lunes, 23 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca y el seudónimo de Alonso Fernández Avellaneda - La autoría del Quijote apócrifo

Don Quijote contra el libro de Avellaneda - Salvador Tusell - 1905

En 1605 Cervantes publica la primera parte del Quijote. Años después, en 1614, aparece una segunda parte apócrifa, firmada con el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Este hecho provocó la rabia de Cervantes y el adelanto de la publicación de su segundo tomo al año siguiente.[1]

Aunque escribir segundas partes de obras ajenas estaba lejos de constituir delito, debió herir a Cervantes por los insultos que contra él Avellaneda acumuló en el prólogo y por presentar a los protagonistas envueltos en un halo de estupidez con el que no los pintó su autor original. Con todo esto, tiene rasgos que la hacen aceptable y no es fácil entender la segunda parte de Cervantes si no es en contraposición a ésta.

Identificar al escritor que se oculta tras el seudónimo de Avellaneda ha sido objeto de numerosos estudios, hasta hoy infructuosos, convirtiéndose en uno de los grandes enigmas de la literatura española. Una de las teorías surgidas a principios del siglo XX apunta a Cristóbal de Fonseca. Pero junto a él aparecen otros nombres más o menos aceptados por unos u otros investigadores: fray Luis de Aliaga, fray Andrés Pérez, Juan Blanco de Paz, Lope de Vega, Baltasar Elisio de Medinilla, Francisco de Quevedo, Alfonso Lamberto, Guillen de Castro, Alonso de Ledesma, Castillo Solórzano, Vicente García, Ginés Pérez de Hita, Liñan de Riaza, Jerónimo de Pasamonte, etc.

El primer y principal estudio a este respecto lo aporta en 1920 el académico vallisoletano Narciso Alonso Cortés, en "El falso Quijote y Fray Cristóbal de Fonseca".[2] Aunque en 1935 en "Historia de la literatura Española",[3] tras la falta de argumentos irrefutables da el problema por irresoluble. Narciso Alonso Cortés (Valladolid, 1875 — ibídem, 1972) fue investigador, historiador de la literatura, cervantista, académico de la Real Academia de la Lengua Española y Académico Bellas Artes de San Fernando.

También Martín de Riquer,[4] otro de los grandes investigadores de la literatura española y académico de la Real Academia de la Lengua Española, menciona a Cristóbal de Fonseca junto a otros nombres como uno de los posibles autores, aunque sus tesis se decantaron por Jerónimo de Pasamonte.[5] Y el investigador murciano Manuel Muñoz Barberán reconoce múltiples similitudes lingüísticas y estilísticas entre el Quijote apócrifo y las obras de Fonseca, eso si sus conclusiones apuntaban hacia Ginés Pérez de Hita.

Portada del Quijote apocrifo de Avellaneda
Imp. Felipe Roberto - 1614

En base a los estudios ya citados, recopilaremos las estableceremos las pruebas que apuntan a que Cristóbal de Fonseca se escondía tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.

Coinciden todos los autores en que el escritor que se oculta tras el seudónimo de Avellaneda fue ofendido por Cervantes en el Quijote de 1605. Decía Avellaneda en su prólogo “él tomo por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras, y la nuestra debe tanto, por haber entretenido honestísima y fecundamente tantos años los teatros de España con estupendas e innumerables comedias, con el vigor del arte que pide el mundo, con la seguridad y limpieza que de un ministro del Santo Oficio se debe esperar” en clara referencia a Lope de Vega. Además la crítica se encuentra en el prólogo, por el comentario que Cervantes hace en el prólogo de las Novelas Ejemplares “quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar este”.

Ya dijimos en el apartado de reconocimientos que Fonseca fue elogiado en el citado prólogo, pero el crítico Menéndez Pelayo considera exageradas y burlescas estas alabanzas, quizás él también las interpretó así. Partiendo de esto solo hay tres contemporáneos de Cervantes mencionados en el prólogo: Antonio de Guevara (obispo de Mondoñedo), Lope de Vega y Cristóbal de Fonseca. Al primero lo descartamos pues había muerto en 1545, y si releemos el comentario de Avellaneda “él tomo por tales el ofender a mí, y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras...” son dos personas, Avellaneda y Lope de Vega por lo tanto descartado Lope, solo nos queda Fonseca.

Cervantes lanza otras puyas tanto a Fonseca como a Lope “¡Pues que, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino que son unos Santo Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado a un enamorado distraído, y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oille y leelle” ambos tenían la costumbre de citar especialmente a los doctores de la Iglesia y el Tratado del Amor de Dios parece en muchas páginas un libro erótico, describe el amor y los amantes a la par con reflexiones religiosas y morales. Por ejemplo “El amor es de muchas obras y de tan pocas palabras, que hace a su dueño medio mudo; por otra parte, es verdad notoria y averiguada con mil experiencias, que el Amor devasta la rudeza de un rústico y le hace elocuente y bien hablado, y algunas veces, poeta. Y si alguna cosa puede menoscabar la necedad para donde no hay ingenio ni arte, es el amor”, incluso describe a un viejo verde “¡Que haya llovido Dios sobre vos tanta gota, tanta hijada, tantos dolores, y todavía estéis verde...!”. La mayoría de las citas de la Sagradas Escrituras y de Ovidio que hace Cervantes en el prólogo aparecen en el Tratado del amor a Dios ¿será casualidad?

La falta de simpatía entre Cristóbal de Fonseca y Cervantes venia de antiguo, ya Fonseca en la Vida de Cristo Nuestro Señor dice en referencia al conocido como manco de Lepanto: “De las querellas y sufrimientos con que pasamos la vida, ninguna es más ordinaria, ni más triste, que un mal galardón después de largos servicios. Se va un mozo a la guerra, ofreciéndole al pensamiento alguna buena ventura, gasta en esa ocupación los treinta años mejores de su vida, al cabo hayase con dos arcabuzazos, diez heridas, viejo, pobre y medio manco”.

Hemos podido leer que Avellaneda sale en su defensa y a la defensa de Lope de Vega. Por lo tanto Avellaneda y Lope eran amigos, incluso podríamos decir que Lope fue el instigador de toda la trama. Efectivamente, Fonseca era amigo de Lope de Vega. Tuvieron mucha relación tanto en Madrid como en Toledo y su amistad quedaría demostrada  con el soneto que Lope le dedica en su obra Jerusalén conquistada (1609). Es posible que en aquella fecha ya se tramara algo. Después de la publicación del Falso Quijote los amigos de Lope comenzaron a adular a Fonseca y los enemigos a criticarle. Entre los aduladores, Vicente Espinel, enemigo reconocido de Cervantes y criticado por este en Viaje del Parnaso.

Fonseca salió en defensa de Lope en otras ocasiones y escribió casi de forma habitual bajo seudónimos. Un claro alegato en pro de Lope es Expostulario Spongiae (1618).

Después de expresada la que muchos han tomado como prueba rotunda -Avellaneda fue ofendido en el prólogo por Cervantes. Solo pudo ser Fonseca, el que contesto a esa ofensa-. Analizaremos una serie de características que han ido estableciendo todos los críticos, basadas en afirmaciones, opiniones o conocimientos vertidos en el Quijote apócrifo, que denotan rasgos de la personalidad del posible autor, y que Cristóbal de Fonseca cumple en su mayoría:

·        Se ha dicho que Avellaneda tuvo que ser un eclesiástico y representante activo de la contrarreforma, efectivamente Cristóbal de Fonseca era agustino. Algunos opinan que debió ser dominico por la defensa que hace del rosario, pero no es motivo suficiente ya que cualquier religioso podría ser devoto del rosario y obligación suya es ensalzar esta oración.

·        Hombre culto, tal vez licenciado o bachiller y Fonseca cursó estos estudios en Salamanca.

·        De clase social media-alta, no hay duda de que lo era, hijo del contador Diego de Fonseca y vinculado estrechamente a los condes de Orgaz y Señores de Santa Olalla.

·        Conocedor de Toledo, Alcalá y Zaragoza. Pese a que sus datos biográficos son muy escasos, sí que podemos saber que como predicador afamado que fue, recorrió todas estas ciudades.

·        Las similitudes lingüísticas y paralelismos estilísticos son numerosísimos y aunque no las vamos a analizar ahora, sí que vamos a dejar constancia de dos anécdotas. La primera es que en el Quijote apócrifo, Sancho jura continuamente por el gigante Goliat, mencionado repetidas veces en las obras de Fonseca. Y la segunda, es que en el Quijote apócrifo, sigue Fonseca con su afición a las citas, coincidiendo muchas de ellas con las de sus obras místicas.

Hay dos características que no cumple del todo, son:

·        Ser más joven que Cervantes, solo es tres años más joven que él, con lo que no se entendería que llamara viejo a Cervantes. Si bien es cierto que Cervantes estaba enfermo y él todavía estaba sano y predicando a diario.

·        Y ser escritor profano, ya que dedicó la mayor parte de su carrera a la literatura mística. Aunque ya dijimos que publico obras profanas bajo el seudónimo de Alfonso Sánchez de la Ballesta.

En cuanto a la publicación en Tarragona, no le resultaría difícil; Fonseca publicó ediciones de sus principales obras en Barcelona y también alguna de ellas en Lérida; los agustinos tenían convento en Tarragona y pudo haberle encargado el trabajo a algún compañero. Además los datos del pie de imprenta pueden ser falsos y no ser más que otra astucia para permanecer en el anonimato.

Suponiendo que esta que hemos expuesto sea una conclusión acertada, Cristóbal de Fonseca compuso su Quijote con sesenta y cuatro años de edad, coincidió esta publicación con la de Discurso para todos los evangelios de cuaresma. Poco después, en ese mismo año, Fonseca recibió una carta injuriosa de Miguel Ponce de León, una carta de clara influencia cervantina y seguramente inspirada por el propio Cervantes. Algunos apuntan que la letra es idéntica a la de Luis de Molina, yerno de Cervantes. Y es que Cervantes supo quién se escondía tras el seudónimo de Avellaneda. Cuando se refiere a él en los primeros capítulos de la segunda parte del Quijote, piensa que es aragonés, pero luego debió descubrirlo y deja de referirse a su origen. En el prólogo dice que “encubría su nombre” y “fingía su patria”.

Independientemente de que Cervantes destruye y ridiculiza con su segunda parte al texto apócrifo, convirtiéndolo en un elemento más de su ficción; no desveló el misterio, probablemente porque el arzobispo de Toledo, Bernardo de Sandoval y Rojas, era su protector como también lo fue de Fonseca.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] ALONSO CORTÉS, Narciso: El falso "Quijote" y Fray Cristóbal de Fonseca, (Talleres Tipográficos Cuesta. Valladolid, 1920).

[3] ALONSO CORTÉS, Narciso: Historia de la literatura española, (Imprenta Castellana. Valladolid, 1930).

[4] RIQUER MORERA, Martín de: Aproximación al Quijote, (Salvat Editores. Madrid, 1970). Pág. 145.

[5] MUÑOZ BARBERAN, Manuel: Sobre el autor del Quijote apócrifo, (Nogues. Murcia, 1989).

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