viernes, 26 de julio de 2019

Santa Olalla en el “Viaje a Extremadura” de Campomanes - Crónica de un político reformista ilustrado en 1778

Pedro Rodríguez de Campomanes
“Con motivo de mi viaje a Extremadura a negocios propios, juzgue ser mi obligación examinar los que al mismo tiempo encontrase digno de noticia del Consejo, cuyos desvelos están siempre fijos en promover la utilidad pública y el servicio de Su Majestad. - Uno de los principales objetos del Gobierno es facilitar los tránsitos y comunicaciones de las gentes. - Con la amistad y buena correspondencia que el Rey Nuestro Señor acaba de establecer con el tratado de 11 de marzo de este año con la corte de Lisboa, es regular se haga común el tránsito de Madrid a Badajoz y es otra causa que obliga a mejorar en todo lo preciso aquel transito”.


Con esta disertación presentaba el político reformista ilustrado, que había sido Ministro de Hacienda con Floridablanca y en ese momento era presidente del Consejo de la Mesta, don Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez, primer conde de Campomanes, (Santa Eulalia de Sorribas (Asturias), 1723 - Madrid, 1802) su crónica del “Viaje a Extremadura”[1] fechada en Madrid el 4 de mayo de 1778.[2]
Campomanes divide su viaje en cuatro etapas a las que llama trozos. En el primer trozo, que va desde Madrid a la venta y puente del rio Alberche, aparece Santa Olalla, con cierto detalle, como una de las opciones del recorrido.
Transcribimos a continuación el texto alusivo a nuestro pueblo.
No considero necesidad de obra alguna en este trecho: el terreno es ya firme y se encuentran guijo y rollos para reparar con facilidad cualquier quiebra que pueda padecer el camino en lo sucesivo, el cual va por un valle suave y llano hasta dar con el lugar de Novés, que de ninguna parte se descubre hasta tropezar con las mismas casas, por estar situado en una hondonada, y con todo no hace en esta parte ninguna de sus avenidas.
A la salida se dividen dos caminos para ir al puente del Alberche.
El de la derecha se encamina a Santa Olalla, acompañado de grandes olivares; la primera legua es de tierra muy fuerte y negra, que en tiempo de aguas esta algo anegada, como la legua negra de Madrid a Getafe. Necesitaría alomarse con guijo, que es fácil de traer en carros de Santa Olalla o de Novés.
La otra legua hasta llegar a Santa Olalla necesita menos precaución; porque la tierra es más fuerte y va siempre entre olivares y tierra bien cultivada. […]
Santa Olalla es cabeza del condado de este nombre, que hoy se haya incorporado a la casa del Conde de Orgaz, y a la izquierda tiene muchos lugares, todos de excelente suelo y del mejor cultivo.
De Santa Olalla al Bravo hay dos leguas de muy buen piso y el camino necesita algunas alcantarillas para dar salida a las aguas: el suelo es bastante firme y se encuentran rollos para macizarlo y alomarlo en las pocas partes que lo necesite, cuyos puntos deberá determinar el perito que le reconozca. […]
Cartografía de 1772
Biblioteca de la Real Academia de la Historia
Por el camino de la izquierda que sale de Novés se va a Cebolla y se encuentran los lugares de Caudilla, Val de Santo Domingo, Alcabón, Carriches y Erustes, distantes uno de otro como una legua, y pertenece su jurisdicción al condado de Santa Olalla, aunque son villas eximidas, como lo demuestran los rollos que tienen a la entrada en señal de jurisdicción.
Su suelo es fertilísimo y bien cultivado, con olivares y encinares muy cuidados; pero como la tierra es de barro, aunque el camino sea bueno, necesitaría algún guijo o rollo y de alcantarillas sobre los arroyos que hay a las salidas de estos lugares, para que el transito fuese en todos los tiempos fácil. […]
La biblioteca de la Real Academia de la Historia conserva un plano de 1772, seis años anterior, que también contiene buena parte de este itinerario.[3]



[1] RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES Y PÉREZ, Pedro: Viaje a Extremadura con Pedro Rodríguez de Campomanes, (Ediciones Caja de Extremadura. Plasencia, 2011).
[2] Biblioteca de la Real Academia de la Historia: Censura de los viajes que en 1778 y 1779 realizó el Sr. conde de Campomanes [Manuscrito]. (Madrid, 1778). 1 M-RAH, 11/8027 (33) - Colección Censuras, Legajo 15, n. 33.
[3] Biblioteca de la Real Academia de la Historia: Rotero del Viage [Material cartográfico]; que hicieron en la primavera del año de 1772 don Joseph Andrés Cornide, vecino de la ciudad de la Coruña y don Josef Martínez Moreno, abad de Sabuguido. (1772). RAH. 9-3900-2.

lunes, 22 de julio de 2019

Santa Olalla en un itinerario militar de Madrid a Talavera - Itinerario topográfico y estadístico de 1849

Recogemos la descripción y los planos que nos aporta sobre Santa Olalla el “Itinerario topográfico y estadístico de Madrid a Talavera de la Reina”,[1] en un manuscrito elaborado por el comandante de caballería y capitán del cuerpo del estado mayor del ejército don Mariano de Ahumada y Tortosa, fechado en Madrid en enero de 1849.
Este itinerario militar comprende la parte suroccidental de la provincia de Madrid y la noroccidental de la de Toledo pasando por las poblaciones de Alcorcón, Villaviciosa, Móstoles, Navalcarnero, Valmojado, Santa Cruz del Retamar, Quismondo, Maqueda, Santa Olalla, El Bravo y Cazalegas. La cartografía tiene una escala de 1:120.000 y está iluminada en varios colores, aparece trazada una retícula que equivale a un cuarto de legua por cada cuadrado.
La primera página contiene un cuadro con las jornadas en las que está dividido este itinerario: Primera jornada de Madrid a Móstoles; Segunda jornada de Móstoles a Valmojado; Tercera jornada de Valmojado a Santa Cruz de Retamar; Cuarta jornada de Santa Cruz de Retamar a Santa Olalla; Y quinta jornada de Santa Olalla a Talavera de la Reina. Santa Olalla es por lo tanto una parada o “punto de etapa” de este itinerario.





De cada una de las localidades que jalonan el itinerario hace una relación explicativa sobre su situación, casas, edificios notables, número de vecinos, oficios, producción y capacidad de alojamiento. Recogemos a continuación la que hace de Santa Olalla.
Santa Olalla – Es villa perteneciente a la comandancia militar de Toledo, al partido judicial de Escalona y punto de etapa. Su población se compone de 254 casas, 5 posadas regulares, 2 iglesias y 1 casa de beneficencia. Hay una fuente pública intramuros, 50 pozos de agua potable, 2 tahonas y un molino de agua a media legua de distancia.
Su situación es en terreno de buena calidad que produce al año: 14.000 fanegas de trigo, 6.000 de cebada, 15.000 arrobas de aceite, 12.000 de vino y 1.000 de garbanzos.
Tiene 23 caballos de silla, 224 mulas de labor, 50 de carga, 60 caballerías menores, 64 carros de mulas y 13 para bueyes. 120 cabezas de ganado vacuno, 9.000 de lanar y algunas de cerdos.
El número total de vecinos asciende a 280 y son: 1 oficial retirado, 2 empleados, 20 propietarios, 182 jornaleros, 21 labradores, 4 comerciantes, 8 trajineros, 3 sastres, 1 zapatero, 5 carpinteros, 4 albañiles, 3 herreros, 3 panaderos, 4 carreteros, 1 medico, 1 cirujano, 3 albéitares, 2 boticarios, 1 abogado, 1 escribano y 4 eclesiásticos.
Su contribución anual asciende a 83.200 reales, y le corresponden 2 mozos para el servicio del ejército en quinta de 25.000 hombres.
Puede mantener alojados con comodidad 600 infantes y 400 caballos.



[1] Archivo Cartográfico de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército: Ytinerario topográfico y estadístico de Madrid á Talavera de la Reyna. (Madrid, 1849). Colección: PCGE — Ubicación: AR — Signatura: Ar.M-T.2-C.9-165 — Código de barras: 2204339

martes, 16 de julio de 2019

Romance de Barreñones

En el mil doscientos doce
hasta Andalucía marchaban
los reyes, los capitanes
que España reconquistaban.

Rey de Castilla y León,
Rey de tierras Navarras
y junto al rey de Aragón
contra los reinos de taifas.

Mencía Lope de Haro
Señora de Santa Olalla,
busca consuelo en la Cruz
por su hermano que allí estaba.

Aquel dieciséis de julio
aquel capitán don Diego,
aquel triunfo en batalla
otra gesta del medievo.

Llegó don Diego a estas tierras
y su hermana lo esperaba,
la buena-nueva recibe
y comparten la esperanza.

Y en estas tierras quisieron
fuera fiesta señalada
aquel dieciséis de julio
en que la Cruz triunfara.

Que se celebre en Otero,
en la Mata y en Erustes
Domingo Pérez, Carriches
toda esta tierra de ilustres.

Fueron corriendo los siglos
la fiesta casi olvidada,
ya que solo en Santa Olalla
la fiesta fue conservada.

Y de aquella nueva América
hecho por indios, con cañas,
hasta este pueblo llegó
un Cristo de tierra extraña.

Cristo de la Caridad
nuestro moreno patrón,
fiel historia y tradición
buen consuelo y devoción.

Con el calor de Toledo
Barreñones encendemos,
en esta noche de víspera
tradición que mantenemos.


Foto: Jesús Sánchez de Haro (2019)


- LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Romance de Barreñones. Programa de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2019).

miércoles, 10 de julio de 2019

Luis Cosón y la cúpula del Cristo de la Caridad - "La Capilla Sixtina de Santa Olalla"

El mayor mérito artístico de la capilla del Cristo de la Caridad en la iglesia de San Julián de Santa Olalla está en su cúpula decorada con pinturas al temple de gran belleza. Las pinturas se realizaron entre 1726 y 1736 por el maestro pintor de origen flamenco Luis Cosón, afincado por aquellos años en la toledana villa de Cebolla. Son de estilo barroco-rococó con la influencia del prolífico pintor Lucas Jordán.[1]
El Libro 3º de la Cofradía de la Santa Caridad recoge una nota de 1726 en la que el visitador Juan Cordón hace donación de 500 reales de vellón de los que se hace cargo el mayordomo Joseph López Escalona para que “se pinte de ‘Jordán’ la capilla del Cristo”.[2] En diciembre de 1736 las pinturas debían estar ya concluidas pues Joseph López Escalona entregó la cantidad de 500 reales de vellón a Luis Cosón por pintar la capilla; este pago aparece firmado por el cura de San Julián, Juan Guerrero Luna.


Pese a lo que pueda parecer no son frescos, sino pinturas al temple aplicadas sobre el yeso muerto. Esta técnica facilitaba la labor de los artistas, que simplemente decoraban la arquitectura ya terminada, sin tener que aplicar el mortero de yeso. [3]
El conjunto mural representa un cielo lleno de Ángeles que sostienen elementos de la pasión de Cristo, son los conocidos como Ángeles Pasionarios. En las cuatro pechinas aparecen los bustos de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; con sus respectivos símbolos: el ángel, el león, el buey y el águila. En los arcos decoración floral y rocalla, el del frente encierra el retablo, los de los lados enmarcan las dos ventanas y en el trasero aparece pintada una ventana con vidriera, aunque este trampantojo parece inacabado. Entre la decoración de los arcos flanqueando cada ventana, incluido el trampantojo, hay un angelote, su estado es casi inapreciable por los que solo podemos afirmar que uno de ellos sostiene la balanza símbolo de la justicia. Este motivo iconográfico nos hace pensar que portaban los atributos de las virtudes cardinales y teologales. La cúpula propiamente dicha se divide mediante listas de decoración floral, rocalla y lacería en ocho secciones, en cada una de las cuales hay un ángel de rostro femenino que sostiene un elemento de la Pasión de Cristo: la corona de espinas; el sudario y los tres clavos; la lanza de Longinos; la escalera; la Cruz; la toca de la Verónica con la Santa Faz; la columna y la soga; y la caña con la esponja.
No fue esta cúpula el único encargo que la Cofradía de la Santa Caridad hizo a Luis Cosón ya que, diez años más tarde, en 1746 le encarga cuatro pinturas para dos estandartes. Dos pinturas recogen su emblema cofrade, la Cruz verde con brotes, y diversas heráldicas; y las otras dos las imágenes de Santa Eulalia y San Julián.[4]
Actualmente varios historiadores, cronistas y académicos estamos trabajando en estudiar la figura de este pintor todavía desconocido y difundir su obra que se reparte por lugares como Gavilanes (Ávila), La Torre de Esteban Hambrán, Cebolla, Domingo Pérez, Carriches, Erustes, La Mata o La Puebla de Montalbán. Santa Olalla no debe quedar fuera de estos estudios ya que hemos recibido como legado, algunas de las mejores obras del pintor Luis Cosón.





[1] LÓPEZ MUÑOZ, JOSUÉ: Luis Cosón y la cúpula del Cristo. Programa de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2019).
[2] Archivo Parroquial de Santa Olalla: Libro 3º de la Cofradía de la Santa Caridad. 70/APSO. (De 1692 a 1745).
[3] LÓPEZ MUÑOZ, JOSUÉ: Dieciséis de Julio: Orígenes, historia, leyenda, tradición y devoción del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, en el Octavo Centenario de la Fiesta del 16 de julio (1212–1598–2012). (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2012). Pág. 48.
[4] LÓPEZ MUÑOZ, JOSUÉ: Dieciséis de Julio: Orígenes, historia, leyenda, tradición y devoción del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, en el Octavo Centenario de la Fiesta del 16 de julio (1212–1598–2012). (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2012). Pág. 54.









domingo, 7 de julio de 2019

domingo, 9 de junio de 2019

La Leyenda de la Virgen de la Piedad de Santa Olalla, origen, leyenda y tradición oral de su imagen

No se conserva ningún documento que nos fije con exactitud el origen de la venerada imagen de la Virgen de la Piedad, patrona de Santa Olalla. Desconocemos por tanto la fecha exacta en que fue tallada, el escultor que la hizo y quién o quiénes realizaron tan importante encargo.
El tema iconográfico de La Piedad en el arte no empezó a representarse como tal hasta el siglo XIII y se hizo muy popular durante el Renacimiento. Esta representación trata de recoger el momento en el que el cadáver de Jesucristo ha sido bajado de la Cruz y puesto en los brazos de su madre la Virgen María.
Indudablemente, la representación más famosa de la Piedad es la Pietà que Miguel Ángel elaboró para la Basílica de San Pedro del Vaticano. Miguel Ángel la esculpió en mármol blanco de Carrara entre 1498 y 1499,  estableció un modelo de composición triangular que ha caracterizado y se ha repetido en la representación de otras obras de la Piedad. El arquitecto y escritor del siglo XVI Giorgio Vasari dijo de la Piedad de Miguel Ángel “es una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatigue, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol”.
La imagen de la Virgen de la Piedad de Santa Olalla se inspira en el modelo triangular renacentista marcado por Miguel Ángel. Para describir la imagen usamos las palabras del historiador José Luis Ruz Márquez: "de mediana estatura sentada y con la imagen de Cristo en los brazos, recordando en su actitud a la Virgen de las Angustias"[1]. Efectivamente la pequeña imagen de la Virgen aparece sentada en una zona rocosa sosteniendo el cuerpo cadavérico de su hijo. La imagen del Cristo es de enorme patetismo frente a la serenidad, delicadeza, belleza y juventud de la Virgen. Los ropajes de María son una túnica rosada, una toca blanca y sobre todo esto un manto azul decorado con cenefas y estrellas de pan de oro.
La imagen de la Virgen está esculpida en piedra y posteriormente policromada. Se trata de un tipo de piedra caliza que tradicionalmente se ha denominado piedra dulce, dada su facilidad para ser tallada.
La imagen de la Virgen debió esculpirse a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII. Y es ciertamente peculiar dada la escasez de imágenes devocionales de piedra en el interior de las parroquias de la provincia de Toledo.
Es un error fechar el inicio de la devoción a la Virgen de la Piedad en Santa Olalla en el año 1553, como se ha venido haciendo hasta hace algunos años, basándose en un voto que la villa de Santa Olalla hace el 26 de diciembre de 1553. Se trata de un voto para guardar la fiesta de su patrona, la mártir Santa Eulalia, con reparto en este día de limosnas a los pobres de la villa. En algunas partes de este documento aparece sólo “voto a la Patrona” y alguien lo adjudicó a la Virgen de la Piedad, un error que se ha arrastrado en sucesivas ocasiones.[2]
En uno de los primeros artículos que escribí, allá por el año 2002,[3] puede hablar de la leyenda de la Virgen de la Piedad en Santa Olalla y por segunda vez lo hice en el libro de las fiestas de 2019[4] en el que la portada estaba dedicada precisamente a esta vieja leyenda que todos los santaolalleros hemos oído contar desde niños a nuestros abuelos.
En la presentación del libro en una novena de la Virgen dije: “Esta leyenda tiene tantas versiones como familias, tantas versiones como abuelos la han contado. Pero de toda la historia, realidad o ficción, debemos quedarnos con su moraleja: la Virgen de la Piedad quiso quedarse junto a los santaolalleros y nosotros hemos sabido desde hace siglos acogerla como madre”.       
La tradición oral nos cuenta como la llegada de la imagen de la Virgen de la Piedad a Santa Olalla se produjo de una manera peculiar y envuelta en leyenda. Según la tradición el destino de esta maravillosa talla de piedra del siglo XVII no era nuestro pueblo, pero al pasar por aquí procedente de Andalucía y portada en una carreta tirada por bueyes, aquellos animales no quisieron continuar el camino, negándose a andar pese a la evidente insistencia de los arrieros que los guiaban, por lo que los vecinos de Santa Olalla pensaron que la Virgen de la Piedad se quería quedar aquí.
Y así envuelta en ese halo de misterio y leyenda la Virgen de la Piedad se quedó para siempre en nuestro pueblo. Y desde esa fecha se hizo voto solemne de celebrar su fiesta.
Unos sencillos versos nos resumen el contenido de la leyenda:
La Virgen de la Piedad
a Santa Olalla llegó un día,
la trajo un arrierito de Andalucía.
La portada del libro recogía una pintura de 2018 realizada por el pintor y copista Rafael Ramos, probablemente la primera y única representación pictórica de la leyenda. La composición adaptaba el cuadro “Los arrieros” de Ginés Andrés de Aguirre conservado en el Museo del Prado de Madrid.
Esta historia legendaria tiene para Santa Olalla un gran valor antropológico, digno de estudio dada la continuidad en la transmisión oral de esta historia. Siglos atrás, las gentes siempre tendían a dar alguna explicación a los hechos cuyo origen se desconocía. Y ante la imposibilidad de aportar datos ciertos o simplemente lógicos, como que la imagen fue encargada para devoción de la Parroquia de Santa Olalla, recurrían al misterio y a la leyenda.



[1] RUZ MÁRQUEZ, José Luis: La villa de Santa Olalla en el siglo XVIII, (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 1982). Pág. 23.
[2] Archivo Municipal de Santa Olalla: Voto de la villa de Santa Olalla a su patrona Santa Eulalia. AMSO/106/15 (23 de diciembre de 1556).
[3] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Mitos y leyendas. Barbacana nº 2. (Fundación Condes de Orgaz en Santa Olalla. Santa Olalla, marzo de 2002).
[4] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos de nuestra historia - Para conocer un poco más sobre la historia de Santa Olalla, sus anécdotas y sus personajes-. Libro de las Fiestas Ntra. Sra. de la Piedad 2019. (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 2019).

domingo, 2 de junio de 2019

El Libro de Caballerías de un converso santaolallero, una novela caballeresca del médico Álvaro de Castro

Dentro del extensísimo catálogo de publicaciones de novelas de caballerías durante el Siglo de Oro español, en el año 1522 se imprimía en Toledo en la imprenta de Juan de Villaquirán[1] un libro de caballerías cuyo título completo era “Libro segundo del muy valiente y esforzado caballero Don Clarián de Landanís, hijo del rey Lantedón de Suecia”. Su autor era el maestre Álvaro de Castro[2], médico de origen judeoconverso de Santa Olalla al servicio de la casa de Álvar Pérez de Guzmán, Conde de Orgaz.
La obra de Álvaro de Castro venía a continuar “El libro primero de don Clarián de Landanís” que en 1518 había publicado Gabriel Vázquez del Castillo. Prácticamente a la vez y seguramente sin saberlo Jerónimo López también secundaba esta obra con la publicación de otra segunda parte entre 1518 y 1524, a la que seguirían dos volúmenes más, una tercera y una cuarta parte, en 1524 y 1528 respectivamente, generándose una autentica serie de los “Clarianes” formada por un total de cinco partes distintas.

Este libro de caballerías está dedicado al primer Conde de Orgaz, el escudo del conde aparece en el grabado que ilustra la portada y en el prólogo se puede leer: “Comienza el proemio dirigido al muy ilustre señor don Alvar Pérez de Guzmán, conde de Orgaz, alguacil mayor de Sevilla, señor de las villas de Santa Olalla y Polvoranca, etc, fecho por el maestre Álvaro, físico suyo”. El autor del Libro Segundo sigue en lo fundamental las aventuras iniciadas en el Libro Primero, es sumamente respetuoso con los caracteres de los personajes principales de la obra precedente y con la geografía europea. Sin embargo, se interesa especialmente por el papel que desempeña la caballería hispano-goda en la corte imperial de Vasperaldo, se complace en insertar referencias a animales exóticos, algunos de ellos de difícil documentación, y ofrece abundantes pasajes relativos a la conversión de infieles. Estos rasgos tienen una significación especial cuando se consideran desde la perspectiva biográfica del autor.
Álvaro de Castro nació entre 1465 y 1475, era hijo de Diego Gómez de Toledo, formaba parte de una importante familia de judeo-conversos conocida por el sobrenombre Abolafia, de la nobilísima familia hebrea de los ha-Leví. Una familia, los Abolafia, muy culta y vinculados al comercio y la medicina.[3] Sus abuelos fueron don Bueno de Abolafia y doña Paloma que murieron judíos, seguramente antes de 1492, sus hijos entre ellos Diego Gómez de Toledo, antes de la conversión Samuel de Abolafia, se exiliaron en Portugal donde se convirtieron y donde nació Álvaro de Castro, el segundo de sus siete hijos. La familia se convirtió al cristianismo entre 1492 y 1498. Ya conversos, en torno a 1498 la familia regresó a Toledo, donde Álvaro de Castro pronto se puso al servicio del Conde de Orgaz en su residencia de Santa Olalla en la que ya había sido medico un tío suyo que estuvo al servicio de don Esteban de Guzmán y Carrillo de Acuña y doña Isabel de Mendoza, padres de Alvar Pérez de Guzmán, primer conde de Orgaz.
El medico Álvaro de Castro fue abuelo del insigne humanista Alvar Gómez de Castro (Santa Olalla, 1515 – Toledo, 1580),[4] a quien crió en su casa ya que quedó huérfano a una temprana edad. El testamento de Alvar Gómez de Castro nos deja constancia de las obras medicas de su abuelo:[5] “Cuatro libros de medicina, escritos de mano de un abuelo mío, los dos encuadernados en tablas, el uno tiene cuero de becerro colorado, y llamase ‘fundamenta medicorum’; el otro de menos volumen, le tiene negro y llamase ‘Antidotario’; los otros dos están en pergamino tratan de simples, el uno tiene en el lomo una A va continuando hasta la N que esta también en el lomo del otro; quiero que se den a la misma santa iglesia para que allí se guarden, porque entiendo que está en ellos recapitulada toda la antigua doctrina de los árabes, puesta con mucha distinción y advertencia, los de pergamino se encuadernaran en tablas a costa de mis bienes.”
Estos dos últimos libros de los que habla su nieto en su testamento son los dos tomos del libro de medicina manuscrito ‘Ianua vita’ escrito entre 1518 y 1526, y cuyo manuscrito todavía hoy se conserva en la biblioteca capitular de la Catedral de Toledo. En el prólogo de este libro de medicina se puede leer: “Magistri Alvari de Castro, a Toleto oriundi, oppidi Sancte Olalie incole, medici illustis domini Alvari Perez de Guzman comitis de Orgaz, in hispalensi civitate maioris executoris et cetera, in opus cui nomen inditur Ianua vite ad Iuachum Lopez, insignem medice artis doctorem, prefatio.”
La admiración de Alvar Gómez de Castro hacia su abuelo Álvaro de Castro debió ser muy grande y no solo se preocupa de que se conserve su obra sobre medicina sino que a su muerte le compone este soneto:
¡Oh noche de tinieblas rodeada
y de menores luces de contino,
ahora des al mareante tino,
ahora a los amantes la celada!

En tanto que la gente reposada,
descansa con el sueño,  y sus cuidados
algún poco los tiene despegados,
la puerta del sentido ya cerrada.

A mí, con tu silencio, favorece,
que no pequeña causa me desvela
buscando a mi dolor dar cualquier medio.

Con tu presencia ahora me consuela
y estas tinieblas, liberal, ofrece
a quien en ella halla gran remedio.
La obra que estudiamos en este artículo, ‘El Clarián’ de Álvaro de Castro fue reimpresa en Sevilla en la imprenta de Juan Cromberger[6] en 1535 y más recientemente, en 2000, ha sido recuperada por el Centro de Estudios Cervantinos, bajo la edición de Javier Guijarro Ceballos que ha publicado también una guía de lectura de la obra.[7]



[1] CASTRO, Álvaro de: Libro segundo de don Clarián de Landanís. (Juan de Villaquirán. Toledo, 1522).
[2] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retazos de nuestra historia - Para conocer un poco más sobre la historia de Santa Olalla, sus anécdotas y sus personajes-. Libro de las Fiestas Ntra. Sra. de la Piedad 2019. (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 2019).
[3] GÓMEZ-MENOR FUENTES, José Carlos: Algunos datos documentales sobre médicos toledanos del siglo XVI. (Cuadernos de historia de la medicina española VIII. Madrid, 1969). Págs. 119-168.
[4] VAQUERO SERRANO, Carmen: El maestro Alvar Gómez: biografía y prosa inédita, (Caja de Ahorros de Toledo. Toledo, 1993).
[5] SAN ROMAN FERNANDEZ, Francisco de Borja: El testamento del humanista Alvar Gómez de Castro, (Tipografía de Archivos. Madrid, 1928).
[6] CASTRO, Álvaro de: Libro segundo de don Clarián de Landanís. (Juan Cromberger. Sevilla, 1535).
[7] CASTRO, Álvaro de: Libro segundo de don Clarián de Landanís. (Centro de Estudios Cervantinos. Madrid, 2000).