domingo, 15 de agosto de 2021

Amigo Carrichano



El sábado 17 de abril pase con el coche por Carriches, llegue al Raso y allí me senté junto a la chimenea; me puse a escribirte por WhatsApp, amigo Jesús, no sabía si podrías contestarme pero lo hiciste y mantuvimos una larga conversación. Aquella conversación no se me olvidará nunca, recuerdo tus consejos: “no vivas con estrés, disfruta de la familia” y pese a que todo ya era negro para ti, tu seguías trasmitiendo esperanza, tenías fe en Dios y te habías entregado a sus designios. Aquella conversación me ha cambiado a mejor, me ha ayudado como persona; tú que tantas veces me habías ayudado con las cosas propias de nuestras aficiones, también me ayudabas con tu última conversación. Soy mucho más sensible desde entonces, desde entonces he llorado, antes casi no sabía que era eso.

Hasta ese último día yo no había querido ver la gravedad de la situación, simplemente te llamaba y te escribía para distraerte y hacerte más ameno el tiempo de hospital; pero ese día comprendí que no iba a volver a verte, así fue, ya que fallecías 3 días después. Pero no quiero llorar más, quiero quedarme con todo lo bueno que he vivido contigo y con todo lo bueno que he aprendido de ti.

Algunas veces hemos hablado de cómo nos conocimos; yo empecé a interesarme por la historia de Santa Olalla y en aquel rudimentario internet de los inicios encontré a un tal Jesús Sánchez de Haro que ya llevaba algunos años investigando la historia de Carriches. Me puse en contacto contigo, preguntándote de esos temas comunes que tenemos entre ambos pueblos. Una vez me dijiste que cuando recibías mis primeros correos electrónicos, como tú eras mayor que yo, me sacabas 6 años, pensaste que yo era un “muchacho pesado” que preguntaba sin sentido cosas de historia de nuestros pueblos, luego te sentiste identificado y viste que yo era como tú en tus inicios. Y así empezamos a tratarnos y a establecer amistad, hasta el punto de consultarnos todo lo que investigábamos sobre nuestros pueblos, revisándonoslo mutuamente y corrigiéndonos.

Como anécdota contar que siempre estábamos echándonos en cara el eterno pique Carriches-Santa Olalla, a veces hasta documentábamos su origen en el año 1749 cuando Carriches obtiene su título de Villa y se independiza por completo de Santa Olalla. Cuantas veces me has echado en cara “las continuas molestias y vejaciones a las que eran sometidos los moradores de Carriches por las justicias de Santa Olalla”, repitiendo textualmente ese fragmento de vuestra petición de independencia. Pese al pique, que se quedaba solo en algo anecdótico, sabíamos que nuestra historia es común y es complementaria, ya que ambos pueblos somos dos ramas de un mismo tronco.

Recuerdo como mi abuelo me dio una vieja tarjeta de la Asociación de Supervivientes de la Guerra de Cuba, era de su abuelo Juan Muñoz Rubio, que había nacido en Carriches en 1877. Fuiste la primera persona en verla, no podía ser de otra forma, y rápido me sacaste todos los datos de mi antigua familia carrichana, había vivido en la calle Labradores, se casó dos veces primero con una mujer de Carriches (mi tatarabuela, Ángela Blanco del Pino) y luego con una viuda de Mesegar y me hiciste un árbol genealógico de todos mis apellidos carrichanos: Muñoz, Rubio, Blanco, del Pino, Benítez… hasta el punto que descubriste que éramos primos quintos, ¡ya podíamos hasta primearnos!

Recuerdo con nostalgia nuestras visitas a Toledo, a alguna presentación, a los mercadillos de libros de la Real Academia, etc. y otras visitas más cercanas como aquellas a la ermita de San Illán de Cebolla para buscar un cuadro de la Virgen de la Encina que allí habían llevado los carrichanos del siglo XVIII. Ese mismo día se completó con otra visita a la ermita de San Blas donde por poco el ermitaño nos echa a garrotazos al vernos hacer fotos, que pensaba publicaríamos en internet y llegarían según sus palabras hasta “ustralia”.

Recuerdo aquel día en que tuve que rescatarte, pues buscando hacer buenas fotos de nuestros campos atrancaste en un camino lleno de barro, ibas con tu hijo Pablo, ¡pero como te metes hoy por aquí, según esta esto! os saque de aquel atolladero y te recordé aquel pasaje que tu habías recuperado en que el rey se quedó atrancado en un camino carrichano.

Recuerdo tus visitas al archivo de Santa Olalla, donde tanta documentación relativa a Carriches guardamos, y que durante el confinamiento digitalizamos y tú estudiaste, seguro que sacaste de allí muchos datos nuevos, que se han quedado en el tintero.

Y tantas otras cosas que se nos han quedado sin hacer, la invitación del conde de Orgaz a acudir a su archivo particular en Ávila, para seguir sacando datos de nuestros pueblos. O ese proyecto siempre pospuesto, que íbamos a hacer dentro de unos años, cuando estuviéramos más tranquilos, la historia completa del Señorío de Santa Olalla, o lo que es lo mismo, la historia común de seis pueblos vecinos (Santa Olalla, Carriches, Domingo Pérez, La Mata, Otero y Erustes) que tú nos enseñaste a conocer y cuidar como ramas que somos del mismo tronco.

Tus virtudes eran muchas, la humildad era una de ellas, tuve que ser yo quien dijera hace un año que tú debías ser académico de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Así, te obligue a tocar todos nuestros contactos y a que me prepararas el currículum con todos tus méritos (hoy se publica en esta revista) para enviarlo a la Academia. A la Academia llegó, pero la triste fortuna quiso que en el mes de junio cuando los académicos se reúnen para votar nuevos cargos, tú ya no estuvieras con nosotros. Faltaron solo unos meses para que tu fueras el primer académico correspondiente por Carriches, da igual, hoy estarás sentado en la academia del cielo, y además con el mejor título que se puede tener: el de CRONISTA oficial, que bonito contar con el reconocimiento de quienes más te conocen, de quienes más te han tratado. Y qué bonito para tu pueblo que el titulo no se quedara en una placa, colgada en una pared, sino que supiste darle vida devolviendo con trabajo y con constancia el homenaje que te habían hecho. Tu trabajo, fue el mejor homenaje a tu pueblo.

Pocos pueblos pueden contar con estudios tan pormenorizados como los que tú has hecho a lo largo de tantos años, parecía que la historia de Carriches se iba a acabar ya, y siempre encontrabas datos nuevos en los que seguir indagando y escribiendo para mayor conocimiento y disfrute de tus vecinos.

En adelante será imposible escribir sobre Carriches sin citarte. Has escrito, y muy bien, sobre todos los temas de la historia de Carriches. Tu propia vida y tu propia labor cultural son sin duda, desde ya, historia gloriosa de Carriches. Tu obra es importante y el tiempo demostrará su grandeza.

 

Gracias por tanto amigo carrichano

 

Josué López Muñoz

Revista Adovea: Número especial en homenaje a Jesús Sánchez de Haro. (Patrimonio Cultural Villa de Carriches. Carriches, agosto de 2021). Pág. 46.


No hay comentarios:

Publicar un comentario