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| Fraile agustino en el Entierro del Señor de Orgaz El Greco - 1586 Identificado como Cristóbal de Fonseca |
La vinculación de Cristóbal de Fonseca a Santa Olalla no se limita
solo a su infancia y nacimiento, son varios los documentos posteriores que nos
dejan constancia de su presencia en la villa. Además mantuvo una estrecha
relación con quien fuera su protector, el conde de Orgaz y señor de Santa
Olalla, don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 – Santa
Olalla, 1606).[1]
Curiosamente los dos conventos en los que Fonseca tuvo mayor
presencia: Toledo y Madrid, estaban vinculados a los condes de Orgaz. El
Convento de Toledo estuvo tradicionalmente unido a los condes, estos tenían
derechos de enterramientos en él y no podemos olvidar que uno de los santos que
según la leyenda enterraron al señor de Orgaz, don Gonzalo Ruiz de Toledo, era
el mismísimo San Agustín. El convento de San Felipe el Real de Madrid se
construyó sobre parte de un solar de los condes de Orgaz a cambio de una
capilla que estos obtuvieron en propiedad.
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| Vida de Cristo - Edición de Barcelona - 1598 Dedicada a don Juan de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz |
Al conde de Orgaz le dedica en 1596 la Primera parte de la vida de Cristo Señor Nuestro. En la dedicatoria
de la obra elogia a sus antepasados exaltando las figuras de Esteban Illán,
Santo Domingo de Guzmán, Gonzalo Ruiz de Toledo y el linaje de los Mendoza; y
de él dice que es un incomparable servidor del rey y el príncipe, textualmente dice así:
“¿Quién hay que no haya tenido
envidia a V.S. desde los primeros años de su vida? Que mocedad más rica de
todas las buenas prendas que se pueden desear en un caballero mozo. Porque
dejando aparte la disposición y el semblante, lleno de gravedad, de valor y de
buen donaire que se llevó tras si los ojos generalmente, la condición más
generosa que la sangre, la discreción, el aviso, que son verdaderas canas en el
hombre; la ocupación ordinaria de cazas y de caballos, ejercicio tan
conveniente a la profesión y estado de caballeros y señores, en que V.S. se
aventajo singularmente a todos los de su tiempo; ¿quien vivió más lejos de los
vicios que comúnmente desdora la gente noble? como es jugar, mentir, hacer
agravios, ser amparo de gente traviesa, acuchilladiza, arrufiananda, que son
cosas que en nuestros tiempos hacen galas algunos nobles de España, saliendo en
ellos la medida nobleza como en un Nerón, Commodo, Caligula y otros Emperadores
de Roma.
Llegando después a los más graves
años, en que su majestad fio a V.S. la asistencia de Sevilla. ¿Quién jamás
gobernó con tanta igualdad, con tanta limpieza y con tan general aplauso?
¿Cuándo se vio la justicia respetada de la gente poderosa, tan temida de la
popular, tan amada de grandes y pequeños? ¿Cuándo se vio aquella ciudad tan
limpia de rufianes y ladrones? ¿Cuándo tan proveída y sobrada de todo? En fin V.S.
se alzó con la gloria de los que gobernaron antes y después aquella insigne
ciudad de manera que a todos dejo pobres.
Después que su majestad puso casa
al Príncipe, nuestro señor, nombrando a V.S. por mayordomo, juntaronse con el
buen natural y con la mucha virtud, el desengaño del tiempo y la experiencia de
los años, ¿que bien puede desear su Príncipe y su Rey, en un criado, que en
V.S. no se halle? A lo menos a mis ojos no echan de menos sino uno, y ese es la
riqueza, que como es bien de fortuna huye muchas veces de los bienes de
naturaleza y de la gracia, porque como es soberbia no sufre el más bajo y más
humilde ligar. Pero más vale el buen nombre que las muchas riquezas como dice
Salomón y V.S. le tiene tan bueno que a sus mismos enemigos es amable. Para
celebrar tan buenas prendas, es grosera mi pluma y muda mi lengua, cuando el
mundo no las conozca Dios las pondrá en el lugar que merecen.”[2]
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| Primera Parte de la Vida de Cristo Edición de Madrid - 1621 Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza |
Varias ediciones de obras de Cristóbal de Fonseca están dedicadas
al conde o a su hijo el obispo de Pamplona don Francisco de Mendoza.
A la muerte del conde el 4 de octubre de 1606 aparece como su
mayordomo en el testamento.[3] Actúa
como albacea, junto a su hijo el obispo Francisco Hurtado de Mendoza y Ribera
(Santa Olalla, 1573 - Madrid, Santa Olalla, 1634), en ese momento gobernador
del arzobispado de Toledo; a su hija y a su yerno, Mariana Hurtado de Mendoza
Guzmán y Ribera (Santa Olalla, 1559 – Cuerva, 1627) y Pedro Laso de la Vega y
Figueroa (Toledo, 1559 - Cuerva, 1637), señores de Cuerva y primeros condes de
los Arcos desde 1599; y a Pablo del Pozo.
Perteneció a la Cofradía de la Santa Caridad de Santa Olalla, en
1599 aparece en un listado de cofrades como miembro de ella,[4] su
nombre aparece de los primeros junto otros ilustres santaolalleros como el
conde de Orgaz, Juan Hurtado de Mendoza Guzmán; el hijo y heredero del conde,
Esteban de Mendoza y Mendoza; y su yerno el conde de los Arcos, Pedro Laso de
la Vega.
En ese círculo generado en torno a Lope de Vega, del que él era
participe, compartió espacio con otro santaolallero, el poeta Alonso Palomino
(Santa Olalla, 1573 -Mentrida, 1637).[5]
También hay quien le ha identificado con el fraile agustino que
aparece en el cuadro El entierro del
Señor de Orgaz que el Greco pintó en 1586 para la parroquia de Santo Tomé
de Toledo.[6]
[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su
biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2.
CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto
de 2020).
[2] FONSECA, Cristóbal de: Primera Parte de la Vida de Cristo Señor
Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Dedicatoria. (Pág. 3)
[3] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de defunciones de la Parroquia de
San Julián. APSO/6 (de 1582 a 1647).
[4] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º dela Cofradía de la Santa Caridad.
APSO/69 (de 1584 a 1609).
[5] MADROÑAL DURÁN, Abraham: Alonso Palomino y Juan Ruiz de Santa María,
dos poetas toledanos del tiempo de Lope de Vega (con un vejamen inédito).
Toletum, 35. (Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.
Toledo, 1998).
[6] LÓPEZ MUÑOZ,
Josué: El Greco y Santa Olalla,
(Santa Olalla, 2014). Pág. 34.



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