Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIII. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de julio de 2025

El origen medieval de las Fiestas del 16 de julio en Santa Olalla

Resulta sorprendente saber que el origen de las fiestas que Santa Olalla celebra el 16 de julio de cada año hay que buscarlo hace más de 800 años, en plena Edad Media, en aquellos tiempos de ataques almohades y reconquista castellana.

En el año 1195, las ofensivas almohades a las tierras castellanas eran continuas y desencadenaron en la batalla de Alarcos. El rey Alfonso VIII entró en batalla sin esperar los refuerzos prometidos por el resto de reinos cristianos peninsulares, estuvo a punto de fallecer y tuvo que retirarse a Toledo, por lo que quedó al mando don Diego López de Haro, vinculado a la casa señorial de Santa Olalla. La derrota fue tan desastrosa como inevitable, pero algunos acusaron a don Diego de permitirla por ciertos recelos hacia el rey.

Tras la derrota de Alarcos, la frontera castellano-andalusí pasó de Sierra Morena a los Montes de Toledo, quedando expuestas al ataque musulmán estas tierras toledanas. Así sucedió en el verano de 1196, cuando el célebre caudillo almohade Muhammád ben-Yacúb fue desde Andalucía a Toledo tomando diversos lugares a su paso. Intentó tomar Santa Olalla, combatió en Maqueda y llegó a las inmediaciones de Toledo, sin obtener ningún resultado. La crónica cristiana decía "Priso el rey de Marruecos a Montánchez, e Santa Cruz, e Trugiello, e Placencia, e vinieron por Talavera, e cortaron el Olivar, e Olmos, Santa Olalla, e Escalona e lidiaron Maqueda, e no la prisieron, e vinieron cercar Toledo, e cortaron las viñas, e los árboles, e duraron y X días en el mes de junio".[1]

“Miramamolín entró por tierra de cristianos destruyendo pueblos y cautivando gentes. Ganó a Montánchez, Santa Cruz, Trujillo, Plasencia y Escalona con todos los lugares que topaba sin dejar cosa con vida. Combatió vigorosamente a Talavera, a Santa Olalla, a Maqueda y por fin a Toledo misma pero no pudo rendirla por la valerosa defensa de sus moradores. Con todo regresó a las Andalucías cargado de riquezas, ganados y cautivos”.[2]

 Al año siguiente, los musulmanes repitieron las acciones bélicas, pero el resultado fue el mismo, firmándose además en ese año 1197 unas treguas de paz.

Al tenerse noticia de la preparación de una nueva ofensiva almohade, Alfonso VIII, después de haber fraguado diferentes alianzas con la mayoría de los reinos cristianos peninsulares, con la mediación del Papa, y tras finalizar las distintas treguas mantenidas con los musulmanes, decide preparar un gran encuentro con las tropas almohades, que venían dirigidas por el propio califa Mamad An-Nasir, el llamado Miramamolín por los cristianos (versión fonética de “Príncipe o Comendador de los Creyentes”, en árabe). El rey buscaba desde hacía tiempo este encuentro para desquitarse de la grave derrota de Alarcos.

El lunes 16 de julio de 1212, en la aldea de las Navas de Tolosa, perteneciente a La Carolina (Jaén), tuvo lugar una batalla trascendental entre los ejércitos cristiano (coalición de los reyes castellano, aragonés y navarro, con la ayuda de fuerzas cristianas ultrapirenaicas) y musulmán, que supuso una decisiva victoria de los cristianos frente a los almohades que dominaban Al-Ándalus. La batalla es conocida como batalla de las Navas de Tolosa o de Puerto Muradal, llamada en la historiografía árabe Batalla de Al-Uqab (معركة العقاب), y conocida simplemente como “La Batalla” en las crónicas de la época.

El ejército cristiano se dividió en tres: Alfonso VIII de Castilla salió hacia Alarcos y Salvatierra; Pedro II de Aragón se quedó en Calatrava esperando a Sancho VII de Navarra; y otro grupo fue capitaneado por don Diego López de Haro. Todos se dirigían hacia Puerto Muradal (Despeñaperros), en cuya cima estaba el ejército de Miramamolín. Allí se produjo la actuación heroica de don Diego junto con dos de sus nietos, que subieron hasta el llano de la Losa y, desde allí, a una planicie llamada Las Navas de Tolosa, guiados por un pastor de la zona.

Don Diego Lope de Haro con el pastor de las Navas

Al ver el giro que tomaba la contienda, Al-Nasir ordenó tocar retirada y huyó precipitadamente hacia Jaén. Se dice que fue tal el desastre que el rey almohade tuvo que utilizar un burro para poder escapar de la muerte.

Entre la leyenda se cuenta que aquel 16 de julio, en pleno fragor de la batalla, Domingo Pascual, canónigo de la Catedral de Toledo, tomó la cruz del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada, abriéndose camino entre los escuadrones enemigos sin ser alcanzado por las saetas que lanzaban los musulmanes. Este relato del paseo triunfal de la Cruz fue recogido por el propio arzobispo y en la carta que Alfonso VIII envió al Papa para darle cuenta del triunfo cristiano. Domingo Pascual llegó a ser posteriormente arzobispo de Toledo durante un breve periodo en 1262.

Como consecuencia de esta batalla, el poder musulmán en la península ibérica comenzó su declive definitivo y la Reconquista tomó un nuevo impulso, que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los llamados reinos cristianos.

Para conmemorar esta decisiva batalla se instituyó una fiesta en este día para toda la extensa diócesis de Toledo, conocida como fiesta del Triunfo de la Cruz. Entre los lugares en los que comenzó a celebrarse con mayor solemnidad estaba Santa Olalla.

Las fiestas dedicadas a la Cruz en el antiguo calendario litúrgico eran tres: “La Cruz de Mayo”, el 3 de mayo, conmemorando el hallazgo por Santa Elena de la Cruz en la que murió Cristo; la “Exaltación de la Cruz”, el 14 de septiembre, conmemorando la recuperación de la Cruz, arrebatada por los persas; y el “Triunfo de la Cruz”, el 16 de julio.

Como hemos dicho, con la victoria de las Navas de Tolosa quedó instituida la fiesta del “Triunfo de la Cruz”, una fiesta propia de la diócesis de Toledo, que durante siglos sobrevivió a los distintos sínodos diocesanos —en muchos de los cuales se redujo el número de fiestas— y que el 30 de diciembre de 1573 el papa Gregorio XIII mandó celebrar en todos los Reinos de España y en el Nuevo Mundo.

Especialmente en Santa Olalla y su tierra se inició esta celebración del “Triunfo de la Cruz” con gran fuerza. Como hemos dicho, en la batalla se habían destacado miembros importantes de la casa señorial de la villa, especialmente don Diego López de Haro (?-1214), capitán general de aquella victoria. Él era familiar, seguramente hermano, de doña Mencía Lope de Haro, señora de Santa Olalla al estar casada con Alvar Pérez de Castro.

La solemnidad del Triunfo de la Cruz se siguió celebrando en Santa Olalla sin novedades hasta la última década del siglo XVI, pues en 1598 se transforma por voto del pueblo en la Fiesta del Cristo de la Caridad. La celebración de esta primitiva fiesta queda reflejada en las relaciones topográficas de Felipe II realizadas para Santa Olalla el 8 de febrero de 1576: “Al quincuagésimo segundo se responde que se guardan tres fiestas de voto y costumbre en esta villa y son el Triunpho de la Cruz y es a diez y seis de julio y celebrase por aquella victoria que se hubo del puerto Muradal, porque don Diego López de Haro, capitán de aquella victoria, fue de la casa de los señores desta villa, y dende aquella victoria se hace este día una fiesta muy solemne y es nombrada en toda esta tierra, la otra fiesta es de Santa Brígida, por las calamidades de las viñas y heredades, y la otra es de Santa Olalla, porque es advocación de esta villa”.[3]

Todos los pueblos y aldeas del señorío de Santa Olalla celebraron esta fiesta con solemnidad, aunque paulatinamente la fueron perdiendo. En el momento en que se toman las famosas Relaciones de Felipe II, en torno a 1576, mantenían la celebración Domingo Pérez, Erustes, Mesegar y su aldea vecina de El Membrillar. Mesegar, por estas fechas, ya no pertenecía al señorío de Santa Olalla y había pasado a ser del señorío de Montalbán, pero su aldea vecina de El Membrillar sí permanecía en el señorío de Santa Olalla, celebrando ambos núcleos la fiesta del 16 de julio.

Curiosa es su aportación a las relaciones: “Guardase el día del Triunfo de la Cruz de la batalla, que cae a diez y seis de julio, este voto es muy antiguo, y no alcanzamos por qué fue”.[4]



[1] BERGANZA, Francisco de: Antigüedades de España propugnadas en las noticias de sus reyes, Volumen 2. (Imp. Francisco del Hierro. Madrid, 1721). Pág. 572.

[2] ORTIZ Y SANZ, José: Historia general de España, Volumen 3. Tercera edición. (Imprenta de don Alejandro Gómez Fuentenebro. Madrid, 1846). Pág. 316.

[3] VIÑAS MEY, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951). Págs. de 425.

[4] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Dieciséis de Julio: Orígenes, historia, leyenda, tradición y devoción del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, en el Octavo Centenario de la Fiesta del 16 de julio (1212–1598–2012). (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2012). Pág. 8.



Publicación en la Revista del Cristo de la Caridad 2025


domingo, 28 de noviembre de 2021

Siete Partidas de Alfonso X «el Sabio» - Tesoro bibliográfico impreso de Santa Olalla

 

Portada de Las Siete Partidas

El pasado 23 de noviembre se cumplían 800 años del nacimiento del rey Alfonso X "el Sabio". Y que mejor forma de celebrar este octavo centenario que rescatando del olvido el maravilloso ejemplar de las Siete Partidas que conservamos en Santa Olalla.

Hace 800 años, el 23 de noviembre de 1221, nacía en Toledo el rey Alfonso X "el Sabio" (Toledo, 1221 ​– Sevilla, 1284​). Sin duda, una de las figuras más importantes de la España medieval, por su aporte a la cultura, la lengua, el derecho y las ciencias.

En Santa Olalla conservamos en nuestro Archivo parroquial un enorme y bellísimo ejemplar de las “Siete Partidas” de la edición de 1565, glosada por Gregorio López e impresa en Salamanca en Casa de Andrea Portonariis.[1] Encuadernado en pergamino, completo y bien conservado. Seguramente nuestro tesoro bibliográfico impreso más importante.

Esta obra se considera uno de los legados más importantes de Castilla a la historia del Derecho, al ser el cuerpo jurídico de más amplia y larga vigencia en Hispanoamérica (hasta el siglo XIX). Incluso se la ha calificado de «enciclopedia humanista», pues trata temas filosóficos, morales y teológicos, aunque el propio texto confirma el carácter legislativo de la obra, al señalar en el prólogo que se dictó en vista de la confusión y abundancia normativa y solamente para que por ellas se juzgara.



[1] ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA OLALLA: Las Siete Partidas de Alfonso X “el Sabio”. Libro impreso. 92/APSO (1565).




domingo, 12 de enero de 2020

Leonor Rodríguez de Castro, Señora de Santa Olalla e Infanta de Castilla

Miniatura en la que se representa a
una Dama Castellana del siglo XIII

El Señorío de la Tierra de Santa Olalla es conocido por haber sido una de las propiedades más importantes de la casa nobiliaria de Guzmán y por ende de los Condes de Orgaz; pero no podemos olvidar que este señorío fue propiedad durante la Edad Media de otra familia noble, no menos importante, a la que denominamos la Casa de Castro.
Este linaje de los Castro fue especialmente influyente durante los años en los que fueron propietarios del Señorío de Santa Olalla y destacaron en él un buen número de personajes, emparentado muchos de ellos con las casas reales castellana y portuguesa, además de con otros destacados linajes como los Lara y los Haro. En este artículo estudiamos la figura de doña Leonor Rodríguez de Castro († Santa Olalla, 1275), dama castellana, señora de Santa Olalla, donde falleció, y por su matrimonio Infanta de Castilla.
Desconocemos el lugar y la fecha exacta de nacimiento de Leonor Rodríguez de Castro, en ocasiones llamada Leonor Ruiz de Castro. Era hija de Rodrigo Ponce de Castro, señor de Cigales, Mucientes y Santa Olalla; y de Leonor González de Lara; nieta por parte paterna de Giralte de Cataluña, señor de Cabrera y vizconde de Gerona, y de su esposa, Elo Pérez de Castro, señora de Santa Olalla; y por parte materna era nieta de Gonzalo Núñez de Lara y de Jimena Menéndez.[1]
Contrajo matrimonio con el infante Felipe de Castilla y Suabia (1231–1274) hijo de Fernando III “el Santo”, rey de Castilla y León. Pese a haber sido Arzobispo de Sevilla abandonó en 1258 la carrera eclesiástica con el consentimiento de su hermano, Alfonso X “el Sabio”, y contrajo matrimonio hasta en tres ocasiones con Cristina de Noruega, Inés Rodríguez Girón y por último con nuestra Leonor Rodríguez de Castro.
Fruto de este matrimonio nació un hijo, Felipe de Castilla y Rodríguez de Castro, que falleció en la infancia, siendo sepultado en el Convento de San Felices de Amaya, en la provincia de Burgos, actualmente en estado ruinoso, perteneciente a las monjas de la Orden de Calatrava y en el que también recibiría sepultura su madre.
El historiador José Pellicer advierte de la existencia de otra hija del matrimonio, Beatriz de Castilla y Rodríguez de Castro († 1340), aunque Luis de Salazar y Castro desmiente esta afirmación.[2]
Entre los pocos documentos conservados de este matrimonio y vinculados a Santa Olalla, destaca un fuero o carta de población dado el 12 de diciembre de 1272. Estas nuevas leyes decían así: "Yo el muy noble Ynfante don Phelipe, hijo del muy noble rey don Fernando, por facer bien al Consejo de Santa Olalla, et con el consejo y honor de mi mujer doña Leonor Rodríguez de Castro, otorgo que todos los que tuvieren caballos o armas en Santa Olalla que no tributen con los pechos, debiendo mostrar dichos caballos y armas el día de San Cebrián, ante los alcaldes y escribanos públicos, así lo mando yo...".[3]

Fragmento de la transcripción de los fueros de Santa Olalla
Biblioteca Nacional de España

Doña Leonor Rodríguez de Castro falleció en 1275, en su villa de Santa Olalla. Aunque su cadáver recibió sepultura en Burgos en el Convento de San Felices de Amaya, de la Orden de Calatrava.[4]
El 27 de abril de 1275, Leonor Rodríguez de Castro hizo testamento en Santa Olalla, una copia se conservaba en el archivo general de la Orden de Calatrava. En él cedía a la Orden de Calatrava “la villa de Santa Olalla, entre Toledo y Talavera, para sustentar las monjas del Convento de San Felices de Amaya, donde se mandó sepultar”. Poco después hacia un codicilo para dejar la villa de Santa Olalla a su sobrino Pedro Fernández de Castro, hijo de su hermano Fernando Ruiz de Castro y de Urraca Díaz de Haro, con la condición de que la Orden de Calatrava la tuviera hasta que su sobrino tuviera descendencia legitima y si muriese sin hijos fuera para las dichas monjas. Pero los peores augurios se cumplieron y Pedro Fernández murió a los quince años sin hijos. Por lo que en diciembre de ese mismo año, se efectuaba la entrega efectiva de Santa Olalla al maestre calatravo y a la abadesa de San Felices.
Los deseos testamentarios de doña Leonor dejaban Santa Olalla fuera de la herencia nobiliaria de los Castro. La cuñada de doña Leonor, Urraca Díez de Haro que consideraba suya la villa la llego a legar en su testamento a su hermano, el señor de Vizcaya, don Lope Díaz de Haro, no estaba dispuesta a renunciar a sus derechos y recurrió al arbitraje de Alfonso X que fallo a favor de los calatravos y del monasterio de San Felices. Tras este varapalo su respuesta no se hizo esperar y pasó a formar parte de los partidarios de la sublevación contra Alfonso X y de la subida al trono del infante rebelde don Sancho. Pero en 1285, una vez coronado, Sancho IV confirma los derechos de los calatravos y del monasterio de San Felices, respetando el testamento de doña Leonor Rodríguez de Castro. Los calatravos tuvieron la villa durante casi veinte años, pero los Haro siguieron pleiteando hasta que llegaron a ganar la villa mediante uno de estos pleitos, tomándola don Diego Lope de Haro.[5]
En abril de 1321 el maestre calatravo Garci López de Padilla todavía defendía los intereses de la Orden, y pidió al infante don Juan Manuel que no comprara la villa de Santa Olalla, pero sus esfuerzos fueron inútiles y Santa Olalla no volvió a integrarse en el señorío calatravo.



[1] Foundation for Medieval Genealogy: Enlace a la ficha genealógica de Leonor Rodríguez de Castro, consultado el 29 de julio de 2014. http://fmg.ac/Projects/MedLands/CATALAN%20NOBILITY.htm#LeonorRodriguezCastrodied1275
[2] SALAZAR Y CASTRO, Luis: Historia genealógica de la Casa de Lara, (Madrid, 1697). Vol. III; pág. 91.
[3] Biblioteca Nacional de España: Confirmación de los Fueros de Santa Olalla por don Lope Díaz de Haro, (1321). Transcripción del siglo XVIII. Fol. 121-124.
[4] BELTRÁN PEPIÓ, Vicente: Poética, poesía y sociedad en la lírica medieval, (Verba Anexo 59, Universidad de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela, 2007). Pág. 31.
[5] RADES Y ANDRADA, Francisco: Crónica de las tres Órdenes y Caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara, (Imp. Juan de Ayala. Toledo, 1572). Pág. 46.

Escudo de la Casa de Castro
Con sus seis roeles azules

jueves, 20 de diciembre de 2018

El Arciprestazgo de Santa Olalla, una subdivisión eclesiástica hoy desaparecida


Al menos desde 1127 la iglesia de Santa Olalla es cabeza comarcal lo que conduce a que antes delo siglo XV Santa Olalla se convierta en la cabeza de un arciprestazgo que lleva su nombre, dentro de la archidiócesis de Toledo. El arciprestazgo estaba compuesto por todas las iglesias de la villa, San Julián, San Pedro, su auxiliar San Miguel y San Juan (la iglesia del convento), más las de Otero (Inmaculada), Domingo Pérez (Inmaculada), Erustes (Asunción), Malpica (San Pedro Apóstol), La Mata (San Juan Bautista), Carriches (Cátedra de San Pedro de Antioquia), Alcabón (Santo Tomas Cantauriense), Cespedosa (San Miguel Arcángel), Alanchete y Valverde (San Ildefonso), Villamuñíz, Techada, Coca (San Juan Bautista), Cuelgamuros, El Membrillar (Santa María del Membrillar), Adovea (San Miguel Arcángel), y Pedrillana (Santa María Magdalena).
En lo religioso también debemos añadir que en 1162 al erigirse en Toledo la basílica de Santa Leocadia, abadía canonical dependiente de la catedral toledana, pasa a formar parte de ella. El documento latino de los Cartularios de Toledo[1] del 11 de marzo de 1162, enviado por el arzobispo don Juan al prior de Santa Leocadia dice: "Sancte Eulalie in ville eodem nómine" ("La iglesia de Santa Eulalia en la villa de este nombre").
En las rentas diézmales del arciprestazgo tenían derechos los canónigos de la catedral de Toledo. Se sabe también que a mediados del siglo XVI el arcipreste nombró un vicario para encargarse junto con el señor de la villa de la administración de justicia.
En la Edad Moderna el arciprestazgo quedo unido al de Maqueda, denominándose “Arciprestazgo de Santa Olalla y Maqueda”, finalmente esta subdivisión eclesiástica desapareció quedando integrada Santa Olalla en el Arciprestazgo de Escalona, y otros pueblos del Arciprestazgo en el de Torrijos o en el de La Pueblanueva.
Un documento que nos aporta información sobre la situación de las Parroquias de Santa Olalla a finales de este periodo es el informe sobre las rentas del clero que remitieron muchos de los pueblos de la Archidiócesis en 1822 a petición de la Junta Diocesana.[2] En el caso de Santa Olalla el informe lo envía don Juan Bautista Merino, cura párroco de San Julián el 15 de noviembre de 1822, lo tomamos y transcribimos del estudio “Las rentas del clero en 1822, Arzobispado de Toledo” de don Ángel Fernández Collado.[3]
“En cuanto a las rentas y cargas de los predios rústicos indica don Juan Bautista Merino que la parroquia pose un predio rústico de cuarenta y dos fanegas de tierra que produce doce fanegas y seis celemines de trigo; igualmente ciento veinte olivas que producen al año 300 reales; y también cuatrocientas cepas que producen al año 60 reales. En cuanto a gastos, hay que descontar anualmente 174 reales y 6 maravedíes de contribución rústica y 194 reales de las cargas de misas, aniversarios, ofrenda y bulas de difuntos.
Las rentas anuales, antes de introducir el medio diezmo, calculadas según la media de un quinquenio, son especificadas a continuación. Copial: 43 fanegas y 3 celemines de trigo al año; 11 fanegas de cebada al año; y de maravedíes, 3.844 al año. Extracopial: de privativos, 2 fanegas, 7 celemines y dos cuartos de trigo al año; 3 fanegas y 9 celemines de cebada; 9 celemines de garbanzos; y 100 reales de hortalizas. Primicias anuales, por su cuarta parte: 9 fanegas, 4 celemines y 1 cuarto de trigo; 6 fanegas, 6 celemines y tres cuartos de cebada; 3 fanegas y 2 celemines de garbanzos; 2 fanegas y 10 celemines de algarrobas; 2 fanegas, 8 celemines y un cuarto de habas; 3 fanegas de avena; y 6 celemines de centeno. Los derechos de estola y de pie de altar ascienden a 500 reales al año.
Respecto a particularidades del pueblo y del curato señala las siguientes: el pueblo cuenta con 230 vecinos; es cabeza del arciprestazgo; es el pueblo más agricultor de toda esta comarca por cuya razón ofrece mucho empleo de servicio y para jornaleros forasteros; hay dos parroquias, 2 párrocos y varios beneficiados y puesto que existe un gran endeudamiento decimal, se entiende que la existencia de 2 párrocos o de uno solo en el pueblo será una cuestión que se planteara y resolverá la Junta Diocesana.”  



[1] HERNANDEZ MONTALBAN, Francisco J.: Los cartularios de Toledo: catálogo documental. (Fundación Ramón Areces, 1985).
[2] ARCHIVO CAPITULAR DE TOLEDO: Secretaria Capitular, II ; 8.
[3] FERNANDEZ COLLADO, Ángel: Las rentas del clero en 1822, Arzobispado de Toledo. (Instituto Teológico San Ildefonso. Diputación Provincial de Toledo. Toledo, 2005). Pág. 207.