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domingo, 18 de octubre de 2026

El Tío Caracas, un santaolallero pionero del toreo cómico

El Tío Caracas (en el centro) con su cuadrilla

El Tío Caracas fue uno de los grandes toreros cómicos del siglo XX. En una época en la que esa especialidad humorística del toreo estaba muy en boga, y los nombres de Llapisera, Charlot, El Bombero Torero, La Paleta Manuela, El Chino Torero, Don Canuto... y tantos otros conquistaron una enorme fama, Felipe Sanz Peña adquirió un gran prestigio en su profesión. Su hermano, Julio Sanz, fue novillero. Fue tío político del matador de toros Gregorio Sánchez y de su hermano el torero cómico Julio Lozano Sánchez “El Tío Roque”.

Felipe Sanz Peña, conocido popularmente como “El Tío Caracas”, nació en Santa Olalla el 15 de noviembre de 1900.[1] Siendo practicante un niño se trasladó a Talavera de la Reina, donde ejerció como limpiabotas en la plaza del Reloj, pero su fama llegó por el espectáculo cómico taurino que montó.

Felipe Sanz Peña "El Tío Caracas"

El apodo se lo pusieron de joven porque cuando se despedía siempre repetía la misma coletilla: «Me voy a Caracas, a ver que pasa…».

El día que murió Joselito el Gallo en Talavera, el 16 de mayo de 1920, fue el espontáneo que se tiró a la plaza en un toro de Sánchez Mejías. Contaba que Ignacio Sánchez Mejías lo cogió de un brazo con fuerza, lo llevó al callejón y le dijo: «Muchacho, no seas loco, que ya tenemos bastante con lo que está pasando ahí dentro».[2]  Agonizaba Joselito en la enfermería de la Caprichosa.

Tras comenzar como novillero (como la mayoría de los toreros cómicos), pero no tuvo suerte en el toreo serio, toreó por última vez vestido de luces en Talavera de la Reina el 9 de abril de 1950.

Muy pronto, en 1931, comenzó a acompañar a la banda cómico-taurina-musical Los Talaveranos, que dirigía Félix Medina Ruiz. Al principio, incluso toreó festejos mixtos, en los que también toreaban toreros serios vestidos de luces. Toreo incluso en la plaza de Las Ventas, de Madrid.

Con algunos de sus compañeros en aquellos primeros formo la cuadrilla de “Los Lagarteranos”, aquellos primeros compañeros fueron: Antonio Moreno “La Tía Antonia”, un camarero del Bar Nueva España que en el espectáculo se vestía de mujer y hacía de pareja del “Tío Caracas”; don Armando y Anselmito que en ocasiones imitaban a los famosos comicos “Cantinflas” y “Charlot”; y finalmente “El Niño Pollito”.[3] Personajes que hacían las delicias de los chavales que asistían a la plaza de toros “La Caprichosa” y a las plazas de los pueblos durante sus fiestas.

Salía vestido de paleto, con pantalón de pana, chaleco, boina, alpargatas y un garrote en la mano. En muchas ocasiones saltaba a la plaza desde el tendido, los espectadores pensaban que era un espontáneo y hubo veces que intervino la Guardia Civil creyendo que era así.

El Tío Caracas "El Paleto"

A continuación, El Tío Caracas se colocó en el espectáculo Galas de Arte, que dirigía Isidro Ortuño Jumillano, trabajando entre otros con Ángel Villaverde “La Paleta Manuela”. Ambos cómicos pasaron después al espectáculo Toros y Claveles, de Ricardo Villaverde “el Gran Kiki”, formando una pareja que adquirió gran fama. En los años siguientes viajó con el espectáculo Alegrías de España, donde coincidió, entre otros, con Julián Melero “El Toronto”, un cómico que años después adquirió mucha fama con su propio espectáculo, en el que incluía una trouppe de “monos-toreros”.

A lo largo de su trayectoria llegó a matar más de mil quinientas reses. Cinco cicatrices por cornadas en el rostro y nueve en el cuerpo.

Toreó por última vez en Talavera de la Reina el 9 de mayo de 1979. Se retiró de los toros en Madrigal de la Vera (Cáceres) el 23 de septiembre de 1981, con ochenta años. Felipe Sanz falleció en Talavera de la Reina el 9 de mayo de 1985. La ciudad de Talavera, en recuerdo de los muchos años que allí vivió, le puso su nombre a una calle.

Del Tío Caracas se cuenta una anécdota: estando un día de 1956 en un café donde se suscitó una discusión sobre toros, ya que un sevillano hacía grandes elogios de un torero andaluz. El Tío Caracas se levantó y dijo al sevillano: «Lo que ese torero hace, también lo hago yo» y se fue. El sevillano le despreció sin saber quién era y, cuando alguien le dijo que se trataba de un torero-cómico, el sevillano contestó: «En el mundo sólo hay dos grandes de ese toreo-cómico: el Bombero Torero y ese otro al que dicen el Tío Caracas».

En Talavera corría el bulo de que el Tío Caracas, era millonario y que tenía varias casas en Madrid, lejos de la realidad de un hombre que de joven ejerció de limpiabotas y trabajo en el espectáculo hasta sus últimos años.

Lejos del clasicismo serio de los grandes maestros del toreo, Caracas conquistaba al público con su ingenio, su arte desenfadado y su capacidad para sacar una carcajada incluso en mitad del ruedo. Armado con trastos de broma, sombreros estrafalarios y mucha picaresca, formaba parte de aquellas cuadrillas de toreros cómicos que recorrían pueblos durante las fiestas patronales, parodiando las faenas taurinas y conectando con grandes y chicos.

Aunque no cortó orejas, Felipe cortó muchas penas, llevando alegría con su humor directo y castizo, y dejando huella en cada albero que pisaba. El Tío Caracas es recordado como un símbolo del espíritu popular, de esos personajes que con poco hacían mucho: una sonrisa en tiempos duros.


[2] MONTERRUBIO, Ángel: Felipe Sanz Peña, el Tío Caracas. (La Tribuna de Toledo. Miércoles 14 de octubre de 2026).

[3] Folleto publicitario de la Cuadrilla Cómica-Taurina Los Lagarteranos, de Felipe Sanz Caracas. (Imprenta Ramiro Gómez. Talavera de la Reina, 1954).

Folleto publicitario del espectaculo del Tío Caracas - 1954






Recorte de un Cartel de la Plaza de Toros de Zaragoza
Año 1944 - Don José, el Hombre de Goma y el Tío Caracas


sábado, 11 de julio de 2026

Portada 2026 del Cristo de la Caridad, acuarela de José Manuel Salamanca

         La portada de la Revista del Cristo de la Caridad 2026 ha sorprendido por su calidad artística. Se trata de una acuarela pintada por José Manuel Salamanca Escobedo, médico, pintor y hermano del Cristo de la Caridad.[1]

Esta acuarela res una interpretación artística y devocional del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, concebida como una imagen de carácter votivo en la que se combinan elementos religiosos, heráldicos y paisajísticos propios de la tradición barroca, el propio autor la ha titulado: “Cristo de la Caridad con ángeles custodios”.

La composición está organizada en torno a un gran marco fingido de estilo barroco, ricamente dorado y decorado con roleos, querubines y elementos vegetales. En la cartela superior puede leerse la inscripción en latín: «Sanctissimus Christus Caritatis - Sancta Eulaliam», que identifica a la advocación y a la localidad. Además, en la parte baja podemos leer: «Anno Domini MMXXVI – JM Salamanca»

En el centro de la obra domina la figura del Cristo crucificado, con su característico faldellín rojo. En la Cruz y la peana también reproduce sus espejos y su característica policromía verde y dorada.

Tras la cruz se abre un cielo de nubes grises que enmarca dos símbolos cósmicos tradicionales: un sol y una luna antropomorfos, entre nubes. Ambos evocan el relato evangélico de la Crucifixión y son un motivo frecuente en la iconografía cristiana desde la Edad Media.

En segundo plano aparece la iglesia de San Julián de Santa Olalla, reconocible por su torre y su amplia fachada.

Más que una reproducción literal, la obra constituye una interpretación iconográfica que combina fidelidad al Cristo de la Caridad con una recreación idealizada de su contexto histórico y espiritual. El resultado recuerda a las antiguas estampas devocionales y a los pequeños retablos pintados, actualizados mediante una técnica delicada y luminosa. Esta obra conmemorativa une patrimonio, fe e identidad local en una única composición, que una vez publicada se suma ya al patrimonio artístico y bibliográfico de Santa Olalla.

La imagen central del Cristo también se utilizó para decorar un abanico de cartón que se repartió durante el encendido de los Barreñones de Fuego 2026, acompañado de otros dibujos obra de Rafael Alcoba y con el Romance de Barreñones compuesto por Josué López Muñoz en el reverso. 



[1] Revista de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2026).

Abanico de cartón del Cristo de la Caridad de Santa Olalla
Romance de Barreñones impreso en el abanico de cartón

sábado, 27 de junio de 2026

El primer aeroplano que vieron los santaolalleros - Asombro ante un acontecimiento extraordinario en 1915


Imagen de un aeroplano en 1915, en algún lugar de Castilla

El 9 de marzo de 1915 quedó grabado en la memoria de los habitantes de Santa Olalla de los inicios del siglo XX. En una época en la que la aviación apenas daba sus primeros pasos y los aeroplanos eran una rareza incluso en las grandes ciudades, los vecinos de esta localidad presenciaron por primera vez el paso de una aeronave sobre su cielo.

Al día siguiente, el miércoles 10 de marzo de 1915, el periódico El Eco Toledano recogía la noticia en su sección «Desde Santa Olalla», dejando un valioso testimonio de cómo vivieron los santaolalleros aquel momento histórico.

La crónica refleja con enorme naturalidad el desconcierto y la fascinación que produjo aquel aparato volante. El ruido del motor alertó a los vecinos, que salieron apresuradamente de sus casas para descubrir un «enorme pajarraco» cruzando el cielo a considerable altura. Poco a poco comprendieron que estaban contemplando un invento del que seguramente solo habían oído hablar.

El corresponsal señala que el aeroplano parecía ir tripulado por dos oficiales de Infantería y que atravesó el pueblo siguiendo una trayectoria de norte a sur. Mientras estuvo relativamente cerca pudieron distinguirse sus ocupantes, aunque al alejarse fue ganando altura hasta confundirse con las nubes.

La impresión causada fue enorme. El cronista destaca que durante toda la jornada no se habló de otra cosa y que el acontecimiento dio pie a innumerables comentarios y conjeturas entre los vecinos. Aquella breve aparición supuso el primer contacto directo de muchos santaolalleros con la aviación, apenas doce años después del histórico vuelo de los hermanos Wright y cuando los aeroplanos seguían siendo una auténtica novedad en España.

Más de un siglo después, esta pequeña noticia periodística constituye un curioso documento para conocer cómo la llegada de la aviación transformó el imaginario colectivo de los pueblos españoles. Lo que hoy resulta cotidiano fue entonces un espectáculo insólito que despertó sorpresa, curiosidad y admiración.

Transcribimos íntegramente el artículo publicado en El Eco Toledano, el miércoles, 10 de marzo de 1915.[1]

 

DESDE SANTA OLALLA - Paso de un aeroplano

(De nuestros corresponsales)

Santa Olalla, 9. — Ayer pasó por este pueblo un aeroplano que al parecer venía tripulado por dos oficiales de Infantería.

Al ruido del motor, creyendo que era una cosa extraña, los vecinos salieron de sus casas precipitadamente, descubriendo en seguida al enorme pajarraco que volaba a bastante altura.

La gente al principio no se hizo cargo de lo que era aquello hasta que más tarde se fue dando cuenta.

Resultó un espectáculo bonito y de el que se habló durante todo el día, pues nunca vio el pueblo un aparato de tal clase.

Vino por el Norte y siguió la ruta del Sur, ignorándose de dónde venía ni hacia dónde se encaminaba.

Cuando pasó por el pueblo podía distinguirse perfectamente los que le tripulaban, pero a medida que se iba alejando fue elevándose de tal manera que parecía confundirse con las nubes.

El pueblo está intrigado y sobre el aeroplano de referencia hace un sinnúmero de juicios.

Este episodio puede considerarse, con la documentación actualmente conocida, la primera referencia periodística al paso de un aeroplano sobre Santa Olalla y, muy probablemente, la primera ocasión en que la mayoría de sus habitantes contempló uno con sus propios ojos, convirtiéndose en una pequeña pero significativa página de la historia local.



[1] El Eco Toledano: Paso de un aeroplano. (Toledo. Miércoles, 10 de marzo de 1915).

martes, 19 de mayo de 2026

Feria de Ganado en Santa Olalla en 1912

 

El diario “El Eco Toledano” en su edición del 4 de septiembre de 1912, nos deja constancia de una feria de ganado en Santa Olalla de la que no teníamos noticia hasta la fecha[1]. Transcribimos el artículo integro:

EN LA PROVINCIA - FERIAS Y FIESTAS

Santa Olalla, 3 Septiembre.— La feria de ganados ha terminado en esta villa con la misma animación que comenzó y que tengo comunicado á los lectores de nuestro valiente diario.

En nada se ha notado que era hoy el último día de mercado; el ganado ha permanecido en el teso en número considerable, y las transacciones se han sucedido hasta hora bien avanzada de la tarde.

Sólo ligeros incidentes entre el elemento gitano han sido los que han entretenido la atención de la Guardia civil de servicio en el ferial, pero, afortunadamente, ninguno ha revestido importancia.

La estadística de ganados asistentes arroja en sus guarismos cifras superiores en las distintas especies á las de años anteriores.

Todo esto me hace confirmar cuanto os tengo dicho, respecto de que la feria de ganados de esta villa resulta ya una de las más importantes de la comarca.— Corresponsal.



[1] El Eco Toledano: Ferias y Fiestas. Toledo, 4 de septiembre de 1912.

Mulas engalanadas en Santa Olalla - 7-5-1928
David López Cocina y familia

miércoles, 13 de mayo de 2026

Ropa blanca de la Dolorosa - Un camisón del siglo XIX conservado en el ajuar de la Virgen de los Dolores de Santa Olalla

El ajuar de la Virgen de los Dolores de Santa Olalla conserva una pieza de indumentaria muy interesante, y que se ha llegado hasta nuestros días gracias a haber sido donado y reutilizado como prenda para la imagen de la Virgen.

Se trata de un camisón femenino de color blanco, confeccionado en fino tejido de algodón y enriquecido con delicados encajes de bolillo. La prenda presenta cuello alto adornado con amplios volantes de encaje, mangas largas rematadas con puños acampanados y detalles de vainicas y puntillas que recorren el cuerpo y la falda, reflejando la elegancia y el esmero propios de la ropa íntima tradicional de finales del siglo XIX.

Este camisón fue donado por la santaolallera Zoila Vélez a la Virgen de los Dolores de Santa Olalla (Toledo), constituyendo una muestra de devoción popular y de la estrecha relación entre el ajuar doméstico y las ofrendas realizadas a las imágenes marianas. La pieza destaca tanto por su valor textil y artesanal, como por su significado histórico y sentimental, dentro del patrimonio de la hermandad.

martes, 10 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, Santa Olalla y los Condes de Orgaz


Fraile agustino en el Entierro del Señor de Orgaz
El Greco - 1586
Identificado como Cristóbal de Fonseca

La vinculación de Cristóbal de Fonseca a Santa Olalla no se limita solo a su infancia y nacimiento, son varios los documentos posteriores que nos dejan constancia de su presencia en la villa. Además mantuvo una estrecha relación con quien fuera su protector, el conde de Orgaz y señor de Santa Olalla, don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 – Santa Olalla, 1606).[1]

Curiosamente los dos conventos en los que Fonseca tuvo mayor presencia: Toledo y Madrid, estaban vinculados a los condes de Orgaz. El Convento de Toledo estuvo tradicionalmente unido a los condes, estos tenían derechos de enterramientos en él y no podemos olvidar que uno de los santos que según la leyenda enterraron al señor de Orgaz, don Gonzalo Ruiz de Toledo, era el mismísimo San Agustín. El convento de San Felipe el Real de Madrid se construyó sobre parte de un solar de los condes de Orgaz a cambio de una capilla que estos obtuvieron en propiedad.

Vida de Cristo - Edición de Barcelona - 1598
Dedicada a don Juan de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz

Al conde de Orgaz le dedica en 1596 la Primera parte de la vida de Cristo Señor Nuestro. En la dedicatoria de la obra elogia a sus antepasados exaltando las figuras de Esteban Illán, Santo Domingo de Guzmán, Gonzalo Ruiz de Toledo y el linaje de los Mendoza; y de él dice que es un incomparable servidor del rey y el príncipe, textualmente dice así:

“¿Quién hay que no haya tenido envidia a V.S. desde los primeros años de su vida? Que mocedad más rica de todas las buenas prendas que se pueden desear en un caballero mozo. Porque dejando aparte la disposición y el semblante, lleno de gravedad, de valor y de buen donaire que se llevó tras si los ojos generalmente, la condición más generosa que la sangre, la discreción, el aviso, que son verdaderas canas en el hombre; la ocupación ordinaria de cazas y de caballos, ejercicio tan conveniente a la profesión y estado de caballeros y señores, en que V.S. se aventajo singularmente a todos los de su tiempo; ¿quien vivió más lejos de los vicios que comúnmente desdora la gente noble? como es jugar, mentir, hacer agravios, ser amparo de gente traviesa, acuchilladiza, arrufiananda, que son cosas que en nuestros tiempos hacen galas algunos nobles de España, saliendo en ellos la medida nobleza como en un Nerón, Commodo, Caligula y otros Emperadores de Roma.

Llegando después a los más graves años, en que su majestad fio a V.S. la asistencia de Sevilla. ¿Quién jamás gobernó con tanta igualdad, con tanta limpieza y con tan general aplauso? ¿Cuándo se vio la justicia respetada de la gente poderosa, tan temida de la popular, tan amada de grandes y pequeños? ¿Cuándo se vio aquella ciudad tan limpia de rufianes y ladrones? ¿Cuándo tan proveída y sobrada de todo? En fin V.S. se alzó con la gloria de los que gobernaron antes y después aquella insigne ciudad de manera que a todos dejo pobres.

Después que su majestad puso casa al Príncipe, nuestro señor, nombrando a V.S. por mayordomo, juntaronse con el buen natural y con la mucha virtud, el desengaño del tiempo y la experiencia de los años, ¿que bien puede desear su Príncipe y su Rey, en un criado, que en V.S. no se halle? A lo menos a mis ojos no echan de menos sino uno, y ese es la riqueza, que como es bien de fortuna huye muchas veces de los bienes de naturaleza y de la gracia, porque como es soberbia no sufre el más bajo y más humilde ligar. Pero más vale el buen nombre que las muchas riquezas como dice Salomón y V.S. le tiene tan bueno que a sus mismos enemigos es amable. Para celebrar tan buenas prendas, es grosera mi pluma y muda mi lengua, cuando el mundo no las conozca Dios las pondrá en el lugar que merecen.”[2]

Primera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1621
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Varias ediciones de obras de Cristóbal de Fonseca están dedicadas al conde o a su hijo el obispo de Pamplona don Francisco de Mendoza.

A la muerte del conde el 4 de octubre de 1606 aparece como su mayordomo en el testamento.[3] Actúa como albacea, junto a su hijo el obispo Francisco Hurtado de Mendoza y Ribera (Santa Olalla, 1573 - Madrid, Santa Olalla, 1634), en ese momento gobernador del arzobispado de Toledo; a su hija y a su yerno, Mariana Hurtado de Mendoza Guzmán y Ribera (Santa Olalla, 1559 – Cuerva, 1627) y Pedro Laso de la Vega y Figueroa (Toledo, 1559 - Cuerva, 1637), señores de Cuerva y primeros condes de los Arcos desde 1599; y a Pablo del Pozo.

Perteneció a la Cofradía de la Santa Caridad de Santa Olalla, en 1599 aparece en un listado de cofrades como miembro de ella,[4] su nombre aparece de los primeros junto otros ilustres santaolalleros como el conde de Orgaz, Juan Hurtado de Mendoza Guzmán; el hijo y heredero del conde, Esteban de Mendoza y Mendoza; y su yerno el conde de los Arcos, Pedro Laso de la Vega.

En ese círculo generado en torno a Lope de Vega, del que él era participe, compartió espacio con otro santaolallero, el poeta Alonso Palomino (Santa Olalla, 1573 -Mentrida, 1637).[5]

También hay quien le ha identificado con el fraile agustino que aparece en el cuadro El entierro del Señor de Orgaz que el Greco pintó en 1586 para la parroquia de Santo Tomé de Toledo.[6]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] FONSECA, Cristóbal de: Primera Parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Dedicatoria. (Pág. 3)

[3] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de defunciones de la Parroquia de San Julián. APSO/6 (de 1582 a 1647).

[4] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º dela Cofradía de la Santa Caridad. APSO/69 (de 1584 a 1609).

[5] MADROÑAL DURÁN, Abraham: Alonso Palomino y Juan Ruiz de Santa María, dos poetas toledanos del tiempo de Lope de Vega (con un vejamen inédito). Toletum, 35. (Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 1998).

[6] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla, (Santa Olalla, 2014). Pág. 34.

domingo, 8 de febrero de 2026

Traje típico eulaliense

Representación de los Trajes Típicos Eulalienses
por Eva Gómez Aguilar

El Ayuntamiento de Santa Olalla ha expuesto de manera permanente el traje típico eulaliense en la Casa de Cultura. Concretamente el primer traje típico de Santa Olalla, diseñado y confeccionado en 2002 y que serviría de modelo para todos los demás, se expone ya de forma permanente en una vitrina de la Casa de Cultura.

Este mismo traje fue lucido por Angélica García, Miss Toledo 2003, durante la Gala de Miss España.[1]

La iniciativa para la elaboración del traje regional surgió en 2002 en el seno de la Asociación de Mujeres Flor de Lis, presidida entonces por la actual concejala Mª Carmen Garrido, y el Taller de Corte y Confección de la asociación dirigido por Mercedes Salamanca.

Ambas describieron el traje típico en un artículo publicado en la Revista Barbacana, nº 2,[2] texto que ha sido reproducido en la cartela que acompaña a esta nueva vitrina.

Transcribimos aquella primera descripción de nuestro traje típico:

“En la primavera de 2002 la Asociación de Mujeres “Flor de Lis” recogió la idea de crear un Traje regional para Santa Olalla. La directiva anterior de esta Asociación, junto con el Taller de Corte y Confección, nos encargamos de confeccionar lo que actualmente es el traje propuesto.

Está compuesto por ocho piezas: falda negra brocada, chaleco rojo agranatado, camisa blanca, delantal y faltriquera negros, enaguas blancas, medias caladas blancas y un tocado con mantilla y lazo para la cabeza.

Como no se tenía conocimiento de la existencia anteriormente de un traje hemos escogido los colores según un criterio poco ortodoxo:

El color rojo del chaleco por el manto de La Virgen de la Piedad. La falda negra porque antiguamente algunas novias se casaban de negro, y por ser un color elegante. La camisa blanca porque evoca la de Dulcinea del Toboso…

El traje estuvo expuesto un mes en el escaparate de una tienda de modas para que todo el pueblo lo pudiera conocer.

Un grupo de mujeres participaremos en la ofrenda floral, de las ya cercanas fiestas de la Virgen de la Piedad, ataviadas con este traje.”

Posteriormente se añadió el mantón granate con bordados de flores doradas, que sustituyendo al chaleco se usa solo para las fiestas del Cristo de la Caridad.

También se elaboró un Traje típico masculino. Camisa blanca con pliegues, chaleco corto granate con unos ramos bordados, pantalón estrecho, corto y de paño negro, medias caladas y zapatillas blancas con suela de esparto.



[1] SÁNCHEZ, Inmaculada y ARANGO, Rebeca: Dos toledanas se disputan la corona de Miss España. Revista Ecos. (Toledo, 21 de febrero de 2003). Pág. 44 y 45.

[2] GARRIDO GONZÁLEZ, María del Carmen y SALAMANCA SÁNCHEZ, Mercedes: Traje típico. Revista Barbacana, nº 2. (Fundación Condes de Orgaz en Santa Olalla. Santa Olalla, marzo de 2003).


Vitrina con el primer Traje Típico Eulaliense
Casa de Cultura Santa Olalla

Cartela de la vitrina
Casa de Cultura Santa Olalla

lunes, 15 de diciembre de 2025

Aljófar - Un villancico del poeta eulaliense Alonso Palomino

 

Johann Sadeler (el Viejo)
Anunciación a los pastores - 1600

En estos días de adviento recupero este villancico inédito compuesto por el poeta eulaliense Alonso Palomino[1] (Santa Olalla, 1573 - Mentrida, 1637)[2]. “Al Nacimiento” es la composición 35 de su compilación poética “Jardín del Alma”[3].

Se trata de un villancico barroco de tono místico-navideño, cargado de símbolos tradicionales del Siglo de Oro español.

 

Villancico «Aljófar»

 

Un rocío ha caído

madre esta noche

que ha llenado de aljófar[4],

valles y montes.

 

El puro rocío

mana de los hombres,

en las eras del mundo

cayó esta noche.

 

Ángeles le anuncian,

hombres le acogen.

Que ha llenado de aljófar,

valles y montes.

 

Son niños, zagales,

nuevos Gedeones[5]

que en sus vellocinos

rocío recogen.

 

Con que sus pellicos

de perlas borden.

Que ha llenado de aljófar,

valles y montes.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos Eulalienses, una selección de artículos del Blog Eulaliense sobre la villa de Santa Olalla. (Eulaliense. Graficas Lagomar. Santa Olalla, 2023). Pág. 39.

[2] MADROÑAL DURÁN, Abraham: Alonso Palomino y Juan Ruiz de Santa María, dos poetas toledanos del tiempo de Lope de Vega (con un vejamen inédito). Toletum, 35. (Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 1998). Págs. de 153 a 187.

[3] Real Academia de la Lengua: Jardín del Alma de Alonso Palomino. Col. Antonio Rodríguez Moñino, ms. 6214.

[4] Perla de forma irregular y pequeña.

[5] En referencia a un episodio bíblico del Antiguo Testamento (Jueces 6, 36-40). Gedeón pide a Dios una señal, deja un vellocino en la era y pide que durante la noche solo el vellocino quede cubierto de rocío, mientras la tierra permanezca seca. Dios concede la señal. Gedeón pide una segunda prueba inversa: la tierra húmeda y el vellocino seco. El rocío es aquí signo de elección divina.