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viernes, 18 de septiembre de 2026

Cristóbal de Fonseca y San Alonso de Orozco, declaración en el proceso de beatificación

 

Retrato de Alonso de Orozco

San Alonso de Orozco (Oropesa (Toledo), 17.X.1500 – Madrid, 19.IX.1591) fue un famoso agustino (OSA), escritor espiritual, predicador real y fundador de conventos.

            En 1566 cuando el santaolallero Cristóbal de Fonseca profesaba en Toledo,[1] San Alonso de Orozco estaba desarrollando precisamente su actividad fundadora en Talavera, donde estableció el convento de San Agustín el Viejo ese mismo año de 1566 y años después en 1573 el Convento de San Ildefonso de las Madres Agustinas. Es decir Fonseca entró en la Orden de San Agustín en un momento en que Orozco era ya una de sus grandes figuras espirituales.

Fonseca pertenece, por tanto, a la generación siguiente de la tradición agustiniana española. Pero ambos forman parte de una misma tradición intelectual y espiritual agustiniana, especialmente importante en Castilla durante el Siglo de Oro. La historiografía agustiniana ha estudiado precisamente la continuidad de la corriente en torno al tema del “Amor de Dios” en la que ambos autores se inscriben.

Al morir en 1591 Alonso de Orozco gozaba de fama de gran santidad, era conocido como “el Santo de San Felipe”, convento en el que murió y pasó buena parte de su vida. Su muerte produjo una gran conmoción, la documentación vaticana señala que después de su fallecimiento la ciudad de Madrid acudió masivamente a venerarlo, hasta el punto de que se llegaron a producir situaciones de gran aglomeración para conseguir reliquias u objetos relacionados con él.

La Orden de San Agustín impulsó el proceso y la causa diocesana se incoó en 1619, es decir, 28 años después de su muerte, llegando a incluir la declaración de 401 testigos.

Entre ellos había personas de muy distinta condición social, pero también personajes de relieve intelectual y eclesiástico. Declararon en el proceso escritores como Francisco de Quevedo y Lope de Vega, así como importantes nobles.

El Padre Fonseca fue uno de los agustinos testigos en el proceso de beatificación. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual de San Felipe el Real, había sido anteriormente su prior, que “tiene 65 años, poco más o menos” y que “conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos”.[2] Respondió únicamente a los artículos 8, 11, 15, 20, 21, 34 y 35 pero no aportó ningún detalle de relieve, fuera de que, habiendo entrado una vez a ver su celda el dominico fray Lorenzo Suárez de Figueroa y Córdoba, obispo de Sigüenza, salió asombrado de la aspereza de su cama “y por ser el dicho obispo muy devoto, mostró un linaje de envidia y de ternura en los ojos de haberle visto”, añadiendo que suponía que había conseguido verla un poco por la fuerza, “pues el bendito Padre Orozco a nadie la dejaba ver”.[3]

En 1603, Cristóbal de Fonseca estuvo presente en la traslación de los restos de Alonso de Orozco. Dieciséis años después, en 1619, cuando fue llamado a declarar en el proceso de beatificación, pudo aportar su testimonio personal sobre el estado en que había encontrado el cuerpo. Añade que presenció la exhumación de sus restos y puede testificar que, “después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo”.

En 1603 se trasladaron los restos de Orozco desde la antigua ubicación a la nueva iglesia del Colegio de Doña María de Aragón, y médicos de la Corte examinaron el cuerpo, declarando que se encontraba incorrupto. Fueron testigos de ello los padres Hernando de Rojas, rector del colegio, Agustín de la Mota, prior de San Felipe, Juan de Arenas, prior en 1619 del convento de Valladolid, Cristóbal de Fonseca, Agustín Fernández, “y otros Padres graves”.

Finalmente del padre Diego Ramírez se escribe que era predicador y conventual de San Felipe y de 58 años de edad. Que hizo declaración favorable sobre los padres Cristóbal de Fonseca, Diego Gutiérrez, Bartolomé de Legarda, Juan Quijano, Luis de los Ríos, Andrés de Urosa, Juan de los Santos, Alonso de Soto, Matías de Ontiveros y Juan de Medina. A algunos de ellos los conocía de cuarenta años a esta parte, a otros menos hasta ocho, pero de todos tenía un alto concepto por sus cualidades religiosas.

El proceso de beatificación se prolongó durante más de dos siglos y San Alonso fue finalmente beatificado por el papa León XIII el 15 de enero de 1882, y canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] ALONSO VAÑES, Carlos: Agustinos en el proceso de beatificación del Beato Alonso de Orozco. Estudio agustiniano: Revista del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid, Vol. 26, Fasc. 2-3. (Valladolid, 1991). Págs. 355-386

[3] Proceso original para la Beatificación de San Alonso de Orozco. (Madrid, 1619). Declaración de Fonseca en las páginas de 796 a 800.

Grabado del todavía Beato Alonso de Orozco

La Virgen inspira a San Alonso en su estudio: «escribe, escribe»

San Alonso de Orozco con Santo Tomás de Villanueva


viernes, 10 de julio de 2026

Julia Gálvez, una cupletista santaolallera que triunfó en los escenarios españoles en la primera década del siglo XX

 

Julia Gálvez con mantón de Manila - Año 1910
(Fotografía coloreada digitalmente)

A comienzos del siglo XX, cuando el cuplé vivía su época dorada y las artistas de variedades llenaban teatros y cafés-concierto, una joven nacida en Santa Olalla consiguió abrirse camino en algunos de los escenarios más prestigiosos del país. Se llamaba Julia Gálvez y fue una cancionetista de reconocido éxito, especializada en un repertorio en el que convivían los cuplés con otros géneros populares y flamencos como el garrotín y las marianas, prestigio que quedó reflejado en la prensa de la época.

Desaparecido Casino de Gálvez
Plaza de Santa Olalla

            Julia Gálvez Molina, nació en Santa Olalla en 1890. Quizá sus primeros pasos en la canción los dio en el casino que su familia regentaba en la Plaza de Santa Olalla, y desde este lugar de paso junto a la carretera nacional, con menos de veinte años a los principales escenarios españoles.

Portada de "La Actualidad"
Barcelona 1910

El 15 de marzo de 1910 ocupó la portada de la revista gráfica barcelonesa “La Actualidad”, donde aparecía anunciada como «la genial Julia Gálvez, reina del garrotín y las marianas, que actúa con gran éxito en el Salón de Proyecciones».[1] Que una artista figurase en la portada de una publicación ilustrada era un reconocimiento reservado a intérpretes que gozaban de una notable popularidad.

Publicidad de un espectáculo de Julia Gálvez

El 2 de junio de 1910 debuta en el Cine Escudero de Cádiz, donde la publicidad la presenta como «reina de las granadinas y de las marianas».

Un artículo sobre el Teatro Vico del Puerto de Santa María la describe así: «La cupletista y cantadora Julia Gálvez, anunciada como la reina de las marianas, que al modo de la época se presentaba en el escenario con pañolones de Manila, con capote y montera de torero o, como en la foto adjunta, de traje de corto campero».

Cinco años más tarde, el periódico El Eco Toledano, en su edición del 16 de octubre de 1915, le dedicaba un artículo bajo el título «Artistas toledanos».[2] En él se recordaban los importantes éxitos alcanzados por la artista: «La bella cancionetista Julia Gálvez, que ha logrado triunfos ruidosos en Madrid, luciendo su gentil palmito en escenarios como el de Apolo y el del Retiro, y en casi todas las grandes poblaciones de España…».

Estas palabras confirman que Julia Gálvez había actuado en algunos de los teatros más conocidos de Madrid, como el Apolo, considerado uno de los grandes templos del género lírico y de variedades, además de realizar giras por numerosas ciudades españolas.

Sin embargo, el mismo artículo revelaba también el difícil momento personal que atravesaba. Desde hacía algunos meses permanecía en Santa Olalla, su localidad natal, aquejada de una enfermedad respiratoria que había obligado a interrumpir su carrera artística. El periodista describía con tono apesadumbrado cómo una afección en el pecho, inicialmente leve, había ido debilitando poco a poco su salud, transformando a aquella artista «tan pizpireta y tan bulliciosa de ordinario» en una mujer «triste y decaída».

El artículo concluía con un deseo que refleja el cariño que despertaba entre sus paisanos: «De todas veras deseamos el pronto restablecimiento y la vuelta a la escena de Julia Gálvez, alegre y linda como siempre.»

Sepultura de Julia Gálvez
Cementerio de Santa Olalla (Toledo)

Aquella afección pulmonar terminó siendo una tuberculosis, que acabó con su vida un año después, a los 26 años de edad. El 1 de agosto de 1916 fallecía en Santa Olalla, su pueblo natal, donde fue enterrada en el cementerio parroquial, aunque cuando en 1924 se inaugura el cementerio municipal sus restos son trasladados a una nueva sepultura de un singular estilo modernista.

Estuvo casada con el director de orquesta de la compañía para la que trabajaba.

Aunque hoy su nombre ha quedado prácticamente olvidado, estas referencias periodísticas permiten recuperar la figura de una artista que llegó a alcanzar notoriedad en el panorama del espectáculo español de principios del siglo XX. Julia Gálvez forma parte de aquella generación de cupletistas y cancionetistas que llevaron su arte por los teatros de España y contribuyeron al enorme éxito de los espectáculos de variedades en la llamada Belle Époque.

Transcribimos el artículo integro:

ARTISTAS TOLEDANOS - JULIA GÁLVEZ

La bella cancionetista Julia Gálvez, que ha logrado triunfos ruidosos en Madrid, luciendo su gentil palmito en escenarios como el de Apolo y el del Retiro, y en casi todas las grandes poblaciones de España, se encuentra desde hace algunos meses en Santa Olalla, su pueblo natal, enferma y melancólica...

Una afección al pecho, leve en un principio, de cuidado después, ha ido minando poco a poco su organismo, y la popular artista, tan pizpireta y tan bulliciosa de ordinario, se halla triste y decaída en su lugarejo.

De todas veras deseamos el pronto restablecimiento y la vuelta a la escena de Julia Gálvez, alegre y linda como siempre.



[1] La Actualidad: La genial Julia Gálvez, reina del garrotín y las marianas que actúa con gran éxito en el salón de proyecciones. (Barcelona, 15 de marzo de 1910).

[2] El Eco Toledano: Artistas Toledanos – Julia Gálvez. (Toledo. Sábado, 16 de octubre de 1915).

La cupletista Julia Gálvez

sábado, 21 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca y el seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta

 

Diccionario de vocablos...
Alonso Sánchez de la Ballesta - 1587

El estudio de la obra de Cristóbal de Fonseca[1] nos lleva a la conclusión de que nuestro autor escribió paralelamente a su obra mística obras profanas firmándolas bajo seudónimos. El seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta le usó al menos en dos ocasiones. La mejor justificación al uso de seudónimos la encontramos en este soneto suyo:

“Lo que el autor discreto y cortesano

en su edad más tierna y floreciente

compuso y trabajo curiosamente

determinó imprimir ahora anciano.

Entonces no, por muy temprano

y ahora por ser tarde no consiente

tiró la piedra y escondió la mano.

Tiro de lejos de la aljaba suya

mil ricas flechas con Ballesta ajena

al mordedor satírico indiscreto.

Más por más que el autor esconda y huya

el libro es tal y la invención tan buena

que no consiente al dueño estar secreto.”[2]

Con este seudónimo y como natural de Talavera de la Reina, escribe el Diccionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina (1587) publicado en Salamanca por Juan y Andrés Renaut. Al inicio de esta obra aparece el soneto que hemos trascrito arriba y que como podemos leer deja claro que el autor “tiró la piedra y escondió la mano”; además en un ejemplar de la Biblioteca Nacional aparece la siguiente nota “El autor de este excelente libro ocultó su nombre y su patria, según la aprobación, y el soneto puestos al principio. Hay quien pretende ser obra del P.M.F. Christóbal de Fonseca, del Orden de San Agustín”.

En la introducción al diccionario se nos deja clara la temática del mismo: “se declara gran copia de refranes, reduzidos a latinos y muchas phrases castellanas con las que en latín les corresponden sacadas de Cicerón y Terencio y otros graves autores. Con un índice copioso de los Adagios latinos a los quales responden los castellanos que van puestos en el libro por orden del A.B.C. Van también los nombres de los autores de los quales se sacaron los dichos Adagios Latinos”. Este diccionario español-latino se centraba en traducir frases y refranes del castellano a un latín preciso, basado en autores clásicos como Cicerón y Terencio. Contiene una gran cantidad de refranes vulgares y locuciones castellanas reducidos a la "propiedad" o corrección latina, buscando el equivalente exacto en latín. Servía para asegurar que el castellano utilizado se tradujera con la máxima propiedad, elegancia y rigor clásico, utilizando fuentes de autoridad. Se considera una obra clave para el estudio de la lengua castellana y su relación con el latín en el Renacimiento español. Esta obra es un testigo de la enseñanza de las lenguas y la importancia de la corrección gramatical basada en los clásicos en la España del siglo XVI.

Expostulatio Spongiae
Julio Columbario - 1618

En segundo y último lugar con ese mismo seudónimo de Alonso Sánchez de la Ballesta y junto a Francisco López de Aguilar, que escribió bajo el seudónimo de Julio Columbario, escribieron en 1618 el “Expostulatio Spongiae”,[3] un libro en defensa de Lope de Vega.

Los antecedentes a esta obra los encontramos en la publicación en 1617 por Pedro de Torres Rámila, profesor de la Universidad de Alcalá, de “Spongia”, durísimo libelo en latín contra la vida privada y las obras de Lope de Vega, el escritor más famoso de la época. No se conserva ningún ejemplar de esa Spongia, pero sí de la Expostulatio Spongiae, la respuesta, también en latín, publicada en defensa de Lope.

Descripción de la Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario
en la Santa Iglesia Catedral de Toledo - 1617

Participación de Cristóbal de Fonseca - 1617

Participación de Pedro de Torres Ramilla - 1617

Un año antes en 1616 Cristóbal de Fonseca y Pedro Torres Rámilla participaron en los actos con motivo del traslado de la Virgen del Sagrario a su capilla y el sermón del primero y los “versos heroicos” del segundo fueron recogidos en la obra publicada a tal efecto.[4]

Expostulatio Spongiae es una obra excepcional en el contexto de la historia literaria de los Siglos de Oro, innovadora en su diseño editorial y provocadora en su estilo literario. A pesar de su importancia, el contenido del texto apenas es conocido entre los estudiosos y ha planteado un sinfín de interrogantes hasta llegar a los últimos estudios publicados en la última década[5], conseguidos a la luz de la traducción completa de la Expostulatio Spongiae, que no se había hecho hasta 2011[6].

Uno de los episodios más apasionantes en la vida de Lope de Vega es la mal llamada «polémica aristotélica», que estalló allá por 1617 con la aparición clandestina de la Spongia y que alcanzó su punto álgido al año siguiente con su imagen en el espejo, la Expostulatio Spongiae, posiblemente el libro más citado y menos leído por los especialistas en la obra de Lope. Mal llamada porque, por desgracia, el conocimiento de esta guerra literaria ha ido de la mano de los distintos errores de análisis que se han venido repitiendo desde que en los años treinta Joaquín de Entrambasaguas sacara a la luz su tesis doctoral.

La participación de Cristóbal de Fonseca en esta obra en defensa de Lope de Vega, afianza el vínculo de amistad y cercanía entre ambos autores.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso: Dictionario de vocablos castellanos aplicados a la propiedad latina. (Imp. Juan y Andrés Renaut. Salamanca, 1587).

[3] SÁNCHEZ DE LA BALLESTA, Alonso y COLUMBARIO, Julio: Expostulatio spongiae a Petro Turriano Ramila nuper euulgatae pro Lupo a Vega Carpio, poetarum hispaniae príncipe. (Imp. Pierre Chevillot. 1618).

[4] HERRERA, Pedro: Descripción de la Capilla de Nuestra Señora del Sagrario en la Santa Iglesia de Toledo. (Imp. Luis Sánchez. Madrid, 1617).

[5] CONDE PARRADO, y TUBAU MOREU, Xavier: Expostulatio Spongiae: en defensa de Lope de Vega. (Anejos de la Biblioteca Lope de Vega. Gredos. Madrid, 2015).

[6] GONZÁLEZ-BARRERA, Julián:   (Edition Reichenberger. Kassel (Alemania), 2011).

martes, 10 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, Santa Olalla y los Condes de Orgaz


Fraile agustino en el Entierro del Señor de Orgaz
El Greco - 1586
Identificado como Cristóbal de Fonseca

La vinculación de Cristóbal de Fonseca a Santa Olalla no se limita solo a su infancia y nacimiento, son varios los documentos posteriores que nos dejan constancia de su presencia en la villa. Además mantuvo una estrecha relación con quien fuera su protector, el conde de Orgaz y señor de Santa Olalla, don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán (Antoniana (Álava), 1536 – Santa Olalla, 1606).[1]

Curiosamente los dos conventos en los que Fonseca tuvo mayor presencia: Toledo y Madrid, estaban vinculados a los condes de Orgaz. El Convento de Toledo estuvo tradicionalmente unido a los condes, estos tenían derechos de enterramientos en él y no podemos olvidar que uno de los santos que según la leyenda enterraron al señor de Orgaz, don Gonzalo Ruiz de Toledo, era el mismísimo San Agustín. El convento de San Felipe el Real de Madrid se construyó sobre parte de un solar de los condes de Orgaz a cambio de una capilla que estos obtuvieron en propiedad.

Vida de Cristo - Edición de Barcelona - 1598
Dedicada a don Juan de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz

Al conde de Orgaz le dedica en 1596 la Primera parte de la vida de Cristo Señor Nuestro. En la dedicatoria de la obra elogia a sus antepasados exaltando las figuras de Esteban Illán, Santo Domingo de Guzmán, Gonzalo Ruiz de Toledo y el linaje de los Mendoza; y de él dice que es un incomparable servidor del rey y el príncipe, textualmente dice así:

“¿Quién hay que no haya tenido envidia a V.S. desde los primeros años de su vida? Que mocedad más rica de todas las buenas prendas que se pueden desear en un caballero mozo. Porque dejando aparte la disposición y el semblante, lleno de gravedad, de valor y de buen donaire que se llevó tras si los ojos generalmente, la condición más generosa que la sangre, la discreción, el aviso, que son verdaderas canas en el hombre; la ocupación ordinaria de cazas y de caballos, ejercicio tan conveniente a la profesión y estado de caballeros y señores, en que V.S. se aventajo singularmente a todos los de su tiempo; ¿quien vivió más lejos de los vicios que comúnmente desdora la gente noble? como es jugar, mentir, hacer agravios, ser amparo de gente traviesa, acuchilladiza, arrufiananda, que son cosas que en nuestros tiempos hacen galas algunos nobles de España, saliendo en ellos la medida nobleza como en un Nerón, Commodo, Caligula y otros Emperadores de Roma.

Llegando después a los más graves años, en que su majestad fio a V.S. la asistencia de Sevilla. ¿Quién jamás gobernó con tanta igualdad, con tanta limpieza y con tan general aplauso? ¿Cuándo se vio la justicia respetada de la gente poderosa, tan temida de la popular, tan amada de grandes y pequeños? ¿Cuándo se vio aquella ciudad tan limpia de rufianes y ladrones? ¿Cuándo tan proveída y sobrada de todo? En fin V.S. se alzó con la gloria de los que gobernaron antes y después aquella insigne ciudad de manera que a todos dejo pobres.

Después que su majestad puso casa al Príncipe, nuestro señor, nombrando a V.S. por mayordomo, juntaronse con el buen natural y con la mucha virtud, el desengaño del tiempo y la experiencia de los años, ¿que bien puede desear su Príncipe y su Rey, en un criado, que en V.S. no se halle? A lo menos a mis ojos no echan de menos sino uno, y ese es la riqueza, que como es bien de fortuna huye muchas veces de los bienes de naturaleza y de la gracia, porque como es soberbia no sufre el más bajo y más humilde ligar. Pero más vale el buen nombre que las muchas riquezas como dice Salomón y V.S. le tiene tan bueno que a sus mismos enemigos es amable. Para celebrar tan buenas prendas, es grosera mi pluma y muda mi lengua, cuando el mundo no las conozca Dios las pondrá en el lugar que merecen.”[2]

Primera Parte de la Vida de Cristo
Edición de Madrid - 1621
Dedicada al obispo don Francisco de Mendoza

Varias ediciones de obras de Cristóbal de Fonseca están dedicadas al conde o a su hijo el obispo de Pamplona don Francisco de Mendoza.

A la muerte del conde el 4 de octubre de 1606 aparece como su mayordomo en el testamento.[3] Actúa como albacea, junto a su hijo el obispo Francisco Hurtado de Mendoza y Ribera (Santa Olalla, 1573 - Madrid, Santa Olalla, 1634), en ese momento gobernador del arzobispado de Toledo; a su hija y a su yerno, Mariana Hurtado de Mendoza Guzmán y Ribera (Santa Olalla, 1559 – Cuerva, 1627) y Pedro Laso de la Vega y Figueroa (Toledo, 1559 - Cuerva, 1637), señores de Cuerva y primeros condes de los Arcos desde 1599; y a Pablo del Pozo.

Perteneció a la Cofradía de la Santa Caridad de Santa Olalla, en 1599 aparece en un listado de cofrades como miembro de ella,[4] su nombre aparece de los primeros junto otros ilustres santaolalleros como el conde de Orgaz, Juan Hurtado de Mendoza Guzmán; el hijo y heredero del conde, Esteban de Mendoza y Mendoza; y su yerno el conde de los Arcos, Pedro Laso de la Vega.

En ese círculo generado en torno a Lope de Vega, del que él era participe, compartió espacio con otro santaolallero, el poeta Alonso Palomino (Santa Olalla, 1573 -Mentrida, 1637).[5]

También hay quien le ha identificado con el fraile agustino que aparece en el cuadro El entierro del Señor de Orgaz que el Greco pintó en 1586 para la parroquia de Santo Tomé de Toledo.[6]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] FONSECA, Cristóbal de: Primera Parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Dedicatoria. (Pág. 3)

[3] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de defunciones de la Parroquia de San Julián. APSO/6 (de 1582 a 1647).

[4] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º dela Cofradía de la Santa Caridad. APSO/69 (de 1584 a 1609).

[5] MADROÑAL DURÁN, Abraham: Alonso Palomino y Juan Ruiz de Santa María, dos poetas toledanos del tiempo de Lope de Vega (con un vejamen inédito). Toletum, 35. (Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 1998).

[6] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: El Greco y Santa Olalla, (Santa Olalla, 2014). Pág. 34.

domingo, 8 de marzo de 2026

Cristóbal de Fonseca, biografía de un escritor eulaliense

 

Cristóbal de Fonseca
por Dionisio Santiago y Palomares, c. 1780
Biblioteca de Castilla-La Mancha

El padre y maestro agustino, fray Cristóbal de Fonseca (Santa Olalla, 1550 – Madrid, 1621) fue un predicador famoso en su tiempo y es uno de los más importantes escritores místicos españoles del Siglo de Oro. Su obra pertenece al periodo más brillante de la mística dentro del que se encuadran, entre otros: fray Luis de Granada, fray Juan de los Ángeles, santo Tomás de Villanueva, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y los también agustinos fray Luis de León, fray Pedro Malón de Chaide y san Alonso de Orozco.[1]

Desarrolló, aunque en menor medida, la literatura profana; amigo de Lope de Vega y especialmente vinculado a su entorno, tal vez de ahí su enemistad con Miguel de Cervantes. Sus obras profanas las escribió bajo varios seudónimos, atribuyéndosele también, con algunas dudas más que razonables, ser quien se esconde tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, autor del Quiote apócrifo.

Cristóbal de Fonseca y Álvarez nació en la villa de Santa Olalla (Toledo) en 1550. Hijo de Diego de Fonseca y de Isabel Álvarez ambos naturales de Santa Olalla. No se conserva su partida de bautismo original dado que el primer libro de bautismos que se conserva de las parroquias de Santa Olalla se inicia a mediados de 1550, año de su nacimiento.[2] Su padre ejercía el oficio de contador, vinculado a los intereses que los Condes de Orgaz tenían en Santa Olalla como señores de la villa.

Acta de Profesión de Cristóbal de Fonseca - 1566
Archivo Provincia Agustiniana de Castilla

Con dieciséis años ingresó en la orden de San Agustín, profesando en el convento de calzados de Toledo el 8 de febrero de 1566. Profesó en manos del R. P. fray Luis Álvarez, subprior del convento en esa fecha, en nombre del Rmo. P. Maestro General. Firman la profesión: fray Luis Álvarez, subprior y receptor de la profesión, fray Bernardino de Figueroa y el neoprofeso. Se conserva el acta de su profesión,[3] que transcribimos y que contiene algunas notas biográficas en los márgenes.

“JHS - Yo hermano Cristóbal de Fonseca, hijo de Diego de Fonseca e Isabel Álvarez, su legítima mujer, de la Villa de Santa Olalla de la Diócesis Toledana, hago profesión y prometo obediencia a Dios Omnipotente y a la Gloriosa Virgen María y al Beato Nuestro Padre San Agustín, y también y por completo a ti, Reverendo Padre Hermano Luis Álvarez, Subprior titular de su convento toledano y Vice-Prior General de los Hermanos Eremitas del Santo Padre San Agustín y sus sucesores, vivir sin bienes y en castidad hasta mi muerte, bajo cuya confianza unánime lo firmé en el día octavo del mes de febrero en el año del Señor 1566.”[4]

Pese a la escasez de datos de sus primeros años y de su formación, sabemos que estudió filosofía en el convento de Toledo y teología en Salamanca. Sus primeros años de fraile, como hemos dicho, los pasó en el convento de Toledo, el padre Gregorio de Santiago Vela dice que según los libros del convento de Toledo había un retrato del padre Fonseca en la portería del convento “por haberle honrado con sus escritos”.[5] En su inscripción en el Libro Primero de Profesiones del Convento de Toledo al margen de su profesión se puso esta nota: “Fue insigne predicador y escritor famoso y rector provincial de esta provincia y definidor muchas veces”.

Convento de San Felipe el Real de Madrid

Fue prior del convento de su orden en Segovia desde 1591. En 1596 era maestro de la provincia de Castilla, en 1607 acude con los cargos de definidor y rector provincial de Castilla al capítulo provincial celebrado ese año.[6] El cargo de Rector Provincial lo habría ejercido en 1607 hasta la celebración del Capítulo de la Provincia en el mes de junio del mismo año, por muerte del Provincial fray Hernando de Orozco, fallecido el 3 de febrero. En este mismo Capítulo de 1607 fue nombrado prior de San Felipe el Real de Madrid; en 1609 es elegido definidor; siendo reelegido en 1615; y como definidor mayor presidio el 9 de noviembre de 1616 el Capitulo Intermedio que se celebra en San Felipe el Real[7] y también el capítulo celebrado en 1618.

Plano de Madrid 1622
Marcado el desaparecido Convento de San Felipe el Real

Fue el Padre Fonseca uno de los testigos en el proceso para la beatificación de San Alonso de Orozco. En su declaración ante el tribunal el día 9 del mes de octubre de 1619 dice que es conventual del Convento de San Felipe el Real, que “tiene 65 años, poco más o menos” y que “conoció al bendito Padre Alonso de Orozco por espacio de diez meses, poco más o menos”. Añade, después, que presenció la exhumación de sus restos ese mismo año y puede testificar que, “después de tocarle el pecho y los brazos le halló tan entero como si estuviera vivo”

Fray Cristóbal de Fonseca murió en el convento de su orden, San Felipe el Real, en Madrid, el 9 de noviembre 1621, con setenta y un años de edad. Por las notas del libro de profesiones sabemos que predico sus honras fúnebres el maestro fray Diego López de Andrada.[8]

A lo largo de su vida se convirtió en un reconocido escritor espiritualista y teólogo, un autor místico de inspiración platónica. Fue un gran predicador y alcanzó mucho renombre con sus sermones. Sabemos que predicó en Salamanca, Madrid, Alcalá de Henares, Toledo, Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Burgos y Segovia. El 20 de octubre de 1616 el arzobispo Bernardo de Sandoval y Rojas inaugura la Capilla de la Virgen del Sagrario de la catedral de Toledo, a la ceremonia asistieron Felipe III, el Príncipe, su mujer, los Infantes y los grandes del reino. Cristóbal de Fonseca se encargó del segundo de los ocho sermones, justo después del arzobispo y seguido de los mejores predicadores de Toledo, entre otros fray Félix Hortensio de Paravicino y Jerónimo de Florencia.

Descripción de la Capilla de Ntra. Sra. del Sagrario
en la Santa Iglesia Catedral de Toledo - 1617
El segundo de los sermones que recoge es el de Cristóbal de Fonseca

Fue un gran defensor del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, Fonseca afirma que Dios preservó a la Madre de las consecuencias del pecado y del pecado mismo, como lo afirma la Sagrada Escritura y San Agustín. Fonseca dice que: “María es rosa sin espinas, sin pecado”; “Entre los hijos de Adán, sola mi Madre es Rosa purísima”; “Convenía al cielo cuya Reina y Señora era María, que no tuviese la mancha del pecado, que no es razón dar a los ángeles, Reina que lo haya tenido, pues ni la Virgen fuera conveniente Reina de los ángeles, si no los venciera en todo linaje de pureza y santidad”.[9]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Cristóbal de Fonseca, su biografía. La Ciudad de Dios – Revista Agustiniana Volumen 233 – nº 2. CiuD-Ra 233-20 (2020) 473-498. (Editorial Agustiniana. Guadarrama, mayo-agosto de 2020).

[2] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 1º de bautismos de la Parroquia de San Julián. APSO/1 (de 1550 a 1599).

[3] Archivo Provincia Agustiniana de Castilla (APAC): Libro 85. Libro I de Profesiones de Toledo, 1495-1566. Fol. 136r.

[4] Agradezco la colaboración de Sara González Castrejón para la correcta traducción de esta acta en latín.

[5] SANTIAGO VELA, Gregorio de: Ensayo de una Biblioteca Iberoamericana de la Orden de San Agustín, vol. II. (El Escorial, 1915). Pág. 621.

[6] HERRERA, Tomas de.: Historia del convento de San Agustín de Salamanca, (Imp. Gregorio Rodríguez. Madrid, 1652). Pág. 200, 2ª Col.

[7] Archivo Provincia Agustiniana de Castilla (APAC): Actas, Carp. 1. Subc. O. Introducción.

[8] VIÑAS, Teófilo (OSA): Breves notas de Cristóbal de Fonseca. www.agustinosmadrid.com

[9] FONSECA, Cristóbal: Primera parte de la Vida de Cristo Señor Nuestro, (Imp. Jaime Cendrad. Barcelona, 1598). Capítulo IV.