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viernes, 16 de octubre de 2026

La Tribuna de Toledo – Una nueva versión del Entierro más famoso de Toledo

El periodista Javier Moreno ha recogido en el diario La Tribuna de Toledo del jueves, 16 de octubre de 2026 mi descubrimiento sobre una nueva versión del Entierro del Señor de Orgaz. Una versión del siglo XVI que amplía la corta lista de representaciones de esta escena, cuyo principal exponente es la que el Greco pintó para la iglesia de Santo Tomé de Toledo.

https://www.latribunadetoledo.es/noticia/z8b50e4f7-e236-4f25-8528b2699ca4d279/202610/una-nueva-vision-del-entierro-mas-famoso-de-toledo 

sábado, 10 de octubre de 2026

Entierro del Señor de Orgaz de José García Hidalgo, otra representación del entierro en el siglo XVII

Entierro del Señor de Orgaz por José García Hidalgo - 1674

La representación del entierro del Señor de Orgaz, erróneamente llamada tantas veces del Conde de Orgaz, es poco común al tratarse de un tema legendario, exclusivamente toledano y vinculado a los Condes de Orgaz. Por este motivo solo se conocen una decena de cuadros con esta representación.[1]

Lo que se ha tenido menos en cuenta es que también es un tema agustino, al tener a San Agustín como uno de los personajes protagonistas de la escena. Por este motivo algunos conventos agustinos de Toledo, Madrid e incluso de Ecuador y Perú,[2] completaron series de la vida del Santo fundador con esta escena.

Hoy podemos aportar el descubrimiento de un nuevo cuadro con este tema que recientemente ha aparecido en el mercado del arte,[3] y que ya forma parte de una colección particular toledana. Se suma esta nueva identificación a una decena de obras que ya conocíamos: encabezadas por la obra maestra del Greco para Santo Tomé en Toledo, donde está enterrado su protagonista don Gonzalo Ruiz de Toledo, de 1587; la versión del cuadro de su padre que pintó Jorge Manuel Theotocópuli, para la casa profesa de la Compañía de Jesús de Toledo y que desde 1901 está en el Museo del Prado; el boceto preparatorio de Miguel Jacinto Meléndez, conservado en el Museo Casa Natal de Jovellanos de Gijón; la versión definitiva de éste que pintó sobre el boceto de Meléndez, su discípulo Andrés de la Calleja conservado hoy en el Museo del Prado; el conservado en iglesia de San Julián de Santa Olalla que perteneció a los condes de Orgaz; otro cuadro anónimo de la colección de los Condes de Orgaz y que actualmente conservan en su casa de Ávila; otro pequeño cuadro anónimo del Museo de Santa Cruz de Toledo; y por último dos versiones de este tema en conventos agustinos de Hispanoamérica, el convento de San Agustín en Quito (Ecuador) y el Convento de San Agustín de la Visitación de Nuestra Señora de las Mercedes de Cuzco (Perú).

Entierro del Señor de Orgaz con su marco

Titulado en el catálogo como "Exequias de un caballero", es sin duda una versión desconocida hasta hoy del Entierro del Señor de Orgaz. Se trata de un óleo sobre lienzo de 24,5 x 33 cm. con un antiguo número de colección «58» en el ángulo inferior izquierdo. La obra es un pequeño boceto en forma de luneto cuyo estilo se corresponde plenamente con el de José García Hidalgo, a quien se atribuye la obra. Su remate en forma de medio punto indica que el lienzo definitivo, no sabemos si se llegó a realizar, pudo ser concebido para una decoración claustral.

José García Hidalgo (Villena, Alicante, 1645 - Madrid, 28 de julio de 1717)[4] fue un pintor, grabador y tratadista de pintura del barroco español. Muy activo durante el reinado de Carlos II y los primeros años del siglo XVIII, desarrolló una gran actividad en las ciudades de Valencia y Madrid.

 Autor del importante tratado de arte Principios para estudiar el nobilisimo y real arte de la pintura de 1693.[5]

Portadas del Tratado de pintura de José García Hidalgo

De su abundante obra pictórica, diecisiete de sus lienzos se conservan en el Museo del Prado. Destaca en su producción series para conventos agustinos y carmelitas, especialmente veinticuatro óleos dispersos de la historia de San Agustín que pintó en 1674 para el claustro de San Felipe el Real de Madrid.

En esta serie se encuadra nuestra pintura, de factura muy abocetada. De formato apaisado y rematado en arco, concebida probablemente como boceto para una pintura de mayor tamaño para una luneta.

En primer plano aparece el sepulcro abierto y, sobre él, el cuerpo de don Gonzalo Ruiz de Toledo, que está siendo depositado por San Agustín y San Esteban, tal como relata la tradición del milagro. El primero sostiene al difunto por la cabeza y el segundo por los pies. A la izquierda, de espaldas al espectador, aparece uno de los sacerdotes que ofician las exequias, mientras que al fondo se dispone un cortejo de nobles que asiste al entierro portando velas.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla: El Maestro, su hijo, sus discípulos y sus vínculos con Santa Olalla, residencia de los Condes de Orgaz. (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2014). Pág. 46. Ampliado en el Blog Eulaliense: https://eulaliense.blogspot.com/2024/03/el-otro-entierro-del-senor-de-orgaz-la.html

[2] GOMEZ FERNANDEZ-CABRERA, Jesús: La Villa de Orgaz, textos e imágenes, (Ayuntamiento de Orgaz. Orgaz, 2017). Pág. 339. Se puede ampliar información en la web de este mismo autor: www.villadeorgaz.es

[3] Ansorena: Catalogo de la Subasta 458, (Madrid, 29 y 30 de septiembre de 2026). Pág. 158. Lote: 641.

[4] Urrea Fernández, Jesús: El pintor José García Hidalgo, Archivo Español de Arte, XLVIII, n.º 190. (Madrid, 1975). Págs. 97-117.

[5] García Hidalgo, José: Principios para estudiar el nobilisimo y real arte de la pintura [1693], (Instituto de España. Madrid, 1965).


Conversión de San Agustín por José Garcia Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

Reina María Luisa de Orleans por José García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

Ordenación de San Agustín por Jose García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

San Agustín ante el emperador Honorio
por José Garcia Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

San Agustín discutiendo con el maniqueo Fortunato
por José García Hidalgo
Museo del Prado - Madrid

domingo, 4 de octubre de 2026

Falso grabado de Ntra. Sra. de la Piedad

Falso grabado coloreado de la Virgen de la Piedad de Santa Olalla
por Rafael Alcoba

La enorme devoción que Santa Olalla profesa a su patrona, la Virgen de la Piedad, ha hecho que sean muchas las representaciones que de ella se conservan y se siguen elaborando. Si contamos con un primer grabado antiguo de 1741,[1] en 2026 se ha elaborado otro nuevo que vamos a describir en el siguiente artículo.

Con la técnica del falso grabado coloreado el artista sevillano Rafael Alcoba Vasco ha concebido esta nueva estampa con una estética historicista. Al modo de los "Verdaderos retratos" del siglo XVIII. Pintado con bolígrafo, lápiz, grafito duro y oleo. Representa a la Virgen de la Piedad en su trono, entre cortinajes barrocos y dos jarrones con flores, en la parte baja una cartela para incluir un texto.

Esta representación se publicó y reprodujo por primera vez como portada de los libros de las fiestas de mayo de 2026 editado por el Ayuntamiento de Santa Olalla.[2] En la contraportada, acompañaba al grabado de la Virgen un querubín sosteniendo el escudo de Santa Olalla, pintado a modo de falso grabado coloreado también por Rafael Alcoba.



[1] Biblioteca Nacional de España: Nuestra Señora de la Piedad [Material gráfico] Autor Juan Bernabé Palomino, 1741. Descripción física: estampa; grabado calcográfico 282 x 162 milímetros. Signatura: INVENT/29975.

[2] Libro de las Fiestas Ntra. Sra. de la Piedad 2026. (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 2026).

Querubín con el escudo de Santa Olalla
por Rafael Alcoba

viernes, 18 de septiembre de 2026

Cristóbal de Fonseca y San Alonso de Orozco, declaración en el proceso de beatificación

 

Retrato de Alonso de Orozco

San Alonso de Orozco (Oropesa (Toledo), 17.X.1500 – Madrid, 19.IX.1591) fue un famoso agustino (OSA), escritor espiritual, predicador real y fundador de conventos.

            En 1566 cuando el santaolallero Cristóbal de Fonseca profesaba en Toledo,[1] San Alonso de Orozco estaba desarrollando precisamente su actividad fundadora en Talavera, donde estableció el convento de San Agustín el Viejo ese mismo año de 1566 y años después en 1573 el Convento de San Ildefonso de las Madres Agustinas. Es decir Fonseca entró en la Orden de San Agustín en un momento en que Orozco era ya una de sus grandes figuras espirituales.

Fonseca pertenece, por tanto, a la generación siguiente de la tradición agustiniana española. Pero ambos forman parte de una misma tradición intelectual y espiritual agustiniana, especialmente importante en Castilla durante el Siglo de Oro. La historiografía agustiniana ha estudiado precisamente la continuidad de la corriente en torno al tema del “Amor de Dios” en la que ambos autores se inscriben.

Al morir en 1591 Alonso de Orozco gozaba de fama de gran santidad, era conocido como “el Santo de San Felipe”, convento en el que murió y pasó buena parte de su vida. Su muerte produjo una gran conmoción, la documentación vaticana señala que después de su fallecimiento la ciudad de Madrid acudió masivamente a venerarlo, hasta el punto de que se llegaron a producir situaciones de gran aglomeración para conseguir reliquias u objetos relacionados con él.

La Orden de San Agustín impulsó el proceso y la causa diocesana se incoó en 1619, es decir, 28 años después de su muerte, llegando a incluir la declaración de 401 testigos.

Entre ellos había personas de muy distinta condición social, pero también personajes de relieve intelectual y eclesiástico. Declararon en el proceso escritores como Francisco de Quevedo y Lope de Vega, así como importantes nobles.

El Padre Fonseca fue uno de los agustinos testigos en el proceso de beatificación. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual de San Felipe el Real, había sido anteriormente su prior, que “tiene 65 años, poco más o menos” y que “conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos”.[2] Respondió únicamente a los artículos 8, 11, 15, 20, 21, 34 y 35 pero no aportó ningún detalle de relieve, fuera de que, habiendo entrado una vez a ver su celda el dominico fray Lorenzo Suárez de Figueroa y Córdoba, obispo de Sigüenza, salió asombrado de la aspereza de su cama “y por ser el dicho obispo muy devoto, mostró un linaje de envidia y de ternura en los ojos de haberle visto”, añadiendo que suponía que había conseguido verla un poco por la fuerza, “pues el bendito Padre Orozco a nadie la dejaba ver”.[3]

En 1603, Cristóbal de Fonseca estuvo presente en la traslación de los restos de Alonso de Orozco. Dieciséis años después, en 1619, cuando fue llamado a declarar en el proceso de beatificación, pudo aportar su testimonio personal sobre el estado en que había encontrado el cuerpo. Añade que presenció la exhumación de sus restos y puede testificar que, “después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo”.

En 1603 se trasladaron los restos de Orozco desde la antigua ubicación a la nueva iglesia del Colegio de Doña María de Aragón, y médicos de la Corte examinaron el cuerpo, declarando que se encontraba incorrupto. Fueron testigos de ello los padres Hernando de Rojas, rector del colegio, Agustín de la Mota, prior de San Felipe, Juan de Arenas, prior en 1619 del convento de Valladolid, Cristóbal de Fonseca, Agustín Fernández, “y otros Padres graves”.

Finalmente del padre Diego Ramírez se escribe que era predicador y conventual de San Felipe y de 58 años de edad. Que hizo declaración favorable sobre los padres Cristóbal de Fonseca, Diego Gutiérrez, Bartolomé de Legarda, Juan Quijano, Luis de los Ríos, Andrés de Urosa, Juan de los Santos, Alonso de Soto, Matías de Ontiveros y Juan de Medina. A algunos de ellos los conocía de cuarenta años a esta parte, a otros menos hasta ocho, pero de todos tenía un alto concepto por sus cualidades religiosas.

El proceso de beatificación se prolongó durante más de dos siglos y San Alonso fue finalmente beatificado por el papa León XIII el 15 de enero de 1882, y canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] ALONSO VAÑES, Carlos: Agustinos en el proceso de beatificación del Beato Alonso de Orozco. Estudio agustiniano: Revista del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid, Vol. 26, Fasc. 2-3. (Valladolid, 1991). Págs. 355-386

[3] Proceso original para la Beatificación de San Alonso de Orozco. (Madrid, 1619). Declaración de Fonseca en las páginas de 796 a 800.

Grabado del todavía Beato Alonso de Orozco

La Virgen inspira a San Alonso en su estudio: «escribe, escribe»

San Alonso de Orozco con Santo Tomás de Villanueva


martes, 18 de agosto de 2026

Una nueva publicación en la Revista Cultural Adovea 61 - 2025

Ya tengo entre mis manos el nuevo número de la Revista Cultural Adovea, editada por la Asociación Patrimonio Cultural Villa de Carriches. Un año más, tengo la satisfacción de participar en esta publicación, a la que he sido invitado nuevamente por su presidente, Sebastián Arrogante.

En este número público un nuevo artículo de carácter histórico: «El tren por Carriches – 150 años de la Línea Madrid-Lisboa», que podéis encontrar en las páginas 26 y 27.

La revista se edita en papel y se distribuye por Carriches, pero también podemos disfrutar de su edición digital a través del siguiente enlace.

[Enlace a Revista Adovea 2026]

La Revista es una magnífica iniciativa para conocer, conservar y divulgar el patrimonio y la historia del municipio de Carriches.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Crónica negra santaolallera en 1915 - Un inquietante suceso ocurrido en Santa Olalla

 

Una noticia publicada hace 111 años recoge el dramático suicidio de un joven de 21 años en Santa Olalla en el paraje de los Prados Baldíos

El periódico Diario Toledano, en su edición del jueves 24 de junio de 1915,[1] recogía un inquietante suceso ocurrido en Santa Olalla apenas un día antes. La noticia, remitida por un corresponsal del periódico, relataba el suicidio de un joven santaolallero de 21 años llamado Marceliano Sánchez Requena.

El suceso tuvo lugar en el paraje conocido como Prado Valdío, situado, según la crónica, a unos tres kilómetros del pueblo. El joven habría construido allí un pequeño chozo con mies de cebada y, tras introducirse en él, le prendió fuego. Cuando las llamas comenzaron a avanzar, se disparó con una antigua escopeta de pistón.

La noticia señala que el cadáver quedó completamente carbonizado y que, posteriormente, los médicos procedieron a practicarle la autopsia. La propia crónica describe el enorme impacto que el suceso provocó entre los vecinos de Santa Olalla, hasta el punto de que numerosos curiosos se desplazaron hasta el lugar para conocer lo ocurrido.

El periódico apuntaba además a un posible conflicto sentimental como uno de los motivos que habrían influido en la decisión del joven. Según el corresponsal, Marceliano había realizado determinados requerimientos amorosos a una joven de la localidad que los habría rechazado. Sin embargo, la noticia señalaba como causa principal otra circunstancia íntima relacionada con su salud y con el temor a que esta pudiera ser descubierta durante el reconocimiento médico previo a su incorporación al Ejército, prevista para el día siguiente; según los rumores que recoge el corresponsal el joven era impotente.

Como ocurre con muchas noticias de la prensa de aquella época, buena parte de la información procede de testimonios y rumores recogidos en el propio pueblo, por lo que algunos de los extremos relatados deben tomarse con cautela. La prensa de comienzos del siglo XX abordaba además este tipo de tragedias con un lenguaje y unos criterios muy diferentes a los actuales.

El caso resulta especialmente llamativo porque permite asomarnos, más de un siglo después, a un episodio de la vida cotidiana y social de Santa Olalla en 1915, cuando la localidad contaba con una población muy inferior a la actual y las noticias de un suceso de estas características se extendían rápidamente entre los vecinos.

Transcribimos la noticia de forma íntegra:

El suceso de Santa Olalla. Detalles interesantes. (De nuestro corresponsal)

Antes de suicidarse, hace un chozo de mies, se mete en él y lo incendia.—El cadáver, carbonizado.—El suicida era impotente.

Santa Olalla, 23.— Amplío y completo la referencia que telegrafié esta mañana del suicidio del joven de veintiún años Marceliano Sánchez Requena.

Han concurrido en el suceso circunstancias verdaderamente terribles, que acaban de conocerse. Ocurrió el suicidio en el sitio denominado «Prado Valdío», distante unos tres kilómetros de este pueblo.

Marceliano murió, en efecto, de un tiro de escopeta de pistón, que se disparó en la sien derecha; pero antes de producirse el disparo, hizo una especie de chozo con la mies de cebada que había por aquellos lugares, y después de meterse en él, lo prendió fuego. Cuando las llamas comenzaron a tomar incremento, Marceliano se llevó la boca del cañón de la escopeta a la sien derecha, y disparó el arma, quedando muerto en el acto. La choza quedó en breves momentos reducida a cenizas, y el cadáver del suicida, completamente carbonizado. La escopeta quedó también inutilizada por completo.

En lugar próximo se ha encontrado la caja de cerillas que usó Marceliano para quemar la choza. Parece exacto lo que en mi telegrama apuntaba acerca del disgusto que mostraba el desgraciado joven por haber desdeñado sus requerimientos amorosos una bella chica de esta localidad. Pero asegura que el móvil principal del suicidio ha sido el padecer Marceliano de impotencia.

Al siguiente día del suceso tenía que haber marchado del pueblo para incorporarse al Ejército, y temiendo, sin duda, que al reconocerle los médicos fuese descubierta su desgracia; resolvió evitarlo adoptando tan terrible resolución.

Al conocerse en el pueblo estos detalles, que han cundido en seguida de boca en boca, la dolorosa impresión causada en los primeros momentos ha aumentado considerablemente. Muchos curiosos han salido para «Prado Valdío» al objeto de ver el lugar del suceso. Otras personas han intentado ver el cadáver en el depósito judicial; pero las autoridades no han consentido la entrada sino de aquellos que en dicho lugar tenían que cumplir alguna obligación.

A la hora en que termino esta información, los médicos están practicando la autopsia del cadáver. Es horrible el aspecto que éste ofrece. Las ropas están quemadas enteramente, y la carne se halla muy renegrida, viéndose en la cabeza un enorme cuajarón de sangre.



[1] Diario Toledano: Suceso en Santa Olalla – Detalles interesantes. (Toledo. Jueves, 24 de junio de 1915).

jueves, 16 de julio de 2026

Escapularios de la Virgen del Carmen de Santa Olalla

 

A lo largo de este año se ha ejecutado una minuciosa restauración del juego de escapularios de la Virgen del Carmen de Santa Olalla, escapulario grande de la Virgen y escapulario del Niño, piezas bordadas a mano en el siglo XIX.[1]

La restauración y traspaso del bordado a una seda antigua la ha llevado a cabo Andrés Rodríguez Novillo, modisto y experto en restauración de textiles antiguos.

Se ha renovado el grabado sobre tela de lienzo, de la imagen central, eligiendo para ello una estampa antigua de la misma época.

La restauración ha sido costeada por una familia de Santa Olalla devota del Cristo de la Caridad y de la Virgen del Carmen, que han preferido permanecer en el anonimato.



[1] Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026). Pág. 15.

Restauración del escapulario en 2026

Estado del escapulario antes de su restauración

Grabado antiguo de la Virgen del Carmen

sábado, 11 de julio de 2026

Portada 2026 del Cristo de la Caridad, acuarela de José Manuel Salamanca

         La portada de la Revista del Cristo de la Caridad 2026 ha sorprendido por su calidad artística. Se trata de una acuarela pintada por José Manuel Salamanca Escobedo, médico, pintor y hermano del Cristo de la Caridad.[1]

Esta acuarela res una interpretación artística y devocional del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, concebida como una imagen de carácter votivo en la que se combinan elementos religiosos, heráldicos y paisajísticos propios de la tradición barroca, el propio autor la ha titulado: “Cristo de la Caridad con ángeles custodios”.

La composición está organizada en torno a un gran marco fingido de estilo barroco, ricamente dorado y decorado con roleos, querubines y elementos vegetales. En la cartela superior puede leerse la inscripción en latín: «Sanctissimus Christus Caritatis - Sancta Eulaliam», que identifica a la advocación y a la localidad. Además, en la parte baja podemos leer: «Anno Domini MMXXVI – JM Salamanca»

En el centro de la obra domina la figura del Cristo crucificado, con su característico faldellín rojo. En la Cruz y la peana también reproduce sus espejos y su característica policromía verde y dorada.

Tras la cruz se abre un cielo de nubes grises que enmarca dos símbolos cósmicos tradicionales: un sol y una luna antropomorfos, entre nubes. Ambos evocan el relato evangélico de la Crucifixión y son un motivo frecuente en la iconografía cristiana desde la Edad Media.

En segundo plano aparece la iglesia de San Julián de Santa Olalla, reconocible por su torre y su amplia fachada.

Más que una reproducción literal, la obra constituye una interpretación iconográfica que combina fidelidad al Cristo de la Caridad con una recreación idealizada de su contexto histórico y espiritual. El resultado recuerda a las antiguas estampas devocionales y a los pequeños retablos pintados, actualizados mediante una técnica delicada y luminosa. Esta obra conmemorativa une patrimonio, fe e identidad local en una única composición, que una vez publicada se suma ya al patrimonio artístico y bibliográfico de Santa Olalla.

La imagen central del Cristo también se utilizó para decorar un abanico de cartón que se repartió durante el encendido de los Barreñones de Fuego 2026, acompañado de otros dibujos obra de Rafael Alcoba y con el Romance de Barreñones compuesto por Josué López Muñoz en el reverso. 



[1] Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026).

Abanico de cartón del Cristo de la Caridad de Santa Olalla
Romance de Barreñones impreso en el abanico de cartón

martes, 7 de julio de 2026

Etapas de una fiesta histórica (Las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla)

Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa
Catedral de Toledo - 1788

Las fiestas que Santa Olalla celebra cada 16 de julio en honor del Cristo de la Caridad son sin lugar a dudas las más antiguas de cuantas se siguen celebrando en nuestra comarca. Más de ochocientos años ha pervivido su celebración que ha ido evolucionando en cada época.[1]

Estatua orante de Diego Lope de Haro
Catedral de Toledo - Finales del siglo XV

1212 - El Origen Medieval de la Fiesta

El origen de la fiesta está claramente fijado en el 16 de julio de 1212 cuando don Diego Lope de Haro, vinculado por su hermana Mencía al Señorío de Santa Olalla, participa heroicamente en la victoria de las Navas de Tolosa, probablemente la victoria más trascendental de la Reconquista.

Desde esa fecha se establece que sea fiesta solemne, con el título de fiesta del Triunfo de la Cruz, en los pueblos del Arzobispado de Toledo, pero con mayor intensidad se establece la celebración en los pueblos del Señorío de Santa Olalla: La Mata, Domingo Pérez, Otero, Carriches, Erustes y Santa Olalla, junto a otros núcleos hoy desaparecidos.

El Crito de la Caridad en un galeón por el Atlántico
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

Siglo XVI – La Santa Caridad y un Cristo Novohispano

En el siglo XVI se funda en Santa Olalla la Cofradía de la Santa Caridad que tenía entre sus obligaciones dar cristiana sepultura a aquellos pobres solemnidad que no pudieran pagarla. Esta cofradía recibió como donación por parte de alguno de los muchos santaolalleros emigrados al nuevo continente, la imagen de un Crucificado de gran tamaño, un Cristo elaborado con una técnica colonial, con caña de maíz y llegado desde Nueva España, el actual Miochacán en México.

El fraile canario Matías de Escobar dijo de estas imágenes: “Las imágenes vestían la traza española con el ropaje indiano, […] se paga tanto el Señor de ver consagradas aquellas cañas en imágenes suyas que quiere obrar por ellas las mayores maravillas”.

La peste o la muerte con un reloj de arena
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

1598 – La Peste y el Voto al Cristo

A finales del siglo XVI la peste bubónica hizo estragos entre la población de Santa Olalla, se calcula que llegaron a fallecer hasta seiscientas personas. Cuenta la leyenda que en aquel momento de oscuridad, los santaolalleros hicieron voto solemne encomendándose al Cristo de la Santa Caridad. Al sanar la población, las antiguas fiestas del Triunfo de la Cruz se transformaron en las fiestas del Cristo de la Caridad, manteniendo su fecha del 16 de julio.

Desde entonces, el Cristo se convirtió en el protector de la salud de los santaolalleros, que se encomendaban a él bajo el lema “In te nostra salus”. Su fama y milagros llegaron incluso hasta la Puebla de Montalbán, donde también comenzaron a celebrar su fiesta.

Este voto solemne se ha renovado al finalizar otras epidemias que azotaron a nuestro pueblo, como el cólera morbo de 1885, o más recientemente en 2020 en medio de la pandemia de Coronavirus.

Santa Faz, en la cúpula de la Capilla del Cristo de la Caridad
Luis Cosón - 1726

Siglo XVII – El Arte al servicio de la Cofradía

Todo lo acontecido provocó que la devoción al Cristo de la Caridad creciera enormemente y su imagen fuera protegida por ilustres personajes, como los Condes de Orgaz o el escritor Cristóbal de Fonseca.

En esta época se levanta su nueva capilla; en 1625 se coloca en ella su retablo obra del escultor Toribio González; en 1694 se encarga para el Cristo la cruz rococó con espejos que tiene actualmente; en 1701 se añaden las andas en el mismo estilo; y como culmen de esta época, en 1726 se decora la cúpula de la capilla con unas valiosas pinturas al temple, obra del pintor de origen flamenco Luis Cosón.

Barreñones de fuego en 2025
Foto de Jesús del Castillo (Objetivo Tradición)

Siglo XVIII – Las tradiciones enriquecen la fiesta

La fiesta del Cristo de la Caridad en aquella época era la fiesta principal de Santa Olalla y para engrandecerla se suman a ella una serie de actos que en sus orígenes provenían del Concejo de la villa o de otras Cofradías pero que solo por esta celebración han llegado hasta nuestros días.

Desde 1722 encontramos referencias documentales del alumbrado de la plaza para esta fiesta con los Barreñones y tenemos también una descripción del artefacto de los Barreñones: “la iluminación se hace a base de candilejas, faroles de todos los colores, hachas de viento y otras luces. Cinco pirámides con una ziguiñuela la hacían dar vueltas sin parar, en la que había ocho barreñones encendidos con las mismas materias, que así mismo daban mucha luz”.

Otra de las tradiciones que se sumaron al Cristo fue la Soldadesca de Animas que ejecutaba en esta fiesta diversos bailes grotescos como la danza de paloteo o el baile de la bandera que se documenta por primera vez vinculado al Cristo en 1720. Los bailes populares de jotas formaban parte elemental de la fiesta, como también lo eran los toros, en 1626 el alcalde de Santa Olalla decía “que se corran dos o tres toros para fiesta de la Cruz”, y pocos años después “que se corran y maten dos toros con capea, buscándolos donde los haya”, con los años los toros pasarían a vincularse a las fiestas de la Virgen de la Piedad cuando estas comenzaron a ser las fiestas mayores.

Baile de las Cintas en 2025
Foto de Juan Oeo

Dos de los danzantes del Baile de la Bandera en 2025
Foto Juan Oeo

La actualidad – El resurgir de la fiesta

Actualmente, cuando avanzamos por el segundo cuarto del siglo XXI, los santaolalleros conocedores del valor inmaterial de esta fiesta nos hemos sentido en la obligación de conservarla, engrandecerla y difundirla. Conocedores del legado recibido el Ayuntamiento y la Hermandad han logrado en pocos años volver a convertir esta fiesta en una referencia para Santa Olalla y su comarca, referencia en los actos lúdicos y festivos y también en las singulares tradiciones que la componen.

Se han potenciado las tradiciones más peculiares como los barreñones y el baile de la bandera, se ha recuperado el baile del “palo y las cintas”, se han sacado partituras y grabado las melodías de estos bailes, compuesto y grabado la Jota Santaolallera, el Romance de Barreñones y las Coplillas de las Antiguas Tierras.

Cada año un intercambio nos acerca a un pueblo toledano donde también bailan la bandera, cada uno a su “modo”. Un mercadillo local, rutas de historia local para los niños, un campeonato de juego de la Rana y otros juegos populares en las Olimpiadas Rurales que ya van por su tercera edición.

Todo lo dicho supone valor en el presente y la mejor herencia que debemos cuidar para que la puedan recibir los futuros santaolalleros.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Etapas de una fiesta histórica, las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla. Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026). Pág. 21.