lunes, 16 de agosto de 2021

La desaparecida ermita de San Roque en Santa Olalla


Muchas veces hemos contado que San Sebastián y San Roque, ambos santos protectores contra las epidemias, tenían levantadas en Santa Olalla sendas ermitas. Hemos escrito alguna vez sobre la pequeña ermita de San Sebastián, pero absolutamente nada hemos escrito de la desparecida ermita de San Roque, hoy vamos a intentar recopilar la información que tenemos sobre ella.

            La devoción popular a San Roque está muy extendía por toda España, es habitual encontrar representaciones suyas en cualquier parroquia y son muchos los pueblos que celebran su fiesta y le tienen como patrón. En nuestro entono celebran su fiesta, Erustes, El Casar de Escalona, Quismondo, Almorox o Escalona, sin duda esta abundancia de celebraciones en toda la comarca hizo que en Santa Olalla no se consolidara una devoción importante y llevara incluso a la desaparición de la ermita a finales del siglo XIX.

            La ermita estaba situada extramuros de Santa Olalla, cerca de la conocida como puerta de Maqueda, en el entorno de la actual calle San Roque. El historiador José Luis Ruz Márquez asegura en su libro "La villa de Santa Olalla en el siglo XVIII" que la ermita era bastante anterior al siglo XVIII.[1]

            Esta afirmación parece correcta, pues sabemos que la ermita se encontraba en muy mal estado a principios del siglo XIX, tal vez maltratada durante las guerras napoleónicas. Tuvo que ser reedificada en 1821, el archivo municipal conserva la solicitud y la licencia para volver a abrirla al culto.[2]

            Transcribimos en primer lugar la solicitud de reapertura del párroco al arzobispo de Toledo: “Excmo. Señor - El doctor don Isidoro Gabriel Díaz, cura propio de la parroquia del apóstol San Pedro de la villa de Santa Olalla. A vuestra excelencia con todo respeto, expone que a expensas de los fieles devotos de San Roque se ha reedificado su ermita sita extramuros de la misma villa. Se halla con toda decencia y esmero no solo para la colocación del Santo, sino también para celebrar en ella el incruento sacrificio de la misa, solo falta y se necesita su bendición, para lo que a vuestra excelencia suplica se digne conceder las licencias necesarias a este efecto, como lo espera al celo de vuestra excelencia, cuya importante vida conserve Dios. […] Santa Olalla a 1 de julio de 1821”.

Documento sobre la ermita de San Roque
Archivo Municipal de Santa Olalla

La respuesta no se hizo esperar y se firmaba en Madrid 4 de julio de 1821 por mandato del cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga: “Damos facultad al párroco exponente para que proceda a la bendición de la ermita de San Roque, reedificada a expensas de sus fieles devotos arreglándose en su ejecución a lo que previene el ritual romano. Así lo decretó y rubricó el cardenal mi señor de que certifico yo, Manuel Josef de Gallego”.

 Y finalmente el documento recoge el cumplimiento: “Excelentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo - En la villa de Santa Olalla a 20 días del mes de septiembre de este año de 1821, siendo esta facultad que él el excelentísimo señor Cardenal Arzobispo de Toledo me concede, pasé procesionalmente a la ermita de San Roque, extramuros de esta villa y la bendije encomendando en todo el sitio y forma que previene el ritual romano y enseguida celebre en ella el santo sacrificio de la misa y para que conste lo firmo en Santa Olalla a21 de septiembre de 1821. Doctor don Isidoro Gabriel Díaz”.

La ermita debió abandonarse y destruirse a finales del siglo XIX, en los planos de Ibáñez Ibero de 1881 ya no aparece reflejada, en su lugar aparece la zona nombrada como Arrabal de San Roque.[3]

Imagen de San Roque tras los destrozos de 1936
Biblioteca Nacional de España

En los años de la Guerra Civil de 1936 la imagen de San Roque recibía culto en la iglesia de San Julián y allí fue destruida durante la persecución religiosa, como muestra una fotografía de la época.[4] Nunca fue restaurada y fue sustituida por una nueva imagen de pasta elaborada en los talleres de Olot (Gerona).



[1] RUZ MARQUEZ, José Luis: La villa de Santa Olalla en el siglo XVIII, (Ayuntamiento de Santa Olalla. Santa Olalla, 1982). Pág. 28.

[2] Archivo Municipal de Santa Olalla: Ermita de San Roque (1821). AMSO/111/32 bis.

[3] Instituto Geográfico Nacional: Planos topográficos del General Ibáñez Ibero, Termino municipal de Santa Olalla. (30 de abril de 1881). Ref. 451920.

[4] Biblioteca Nacional de España: Iglesias e imágenes religiosas destruidas (Toledo) [Material gráfico]

(España Delegación del Estado para Prensa y Propaganda. Fondo fotográfico de la Guerra Civil Española. 1936-1939). Signatura: 796272455.

Actual imagen de San Roque en Santa Olalla

San Roque, como peregrino y con su popular perro


domingo, 15 de agosto de 2021

Amigo Carrichano



El sábado 17 de abril pase con el coche por Carriches, llegue al Raso y allí me senté junto a la chimenea; me puse a escribirte por WhatsApp, amigo Jesús, no sabía si podrías contestarme pero lo hiciste y mantuvimos una larga conversación. Aquella conversación no se me olvidará nunca, recuerdo tus consejos: “no vivas con estrés, disfruta de la familia” y pese a que todo ya era negro para ti, tu seguías trasmitiendo esperanza, tenías fe en Dios y te habías entregado a sus designios. Aquella conversación me ha cambiado a mejor, me ha ayudado como persona; tú que tantas veces me habías ayudado con las cosas propias de nuestras aficiones, también me ayudabas con tu última conversación. Soy mucho más sensible desde entonces, desde entonces he llorado, antes casi no sabía que era eso.

Hasta ese último día yo no había querido ver la gravedad de la situación, simplemente te llamaba y te escribía para distraerte y hacerte más ameno el tiempo de hospital; pero ese día comprendí que no iba a volver a verte, así fue, ya que fallecías 3 días después. Pero no quiero llorar más, quiero quedarme con todo lo bueno que he vivido contigo y con todo lo bueno que he aprendido de ti.

Algunas veces hemos hablado de cómo nos conocimos; yo empecé a interesarme por la historia de Santa Olalla y en aquel rudimentario internet de los inicios encontré a un tal Jesús Sánchez de Haro que ya llevaba algunos años investigando la historia de Carriches. Me puse en contacto contigo, preguntándote de esos temas comunes que tenemos entre ambos pueblos. Una vez me dijiste que cuando recibías mis primeros correos electrónicos, como tú eras mayor que yo, me sacabas 6 años, pensaste que yo era un “muchacho pesado” que preguntaba sin sentido cosas de historia de nuestros pueblos, luego te sentiste identificado y viste que yo era como tú en tus inicios. Y así empezamos a tratarnos y a establecer amistad, hasta el punto de consultarnos todo lo que investigábamos sobre nuestros pueblos, revisándonoslo mutuamente y corrigiéndonos.

Como anécdota contar que siempre estábamos echándonos en cara el eterno pique Carriches-Santa Olalla, a veces hasta documentábamos su origen en el año 1749 cuando Carriches obtiene su título de Villa y se independiza por completo de Santa Olalla. Cuantas veces me has echado en cara “las continuas molestias y vejaciones a las que eran sometidos los moradores de Carriches por las justicias de Santa Olalla”, repitiendo textualmente ese fragmento de vuestra petición de independencia. Pese al pique, que se quedaba solo en algo anecdótico, sabíamos que nuestra historia es común y es complementaria, ya que ambos pueblos somos dos ramas de un mismo tronco.

Recuerdo como mi abuelo me dio una vieja tarjeta de la Asociación de Supervivientes de la Guerra de Cuba, era de su abuelo Juan Muñoz Rubio, que había nacido en Carriches en 1877. Fuiste la primera persona en verla, no podía ser de otra forma, y rápido me sacaste todos los datos de mi antigua familia carrichana, había vivido en la calle Labradores, se casó dos veces primero con una mujer de Carriches (mi tatarabuela, Ángela Blanco del Pino) y luego con una viuda de Mesegar y me hiciste un árbol genealógico de todos mis apellidos carrichanos: Muñoz, Rubio, Blanco, del Pino, Benítez… hasta el punto que descubriste que éramos primos quintos, ¡ya podíamos hasta primearnos!

Recuerdo con nostalgia nuestras visitas a Toledo, a alguna presentación, a los mercadillos de libros de la Real Academia, etc. y otras visitas más cercanas como aquellas a la ermita de San Illán de Cebolla para buscar un cuadro de la Virgen de la Encina que allí habían llevado los carrichanos del siglo XVIII. Ese mismo día se completó con otra visita a la ermita de San Blas donde por poco el ermitaño nos echa a garrotazos al vernos hacer fotos, que pensaba publicaríamos en internet y llegarían según sus palabras hasta “ustralia”.

Recuerdo aquel día en que tuve que rescatarte, pues buscando hacer buenas fotos de nuestros campos atrancaste en un camino lleno de barro, ibas con tu hijo Pablo, ¡pero como te metes hoy por aquí, según esta esto! os saque de aquel atolladero y te recordé aquel pasaje que tu habías recuperado en que el rey se quedó atrancado en un camino carrichano.

Recuerdo tus visitas al archivo de Santa Olalla, donde tanta documentación relativa a Carriches guardamos, y que durante el confinamiento digitalizamos y tú estudiaste, seguro que sacaste de allí muchos datos nuevos, que se han quedado en el tintero.

Y tantas otras cosas que se nos han quedado sin hacer, la invitación del conde de Orgaz a acudir a su archivo particular en Ávila, para seguir sacando datos de nuestros pueblos. O ese proyecto siempre pospuesto, que íbamos a hacer dentro de unos años, cuando estuviéramos más tranquilos, la historia completa del Señorío de Santa Olalla, o lo que es lo mismo, la historia común de seis pueblos vecinos (Santa Olalla, Carriches, Domingo Pérez, La Mata, Otero y Erustes) que tú nos enseñaste a conocer y cuidar como ramas que somos del mismo tronco.

Tus virtudes eran muchas, la humildad era una de ellas, tuve que ser yo quien dijera hace un año que tú debías ser académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Así, te obligue a tocar todos nuestros contactos y a que me prepararas el currículum con todos tus méritos (hoy se publica en esta revista) para enviarlo a la Academia. A la Academia llegó, pero la triste fortuna quiso que en el mes de junio cuando los académicos se reúnen para votar nuevos cargos, tú ya no estuvieras con nosotros. Faltaron solo unos meses para que tu fueras el primer académico correspondiente por Carriches, da igual, hoy estarás sentado en la academia del cielo, y además con el mejor título que se puede tener: el de CRONISTA oficial, que bonito contar con el reconocimiento de quienes más te conocen, de quienes más te han tratado. Y qué bonito para tu pueblo que el titulo no se quedara en una placa, colgada en una pared, sino que supiste darle vida devolviendo con trabajo y con constancia el homenaje que te habían hecho. Tu trabajo, fue el mejor homenaje a tu pueblo.

Pocos pueblos pueden contar con estudios tan pormenorizados como los que tú has hecho a lo largo de tantos años, parecía que la historia de Carriches se iba a acabar ya, y siempre encontrabas datos nuevos en los que seguir indagando y escribiendo para mayor conocimiento y disfrute de tus vecinos.

En adelante será imposible escribir sobre Carriches sin citarte. Has escrito, y muy bien, sobre todos los temas de la historia de Carriches. Tu propia vida y tu propia labor cultural son sin duda, desde ya, historia gloriosa de Carriches. Tu obra es importante y el tiempo demostrará su grandeza.

 

Gracias por tanto amigo carrichano

 

Josué López Muñoz

Revista Adovea: Número especial en homenaje a Jesús Sánchez de Haro. (Patrimonio Cultural Villa de Carriches. Carriches, agosto de 2021). Pág. 46.


Revista Adovea 56, homenaje a Jesús Sánchez de Haro


Con mucha emoción se ha presentado en Carriches el número especial de la Revista Adovea, homenaje a Jesús Sánchez de Haro y además coincidiendo con el 25º Aniversario de esta revista.

Te debíamos este número, amigo Jesús, a ti que tanto trabajaste en este proyecto cultural y en tantos otros, siempre en beneficio de tu pueblo. 

Gracias a Sebastián Arrogante, de la Asociación Patrimonio Cultural Villa de Carriches; a Isidro Castaño, su alcalde; a Marta Pérez, infatigable concejala; y a tantos amigos carrichanos que han ayudado para que este número salga adelante pese a la dificultad de no contar con Jesús, tristemente fallecido hace unos meses en la juventud de su vida.

Yo humildemente he tenido el privilegio de coordinar la edición de este especial.

En el enlace podéis descargar la edición digital de la Revista Adovea: 

https://issuu.com/eulaliense/docs/2021_revista_adovea_-_jes_s_s_nchez_de_haro 

https://www.academia.edu/50862814/Revista_Adovea_56_N%C3%BAmero_especial_en_homenaje_a_Jes%C3%BAs_S%C3%A1nchez_de_Haro






viernes, 13 de agosto de 2021

Presentación de la Revista Adovea en Carriches


Presentacón del nuevo numero de la Revista Adovea. El sábado 14 de agosto de 2021, a las 20:00 h. en el Centro Social Polivalente de Carriches. A cargo de la Asociación Patrimonio Cultural Villa de Carriches.

Número especial en el veinticinco aniversario de la revista y en homenaje a Jesús Sánchez de Haro.


Año 25 de la Revista Adovea

Quien nos iba a decir que este año que se cumple el veinticinco aniversario de la Revista Adovea nos encontraríamos con una revista huérfana que ha perdido a quien fue su fundador, director y principal impulsor.

Pocas revistas locales pueden presumir de tener la trayectoria que tiene nuestra “Revista Adovea”, veinticinco años de publicación ininterrumpida y 56 números que han ido mejorando en calidad de contenidos y diseños. Desde los humildes primeros números, en los que unas pocas fotocopias recogían los primeros artículos del joven Jesús Sánchez de Haro, hasta los atractivos y elaboradísimos últimos números, impresos sin escatimar medios.

La evolución de la revista es la evolución de su director, el aprendió con ella y la revista creció con él. La clave de la revista fue la constancia y también era una virtud de su director. 

Enfrentarnos a la elaboración de este número no ha sido fácil, nos faltaba su director, su alma mater; nos faltaban sus textos y sus fotos; nos faltaba su maquetación y buen gusto para completar una revista que es hoy un tesoro bibliográfico de nuestro pueblo. No ha sido fácil, pero teníamos la obligación de hacerlo, la obligación de sacar a la calle este número que fuera a la vez celebración del aniversario de la revista y homenaje a nuestro amigo. ¡Jesús! tú eras la revista y hoy la revista está llena de ti. 

Mereces muchos homenajes, en Carriches, en Torrijos y en toda la comarca; el primero y más humilde es esta revista. Recíbela con cariño, comprende lo difícil que ha sido enfrentarnos a su elaboración, confiamos en que te guste aunque sabemos que tú la habrías hecho mucho mejor.

Josué López Muñoz



domingo, 8 de agosto de 2021

La Puebla de Montalbán - Historia de sus Hermandades y Cofradías


El pasado viernes 6 de agosto de 2021 se presentaba el libro “La Puebla de Montalbán - Historia de sus Hermandades y Cofradías” que he tenido la suerte de cerrar en sus últimas páginas con el epílogo.

La presentación se convirtió en una agradable conferencia y tertulia donde se habló de la historia de las cofradías de La Puebla y yo intervine hablando de las dificultades y también de las oportunidades a que se enfrentaran hermandades y cofradías tras la pandemia. Finalmente también pude hablar del vínculo que tanto La Puebla como Santa Olalla tienen con el Cristo de la Caridad.

Una bonita experiencia, en un marco incomparable como es la iglesia de Ntra. Sra. de la Paz.

Fotos: Fernando Melara - La Puebla de Montalbán








domingo, 11 de julio de 2021

El Cristo de la Caridad y la peste, protector de la salud de los santaolalleros

 


La peste bubónica, la epidemia grande de 1598[1]

Al menos desde la Edad Media la villa de Santa Olalla fue uno de los pueblos más azotados de la comarca por las fiebres tercianas (paludismo). Sabemos que el arroyo Valdeflores en muchas ocasiones se quedaba estancado a su paso por Santa Olalla a los pies del lienzo norte de la muralla, negándose a seguir su curso y produciendo entonces corrompidas nieblas y vapores.

San Sebastián y San Roque, dos santos tradicionalmente protectores contra estos males tenían levantadas sendas ermitas en nuestro pueblo y a ellos acudía la devoción popular cuando se presentaban estas fiebres.

Pero lo cierto es que ninguna de estas epidemias llegó a provocar las muertes que trajo la peste bubónica en el año 1598.

La peste bubónica fue una devastadora pandemia que asoló Europa varias veces a lo largo de la historia, en el siglo XIV se la conoció como la peste negra. A esta cepa de peste se la llama bubónica por los bubones, bultos o tumores dolorosos que se forman en los ganglios linfáticos de la ingle y las axilas fundamentalmente. La peste es causada por la bacteria yersinia pestis que se contagia por las picaduras de las pulgas de la rata negra, que hoy conocemos como rata de campo. Estas pulgas pueden permanecer en los tejidos y el los cadáveres y los gérmenes infecciosos pueden hacerlo en la orina, las heces, la sangre, los esputos, las ropas, apósitos y menaje utilizado por los infectados, aumentando así las posibilidades de contagio.

El periodo de incubación está entre dos y cinco días, sus síntomas son fiebres muy altas que pueden llegar a 40 grados, vómitos, gran debilidad y tartamudeo. El bubón inglinar es muy doloroso y obliga a los infectados a mantener flexionada esa parte del cuerpo. Los bubones evolucionan en hemorragias y necrosis purulenta, y termina viéndose afectado el sistema nervioso con vértigos, alucinaciones y delirio. La mayor parte de las defunciones se daban en los primeros ocho días, muriendo el 90% de los contagiados, y su final dependía de la resistencia del corazón. La cal viva y el agua cociendo eran los únicos medios usados para la desinfección. Popularmente al ganglio abultado o bubón se le conoció como “seca”, en las partidas de defunción de los libros parroquiales de Santa Olalla (de esta época solo se conservan los de San Julián) se repite como causa del fallecimiento “murió de seca”.

Se cree que la epidemia de 1598 entró en la península a través de unos tejidos que llegaron a los puertos levantinos. Aunque otros historiadores afirman que en primer lugar entró por el Cantábrico o Galicia.

El 23 de enero de 1598 llegan noticias a Talavera de que se habían dado varios casos de peste en Maqueda y Santa Olalla. En pocos meses la epidemia se extiende a otros muchos puntos como Ocaña, Yepes, La Puebla de Montalbán o Cenicientos (Madrid). Los pueblos contagiados llegaron a estar enumerados en una tablilla en las puertas de la ciudad de Toledo, que pese a todo también se contagió.[2]

Las estimaciones que se han hecho vienen a concluir que en 1598 en Santa Olalla debieron morir en torno a 600 personas.

La situación debió ser francamente devastadora, llegándose a colapsar el suelo del interior de las iglesias donde se enterraba a los muertos, teniendo que enterrar muchos cadáveres en el exterior. También se utilizó la desaparecida iglesia de San Miguel, que después de estos acontecimientos quedaría marcada como lugar infeccioso y poco saludable cayendo en desgracia entre sus parroquianos que paulatinamente la fueron abandonando.

            Pese a que los meses de verano son los más propicios para la propagación de esta enfermedad, los casos comenzaron a reducirse en el mes de julio, cuando se acercaban las fiestas de Santa Olalla.

Al año siguiente, en 1599, se produjo en España un fuerte rebrote de la pandemia, que parece no tuvo incidencia en Santa Olalla.



 

El Voto al Cristo de la Caridad

Pasamos ahora al capítulo del mito y la leyenda. El relato legendario que vamos a transcribir tiene para Santa Olalla un gran valor antropológico, digno de estudio, dada la continuidad en la transmisión oral de esta historia.

Cuentan que todos los años, como se venía haciendo desde el siglo XIII, la villa de Santa Olalla esperaba la llegada de sus fiestas del Triunfo de la Cruz el 16 de julio, pero esa fecha del año 1598 fue distinta. Santa Olalla estaba sumida en la fuerte epidemia de peste bubónica que hemos descrito, no era momento de celebraciones. Y los santaolalleros se comprometieron ante un Cristo, que habían mandado de Indias y que pertenecía a la Cofradía de la Santa Caridad, pidiéndole que sofocara los males que azotaban el municipio. Se prometió al Cristo, en el caso de que hiciera efectiva esta petición, la celebración todos los años en esta fecha de una solemne fiesta en su honor.

            Como la petición se cumplió de una manera “milagrosa”, según asegura la tradición oral, la villa de Santa Olalla se consagró al Cristo e hizo el voto solemne de celebrar la fiesta del Santísimo Cristo de la Caridad el 16 de julio de cada año. Durante siglos esta sería la fiesta patronal más importante de Santa Olalla.

La costumbre cívico-religiosa de que una población entera hiciera un Voto solemne a Cristo, a la Virgen o a un Santo ante una calamidad pública, tiene su origen en la Italia medieval. Las ciudades-estado italianas con su autonomía y la piedad popular de la época con sus prácticas fueron los dos factores decisivos para que surgiera este fenómeno del Voto. En Santa Olalla se había realizado con anterioridad, el 26 de diciembre de 1553, el voto a Santa Eulalia, un documento que conservamos y que está firmado por la condesa Isabel Pérez de Guzmán. También el 2 de febrero de 1621 en Santa Olalla "don Esteban Hurtado de Mendoza y Guzmán y doña Catalina de Rivera y Mendoza, condes de Orgaz, junto con el clero, justicias y regimiento y vecinos de Santa Olalla, pronuncian el voto de la Inmaculada Concepción en la iglesia de San Julián de la villa". Estuvo presente el obispo de pamplona Francisco Hurtado de Mendoza, hermano del conde y habitualmente presente en los principales acontecimiento religiosos de Santa Olalla. Estos dos votos, tan cercanos en el tiempo, nos pueden dar una idea clara de cómo era y que personajes firmaron el voto del Cristo de la Caridad. Curiosamente al año siguiente, 1599, los más ilustres personajes de la casa señorial de Santa Olalla-Orgaz aparecen inscritos como cofrades de la Santa Caridad.

       Sea como fuere, desde entonces se convirtió al Cristo en protector de la salud de los santaolalleros, bajo el lema “In te nostra salus”, y lo cierto es que las epidemias siguieron castigando a la población en otras muchas ocasiones.

 

Cristo de la Caridad
en su Capilla de la Puebla de Montalbán

El Cristo de la Caridad de la Puebla de Montalbán

Aunque todavía no se han encontrado los documentos que acrediten esta relación, los historiadores pueblanos afirman que pudo tratarse de un voto conjunto entre La Puebla de Montalbán y Santa Olalla.[3]

Al “Vaquerito” o Cristo de la Caridad de la Puebla de Montaban, nos unen a él multitud de coincidencias, el origen, el nombre, la fecha de la fiesta, etc.

De acuerdo con las Relaciones de Felipe II realizadas para La Puebla de Montalbán el 10 de febrero de 1576, dos días después que en Santa Olalla, “En esta villa se guardan demás que las de la iglesia manda de guardar la aparición de San Miguel, que es a ocho días del mes de mayo, y la causa por que se guarda es porque destruyan las viñas de ciertos gusanos que se llaman pulgón, y después de este voto lo ha guardado Dios, y así mismo se guarda por voto el día de Nuestra Señora de la Paz que es a veinticuatro de enero, por ser advocación de la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Paz de la dicha villa” [4]. En otro punto de las relaciones se dice que el Voto a la Virgen de la Paz es del año anterior, es decir de 1575.

No se habla, por tanto, en las relaciones, ni de la fiesta del 16 de julio, ni del Cristo de la Caridad. Sí se habla del Hospital de la Caridad, fundado en 1532, y de la Cofradía de la Santa Caridad, documentada desde 1554, que cumplían las habituales funciones asistenciales de este tipo de entidades. Como anécdota contar que entre los bienes con los que estaba dotado el Hospital para su sostenimiento aparece “una tierra en Santa Olalla”[5] que lógicamente fue desamortizada en el siglo XIX.

Curiosamente en la epidemia de peste de 1598, los pueblanos no acuden a la Virgen de la Paz, como era de esperar al ser su patrona. Tampoco a San Sebastián o San Roque, cuya invocación contra la peste se había hecho general en toda la iglesia. Recurren al Voto al Cristo de la Caridad.

Aunque no se conoce con certeza por qué se recurre al Cristo de la Caridad “hay un dato que conviene tener en cuenta y que puede dar un poco de luz a este asunto: la estrecha relación que La Puebla mantuvo durante esa epidemia con las poblaciones de Santa Olalla y Mesegar de Tajo” [6].

Las relaciones entre los señoríos de Santa Olalla y la Puebla de Montalbán pasaron a lo largo del siglo XVI por buenos y malos momentos. En 1547, Alvar Pérez de Guzmán Suárez de Mendoza mantuvo varios pleitos con la Puebla de Montalbán sobre los límites de ambos señoríos. Estos pleitos se repiten en varias ocasiones hasta 1599, curiosamente un año después de la epidemia, momento en el cual quedan todos resumidos en un espléndido manuscrito que se guarda en la Biblioteca Regional del Alcázar de Toledo.[7]

La villa fue socorrida por don Andrés Pacheco (La Puebla de Montalbán, 1550 – Madrid, 1626) obispo de Segovia y por el gobernador del arzobispado de Toledo, pero también se solidarizaron con ellos pueblos vecinos como Alcabón, Carmena, Carpio de Tajo, Escalona, Escalonilla, Mesegar, Quismondo, San Martín de Pusa, San Pedro de la Mata, San Silvestre, Talavera, Torrijos, Val de Santo Domingo, Villarejo de Montalbán y muy especialmente Santa Olalla. Santa Olalla además de enviar a La Puebla “800 aves, una carga de harina y 150 fanegas de trigo, hizo voto solemne con La Puebla de guardar como festivo el día del Triunfo de la Santa Cruz y celebrar en dicho día una función al Santísimo Cristo de la Caridad”[8].

Decidieron hacer rogativas al Cristo de la Caridad, una imagen mejicana de caña de maíz venerada en el Hospital de la Caridad y regido por la Cofradía de la Santa Caridad. La epidemia remitió a finales de julio cuando ya habían fallecido 2.200 personas, entre las que estaba la propia condesa de Montalbán, doña Juana de Cárdenas y su cuñada Jerónima de Figueroa.

Al sanarse, decidieron hacer el voto al Cristo de la Caridad y convertirlo en su patrón. Sólo las conjeturas nos llevan a pensar que teniendo en cuenta la colaboración material de Santa Olalla, aprovechando que la epidemia remitió en el mes de julio y que se trataba del Cristo de la Caridad como en Santa Olalla, tomaran el ejemplo para instaurar las fiestas el 16 de julio. Lo importante es que desde aquel momento La Puebla permanece unida a Santa Olalla en su devoción al Santísimo Cristo de la Caridad.

Ya contamos en el capítulo dedicado a la celebración del “Triunfo de la Cruz” las numerosas curiosidades que se daban entre Mesegar, Santa Olalla y La Puebla de Montalbán. Esta pequeña población pertenecía en 1598 al señorío de los Condes de Montalbán pero dada su antigua pertenencia al estado feudal Orgaz-Santa Olalla celebraban “el día del Triunfo de la Cruz de la Batalla, que cae a diez y seis de julio”. Fue en esta población en la que se refugiaron los Condes de Montalbán huyendo de la epidemia de peste que sufrió su villa noventa años antes, en 1507, por lo que podría pensarse que hubo alguna influencia por parte de estos nobles a la hora de fijar el 16 de julio como la fecha de su fiesta en honor del Cristo de la Caridad.

 

El cólera de 1885

En 1885 España se veía afectada por una epidemia de cólera morbo, murieron 45 personas en Santa Olalla. Santa Olalla de nuevo de encomendó a su patrón el Cristo de la Caridad, aunque no renovó el voto sumándose al que en esa fecha hizo la Puebla de Montalbán.

La Puebla de Montalbán renovó el voto de consagración al Cristo de la Caridad que hicieron en el año 1598 y cuya acta de renovación magníficamente ilustrada se conserva en los archivos de La Puebla. Este cólera de 1885 afecto a bastantes pueblos de la provincia entre los que también estaba Santa Olalla, como se deja constancia en el acta. Desde esa fecha el voto al Cristo del a Caridad se renueva todos los años con la lectura por parte del alcalde, al terminar la misa mayor del 16 de julio, del “Acta de Consagración y Renovación del Voto de la Puebla de Montalbán al Santísimo Cristo de la Caridad”. El juramento termina diciendo en referencia a La Puebla: “¡Mírala como cosa tuya; reina siempre en ella; líbrala de todo mal!”.[9]

 

El Coronavirus de 2020-2021[10]

Y si los santaolalleros habíamos oído contar a nuestros mayores estas historias de epidemias, poco podíamos imaginar que nos tocaría vivir una.

La religiosidad ha cambiado mucho desde 1598 pero todavía hoy han sido muchos los que han puesto su fe y su oración en el Cristo de la Caridad. El 16 de julio de 2020 en medio de la pandemia de Covid 19, se renovó solemnemente el Voto de la villa de Santa Olalla al Cristo de la Caridad.



[1] LÓPEZ MUÑOZ, Josué: Dieciséis de Julio: Orígenes, historia, leyenda, tradición y devoción del Santísimo Cristo de la Caridad de Santa Olalla, en el Octavo Centenario de la Fiesta del 16 de julio (1212–1598–2012). (Ediciones Andante. Santa Olalla, 2012).

[2] MONTEMAYOR, Julián: Una ciudad frente a la peste; Toledo a finales del XVI. La España Medieval, 7. Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 1985). Pág. 1116.

[3] MARTÍN-ARAGÓN ADRADA, Julián: El antiguo Hospital de la Caridad, el Cristo de la Caridad. (La Puebla de Montalbán, 1991). Pág. 13.

[4] VIÑAS, Carmelo y PAZ, Ramón: Relaciones Histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II.  (CSIC. Madrid, 1963). Pág. 262.

[5] MARTÍN-ARAGÓN ADRADA, Julián: El antiguo Hospital de la Caridad, el Cristo de la Caridad. (La Puebla de Montalbán, 1991). Pág. 5.

[6] ESTEBAN CARO, Mariano; HORCAJO MARÍN, Pedro; MARTÍN-ARAGÓN ADRADA, Julián; PRIEGO PRIEGO, Luis: Cristo de la Caridad: IV Centenario, (Ilmo. Ayuntamiento de La Puebla de Montalbán. La Puebla de Montalbán, 1998).

[7] Biblioteca de Castilla-La Mancha: Papeles varios 62, manuscritos “La villa de Santa Olalla con La Puebla de Montalbán” legajos de 77 a 87. (Fondo antiguo de la Biblioteca Regional de Castilla – La Mancha).

[8] MARTÍN-ARAGÓN ADRADA, Julián: El antiguo Hospital de la Caridad, el Cristo de la Caridad. Pág. 13.

[9] Acta de Consagración y Renovación del Voto de la Puebla de Montalbán al Santísimo Cristo de la Caridad, (La Puebla de Montalbán, 18 de octubre de 1885). Acta firmado por el alcalde Anastasio Vélez.

[10] LÓPEZ MUÑOZ, JOSUÉ: El Cristo de la Caridad y la peste. Programa de las Fiestas de Verano de Santa Olalla en honor del Stmo. Cristo de la Caridad. (Ayuntamiento de Santa Olalla y Hermandad del Stmo. Cristo de la Caridad. Santa Olalla, julio de 2021).