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| Don Quijote contra el libro de Avellaneda - Salvador Tusell - 1905 |
En 1605 Cervantes publica la primera parte del Quijote. Años después,
en 1614, aparece una segunda parte apócrifa, firmada con el seudónimo de Alonso
Fernández de Avellaneda. Este hecho provocó la rabia de Cervantes y el adelanto
de la publicación de su segundo tomo al año siguiente.[1]
Aunque escribir segundas partes de obras ajenas estaba lejos de
constituir delito, debió herir a Cervantes por los insultos que contra él
Avellaneda acumuló en el prólogo y por presentar a los protagonistas envueltos
en un halo de estupidez con el que no los pintó su autor original. Con todo
esto, tiene rasgos que la hacen aceptable y no es fácil entender la segunda
parte de Cervantes si no es en contraposición a ésta.
Identificar al escritor que se oculta tras el seudónimo de
Avellaneda ha sido objeto de numerosos estudios, hasta hoy infructuosos,
convirtiéndose en uno de los grandes enigmas de la literatura española. Una de
las teorías surgidas a principios del siglo XX apunta a Cristóbal de Fonseca.
Pero junto a él aparecen otros nombres más o menos aceptados por unos u otros
investigadores: fray Luis de Aliaga, fray Andrés Pérez, Juan Blanco de Paz,
Lope de Vega, Baltasar Elisio de Medinilla, Francisco de Quevedo, Alfonso
Lamberto, Guillen de Castro, Alonso de Ledesma, Castillo Solórzano, Vicente
García, Ginés Pérez de Hita, Liñan de Riaza, Jerónimo de Pasamonte, etc.
El primer y principal estudio a este respecto lo aporta en 1920 el
académico vallisoletano Narciso Alonso Cortés, en "El falso Quijote y Fray Cristóbal de Fonseca".[2] Aunque
en 1935 en "Historia de la
literatura Española",[3] tras la
falta de argumentos irrefutables da el problema por irresoluble. Narciso Alonso
Cortés (Valladolid, 1875 — ibídem, 1972) fue investigador, historiador de la
literatura, cervantista, académico de la Real Academia de la Lengua Española y
Académico Bellas Artes de San Fernando.
También Martín de Riquer,[4]
otro de los grandes investigadores de la literatura española y académico de la
Real Academia de la Lengua Española, menciona a Cristóbal de Fonseca junto a
otros nombres como uno de los posibles autores, aunque sus tesis se decantaron
por Jerónimo de Pasamonte.[5] Y el
investigador murciano Manuel Muñoz Barberán reconoce múltiples similitudes
lingüísticas y estilísticas entre el Quijote apócrifo y las obras de Fonseca,
eso si sus conclusiones apuntaban hacia Ginés Pérez de Hita.
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| Portada del Quijote apocrifo de Avellaneda Imp. Felipe Roberto - 1614 |
En base a los estudios ya citados, recopilaremos las
estableceremos las pruebas que apuntan a que Cristóbal de Fonseca se escondía
tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.
Coinciden todos los autores en que el escritor que se oculta tras
el seudónimo de Avellaneda fue ofendido por Cervantes en el Quijote de 1605.
Decía Avellaneda en su prólogo “él tomo
por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran
las naciones más extranjeras, y la nuestra debe tanto, por haber entretenido
honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e
innumerables comedias, con el vigor del arte que pide el mundo, con la
seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar”
en clara referencia a Lope de Vega. Además la crítica se encuentra en el
prólogo, por el comentario que Cervantes hace en el prólogo de las Novelas
Ejemplares “quisiera yo, si fuera
posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo, porque no me
fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de
segundar este”.
Ya dijimos en el apartado de reconocimientos que Fonseca fue
elogiado en el citado prólogo, pero el crítico Menéndez Pelayo considera
exageradas y burlescas estas alabanzas, quizás él también las interpretó así.
Partiendo de esto solo hay tres contemporáneos de Cervantes mencionados en el
prólogo: Antonio de Guevara (obispo de Mondoñedo), Lope de Vega y Cristóbal de
Fonseca. Al primero lo descartamos pues había muerto en 1545, y si releemos el
comentario de Avellaneda “él tomo por
tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las
naciones más extranjeras...” son dos personas, Avellaneda y Lope de Vega
por lo tanto descartado Lope, solo nos queda Fonseca.
Cervantes lanza otras puyas tanto a Fonseca como a Lope “¡Pues que, cuando citan la Divina
Escritura! No dirán sino que son unos Santo Tomases y otros doctores de la
Iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han
pintado a un enamorado distraído, y en otro hacen un sermoncico cristiano, que
es un contento y un regalo oille y leelle” ambos tenían la costumbre de
citar especialmente a los doctores de la Iglesia y el Tratado del Amor de Dios parece en muchas páginas un libro erótico,
describe el amor y los amantes a la par con reflexiones religiosas y morales.
Por ejemplo “El amor es de muchas obras y
de tan pocas palabras, que hace a su dueño medio mudo; por otra parte, es
verdad notoria y averiguada con mil experiencias, que el Amor devasta la rudeza
de un rústico y le hace elocuente y bien hablado, y algunas veces, poeta. Y si
alguna cosa puede menoscabar la necedad para donde no hay ingenio ni arte, es
el amor”, incluso describe a un viejo verde “¡Que haya llovido Dios sobre vos tanta gota, tanta hijada, tantos
dolores, y todavía estéis verde...!”. La mayoría de las citas de la
Sagradas Escrituras y de Ovidio que hace Cervantes en el prólogo aparecen en el
Tratado del amor a Dios ¿será
casualidad?
La falta de simpatía entre Cristóbal de Fonseca y Cervantes venia
de antiguo, ya Fonseca en la Vida de
Cristo Nuestro Señor dice en referencia al conocido como manco de Lepanto: “De las querellas y sufrimientos con que
pasamos la vida, ninguna es más ordinaria, ni más triste, que un mal galardón
después de largos servicios. Se va un mozo a la guerra, ofreciéndole al
pensamiento alguna buena ventura, gasta en esa ocupación los treinta años
mejores de su vida, al cabo hayase con dos arcabuzazos, diez heridas, viejo,
pobre y medio manco”.
Hemos podido leer que Avellaneda sale en su defensa y a la defensa
de Lope de Vega. Por lo tanto Avellaneda y Lope eran amigos, incluso podríamos
decir que Lope fue el instigador de toda la trama. Efectivamente, Fonseca era
amigo de Lope de Vega. Tuvieron mucha relación tanto en Madrid como en Toledo y
su amistad quedaría demostrada con el
soneto que Lope le dedica en su obra Jerusalén
conquistada (1609). Es posible que en aquella fecha ya se tramara algo.
Después de la publicación del Falso Quijote los amigos de Lope comenzaron a
adular a Fonseca y los enemigos a criticarle. Entre los aduladores, Vicente
Espinel, enemigo reconocido de Cervantes y criticado por este en Viaje del Parnaso.
Fonseca salió en defensa de Lope en otras ocasiones y escribió
casi de forma habitual bajo seudónimos. Un claro alegato en pro de Lope es
Expostulario Spongiae (1618).
Después de expresada la que muchos han tomado como prueba rotunda
-Avellaneda fue ofendido en el prólogo
por Cervantes. Solo pudo ser Fonseca, el que contesto a esa ofensa-.
Analizaremos una serie de características que han ido estableciendo todos los
críticos, basadas en afirmaciones, opiniones o conocimientos vertidos en el
Quijote apócrifo, que denotan rasgos de la personalidad del posible autor, y
que Cristóbal de Fonseca cumple en su mayoría:
·
Se ha dicho que Avellaneda tuvo que ser un eclesiástico y
representante activo de la contrarreforma, efectivamente Cristóbal de Fonseca
era agustino. Algunos opinan que debió ser dominico por la defensa que hace del
rosario, pero no es motivo suficiente ya que cualquier religioso podría ser
devoto del rosario y obligación suya es ensalzar esta oración.
·
Hombre culto, tal vez licenciado o bachiller y Fonseca cursó estos
estudios en Salamanca.
·
De clase social media-alta, no hay duda de que lo era, hijo del
contador Diego de Fonseca y vinculado estrechamente a los condes de Orgaz y
Señores de Santa Olalla.
·
Conocedor de Toledo, Alcalá y Zaragoza. Pese a que sus datos
biográficos son muy escasos, sí que podemos saber que como predicador afamado
que fue, recorrió todas estas ciudades.
·
Las similitudes lingüísticas y paralelismos estilísticos son
numerosísimos y aunque no las vamos a analizar ahora, sí que vamos a dejar
constancia de dos anécdotas. La primera es que en el Quijote apócrifo, Sancho
jura continuamente por el gigante Goliat, mencionado repetidas veces en las
obras de Fonseca. Y la segunda, es que en el Quijote apócrifo, sigue Fonseca
con su afición a las citas, coincidiendo muchas de ellas con las de sus obras
místicas.
Hay
dos características que no cumple del todo, son:
·
Ser más joven que Cervantes, solo es tres años más joven que él,
con lo que no se entendería que llamara viejo a Cervantes. Si bien es cierto
que Cervantes estaba enfermo y él todavía estaba sano y predicando a diario.
·
Y ser escritor profano, ya que dedicó la mayor parte de su carrera
a la literatura mística. Aunque ya dijimos que publico obras profanas bajo el
seudónimo de Alfonso Sánchez de la Ballesta.
En cuanto a la publicación en Tarragona, no le resultaría difícil;
Fonseca publicó ediciones de sus principales obras en Barcelona y también
alguna de ellas en Lérida; los agustinos tenían convento en Tarragona y pudo
haberle encargado el trabajo a algún compañero. Además los datos del pie de
imprenta pueden ser falsos y no ser más que otra astucia para permanecer en el
anonimato.
Suponiendo que esta que hemos expuesto sea una conclusión
acertada, Cristóbal de Fonseca compuso su Quijote con sesenta y cuatro años de
edad, coincidió esta publicación con la de Discurso
para todos los evangelios de cuaresma. Poco después, en ese mismo año,
Fonseca recibió una carta injuriosa de Miguel Ponce de León, una carta de clara
influencia cervantina y seguramente inspirada por el propio Cervantes. Algunos
apuntan que la letra es idéntica a la de Luis de Molina, yerno de Cervantes. Y
es que Cervantes supo quién se escondía tras el seudónimo de Avellaneda. Cuando
se refiere a él en los primeros capítulos de la segunda parte del Quijote,
piensa que es aragonés, pero luego debió descubrirlo y deja de referirse a su
origen. En el prólogo dice que “encubría
su nombre” y “fingía su patria”.
Independientemente de que Cervantes destruye y ridiculiza con su
segunda parte al texto apócrifo, convirtiéndolo en un elemento más de su
ficción; no desveló el misterio, probablemente porque el arzobispo de Toledo,
Bernardo de Sandoval y Rojas, era su protector como también lo fue de Fonseca.
[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La
Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020)
473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).
[2] ALONSO CORTÉS, Narciso: El falso "Quijote" y Fray
Cristóbal de Fonseca, (Talleres Tipográficos Cuesta. Valladolid, 1920).
[3] ALONSO CORTÉS, Narciso: Historia de la literatura española,
(Imprenta Castellana. Valladolid, 1930).
[4] RIQUER MORERA, Martín de: Aproximación al Quijote, (Salvat
Editores. Madrid, 1970). Pág. 145.
[5] MUÑOZ BARBERAN, Manuel: Sobre el autor del Quijote apócrifo,
(Nogues. Murcia, 1989).


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