sábado, 16 de noviembre de 2019

El Cerrado, Privilegio de Feria en Santa Olalla

Desde época medieval en Santa Olalla tenía gran importancia el sector mercantil y especialmente el mercadeo de la ganadería. No podemos olvidar que por Santa Olalla transcurría el cordel de merinas que unía la Cañada Real Segoviana con la Carretera Real y por lo tanto con el río Alberche, y que existía un descansadero del ganado junto al cordel en el actual Parque Municipal “El Cordel”. Todos estos motivos favorecieron la concesión por privilegio real de una feria-mercado que se celebraba todos los lunes y que era conocido como “El Cerrado”, tal vez por celebrarse dentro del recinto murado de Santa Olalla.
En las relaciones histórico-geográficas que se hacen en 1576 por orden de Felipe II, se menciona este mercado diciendo: “Al quincuagésimo quinto se responde que esta villa es pasajera e por ella pasan de la Vera y Portugal y Extremadura a Toledo y a Madrid y tiene seis aldeas pequeñas anexas. También en esta villa se hace un mercado, el lunes de cada semana, solía ser bueno y muy nombrado y ya no lo es y no es franco”.[1]
Ya nos indican las relaciones la decadencia del mercado que llevó a su desaparición, de hecho en 1751 no se mencionada nada sobre él en la pregunta relativa a ferias y mercados que se hace en el interrogatorio del Catastro de Ensenada.



[1] VIÑAS MEY, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España, hechas por iniciativa de Felipe II. Reino de Toledo. (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1951). Págs. de 421 a 427.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Las Ánimas, el cuadro de las Ánimas del purgatorio de Santa Olalla


Muchas veces hemos oído la expresión “esto parece un cuadro de ánimas” cuando nos encontramos con una situación lamentable, llena de dolor y sufrimiento. Ya que era habitual que este tipo de cuadros estuviera en las iglesias, son representaciones del Juicio Final en las que aparece representado el infierno, el cielo y las almas o ánimas que se encuentran en una situación u otra.
Eran cuadros muy populares debido a los numerosos cultos que se dedicaban a las ánimas benditas o del purgatorio, y la proliferación en casi todas las parroquias de las Cofradías de Ánimas, como era el caso de Santa Olalla.
En la iglesia de San Julián de Santa Olalla contamos con uno de estos cuadros. Realmente se trata de un altar, ya que el cuadro de gran tamaño se encuentra enmarcado con relieves de madera dorada profusamente labrados en talla barroca. La pintura que describimos es del siglo XVII, un óleo sobre lienzo de la escuela toledana, pintado en torno a 1669 fecha de la fundación de su cofradía. Su estado actual de conservación es realmente muy malo, teniendo incluso grandes rajas que han sido cosidas de manera rudimentaria.

En la parte baja encontramos el infierno representado con llamas y fuego, y en él un numeroso grupo de condenados desnudos que claman por su salvación. En la parte superior encontramos la gloria en las esquinas tres cabezas de angelotes y en el centro la Santísima Trinidad, el Padre, que sostiene un orbe, el hijo que sostiene la Cruz y muestra las llagas de la pasión y en centro la paloma blanca que representa al Espíritu Santo. Justo debajo de ellos a un lado la Virgen del Carmen, con habito carmelita y escapulario como especial abogada de las ánimas del purgatorio y al otro lado San José que sostiene la vara florida y presenta a un bienaventurado que se había encomendado a él.
En el centro el arcángel San Miguel con la espada en alto y el escudo con lema “Quis ut Deus” (Quién como Dios), luchado contra el demonio que aparece como una figura negra, con alas monstruosas y rabo.
También encontramos a San Francisco de Asís que saca del purgatorio a un niño y otras figuras que parecen ascender a los cielos.
Es curioso conocer que este altar de Ánimas era el único que tenía concedidas indulgencias por parte del Arzobispado de Toledo, como así atestigua este documento de 1755: “Certifico yo don Juan Guerrero y Luna cura ecónomo de iglesia parroquial de San Julián de esta villa de Santa Olalla que en dicha iglesia parroquial no hay más altar de indulgencias que el de las Ánimas del Purgatorio sito en la citada iglesia con este título, cuyo privilegio esta para acabar en este presente mes de mayo según estoy informado, y para que conste doy la presente a petición de don Manuel de Castro, presbítero y mayordomo de dichas Ánimas, y me parece ser conveniente que se mantenga el privilegio en el lunes de cada semana a causa de estar ordenado por la Cofradía de las Benditas Ánimas, se celebre en el citado día de lunes una misa cantada con sus responsos. Y lo firmo en la expresada villa de Santa Olalla, en 22 de mayo de 1755. Don Juan Guerrero y Luna”. En el margen de este documento se puede leer: “Se dio paso al breve el 28 de mayo 1755”.[1]
En cuanto a la Cofradía de Ánimas responsable del culto en este altar, conservamos sus ordenanzas aprobadas el 6 de septiembre de 1669 por don Pascual Aragón, cardenal-arzobispo de Toledo.[2] Las Ordenanzas de la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio de la villa de Santa Olalla fueron presentadas por los licenciados Francisco Vázquez de Contreras y Antonio Díaz, curas de las iglesias parroquiales de San Pedro y San Julián y otros vecinos de la villa, siendo señor de la villa el Conde don José de Mendoza y Gómez de Sandoval.
El Archivo Parroquial conserva uno de sus libros de actas que comprende desde 1736 a 1780[3]. Y un estatuto correspondiente a una refundación de la Cofradía el 15 de diciembre de 1844, en el que además se hace mención a una renovación anterior de 1818.[4]
De ambas ordenanzas de 1669 y de 1844 se conserva copia en el Archivo Diocesano de Toledo.[5]
Esta cofradía realizaba continuos cultos en memoria de las Ánimas, con especial profusión en el día 1 de noviembre y en todo ese mes. El dinero para sufragar todas esas misas y cultos lo obtenía de su continua petición entre los vecinos de limosnas para las ánimas. También tenemos constancia a través de los distintos documentos antes citados que formaba parte de ella una soldadesca que bailaba especialmente en época de carnaval diversos bailes como la danza de paloteo y el baile de la bandera, siempre orientados a recoger limosnas para sus fines piadosos. Con la decadencia de esta Cofradía el baile de la bandera comenzó a realizarse también para las fiestas del Cristo de la Caridad, quedándose finalmente de manera exclusiva en ellas donde se ha conservado.



[1] ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO: Sección Cofradías y Hermandades. Legajo TO-67. Expediente 11.
[2] ARCHIVO MUNICIPAL DE SANTA OLALLA: Ordenanzas de la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio (6 de septiembre de 1669). AMSO/106/21.
[3] ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA OLALLA: Libro de la Cofradía de Ánimas (1736-1780) APSO/68
[4] ARCHIVO PARROQUIAL DE SANTA OLALLA: Estatuto de la Cofradía de Ánimas del Purgatorio (1844) APSO/35/SJ
[5] ARCHIVO DIOCESANO DE TOLEDO: Sección Cofradías y Hermandades. Legajo TO-48. Expediente 25.

Ordenanzas de la Cofradía de Ánimas de 1669

Carta de indulgencias del Altar de Ánimas de 1755

domingo, 27 de octubre de 2019

Vinco Cominario, Santa Olalla en época musulmana

Tazón islámico con decoración "cordón de eternidad"
La etapa visigoda se interrumpe con la entrada en la península de los musulmanes, el pueblo de Santa Eulalia pasa a llamarse Vinco Cominario según el primer historiador provincial Pedro de Alcocer[1]. Nuestro pueblo pasa a formar parte de Al-Andalus, primero de la provincia de Al-Musata (emirato o califato de Córdoba) y después de Talaytula (taifa independiente de Toledo).
Los cristianos que quedaron en el pueblo, mozárabes, pasaron a depender de las parroquias toledanas, al desaparecer la iglesia de Santa Eulalia, cuyo solar probablemente utilizaron los musulmanes como mezquita.
Finalmente es reconquistada después de dos siglos y medio de dominio musulmán por los cristianos en 1083.
Algunos restos cerámicos encontrados en 2006[2] son el único recuerdo material de aquella época, están fechados en torno a los siglos X-XI.



[1] ALCOCER, Pedro de: Historia o descripción de la Imperial Ciudad de Toledo: con todas las cosas acontecidas en ella desde su principio y fundación; donde se tocan y refieren muchas antigüedades y cosas notables de la Historia General de España. (Imprenta de Juan Ferrer. Toledo, 1554).
[2] ROJAS RODRÍGUEZ-MALO, Juan Manuel y GARCÍA VACAS, Luis: Informe de intervención arqueológica en prolongación de calle San Juan de Santa Olalla (Toledo), (Toledo, septiembre de 2006).


Colección de restos cerámicos islámicos procedentes de Santa Olalla
Museo de Santa Cruz - Toledo

domingo, 20 de octubre de 2019

Santa Eulalia, Santa Olalla en época romana y visigoda

En el siglo II antes de Cristo encontramos a los romanos en nuestro pueblo, que formó parte de la provincia romana llamada Carthaginensis, en la frontera con la Lusitania.
Sobre la cañada ganadera de origen celta, montaron los romanos la calzada que unía Emérita Augusta con Caesaróbriga y Toletum (Mérida con Talavera y Toledo). Al estar Santa Olalla junto a esta calzada, tuvo una función específica que cumplir dentro del entramado romano, se convirtió en lugar de descanso de las legiones y de viajeros, presidio para los penados por la justicia e importante zona de explotación agrícola y ganadera.
Existe consenso entre la mayoría de los historiadores, para afirmar que es en la etapa romano-cristiana cuando el pueblo recibe por primera vez el nombre de Santa Eulalia. La situación de nuestro pueblo permitió que no tardara en llegar la fama y devoción a esta mártir que desde el bajo imperio romano fue patrona de Mérida.
Santa Eulalia de Mérida (Emérita Augusta, 292 - Emerita Augusta, 10 de diciembre de 304) fue una santa cristiana, virgen y mártir, que padeció el martirio a los trece años en la ciudad de Mérida, mandada martirizar por el gobernador de Lusitania, Calpurriano, durante las persecuciones a los primeros cristianos del emperador Diocleciano. La noticia de la vida y martirio de la santa emeritense se expandió rápidamente por el Imperio Romano, convirtiendo a la ciudad en uno de las metas más importantes de peregrinación de Europa occidental durante la alta Edad Media. De hecho, y hasta la proclamación de Santiago Apóstol, Eulalia fue invocada como protectora de las tropas cristianas en la Reconquista y patrona de las Españas.
Los datos acerca de la vida y muerte de Santa Eulalia los encontramos en un himno que en honor de ella escribe el poeta Prudencio en el siglo IV; así como del relato de su pasión recogido en el Pasionario Hispánico.[1]
En el himno del poeta Prudencio se cuenta lo siguiente: Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.
Viendo su madre que la jovencita podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella regreso a la ciudad de Mérida.
Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.
Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo. Y le dijo: "De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos". La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: "Al sólo Dios del cielo adoro; a El únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más".
Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.
Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.[2]
Etimológicamente, Eulalia significa en griego (Ευλαλια): 'la que habla bien' - eu = 'bien', lalein = 'hablar' (verbo) o lalia = 'habla' (sustantivo).

Santa Eulalia de Mérida
Iglesia de San Pedro Apóstol - Santa Olalla
Sería por tanto en el siglo IV, cuando surge oficialmente el hagiotopónimo de Santa Eulalia, en alusión a nuestro pueblo.
En el siglo V entran los pueblos bárbaros y se consolida el Reino Visigodo. Pocos datos tenemos de su relación con nuestro pueblo, únicamente sabemos que en esta etapa se mantuvo el nombre dado por los romanos, Santa Eulalia, en honor de la famosa mártir emeritense.
Es posible que se construyera en esta época la primera iglesia de nuestro pueblo, y que se dedicó, como no podía ser de otra forma, a Santa Eulalia que en ese momento se convierte en patrona del pueblo. No debió ser un templo muy grande, pero cumplió una importante función en la cristianización de nuestros antepasados. Fue destruida posteriormente por los musulmanes.
            El resto arqueológico de esta época más destacado es una sepultura con restos humanos encontrada en 1995 en el paraje de Alcantarilla según el arqueólogo que la estudió, Zacarías López-Barrajón Barrios, data de los siglos V o VI d. C.



[1] RIESCO CHUECA, Pilar: Pasionario hispánico, (Universidad de Sevilla. Sevilla, 1995).

domingo, 13 de octubre de 2019

Los orígenes de Santa Olalla, de la Prehistoria al Imperio Romano


Muy pocos datos y muchas conjeturas es lo que podemos ofrecer sobre esta primera etapa de la historia de Santa Olalla. La única conclusión clara es que sus primeros moradores fueron celtas y carpetanos.
Al menos, desde el Paleolítico, el entorno de Santa Olalla fue frecuentado por tribus nómadas, cazadores y recolectores. Algunos pequeños hallazgos arqueológicos en el término municipal así lo demuestran, han aparecido, siempre de forma casual, algunas herramientas y armas de edades líticas.
Posteriormente las tribus nómadas comienzan a asentarse, nuestro pueblo aparece entonces como aldea céltica formada fundamentalmente por pastores trashumantes. Eligieron los celtas esta zona porque estaba situada junto a una de sus más importantes cañadas, la aldea tenía sus chozas y servía de descansadero en la conducción del ganado desde el frío del norte peninsular, al clima templado de la actual Extremadura. Nuestro pueblo les ofrecía su cañada, buenos pastos y agua para el ganado. Con estos datos no se puede dudar afirmación de Fernando Jiménez de Gregorio que en varias ocasiones ha dicho: "Si me preguntase la causa primera de la fundación de Santa Olalla, diría sin vacilar EL CAMINO".[1]
Los celtas fueron, sin duda alguna, los primeros pobladores estables de Santa Olalla.
Hace más de dos mil quinientos años, entorno al siglo V antes de Cristo se instalan en la zona los carpetanos. Este pueblo de origen íbero, fundadores de Ebora (la actual Talavera de la Reina), ocuparon la antigua aldea céltica y vivieron en ella hasta la llegada de los romanos.
            En el siglo II antes de Cristo entran los romanos lo que supuso para la zona mayores avances pero al mismo tiempo un gran coste social, acabando con gran parte de la población indígena y sometiendo al resto a la esclavitud y al pago de importantes tributos.


[1] JIMÉNEZ DE GREGORIO, Fernando: En torno a la geografía e historia de Santa Olalla, (Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo. Toledo, 1992). Pág. 127.

martes, 24 de septiembre de 2019

San José y Santa Ana, dos pinturas del retablo de los “San Julianes”


El cascarón del retablo mayor de la iglesia de San Julián, conocido popularmente como el retablo de los “San Julianes”,[1] contiene además de la valiosa pintura de la Asunción de la Virgen a los cielos otras dos pinturas laterales en las que aparecen representados dos santos de enorme devoción en el barroco: San José y Santa Ana.
Como ya contamos en nuestro artículo sobre la pintura de la Asunción,[2] este lienzo se adaptó para el retablo que construyó Juan Gómez Lobo en 1676.[3] Y para terminar de cubrir el cuarto de esfera se elaboraron a medida, en esa fecha de 1676, dos nuevas pinturas oleo sobre lienzo que se colocarían una a cada lado, separadas por nervios de molduras doradas y estofadas.
Las pinturas tienen un corte triangular y además adquieren una forma cóncava al colocarse los lienzos en el cascaron del retablo. La parte superior, la más estrecha, está pintada en consonancia con la pintura de la Asunción, un cielo nuboso, rosado en su parte alta que se torna azulado en la zona central y en cada una de las pinturas cuatro cabezas de querubines. En la parte baja un pequeño paisaje montañoso con escasa vegetación y un suelo terrizo.
La primera pintura es la de San José, el glorioso patriarca aparece de pie con sandalias y vestido con túnica gris-azulada y manto marrón. Porta una vara a la que parece faltarle el ramo de azucenas, uno de los atributos más comunes en la representación de San José, tal vez se deba a que no se interpretó correctamente en el momento de la restauración ya que esta zona contenía una laguna considerable. En sus brazos el Niño Jesús al que abraza con ternura y coloca su cabeza junto a la suya.
La segunda pintura es la de Santa Ana, madre de la Virgen María y abuela del Niño Jesús. Este lienzo contenía enormes deterioros y perdidas por lo que fue especialmente compleja su restauración; se pretendió en ella reinterpretar lo poco que se apreciaba de la obra original pero el resultado fue tan borroso y la intervención tan poco meritoria que desentona en el conjunto del retablo por la escasísima calidad de la pintura. Santa Ana aparece en la misma actitud de San José; de pie, vestida con túnica roja y manto marrón. En sus brazos la Virgen María Niña arropada con un manto azul. Todas las figuras aparecen coronadas por un nimbo.
Estas pinturas como hemos dicho fueron realizadas en 1676 y su autor es algún pintor de la escuela toledana del entorno de Simón Vicente (Madrid, 1640 - Toledo, 1692).
Estas pinturas fueron restauradas en febrero de 2010 por el equipo de la Doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, Laura de la Colina Tejeda.[4]



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Retablo Mayor de los San Julianes de Santa Olalla. Dentro del libro colectivo Retablos en la comarca de Torrijos. (Instituto de Estudios Comarcales Señoríos de Entre-Ríos. Torrijos, 2013). Pág. 79-86.
[2] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: La Asunción, la pintura principal del retablo de los “San Julianes”, (2019). http://eulaliense.blogspot.com/2019/08/la-asuncion-la-pintura-principal-del.html
[3] Archivo Diocesano de Toledo: Pleito con el cura sobre el pago del construido retablo de la iglesia parroquial de San Julián. Reparación de templos - Caja 53 – Expte. 2.
[4] COLINA TEJEDA, Laura de la: Propuesta de restauración e intervención de la Asunción de Santa Olalla. (Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2010).

San José con el Niño Jesús

Santa Ana con la Virgen María Niña


lunes, 23 de septiembre de 2019

Cita en la revista Padre Nuestro

Comparto el artículo del domingo 22 de septiembre de 2019 de la revista “Padre Nuestro” que edita semanalmente el Arzobispado de Toledo. En su contra portada en la sección “Nuestros Mártires” tengo el honor de parecer citado por el uso de una fotografía antigua de la Virgen del Prado de Domingo Pérez que hace ya tiempo publicábamos en este blog. 
El artículo es el tercero y último que recorre los últimos días de vida del sacerdote Primo Gómez Martín-Angulo, natural de Domingo Pérez y párroco de Otero, que fue asesinado en su pueblo natal en 1936 al inicio de la Guerra Civil.
Me alegra mucho que la información que se comparte en este blog sirva para completar o ilustrar, como es el caso, otras publicaciones e investigaciones relacionadas con los pueblos de nuestra comarca y agradezco la cita de Jorge López Teulón.
Y por último recomiendo la lectura de los tres artículos sobre esta víctima de la persecución religiosa:  https://www.architoledo.org/medios-de-comunicacion/


viernes, 23 de agosto de 2019

Carriches conmemora sus 270 años como villa independiente de Santa Olalla

En este mes de agosto están teniendo lugar las III Jornadas de Historia y Patrimonio de Carriches, dirigidas por su incansable cronista oficial Jesús Sánchez de Haro, con quien comparto afición y amistad lo que me permite colaborar con él en multitud de ocasiones.

Estas terceras jornadas están especialmente dirigidas a la conmemoración de los 270 años de Carriches como villa independiente de Santa Olalla. Participé en la inauguración de la exposición conmemorativa del 270 Aniversario de la concesión del Real Privilegio de Villazgo a Carriches, una oportunidad para conocer de cerca los acontecimientos y los personajes que intervinieron en todo el proceso. El acto fue presidido por el Alcalde de Carriches, Isidro Castaño del Pino, el Cronista Oficial de Carriches, Jesús Sánchez de Haro y el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Santa Olalla, Josué López Muñoz.

En la exposición se pudieron ver planos históricos y documentos originales relativos al proceso cómo el Real Privilegio que conserva el Ayuntamiento de Carriches. Como no podía ser de otra manera Santa Olalla, como parte de aquel acontecimiento histórico, participaba en la exposición con otros libros cedidos para la ocasión que contienen información sobre el Señorío de Santa Olalla y sobre aquel proceso de independencia: el Libro de Acuerdos del Concejo de Santa Olalla (1744-1756), que contiene los acuerdos adoptados por la separación del núcleo de Carriches del Concejo de Santa Olalla (AMSO/3); y el Libro de la Cerca (1541-1554), un libro de Cuentas del Señorío de Santa Olalla, con un padrón de impuestos que se cobraban en todos los pueblos de su tierra: Santa Olalla, La Mata, Erustes, Domingo Pérez, Otero y Carriches; Adovea, Techada, Cuelgamores, Cespedosa, Perillana, Zaragatón, Membrillar, Alanchete y Valverde… (AMSO/12). Una de las piezas que más llamo la atención de los visitantes fue un Escudo Señorial de los Condes de Orgaz, del siglo XVII, que también ha sido prestado por la iglesia de San Julián de Santa Olalla. 

El Real Privilegio de Carriches fue concedido por el rey Fernando VI en 1749, haciéndole Villa con término propio y autoridad para juzgar en primera instancia. Los actos conmemorativos continuaron con conferencias y un concierto, actividades que supondrán un preludio cultural a las fiestas de este municipio. La prensa provincial se ha hecho eco de esta conmemoración, comparto la noticia publicada por ABC:

También dentro de las jornadas se ha presentado la Revista Adovea nº 54, con noticias y artículos de divulgación muy interesantes; entre los que recomiendo especialmente por su vínculo con nuestra historia local: “Carriches, Villa por Real Privilegio” (pág. 11) y “Aproximación a las Villas, Lugares y Despoblados del Señorío de Santa Olalla” (pág. 27). Comparto el enlace a la edición digital de la Revista Adovea:
https://issuu.com/adovea/docs/revista_adovea_2019_web 

Portada de la Revista Adovea 2019

Inauguración de la Exposición 270 Años del Real Privilegio de Villa de Carriches

Real Privilegio de Villa de Carriches

Libro de Acuerdos del Concejo de Santa Olalla



miércoles, 21 de agosto de 2019

Santa Olalla en la Descripción de Fray Alejo - Las respuestas del guardián del convento franciscano de Santa Olalla al geógrafo Tomas López

El gabinete de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España conserva la carta con la descripción que de Santa Olalla hizo Fray Alejo de Ciudad Real, guardián del Convento franciscano de San Juan Bautista de Santa Olalla para remitírsela al geógrafo Tomas López. Está fechada en Santa Olalla el 15 de febrero de 1789.[1]
El empleo o cargo de guardián, que ostentaba en Santa Olalla por estas fechas fray Alejo de Ciudad Real, en los conventos de la orden franciscana equivale al cargo prior de cualquiera de las otras órdenes. Sus funciones se asemejan a las de un prelado para dicho lugar; guardar a sus hermanos, escuchando sus confesiones y predicar en el territorio que tenía asignado cada cenobio para pedir limosna en los pueblos comprendidos en él.
 Las escuetas respuestas que los párrocos de Santa Olalla remitieron en 1787[2] al geógrafo y cartógrafo ilustrado Tomas López de Vargas Machuca (Madrid, 1730 – Madrid, 1802) no debieron satisfacerle y por este motivo insiste en solicitar nuevas y más completas informaciones a los frailes del convento de Santa Olalla.[3]
Las primeras informaciones remitidas sobre Santa Olalla a Tomas López en 1787, dicen así:
Santa Olalla – Esta villa es del Señorío propio del Ilmo. Señor Conde Orgaz y se compone de doscientos y cincuenta vecinos, tiene dos parroquias, cuyos titulares son San Julián y San Pedro.
Dista esta villa de la Ciudad de Toledo seis leguas. Tiene por confirmantes y la rodean a igual distancia de una legua las villas de Alcabón, Carriches, Domingo Pérez, El Otero, Techada, El Casar, Valverde, Hormigos, Maqueda y Val de Santo Domingo.
Cerca de esta villa, un arroyuelo muy mediano (pero aunque en corta cantidad permanente) a la derecha del pueblo agua abajo, sus aguas nacen a doscientos pasos de él, en el sitio de la Fuente del Rey y caen en el río Alberche.
En la jurisdicción de este pueblo no hay más arboledas que las de olivas, cuya planta es de reconocido aprecio, a cuyo fruto propio de este terreno se junta el que produce la agricultura recogerán por un quinquenio cada un año, tres mil arrobas de aceite, seis mil fanegas de trigo y a proporción cebada y demás semillas.
Tiene esta villa un convento de Padres Descalzos de San Francisco.
Es perseguido este pueblo de terciarias en todo el tiempo, lo que se atribuye a las humedades del terreno y a la corrupción de las aguas estancadas en el mencionado arroyo. El número de muertos se puede regular en cada censo en sesenta y el de nacidos en cuarenta.

Más extensas fueron estas segundas respuestas, de las que transcribimos el texto íntegro de la carta manuscrita de fray Alejo a Tomas López que contiene una interesante, curiosa y a veces exagerada descripción de Santa Olalla, no carente de algunos errores y falsedades:
Santa Olalla - Muy Señor mío, hace ya más de un mes que remití a vuestra merced las noticias que en repetidas cartas me ha suplicado. Y discurro vista la última de vuestra merced que no la ha recibido, por tanto digo que si esta llega a sus manos me de aviso, de cómo seguramente deberá dirigirse la carta, para repetir las mismas noticias que en mi anterior. Y excusar a vuestra merced el trabajo de volverme a escribir, y a mí los portes de unas cartas en que nada intereso, quedo de vuestra merced, capellán.
Santa Olalla 15 de febrero de 1789.
Fray Alejo de Ciudad Real [Rubricado].



Muy señor mío Tomas López.
-
A don Tomas López que Dios me guarde, Geógrafo de los Reinos de España en la Villa y Corte de Madrid.
-
Muy señor mío, en cumplimiento a lo que a vuestra merced prometí en mi anterior digo:
La villa de Santa Olalla, por los años de la venida de Cristo fue fortaleza y presidio de la Grande Macedonia, hoy Maqueda. La fue puesto este nombre por el rey don Alfonso en agradecida memoria del singular favor que recibió cuando estaba en Barcelona, se le apareció esta Santa y le reveló que sería del agrado de Dios la conquista de esta tierra, esperanzado del feliz éxito por esta causa paso con su ejército a esta provincia; y viendo por primer sitio de sus armas la rendición de este presidio le puso el nombre de la Santa.
Está situada esta villa a una legua entre mediodía y poniente de Maqueda, tres leguas al mediodía de Escalona; tiene a la parte del oriente a los pueblos de Alcabón y Santo Domingo; a la parte del mediodía con alguna declinación al oriente están las villas de Carmena y La Mata; de la otra parte de la finca Erustes y Domingo Pérez; a la parte del poniente están los pueblos del Bravo y Techada; y poco más abajo caminando de poniente a norte, a una legua larga de esta villa, está la villa llamada El Casar de Escalona. Fue por muchos años posteriores a la citada conquista cabeza de muchas aldeas que hoy o ya se hicieron villas o son despoblados, de estos aún se recogen y se hayan algunos vestigios de sus poblaciones en los territorios que aún conservan los nombres de sus antiguos pueblos tales como estos son: La Coraja, El Tapuelo, Zaragatón y Perillana, de tanto número de aldeas como le estuvieron sujetas solo le ha quedado a Erustes, aunque se conserva la comunidad de pastos con muchas de las villas que fueron sus aldeas.
Sus campos son fértiles y abundantes en las cosechas de granos y aceite, en la de vino es escasa por la escasez de este plantío, no se hayan en todo su territorio otra especie de plantío que el de olivas y pocas viñas aunque son algunos y muy buenos los sitios en que con mediana diligencia pudiera conseguirse la producción de toda clase de frutales, olmos y moreras.
El sitio donde está fundada esta villa es llano y agradable y fuera mucho más apacible, si por la parte del norte corriendo de oriente a poniente no bañara sus muros un pequeño arroyo que estancando sus aguas en balsas, corrompidas estas, exhalan corrompidas nieblas y vapores y le hacen uno de los pueblos más epidémicos en terciarias; son de sus trescientos vecinos muy pocos los que anualmente no padezcan esta clase de calenturas, singularmente padecen estos males los residentes y no naturales, pues de los naturales se conocen muchos que no las han padecido con treinta, cuarenta y aun cincuenta años.
Su vecindario hoy es el de 300 poco más o menos, entre ellos hay familias de esclarecida y notoria nobleza aunque por la continuación de malos años y escasez de cosechas no se dejan ver con aquella brillantez que presta el oro y la abundancia de bienes. No obstante los pueblos y villas comarcanas en todo procuran conformar sus providencias y disposiciones de gobierno a lo que se ordena y dispone  en este ayuntamiento, protestando en esto la instrucción y respeto de sus habitantes.
No hay en este pueblo arte mecánico, ni industria alguna floreciente, la labranza es toda la ocupación de sus habitantes, pero aunque su aplicación es mucha tanto a esta, cuanto a la cría de ganado de lana y cerdos, es muy poco lo que pueden adelantar a causa de no ser tierras propias las que laborean, sino es de arrendamientos. Son poseedores legítimos de la mayor y mejor porción de su término la Santa Iglesia y Cabildo de Toledo, el convento de San Pedro Mártir de la misma ciudad, varios conventos de monjas y las comunidades de Guisando de monjes Bernardos, la de Agustinos de Maqueda que gozan de muy buenas porciones.
Por toda la circunferencia de esta villa se dejan ver pedazos de la gran muralla que la defendía y fortalecía. Por la parte que mira a Maqueda permanece, aunque amenazando ruina, la puerta que llaman de Maqueda en arco y de la misma fabrica que los fragmentos de la muralla, su grueso es de cuatro varas y su latitud de siete a ocho. En este arco se mira cada una pintura de Cristo crucificado con San Juan y la Madre en el pie de la Cruz, de esa colocación o en qué tiempo o por quien fuese puesto no haya instrumento alguno. Lo singular y que ha hecho llamar la atención y alguna aunque muy poca devoción, es el que por un discurso de tiempo casi inmemorial, se ha dejado ver un pájaro de pequeña magnitud, el cual con sus alas a sacudido el polvo y quitado las telas de araña de que suele cubrirse a causa de la altura que goza y del sitio pasajero suele cubrirse. Su venida no ha sido anual, ni en determinada estación, día o mes, pero siempre se ha tenido como un presagio casi infalible de felicidades y abundantes cosechas. No ha faltado quien en un manuscrito habiendo visto a esta avecilla y examinado sus circunstancias no semejantes a las que conocemos y examinado maduramente todas sus operaciones llegase a escribir era algún ángel enviado del cielo para reprender a los cristianos por el poco cuidado con las sagradas imágenes.  Esta opinión tiene más de paradoja que de solida pues las razones que alude son muy poco convincentes, lo que es cierto, si es, que es cosa digna de admiración y de volcar las atenciones y sea pájaro verdadero, ángel o demonio.
En el centro de este pueblo se deja ver una plaza de bastante capacidad, adornada de muy buenas casas; y contigua a ella, está la iglesia de San Pedro. Es templo de mediana capacidad, aunque de tres naves, su fábrica de mampostería es muy buena, en lo interior está bien adornado de altares y sagradas imágenes, la más singular de estas es la de Nuestra Señora de la Piedad la cual está en su capilla que hace colateral al altar mayor al lado de la epístola; esta imagen es de mediana estatura, está sentada y con la imagen de Cristo en sus brazos en acción de imagen de Angustias; la devoción de este pueblo se esmera mucho en su culto, aunque no hay noticia de algún singular o extraordinario favor concedido por medio de ella a sus devotos.
A la parte del norte, con declinación al poniente y casi fuera del pueblo está situada la iglesia de San Julián, de la misma fabrica que la de San Pedro, pero de mayor magnitud, más clara y más bien adornada, a los dos lados de su altar mayor, sobre las gradas y el pavimento de su presbiterio, se dejan ver dos sepulcros elevados, en que yacen las cenizas de unos de los marqueses de Orgaz, pero se ignora quienes son, hay en esta misma iglesia una imagen de Cristo crucificado, muy devota, la cual fue conducida a esta iglesia de la despoblación de Zaragatón.
A la parte del poniente de esta iglesia se dejan ver gran parte de las murallas que componían el palacio de los marqueses de Orgaz. Y según lo que aún se deja ver en sus ruinas es forzoso, fue muy capaz, fuerte y hermoso.
Contiguo a estas ruinas a la parte también del poniente está el convento de padres franciscanos descalzos, en su capacidad pequeño y de no buena fabrica, fue fundado a solicitud de fray Francisco de Odón en el año de 1580 en que los padres de la provincia de San Gabriel de la misma orden entraron a habitarle hasta el año de 1592, siendo provincial de la de San Joseph fray Joseph de Santa María, le dejaron los hijos de la de San Gabriel y entraron los de la de San Joseph. En el año de 1610 siendo provincial fray Andrés de Ocaña, le fue concedido a esta villa el patronato de este convento, sobre el cual ha habido varias controversias, más en dicha, goza esta villa del título y como a tales se les reconoce.
Ni en su fábrica, ni en su iglesia hay cosa notable, esta es mediana y sus altares antiguos, las pinturas de estos son de muy buena mano, singularmente la de San Juan Bautista que está en el altar mayor  como titular, se deja ver en las riveras del Jordán en acción de bautizar a Cristo.
Tiene esta iglesia a la parte que mira al medio día y entrando por su capilla mayor, una capilla bastante capaz y muy bien adornada, en la que está colocada una imagen de San Joseph en una urna pequeña, pero de las más perfectas y agradables que puede sacar el arte; está en acción de sujetar al Niño Dios, pero con acción tan viva y tan propia que parece que está riendo; fue la dicha que hizo a este convento don Baltasar de Mendoza, obispo que fue de Segovia de la casa de los Condes de Orgaz. Esta capilla fue construida a devoción de los fieles y solicitud de fray Francisco de Lillo, el cual la vio concluida en el año de 1743 y poco después fue en ella sepultado.
En el archivo de este convento hay un Lignum Crucis, que fue pectoral de Sor Samaniego, y le dio a esta comunidad doña Isabel Samaniego vecina de El Otero.
En el claustro bajo, a los cuatro ángulos, hay siete cuadros de mayor magnitud y altura, en los cuales muy al natural se registran pintados varios pasajes de la vida de nuestro padre San Francisco; aunque todos ellos son de una misma mano y de bastante primor, el más singular es, aunque más pequeño, el que está colocado sobre la puerta que del claustro hace tránsito a la portería, se registra el Santo arrojado a las llamas, desnudo, viendo y poniendo freno a los ímpetus de la tentación lasciva.
Desde los tiempos de la fundación de este convento han morado en él muy buenos y ejemplares religiosos, aunque de estos ha sido grande el número, son muy pocos los que en él están sepultados de especial virtud; sin duda que en todos los tiempos anteriores habrá sucedido lo que a la presente, como el convento es tan enfermo y son tantos los que en él enferman, sucede que no siendo fácil el recuperar en él la salud perdida, para recuperarla piden asignación a otro convento y dejando este aunque muchos consiguen salud, son también no pocos los que mueren fuera de él por los males que en el contrajeron.
Esto y no más es cuanto puede decirse de este convento, en lo demás es un convento como todos los otros.
En esta misma villa entrando por la puerta de Talavera que esta al poniente, a mano derecha como subimos para la plaza a distancia de la dicha puerta, como de unos treinta pasos, está el hospital obra muy buena y de bastante capacidad, tiene su capilla muy bien adornada y con puerta a la calle. Hay en él ocho camas para enfermos de este pueblo naturales, a los que se les administra todo lo necesario durante su enfermedad a expensas de las rentas de esta obra pía. Lo más singular que hay en su fundación es la dotación de una cama, con las mismas asistencias que las anteriores pero destinada para estudiantes pobres que pasando a la Universidad de Salamanca, enfermen.
Pagan las rentas de este hospital a los párrocos que son sus capellanes, una congrua[4] sustentación, por la asistencia a los enfermos. Y de las mismas rentas se paga médico, cirujano y botica.
Hay otra fundación o memoria en esta villa y los frutos que anualmente producen los terrazgos y olivares en que está fundada deben distribuirse en dotes de doscientos reales cada uno; pero para la distribución, que se hace por sorteo, deben encontrarse todos los habitantes de esta villa, sean pobres o ricos, naturales o no naturales.
Estas en suma son todas las noticias que he podido adquirir y las que comunico a vuestra meced con la mayor fidelidad y verdad que me ha sido posible; vuestra merced perdone y mande cosas de su agrado a este su afecto capellán que desea servirle.
Fray Vicente de Madridejos [Rubricado].
Predicador conventual por mandato de su guardián Fray Alejo de Ciudad Real.
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P. Santa Olalla
Alcabón
Adovea [X]
Aldea de San Andrés [X]
Almenara [X]
Albornaces [X]
Belvis [X]
Berdugales [X]
Cuelgamores [X]
Cespedosa [X]
Coca [X]
Domingo Pérez
Fresno [X]
Fuente de Doña Guiomar [X]
Herustes
Otero
Higuera del Campo [X]
Hornos [X]
Jaén [X]
Malagón
Mesegar
Mata
Membrillar [X]
Perovequez [X]
Retamar que dicen Torrejón [X]
Santa Olalla, cabeza
Soto [X]
San Juan de la Higuera [X]
Sarzuela [X]
Techada
Tierra de Alcabón [X]
Tierras Baptizadas [X]
Torrejón de la Cabrera [X]
Tierras de Diego de la Serna [X]
Villamuñiz [X]

Este listado de núcleos de población excede los estrictamente pertenecientes al Señorío de Santa Olalla. Curiosamente omite los municipios vecinos de Carriches y Alanchete y Valverde. Señala con una X los núcleos que por esas fechas estaban despoblados.
 



[1] Biblioteca Nacional de España: Descripción de Santa Olalla (Toledo) y alrededores hecha por Fray Alejo de Ciudad Real. (Santa Olalla, 1789). MSS/7306 (H.357-361) 1000903135.
[2] Biblioteca Nacional de España: Manuscrito del Diccionario Geográfico de España de Tomas López, Toledo (II).
[3] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Santa Olalla en… Relaciones geográficas y libros de viajes, del siglo XVI al XIX. (Santa Olalla, 2017). Pág. 73.
[4] Congrua: Adecuado o conveniente. Renta mínima de un oficio eclesiástico o civil o de una capellanía para poder sostener dignamente a su titular.