sábado, 31 de enero de 2026

Dovela-Salmer del Palacio de Santa Olalla

 


El Ayuntamiento de Santa Olalla ha recuperado recientemente una pieza arqueológica procedente del antiguo Palacio Señorial de los Condes de Orgaz en Santa Olalla. Esta recuperación, llevada a cabo en diciembre de 2025, supone poner en valor uno de los pocos restos conocidos de dicho palacio. Su colocación sobre un tótem de piedra sirve, además, para señalar el lugar que ocupó esta edificación.

Se trata de una dovela-salmer. Las dovelas son cada una de las piezas que forman un arco, y el salmer es la primera de ellas, la que asienta de plano sobre un machón o una columna; su parte superior presenta un corte inclinado para recibir la siguiente dovela.

La pieza reúne todas las características propias de un salmer y está decorada con una moldura en ambas caras. Pese a su sencillez, se trata de un elemento ampliamente documentado y constituye una buena muestra de la importancia de aquella edificación. La dovela ha sido, además, contextualizada mediante una placa de cerámica de Talavera, cuyo texto dice así: «Al poniente de la iglesia de San Julián, en el ángulo noroeste del recinto murado, se alzaba el Palacio de los Condes de Orgaz. Sobre el solar de la antigua Casa-Fuerte, en 1593, D. Juan Hurtado de Mendoza ordenó su construcción, con trazas del aparejador Francisco Cuevas y dirigidas las obras por el maestro de cantería Rodrigo de la Iglesia. Como recuerdo de aquel edificio se recuperó esta dovela-salmer, siendo alcalde D. Pedro Congosto y concejal de Cultura D. Josué López. Santa Olalla, 2025».


Este aporte arqueológico permite recuperar y reforzar la información que poseemos sobre el palacio señorial que antaño fue residencia de los Condes de Orgaz.

Junto al templo de San Julián, en su parte de poniente y en el ángulo noroeste del recinto amurallado, se alzaba el palacio señorial de Santa Olalla, conocido también como Palacio de los Condes de Orgaz o de los Guzmán, por pertenecer estos a dicha dinastía.

El palacio se ubicó principalmente sobre el solar de la antigua Casa-Fuerte, que sirvió de residencia a los señores de la Casa de Castro, a Martín Fernández y al resto de sus descendientes de la Casa de Orgaz. Las Relaciones de Felipe II nos aportan dos testimonios de aquella primitiva construcción: «Al trigésimo segundo se responde que está en tierra llana esta villa y cercada de una cerca de tierra y en las puertas de ella hay tres torres y la casa del señor es llana y fuerte»; y «El asiento del pueblo es llano, está bien cercado, tres puertas torreadas, y dentro de ella la casa del señor, de mediana labor y muy fuerte, y las demás de casas comunes».[1]

Sobre este solar se ordenó la construcción, en el siglo XVI, de un nuevo edificio acorde con el gusto renacentista de la época. Existen documentos contradictorios en cuanto a la fecha exacta de construcción del palacio, ya que algunos apuntan a que su promotor fue Alvar Pérez de Guzmán. Este primer conde de Orgaz explica, en una carta dirigida a Carlos V, la situación de endeudamiento que sufría a causa de los gastos de construcción del palacio, indicando textualmente «que tiene muchas fuentes de ninfas, sirenas y otras esculturas en mármol traído de Italia, así como jardines, estanques y una fuente de agua que ha venido desde una legua». Parece ser que dichas deudas le impedían incluso el mantenimiento de su finca de El Tapuelo. Tras las súplicas dirigidas a Carlos V, a quien recuerda su ayuda contra los comuneros y en la recuperación de Fuenterrabía, el rey le concede el bosque cercado y las huertas de Veragüe y Casas Albas, en el término de Escalonilla, varias rentas en Toledo y un corral en la Puerta del Sol de Madrid.

Otros documentos señalan que el palacio fue mandado construir por un sucesor de Alvar Pérez de Guzmán, Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán, promotor también de la iglesia de San Julián. Esta hipótesis parece más acorde con los datos que poseemos sobre el arquitecto, ya que el edificio fue trazado por el aparejador toledano Francisco Cuevas (1505-1606) en 1593. El palacio debió de presentar un estilo herreriano, dado que Francisco Cuevas fue seguidor de Juan de Herrera, el célebre arquitecto del monasterio de El Escorial. Las obras fueron dirigidas por el maestro de cantería Rodrigo de la Iglesia, natural de la vecina villa de Escalona, contratado por el conde el 1 de julio de 1593.

El patio contaba con doce pilastras de piedra berroqueña, con basas y capiteles; cuatro de ellas correspondían a los pilares de las esquinas, unidos mediante arcos, también de piedra.

El palacio fue residencia de los condes durante los siglos XVI y XVII y el primer tercio del siglo XVIII, con carácter de residencia principal, como atestiguan los numerosos acontecimientos familiares allí celebrados y recogidos en los libros sacramentales de bautismos, matrimonios y defunciones de la iglesia de San Julián. No obstante, esta residencia se compartía con otras casas que la familia poseía en Madrid, Toledo y Orgaz.

Uno de los episodios más trágicos fue el incendio que sufrió el palacio en 1680, que ocasionó el derrumbe de algunas zonas y acabó con la mayor parte de su rico mobiliario, así como con el archivo principal de la Casa de Guzmán y de sus linajes aliados.

Sus últimos moradores fueron los condes doña María de Mendoza Rojas y Sandoval, fallecida el 3 de marzo de 1732 en Santa Olalla, y don Pedro Tomás Osorio Vega Menchaca Borja y Guzmán, fallecido el 7 de enero de 1733, también en esta localidad. Este matrimonio no tuvo descendencia, por lo que sus títulos y principales mayorazgos recayeron en su sobrino don José Crespí de Valldaura y Mendoza, conde de Sumacárcel y residente en Valencia.

El testamento de la condesa aporta información sobre los cuadros y enseres que salieron del palacio, pero es el testamento del conde, último morador del edificio, el que ofrece mayor detalle sobre los bienes de valor que albergó y sobre su posterior dispersión, consecuencia de las mandas otorgadas poco antes de su fallecimiento sin descendencia. Resulta especialmente interesante conocer el conjunto de bienes muebles que contenía el palacio, desde el forlón o coche de caballos hasta los enseres de barro de la cocina, pasando por cuadros y tallas religiosas, espejos, platería colonial, vestimentas y mobiliario. Asimismo, permite identificar a los beneficiarios de dichas mandas, entre los que se encontraban familiares, criados de la casa e instituciones religiosas, como la iglesia de San Julián —donde se conservan dos cuadros procedentes del palacio—, la Virgen del Sagrario de Toledo, los conventos de agustinas recoletas de León y Arenas de San Pedro, el convento de agustinos de Maqueda o, en menor medida, el convento de franciscanos de Santa Olalla.[2]

Aunque el nuevo conde valenciano y su descendencia visitaron Santa Olalla con cierta periodicidad, el palacio quedó al cuidado de los administradores. El deterioro se fue acelerando y poco debía de quedar en buen estado cuando se produjo la disolución de los señoríos, que dejó a los Condes de Orgaz con la extensa finca de El Tapuelo como única propiedad en Santa Olalla, hasta su venta en la década de 1970.



[1] VIÑAS MEY, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951). Págs. de 421 a 427.

[2] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos Eulalienses, una selección de artículos del Blog Eulaliense sobre la villa de Santa Olalla. (Eulaliense. Graficas Lagomar. Santa Olalla, 2023).  


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