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martes, 7 de julio de 2026

Etapas de una fiesta histórica (Las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla)

Triunfo de la Santa Cruz en la Batalla de las Navas de Tolosa
Catedral de Toledo - 1788

Las fiestas que Santa Olalla celebra cada 16 de julio en honor del Cristo de la Caridad son sin lugar a dudas las más antiguas de cuantas se siguen celebrando en nuestra comarca. Más de ochocientos años ha pervivido su celebración que ha ido evolucionando en cada época.[1]

Estatua orante de Diego Lope de Haro
Catedral de Toledo - Finales del siglo XV

1212 - El Origen Medieval de la Fiesta

El origen de la fiesta está claramente fijado en el 16 de julio de 1212 cuando don Diego Lope de Haro, vinculado por su hermana Mencía al Señorío de Santa Olalla, participa heroicamente en la victoria de las Navas de Tolosa, probablemente la victoria más trascendental de la Reconquista.

Desde esa fecha se establece que sea fiesta solemne, con el título de fiesta del Triunfo de la Cruz, en los pueblos del Arzobispado de Toledo, pero con mayor intensidad se establece la celebración en los pueblos del Señorío de Santa Olalla: La Mata, Domingo Pérez, Otero, Carriches, Erustes y Santa Olalla, junto a otros núcleos hoy desaparecidos.

El Crito de la Caridad en un galeón por el Atlántico
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

Siglo XVI – La Santa Caridad y un Cristo Novohispano

En el siglo XVI se funda en Santa Olalla la Cofradía de la Santa Caridad que tenía entre sus obligaciones dar cristiana sepultura a aquellos pobres solemnidad que no pudieran pagarla. Esta cofradía recibió como donación por parte de alguno de los muchos santaolalleros emigrados al nuevo continente, la imagen de un Crucificado de gran tamaño, un Cristo elaborado con una técnica colonial, con caña de maíz y llegado desde Nueva España, el actual Miochacán en México.

El fraile canario Matías de Escobar dijo de estas imágenes: “Las imágenes vestían la traza española con el ropaje indiano, […] se paga tanto el Señor de ver consagradas aquellas cañas en imágenes suyas que quiere obrar por ellas las mayores maravillas”.

La peste o la muerte con un reloj de arena
Detalle de un grabado de Bruno Halcón

1598 – La Peste y el Voto al Cristo

A finales del siglo XVI la peste bubónica hizo estragos entre la población de Santa Olalla, se calcula que llegaron a fallecer hasta seiscientas personas. Cuenta la leyenda que en aquel momento de oscuridad, los santaolalleros hicieron voto solemne encomendándose al Cristo de la Santa Caridad. Al sanar la población, las antiguas fiestas del Triunfo de la Cruz se transformaron en las fiestas del Cristo de la Caridad, manteniendo su fecha del 16 de julio.

Desde entonces, el Cristo se convirtió en el protector de la salud de los santaolalleros, que se encomendaban a él bajo el lema “In te nostra salus”. Su fama y milagros llegaron incluso hasta la Puebla de Montalbán, donde también comenzaron a celebrar su fiesta.

Este voto solemne se ha renovado al finalizar otras epidemias que azotaron a nuestro pueblo, como el cólera morbo de 1885, o más recientemente en 2020 en medio de la pandemia de Coronavirus.

Santa Faz, en la cúpula de la Capilla del Cristo de la Caridad
Luis Cosón - 1726

Siglo XVII – El Arte al servicio de la Cofradía

Todo lo acontecido provocó que la devoción al Cristo de la Caridad creciera enormemente y su imagen fuera protegida por ilustres personajes, como los Condes de Orgaz o el escritor Cristóbal de Fonseca.

En esta época se levanta su nueva capilla; en 1625 se coloca en ella su retablo obra del escultor Toribio González; en 1694 se encarga para el Cristo la cruz rococó con espejos que tiene actualmente; en 1701 se añaden las andas en el mismo estilo; y como culmen de esta época, en 1726 se decora la cúpula de la capilla con unas valiosas pinturas al temple, obra del pintor de origen flamenco Luis Cosón.

Barreñones de fuego en 2025
Foto de Jesús del Castillo (Objetivo Tradición)

Siglo XVIII – Las tradiciones enriquecen la fiesta

La fiesta del Cristo de la Caridad en aquella época era la fiesta principal de Santa Olalla y para engrandecerla se suman a ella una serie de actos que en sus orígenes provenían del Concejo de la villa o de otras Cofradías pero que solo por esta celebración han llegado hasta nuestros días.

Desde 1722 encontramos referencias documentales del alumbrado de la plaza para esta fiesta con los Barreñones y tenemos también una descripción del artefacto de los Barreñones: “la iluminación se hace a base de candilejas, faroles de todos los colores, hachas de viento y otras luces. Cinco pirámides con una ziguiñuela la hacían dar vueltas sin parar, en la que había ocho barreñones encendidos con las mismas materias, que así mismo daban mucha luz”.

Otra de las tradiciones que se sumaron al Cristo fue la Soldadesca de Animas que ejecutaba en esta fiesta diversos bailes grotescos como la danza de paloteo o el baile de la bandera que se documenta por primera vez vinculado al Cristo en 1720. Los bailes populares de jotas formaban parte elemental de la fiesta, como también lo eran los toros, en 1626 el alcalde de Santa Olalla decía “que se corran dos o tres toros para fiesta de la Cruz”, y pocos años después “que se corran y maten dos toros con capea, buscándolos donde los haya”, con los años los toros pasarían a vincularse a las fiestas de la Virgen de la Piedad cuando estas comenzaron a ser las fiestas mayores.

Baile de las Cintas en 2025
Foto de Juan Oeo

Dos de los danzantes del Baile de la Bandera en 2025
Foto Juan Oeo

La actualidad – El resurgir de la fiesta

Actualmente, cuando avanzamos por el segundo cuarto del siglo XXI, los santaolalleros conocedores del valor inmaterial de esta fiesta nos hemos sentido en la obligación de conservarla, engrandecerla y difundirla. Conocedores del legado recibido el Ayuntamiento y la Hermandad han logrado en pocos años volver a convertir esta fiesta en una referencia para Santa Olalla y su comarca, referencia en los actos lúdicos y festivos y también en las singulares tradiciones que la componen.

Se han potenciado las tradiciones más peculiares como los barreñones y el baile de la bandera, se ha recuperado el baile del “palo y las cintas”, se han sacado partituras y grabado las melodías de estos bailes, compuesto y grabado la Jota Santaolallera, el Romance de Barreñones y las Coplillas de las Antiguas Tierras.

Cada año un intercambio nos acerca a un pueblo toledano donde también bailan la bandera, cada uno a su “modo”. Un mercadillo local, rutas de historia local para los niños, un campeonato de juego de la Rana y otros juegos populares en las Olimpiadas Rurales que ya van por su tercera edición.

Todo lo dicho supone valor en el presente y la mejor herencia que debemos cuidar para que la puedan recibir los futuros santaolalleros.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Etapas de una fiesta histórica, las Fiestas del Cristo de la Caridad de Santa Olalla. Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026). Pág. 21.



viernes, 13 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, reconocimientos de Cervantes a Lope de Vega


Supuesto retrato de Miguel de Cervantes
Atribuido a Juan de Jauregui - 1600

La obra de Cristóbal de Fonseca fue ensalzada por Miguel de Cervantes (1547-1616) en la primera parte del Quijote (1605), que lo recuerda en el prólogo, cuando relata la conversación con un amigo que le da ideas para que cite a escritores que darán renombre a su novela, dice: «Si trataredes de amores, con dos onzas que sepáis de la lengua toscana, topareis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia».[1]  Al decir “Del amor de Dios”, Cervantes se está refiriendo a la obra de Fonseca “Tratado del amor de Dios” de 1592, parece probado que esta referencia Cervantes la hace con cierta ironía como veremos más adelante.

Félix Lope de Vega
Anónimo madrileño

Lope de Vega (1562-1635) lo recuerda en una de sus composiciones poéticas de Jerusalén conquistada (1609). Al margen de la estrofa que transcribimos a continuación se puede leer «Al M.F. Cristóbal de Fonseca merecidísimo de toda alabanza».[2]

«Fonseca universal, fuente perenne,

Ya no Fonseca, sino fuente viva,

Pues en admiración el mundo tiene

Tu misma pluma, tu alabanza escriba».

El dramaturgo y actor Andrés de Claramonte y Corroy (Murcia, 1560?-Madrid, 1626) en su Letanía Moral dice de él: «El padre maestro Fonseca, del hábito agustino, padre de tantos que han enriquecido a España, insigne predicador».

Grabado de Vicente Espinel

Vicente Espinel (1551-1624) en su obra Vida del escudero Marcos de Obregón (1618) dice: «El padre maestro Fonseca escribió divinamente del amor de Dios, y con ser materia tan alta, tiene muchas cosas donde puede el ingenio espaciarse y vagarse con deleite y gusto, que ni siempre se ha de ir con el rigor de la doctrina, ni siempre se ha de caminar con la flojedad del entretenimiento: lugar tiene la moralidad para el deleite, y, espacio el deleite para la doctrina; que la virtud (mirada cerca) tiene grandes gustos para quien la quiere; y el deleite y entretenimiento dan mucha ocasión para considerar el fin de las cosas».[3]

San Francisco de Sales
por Francisco Bayeu y Subìas

También un santo contemporáneo suyo, San Francisco de Sales (1567-1622), cita el “Tratado del Amor de Dios” en su obra de similares características “Practica del Amor de Dios”. «En nuestra edad han escrito muchos, cuyos libros por faltarme tiempo, no he leído distintamente, sino por partes, procurando reconocer si esta obra mía podrá tener lugar entre ellos. El p. Fr. Luis de Granada, maestro grande de santidad, tiene en su Memorial un tratado del Amor de Dios, que para decir cuan digno es de recomendación, basta decir que es suyo. Fray Diego de Estela, de la Orden de San Francisco hizo otro muy afectuoso, y útil para la oración. Fr. Cristóbal de Fonseca, Religioso Agustino, dio a luz otro más dilatado, en que dice muchas cosas buenas».[4]

Los recopilatorios de autores de la orden agustina de su época también le citan y nos dan alguna breve reseña bibliográfica: el padre Graciano en su Anastasis Augustiniana (1613); Tomas de Herrera el su Alphabetum «Christophurus de Fonseca celebris suo tempore concionator, non ignobilia ingenii sui reliquit posteris monumenta», que traducido del latin viene a decir «Cristobal de Fonseca, predicador famoso en su tiempo, dejó a la posteridad monumentos no insignificantes de su genio»; y también Tomas de Herrera le vuelve a citar en su Historia del convento agustino de Salamanca.

Marcelino Menéndez Pelayo
por José Moreno Carbonero - 1912

Pero no todo han sido elogios para Fonseca. El insigne crítico Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) cree excesivos y desproporcionados tan destacadas alabanzas, transcribimos su opinión crítica sobre Cristóbal de Fonseca:

«A los que hayan admirado lo que el beato Orozco, fray Juan de los Ángeles y Malón de Chaide especularon sobre el amor divino, muy poco les quedará que saborear en el famoso Tratado del amor de Dios, del maestro Cristóbal de Fonseca, de la Orden de San Agustín, libro de verdadera decadencia, farragoso y pedantesco, y tal que sólo debe la reputación que disfruta, entre los que no le han leído, a la casualidad de haberle citado Cervantes en el prólogo del Quijote, nada menos que en cotejo con León Hebreo:  «Y si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a Fonseca, Del Amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más ingenioso acertare a desear en tal materia». Como siempre es título de autoridad para un libro el haber formado parte de la biblioteca cervantesca, la sombra del gran novelador ha protegido a Fonseca, que es, sin duda (para hablar claro), uno de los menos originales y de los más pesados místicos españoles. Sólo a título de compilador, aunque desaliñado y sin arte, puede tener su valor, y esto para quien no conozca los originales que saqueó a manos llenas. El libro pertenece a la categoría de los llamados predicables, es decir, de los repertorios de lugares comunes, sentencias y textos para uso de los predicadores (Fonseca lo era de mucha fama), sin una centella de espíritu propio en el autor. Hasta el estilo, que todavía es de buen tiempo, se mueve lánguido y perezoso, obstruido por innumerables alegaciones de los antiguos y de los Santos Padres. No he encontrado un solo razonamiento que me llame la atención, ni por su novedad ni por la manera de expresarle: frases sueltas hay algunas muy felices, y es lo menos que se puede pedir a un libro de esa época. Sirvan de ejemplo las siguientes; «El Amor entróse por esos cielos, y cogiendo a Dios, no flaco, sino fuerte, no en el trono de la Cruz, sino de su Majestad y gloria, luchó con él hasta baxarle del cielo, hasta quitarle la vida... Porque nadie es tan fuerte como el Amor, ni aun la muerte, porque puso el Amor la bandera en lo más alto de los homenajes de Dios». El historiador de la Estética puede pasar de largo por delante de este libro tan ponderado, donde lo poco bueno que hay es de Platón, del falso Areopagita, y de todo el género humano».[5]

Otro critico M. Solana, más comedido, nos dice en referencia al Tratado del Amor de Dios: «En suma, es un buen libro, aunque no llegue a ser un gran libro».

Ya en los siglos XIX y XX se convirtió en una referencia para Santa Olalla y es citado como ilustre eulaliense en numerosas ocasiones, de las que destacamos algunas a continuación.

El geógrafo, historiador y político afrancesado Sebastián de Miñano y Bedoya (Becerril de Campos (Palencia), 1779 - Bayona, 1845) le cita en 1827 dentro de la extensa referencia que hace de Santa Olalla en su “Diccionario Geográfico estadístico de España y Portugal”: «Es patria del historiador Alvar Gómez de Castro, catedrático de humanidades y de lengua griega en Alcalá, encargado por Felipe II para el reconocimiento y corrección de las obras de San Isidoro y de Orígenes, escribió también comentarios sobre los hechos del cardenal Cisneros y otras varias obras; y del predicador Cristóbal de Fonseca, que floreció en el siglo XVI».[6]

El escritor Pedro Antonio de Alarcón (Guadix (Granada), 1833 - Madrid, 1891) le cita en 1883 en su estupendo libro de viajes “Viajes por España”: «y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos».[7]

El escritor y periodista navarro Félix Urabayen, afincado en Toledo y gran conocedor de su provincia, dijo de él en 1928: «Podemos ir a Santa Olalla, a olfatear el rastro erudito de fray Cristóbal de Fonseca, probable autor del falso Quijote».[8]

Un retrato suyo se encuentra en la colección de ilustres toledanos del cardenal Lorenzana, conservada y expuesta actualmente en la Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar de Toledo. Son retratos pintados de manera anacrónica por Dionisio de Santiago y Palomares entre 1780 y 1800, suponemos que este pintor se inspiró en el retrato de Cristóbal de Fonseca que en aquellos tiempos todavía conservaría el convento de agustinos de Toledo, según nos informaba el padre Gregorio de Santiago Vela.

Una calle del centro de Santa Olalla lleva su nombre y en 2015 coincidiendo con el V Centenario del nacimiento de Alvar Gómez de Castro se le homenajeo junto a este y a Alonso Palomino colocando un panel de cerámica de Talavera en la Casa de Cultura de Santa Olalla en homenaje “a estos tres ilustres eulalienses del siglo de Oro”.[9]



[1] CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1605). Prólogo. Pág. 13.

[2] LOPE DE VEGA Y CARPIO: Félix: Jerusalén Conquistada -epopeya trágica-, (Imp. Juan de la Cuesta. Madrid, 1609). Capítulo Decimonono. Pág. 498.

[3] ESPINEL, Vicente: Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón, (Juan de la Cuesta. Madrid, 1618). Prólogo. Pág. 11.

[4] SALES, San Francisco de Sales: Practica del Amor de Dios, (Imp. Andrés Ortega. Madrid, 1768). Traducción de su original en francés.

[5] MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino: Historia de las ideas estéticas, (Madrid, 1883-1889). Vol. II. Pág. de 580 a 582.

[6] MIÑANO Y BEDOYA, Sebastián de: Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal, (Imp. Pierarte-Peralta. Madrid, 1827). Tomo VII, pág. 123.

[7] ALARCÓN Y ARIZA, Pedro Antonio de: Viajes por España, (Imprenta de Antonio Pérez Dubrull. Madrid, 1883).

[8] URABAYEN GUINDO, Félix: Por los senderos del mundo creyente, (Espasa-Calpe. Madrid, 1928). Pág. 220.

[9] MORENO, Javier: Santa Olalla recordará la obra de Gómez de Castro en su quinto centenario, (La Tribuna de Toledo. Toledo; martes, 1 de diciembre de 2015).

Mural cerámico a los tres eulalienses del Siglo de Oro
Ayuntamiento de Santa Olalla - 2015

domingo, 22 de diciembre de 2024

La primera fotografía aérea de Santa Olalla

 

Ya desde el siglo XIX y pocas décadas después del nacimiento de la fotografía surgió la fotografía aérea. Pero las dificultades técnicas del momento impedían que fuera algo muy difundido, tardaría un siglo en que pequeños municipios fueran fotografiados desde el aire.

La primera fotografía aérea que yo conozco de Santa Olalla es esta tomada en el verano de 1936, al iniciarse la Guerra Civil Española. La imagen de color sepia, tomada con seguridad desde alguna avioneta militar, nos muestra el casco urbano del municipio con sus casitas de planta baja con sus corrales cada uno de ellas, solo en el centro se distinguen algunas casas de dos plantas, agrupadas en torno a las calles principales del pueblo y a las plazas que se abren en ellas, se ven las dos iglesias.

Llama la atención en el primer plano de la foto, tomada desde el entorno del camino de Domingo Pérez como abundan en esas parcelas pegadas al pueblo un gran número de eras, con su forma circular, se distinguen en ellas los montones de grano y algunas personas y animales de tiro trabajando en la limpieza del cereal.

Sin duda esta imagen es un documento excepcional que no solo nos muestra la fisonomía de Santa Olalla en los años 30 del siglo XX, sino que también es un documento precioso que ha dejado recogida la vida agrícola de los santaolalleros en esa época.  

jueves, 5 de septiembre de 2024

Alcabón una larga historia, el gran libro de un pueblo vecino

 

Cuando se escribe un libro de historia local, que en nuestros pueblos es algo que se da muy de cuando en cuando, se abre una nueva ventana para conocer la historia de ese municipio.

Y viéndolo desde un pueblo vecino, esa ventana también se abre para nuestra propia historia, pues nos da una visión diferente y nos permite conocer documentos que siendo suyos en muchos casos también hablan o nos influyen a nosotros.

Este es el caso del libro «Alcabón, una larga historia» que han escrito Mariano Maroto Garrido y Esperanza Martín Montes. Un gran libro y no solo por su volumen, 660 páginas de gran formato, sino sobre todo por la enorme investigación que lleva detrás.

Tengo la suerte de conocer a sus autores y se la pasión que han puesto en esta obra. Para Mariano es el gran libro de su pueblo, su obra más querida y mimada, para la que no ha escatimado esfuerzos. Esperanza, compañera de tantas otras publicaciones de Mariano, también se ha visto contagiada de esa misma ilusión y se ha hecho alcabonera en sus páginas.

Casi desde los inicios supe del encargo de este libro por parte del ayuntamiento que preside otro amigo, José Congosto, y he podido aportarles mis consideraciones en aquellos aspectos que nos afectaban como pueblos vecinos, y casi siempre pueblos amigos. Esa ayuda me ha venido devuelta en forma de citas que se reparten por diversos capítulos del libro.

Este es uno de esos libros que no es necesario comenzar de manera ordenada, por eso os recomendaría especialmente capítulos como “El pleito con Santa Olalla. La Cespedosa”, las descripciones de su hermosa iglesia y de su ermita de la Virgen de la Aurora, o las biografías de algunos personajes como “Petra Corral, la doncella de Alcabón” o “Lucio Dueñas, el cura carlista de Alcabón”.

El libro, que recomiendo sin duda, se puede adquirir a un módico precio en el Ayuntamiento de Alcabón.

domingo, 23 de junio de 2024

La Fuente del Higo

 

La originalmente conocida como Fuente Nueva, aunque el que ha trascendido ha sido su nombre popular de Fuente del Higo. Esta fuente es el más reciente de los pocos testimonios que han perdurado del sistema de abastecimiento de agua a la población de Santa Olalla previo a la llegada del agua corriente a las casas más de veinte años después de la construcción de esta fuente.

El pequeño surtidor de fundición con pila de piedra y la canalización del agua desde un manantial denominado del Higo hasta la fuente tuvo lugar en 1934, durante el periodo de la II República.

Hasta seis surtidores llegó a tener Santa Olalla, a este de la Fuente del Higo se sumaban: la Fuente Grande de San Pedro, la Fuente de la Glorieta, el Abrevadero, el Caño y los Lavaderos.

Esta pequeña fuente está situada en el margen de la carretera Santa Olalla-El Carpio, conocida popularmente como carretera de la Estación por estar situada en su trayecto la antigua estación de ferrocarril Santa Olalla-Carmena. Pese a ser por tamaño una pequeña infraestructura, fue de gran importancia para el nuevo barrio de “La Guindalera” que desde principios del siglo XX estaba en pleno crecimiento y que también se favoreció de la construcción del Colegio Público Ntra. Sra. de la Piedad inaugurado el 15 de mayo de 1932.

Se trata de una pequeña fuente de fundición, con la cabeza de un león por cuya boca sale el único caño de la fuente. Con pila de piedra de granito.

En el año 1998 el Ayuntamiento de Santa Olalla restauro la fuente y ordeno la zona, creando un coqueto rincón en ese margen dela Calle Hermanos Calderón.

La fuente, como tantas otras, era escenario de pictóricas escenas de la vida popular de la villa. Allí muchas mozas y mozos del pueblo vivieron sus primeros amores, cuando iban a por agua, y es que ya dice el refrán popular: "tanto va el cántaro a la fuente...".

lunes, 26 de febrero de 2024

Vitrina Cero - Molino de mano barquiforme


 

Molino de mano barquiforme

Muela durmiente con sección ovalada. Presenta un rebaje cóncavo sobre el cual se practicaba la molienda, por lo que aparece completamente pulida por frotación. Para hacer una recreación se ha colocado sobre ella un canto rodado para simular la mano o moledora. Su uso comenzó en el Neolítico Final, coincidiendo con el desarrollo de la agricultura y su utilización se extendió al menos hasta la romanización.                                                                                                                        

La piedra base se colocaría entre las piernas, mientras que a la piedra móvil se la imprimía un movimiento circular, reduciendo a harina pequeñas cantidades de grano de cereal o bellotas. Este molino constituye un gran hallazgo para nuestra localidad ya que permite probar la existencia de gramíneas panificables y de agricultura en época temprana.                                          

Número de inventario: SO/36

Datación: Neolítico Final

Contexto histórico: Pre-historia

Materia: Piedra de granito

Técnica: Tallado y pulido

Origen: Colección González-Castrejón

Bibliografía: Josué López Muñoz y Francisco Javier de Fuentes Fernández http://ceres.mcu

lunes, 11 de diciembre de 2023

Un capitel gótico con la heráldica de los Condes de Orgaz se incorpora al patrimonio de Santa Olalla


El Ayuntamiento de Santa Olalla ha celebrado su VIII Jornada de Historia y Patrimonio de Santa Olalla y su Tierra, unas jornadas históricas y culturales de las más consolidadas y reputadas de la provincia, por la solvencia de los distintos ponentes que han sido invitados a ellas a lo largo de los años. Este 2023 el núcleo de la jornada era una interesante conferencia impartida por el abogado toledano y académico RABACHT José María San Román Cutanda, “Santa Olalla en la Revista Provincia”, que recorrió la presencia de este municipio en la revista provincial editada de 1955 a 1982.

La parte patrimonial de la jornada que dirige el concejal de cultura y también académico de la RABACHT, Josué López Muñoz, presentó su “Vitrina Cero” un proyecto de difusión patrimonial que pretende ir descubriendo y difundiendo las distintas piezas históricas y arqueológicas que posee el Ayuntamiento de Santa Olalla en su exposición permanente, principalmente las pieza arqueológicas de la colección González-Castrejón.

Por último se presentó una nueva incorporación cedida al ayuntamiento gracias a la generosidad de José Pedro Hierro y Nuria Torres, un importante capitel gótico de piedra caliza que contiene dos escudos heráldicos sustentados por cuatro ángeles tenantes, el primero es el escudo de los Guzmán, Señores de la Villa y Condes de Orgaz desde el reinado de Carlos V, y el segundo el de los Silva. Josué López profundizó en las primeras averiguaciones sobre la pieza, cuya heráldica coincide con las pinturas gótico mudéjares de la iglesia de San Pedro de Santa Olalla y que sin duda hay que fechar en el siglo XV. Concretamente el concejal aseguró que el capitel perteneció a la Casa Fuerte de los Guzmán en esta villa y a algún encargo del señor de Santa Olalla Alvar Pérez de Guzmán fallecido en 1433 y casado con doña Beatriz de Silva.