ser que dichas deudas le impedían incluso el mantenimiento de su finca de El Tapuelo. Tras las súplicas dirigidas a Carlos V, a quien recuerda su ayuda contra los comuneros y en la recuperación de Fuenterrabía, el rey le concede el bosque cercado y las huertas de Veragüe y Casas Albas, en el término de Escalonilla, varias rentas en Toledo y un corral en la Puerta del Sol de Madrid.

Otros documentos señalan que el palacio fue mandado construir por un sucesor de Alvar Pérez de Guzmán, Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán, promotor también de la iglesia de San Julián. Esta hipótesis parece más acorde con los datos que poseemos sobre el arquitecto, ya que el edificio fue trazado por el aparejador toledano Francisco Cuevas (1505-1606) en 1593. El palacio debió de presentar un estilo herreriano, dado que Francisco Cuevas fue seguidor de Juan de Herrera, el célebre arquitecto del monasterio de El Escorial. Las obras fueron dirigidas por el maestro de cantería Rodrigo de la Iglesia, natural de la vecina villa de Escalona, contratado por el conde el 1 de julio de 1593.

El patio contaba con doce pilastras de piedra berroqueña, con basas y capiteles; cuatro de ellas correspondían a los pilares de las esquinas, unidos mediante arcos, también de piedra.

El palacio fue residencia de los condes durante los siglos XVI y XVII y el primer tercio del siglo XVIII, con carácter de residencia principal, como atestiguan los numerosos acontecimientos familiares allí celebrados y recogidos en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de la iglesia de San Julián. No obstante, esta residencia se compartía con otras casas que la familia poseía en Madrid, Toledo y Orgaz.

Uno de los episodios más trágicos fue el incendio que sufrió el palacio en 1680, que ocasionó el derrumbe de algunas zonas y acabó con la mayor parte de su rico mobiliario, así como con el archivo principal de la Casa de Guzmán y de sus linajes aliados.

Sus últimos moradores fueron los condes doña María de Mendoza Rojas y Sandoval, fallecida el 3 de marzo de 1732 en Santa Olalla, y don Pedro Tomás Osorio Vega Menchaca Borja y Guzmán, fallecido el 7 de enero de 1733, también en esta localidad. Este matrimonio no tuvo descendencia, por lo que sus títulos y principales mayorazgos recayeron en su sobrino don José Crespí de Valldaura y Mendoza, conde de Sumacárcel y residente en Valencia.

El testamento de la condesa aporta información sobre los cuadros y enseres que salieron del palacio, pero es el testamento del conde, último morador del edificio, el que ofrece mayor detalle sobre los bienes de valor que albergó y sobre su posterior dispersión, consecuencia de las mandas otorgadas poco antes de su fallecimiento sin descendencia. Resulta especialmente interesante conocer el conjunto de bienes muebles que contenía el palacio, desde el forlón o coche de caballos hasta los enseres de barro de la cocina, pasando por cuadros y tallas religiosas, espejos, platería colonial, vestimentas y mobiliario. Asimismo, permite identificar a los beneficiarios de dichas mandas, entre los que se encontraban familiares, criados de la casa e instituciones religiosas, como la iglesia de San Julián —donde se conservan dos cuadros procedentes del palacio—, la Virgen del Sagrario de Toledo, los conventos de agustinas recoletas de León y Arenas de San Pedro, el convento de agustinos de Maqueda o, en menor medida, el convento de franciscanos de Santa Olalla.[2]

Aunque el nuevo conde valenciano y su descendencia visitaron Santa Olalla con cierta periodicidad, el palacio quedó al cuidado de los administradores. El deterioro se fue acelerando y poco debía de quedar en buen estado cuando se produjo la disolución de los señoríos, que dejó a los Condes de Orgaz con la extensa finca de El Tapuelo como única propiedad en Santa Olalla, hasta su venta en la década de 1970.



[1] VIÑAS MEY, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951). Págs. de 421 a 427.

[2] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos Eulalienses, una selección de artículos del Blog Eulaliense sobre la villa de Santa Olalla. (Eulaliense. Graficas Lagomar. Santa Olalla, 2023).  


jueves, 3 de julio de 2025

El origen medieval de las Fiestas del 16 de julio en Santa Olalla

Resulta sorprendente saber que el origen de las fiestas que Santa Olalla celebra el 16 de julio de cada año hay que buscarlo hace más de 800 años, en plena Edad Media, en aquellos tiempos de ataques almohades y reconquista castellana.

En el año 1195, las ofensivas almohades a las tierras castellanas eran continuas y desencadenaron en la batalla de Alarcos. El rey Alfonso VIII entró en batalla sin esperar los refuerzos prometidos por el resto de reinos cristianos peninsulares, estuvo a punto de fallecer y tuvo que retirarse a Toledo, por lo que quedó al mando don Diego López de Haro, vinculado a la casa señorial de Santa Olalla. La derrota fue tan desastrosa como inevitable, pero algunos acusaron a don Diego de permitirla por ciertos recelos hacia el rey.

Tras la derrota de Alarcos, la frontera castellano-andalusí pasó de Sierra Morena a los Montes de Toledo, quedando expuestas al ataque musulmán estas tierras toledanas. Así sucedió en el verano de 1196, cuando el célebre caudillo almohade Muhammád ben-Yacúb fue desde Andalucía a Toledo tomando diversos lugares a su paso. Intentó tomar Santa Olalla, combatió en Maqueda y llegó a las inmediaciones de Toledo, sin obtener ningún resultado. La crónica cristiana decía "Priso el rey de Marruecos a Montánchez, e Santa Cruz, e Trugiello, e Placencia, e vinieron por Talavera, e cortaron el Olivar, e Olmos, Santa Olalla, e Escalona e lidiaron Maqueda, e no la prisieron, e vinieron cercar Toledo, e cortaron las viñas, e los árboles, e duraron y X días en el mes de junio".[1]

“Miramamolín entró por tierra de cristianos destruyendo pueblos y cautivando gentes. Ganó a Montánchez, Santa Cruz, Trujillo, Plasencia y Escalona con todos los lugares que topaba sin dejar cosa con vida. Combatió vigorosamente a Talavera, a Santa Olalla, a Maqueda y por fin a Toledo misma pero no pudo rendirla por la valerosa defensa de sus moradores. Con todo regresó a las Andalucías cargado de riquezas, ganados y cautivos”.[2]

 Al año siguiente, los musulmanes repitieron las acciones bélicas, pero el resultado fue el mismo, firmándose además en ese año 1197 unas treguas de paz.

Al tenerse noticia de la preparación de una nueva ofensiva almohade, Alfonso VIII, después de haber fraguado diferentes alianzas con la mayoría de los reinos cristianos peninsulares, con la mediación del Papa, y tras finalizar las distintas treguas mantenidas con los musulmanes, decide preparar un gran encuentro con las tropas almohades, que venían dirigidas por el propio califa Mamad An-Nasir, el llamado Miramamolín por los cristianos (versión fonética de “Príncipe o Comendador de los Creyentes”, en árabe). El rey buscaba desde hacía tiempo este encuentro para desquitarse de la grave derrota de Alarcos.

El lunes 16 de julio de 1212, en la aldea de las Navas de Tolosa, perteneciente a La Carolina (Jaén), tuvo lugar una batalla trascendental entre los ejércitos cristiano (coalición de los reyes castellano, aragonés y navarro, con la ayuda de fuerzas cristianas ultrapirenaicas) y musulmán, que supuso una decisiva victoria de los cristianos frente a los almohades que dominaban Al-Ándalus. La batalla es conocida como batalla de las Navas de Tolosa o de Puerto Muradal, llamada en la historiografía árabe Batalla de Al-Uqab (معركة العقاب), y conocida simplemente como “La Batalla” en las crónicas de la época.

El ejército cristiano se dividió en tres: Alfonso VIII de Castilla salió hacia Alarcos y Salvatierra; Pedro II de Aragón se quedó en Calatrava esperando a Sancho VII de Navarra; y otro grupo fue capitaneado por don Diego López de Haro. Todos se dirigían hacia Puerto Muradal (Despeñaperros), en cuya cima estaba el ejército de Miramamolín. Allí se produjo la actuación heroica de don Diego junto con dos de sus nietos, que subieron hasta el llano de la Losa y, desde allí, a una planicie llamada Las Navas de Tolosa, guiados por un pastor de la zona.

Don Diego Lope de Haro con el pastor de las Navas

Al ver el giro que tomaba la contienda, Al-Nasir ordenó tocar retirada y huyó precipitadamente hacia Jaén. Se dice que fue tal el desastre que el rey almohade tuvo que utilizar un burro para poder escapar de la muerte.

Entre la leyenda se cuenta que aquel 16 de julio, en pleno fragor de la batalla, Domingo Pascual, canónigo de la Catedral de Toledo, tomó la cruz del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, abriéndose camino entre los escuadrones enemigos sin ser alcanzado por las saetas que lanzaban los musulmanes. Este relato del paseo triunfal de la Cruz fue recogido por el propio arzobispo y en la carta que Alfonso VIII envió al Papa para darle cuenta del triunfo cristiano. Domingo Pascual llegó a ser posteriormente arzobispo de Toledo durante un breve periodo en 1262.

Como consecuencia de esta batalla, el poder musulmán en la península ibérica comenzó su declive definitivo y la Reconquista tomó un nuevo impulso, que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los llamados reinos cristianos.

Para conmemorar esta decisiva batalla se instituyó una fiesta en este día para toda la extensa diócesis de Toledo, conocida como fiesta del Triunfo de la Cruz. Entre los lugares en los que comenzó a celebrarse con mayor solemnidad estaba Santa Olalla.

Las fiestas dedicadas a la Cruz en el antiguo calendario litúrgico eran tres: “La Cruz de Mayo”, el 3 de mayo, conmemorando el hallazgo por Santa Elena de la Cruz en la que murió Cristo; la “Exaltación de la Cruz”, el 14 de septiembre, conmemorando la recuperación de la Cruz, arrebatada por los persas; y el “Triunfo de la Cruz”, el 16 de julio.

Como hemos dicho, con la victoria de las Navas de Tolosa quedó instituida la fiesta del “Triunfo de la Cruz”, una fiesta propia de la diócesis de Toledo, que durante siglos sobrevivió a los distintos sínodos diocesanos —en muchos de los cuales se redujo el número de fiestas— y que el 30 de diciembre de 1573 el papa Gregorio XIII mandó celebrar en todos los Reinos de España y en el Nuevo Mundo.

Especialmente en Santa Olalla y su tierra se inició esta celebración del “Triunfo de la Cruz” con gran fuerza. Como hemos dicho, en la batalla se habían destacado miembros importantes de la casa señorial de la villa, especialmente don Diego López de Haro (?-1214), capitán general de aquella victoria. Él era familiar, seguramente hermano, de doña Mencía Lope de Haro, señora de Santa Olalla al estar casada con Alvar Pérez de Castro.

La solemnidad del Triunfo de la Cruz se siguió celebrando en Santa Olalla sin novedades hasta la última década del siglo XVI, pues en 1598 se transforma por voto del pueblo en la Fiesta del Cristo de la Caridad. La celebración de esta primitiva fiesta queda reflejada en las relaciones topográficas de Felipe II realizadas para Santa Olalla el 8 de febrero de 1576: “Al quincuagésimo segundo se responde que se guardan tres fiestas de voto y costumbre en esta villa y son el Triunpho de la Cruz y es a diez y seis de julio y celebrase por aquella victoria que se hubo del puerto Muradal, porque don Diego López de Haro, capitán de aquella victoria, fue de la casa de los señores desta villa, y dende aquella victoria se hace este día una fiesta muy solemne y es nombrada en toda esta tierra, la otra fiesta es de Santa Brígida, por las calamidades de las viñas y heredades, y la otra es de Santa Olalla, porque es advocación de esta villa”.[3]

Todos los pueblos y aldeas del señorío de Santa Olalla celebraron esta fiesta con solemnidad, aunque paulatinamente la fueron perdiendo. En el momento en que se toman las famosas Relaciones de Felipe II, en torno a 1576, mantenían la celebración Domingo Pérez, Erustes, Mesegar y su aldea vecina de El Membrillar. Mesegar, por estas fechas, ya no pertenecía al señorío de Santa Olalla y había pasado a ser del señorío de Montalbán, pero su aldea vecina de El Membrillar sí permanecía en el señorío de Santa Olalla, celebrando ambos núcleos la fiesta del 16 de julio.

Curiosa es su aportación a las relaciones: “Guardase el día del Triunfo de la Cruz de la batalla, que cae a diez y seis de julio, este voto es muy antiguo, y no alcanzamos por qué fue”.[4]



[1] BERGANZA, Francisco de: Antigüedades de España propugnadas en las noticias de sus reyes, Volumen 2. (Imp. Francisco del Hierro. Madrid, 1721). Pág. 572.

[2] ORTIZ Y SANZ, José: Historia general de España, Volumen 3. Tercera edición. (Imprenta de don Alejandro Gómez Fuentenebro. Madrid, 1846). Pág. 316.

[3] VIÑAS MEY, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951). Págs. de 425.

[4] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Dieciséis de Julio: Orígenes, historia, leyenda, tradición y devoción del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, en el Octavo Centenario de la Fiesta del 16 de julio (1212–1598–2012). (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2012). Pág. 8.



Publicación en la Revista del Cristo de la Caridad 2025


domingo, 6 de abril de 2025

Privilegio Rodado del Portazgo de Santa Olalla

 

La exposición “El archivo del Conde de Orgaz - Una ventana a la historia”[1] que recientemente ha acogido la Biblioteca Nacional ha sacado a la luz algunos documentos de la colección y archivo de los Condes de Orgaz importantes para la historiografía local de Santa Olalla.

Se trata de un fondo documental de carácter familiar y nobiliario, cuya importancia se extiende a las investigaciones de los lugares vinculados a la administración de su patrimonio vinculado. La conservación, catalogación, estudio y difusión de este archivo histórico fue una de las mayores contribuciones culturales de don Gonzalo Crespí de Valldaura y Bosch-Labrús (1936-2022), XX conde de Orgaz, XVIII conde de Castrillo, XIII conde Sumacárcer, grande de España y bailío de la Orden de Malta. Verdadero mecenas en lo cultural, fue patrono fundador de la Fundación de Amigos de la Biblioteca Nacional de España (FABNE) y su presidente desde 2017 hasta su fallecimiento en 2022, así como vocal del Real Patronato de la Biblioteca Nacional de España. Doctor en Historia, fue académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y presidente de la Asociación Internacional de Bibliofilia. Empresario y publicista, desarrolló una importante labor social como fundador y presidente ejecutivo de la ONG Ayuda en Acción y presidente de la Asamblea Española de la Orden de Malta.

De entre los fondos documentales expuestos que conciernen a Santa Olalla destaca muy especialmente un pergamino que es un Privilegio Rodado de Pedro I “el Cruel”, por el que concede a Martín Fernández de Toledo, el Portazgo de Santa Olalla, con diversas rentas que correspondían al dicho portazgo y la facultad de poder hacer mayorazgo del mismo. Esta firmado en Sevilla el 20 de julio de 1350.[2] Curiosamente al final de este artículo descubriremos que se trata de un Privilegio Rodado manipulado, en el que se modificó el Privilegio del Portazgo de Madrid para hacerlo pasar por el Privilegio del Portazgo de Santa Olalla.

Un Privilegio Rodado es un tipo de documento oficial muy característico de la administración de los reyes de Castilla durante la Edad Media. Es una escritura real solemne, escrita en pergamino, por la que se conceden ciertos derechos, exenciones o favores a personas, instituciones o localidades. El nombre "rodado" viene del gran sello circular, en forma de “rueda”, que aparece en el documento, en su interior están las armas del rey, el escudo de Castilla y León, y su nombre.

Además, en este documento, como es habitual, encontramos que la letra capital inicial está precedida de un crismón, anagrama con el nombre de Cristo y otros símbolos religiosos, ambos están iluminados. El texto está escrito en letra gótica, con algunas palabras resaltadas en tinta roja o azul, destacando nombres reales. En la parte inferior hay agujeros para pasar los cordones del sello, del que pendía el sello real en plomo.

Esta concesión del Portazgo de Santa Olalla a Martín Fernández de Toledo (1323-1355)[3], V Señor de Orgaz, supondría, de ser cierta, el primer derecho que en el Señorío de Santa Olalla van a tener los Señores de Orgaz.

Esta concesión suponía poder cobrar todos los impuestos de las mercancías que entraban y salían de la villa[4], y también incluye una serie de propiedades, como las huertas Daluega, la tienda de harina, las tablas de las carnicerías, cordoneros, alatares y buñoleros. También le concede el derecho de hacer prender a los descaminados que intentasen librarse del pago del portazgo. Todo ello se concede por juro de heredad con la posibilidad de constituirlo en mayorazgo, con las prohibiciones habituales de poder disponer de ello a favor de la Iglesia, hombre de religión o personas de fuera del señorío del rey. En realidad la villa de Santa Olalla contaba de antiguo con el derecho de portazgo, encontrándose regulado ya en la concesión del Fuero de Toledo a Santa Olalla por el rey Alfonso VII en 1124.[5]

Pese a que existen algunas dudas de si don Martín Fernández de Toledo poseyó el Señorío de Santa Olalla[6], sería más adelante cuando el Señorío de Santa Olalla se unió al Señorío de Orgaz gracias al matrimonio de su nieto Martín Fernández de Guzmán (1358-1377)[7], VII Señor de Orgaz, con María de Orozco y Meneses “la Mal Lograda”, que poseía el Señorío de Santa Olalla por herencia de su padre don Iñigo López de Orozco. Desde esta fecha ambos señoríos permanecerían unidos hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX.

Una curiosa aportación nos hace en 2020 el conde de Orgaz don Gonzalo Crespí de Valldaura y Bosch-Labrús, que nos alerta de la falsificación contenida en este documento.[8]  «Es importante señalar que las dos veces que aparece mencionado Santa Olalla en este documento el nombre ha sido sobrescrito sobre otro nombre borrado. Se trata, sin duda, de un documento manipulado, probablemente en fecha bastante posterior. Gracias a otro privilegio rodado de 1351[9] que confirmaba esta concesión sabemos que el documento original se refería al portazgo de Madrid. También hay un traslado en el Archivo de la Villa de Madrid de este mismo documento por el que Pedro I concede a Martín Fernández este portazgo sobre Madrid y no sobre Santa Olalla.[10] Esta manipulación del documento pudo ocurrir en fecha tan tardía como los primeros años del siglo XVI cuando el señor de Orgaz y Santa Olalla se vio llevado a pleito por la Mesta y por la ciudad de Toledo en 1510[11], y debió encontrar un soporte documental de lo que, a todas luces, constituía un abuso de su poder. La manipulación es muy grosera dado que las tiendas y el lugar mencionado “huertas Daluega”[12] no podían encontrarse en Santa Olalla que pese a ser un lugar de una cierta importancia por estar situado en la principal ruta hacia Extremadura desde Toledo y Madrid, no parecía probable que pudiese tener una gran diversidad de tiendas».



[2] Archivo de los Condes de Orgaz: Privilegio Rodado del rey Pedro I a Martín Fernández, concediéndole el Portazgo de Santa Olalla con diversas rentas que correspondían al dicho portazgo y la facultad de poder hacer mayorazgo del mismo, 1350-07-20, Sevilla. Signatura: Orgaz y Santa Olalla, Leg. XI, n° 14.

[3] GÓMEZ FERNÁNDEZ-CABRERA, Jesús: Señores y Condes de Orgaz, apuntes biográficos y documentales. (Editorial Círculo Rojo. Almería, 2021). Tomo 1; pág. 107.

[4] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos Eulalienses, una selección de artículos del Blog Eulaliense sobre la villa de Santa Olalla. (Eulaliense. Graficas Lagomar. Santa Olalla, 2023). Pág. 249.

[5] Archivo Municipal de Santa Olalla: Privilegio Real de Concesión del Fuero de Toledo a la Villa de Santa Olalla. Signatura: SO/106/1.

[6] MOLÉNAT, J. P.: Campagnes et Monts de Tolède du XIIe au XVe siècle. (Casa de Velázquez. Madrid, 1997). Pág. 385.

[7] GÓMEZ FERNÁNDEZ-CABRERA, Jesús: Señores y Condes de Orgaz, apuntes biográficos y documentales. (Editorial Círculo Rojo. Almería, 2021). Tomo 1; pág. 171.

[8] Crespí de Valldaura y Bosch-Labrús, Gonzalo: Los Señores de Orgaz (1220-1520). (Editorial Círculo Rojo. Almería, 2020). Pág. 135.

[9] Archivo de los Condes de Orgaz: Privilegio Rodado del rey Pedro I a Martín Fernández, confirmado la concesión del Portazgo de Madrid, 1351-11-10. Signatura: Orgaz y Santa Olalla, Leg. V, n° 47.

[10] Archivo de la Villa de Madrid: Traslado del Privilegio de Pedro I concediendo el Portazgo de Madrid, 10 de julio de 1350. Signatura: Secc. 39, Leg. 406, n° 54.

[11] Archivo de los Condes de Orgaz: Compulsa de pleito, siglo XVI. Signatura: Leg. XVII, n° 8.

[12] Topónimo perdido, no podemos saber con certeza que se refiera a Madrid aunque todo parece indicar que no se refiere a Santa Olalla ni su entorno cercano.