martes, 21 de julio de 2020
Arrocaiques, un bollo rico con un nombre único
viernes, 17 de julio de 2020
Renovación del Voto al Cristo de la Caridad en Santa Olalla

La peste había entrado por las pulgas de las ratas que llegaron al puerto de Valencia en una mercancía de tejidos y mantas. Santa Olalla tenía en aquel tiempo tres parroquias y aunque de esa época solo se conservan los libros de defunciones de esta iglesia de San Julián, las estimaciones indican que fallecieron casi seiscientas personas. La costumbre era enterrar dentro de las iglesias y el suelo de las tres iglesias quedo colapsado, especialmente sucedió así en la iglesia de San Miguel que desde aquel momento quedo marcada como lugar infecto y fue abandonada por sus feligreses.
Después de tanto sufrimiento, después de tan dura prueba, los santaolalleros se pusieron bajo la protección de un Cristo que estaba recién llegado de México y que había sido donado por un emigrante a la Cofradía de la Santa Caridad.
Tradición, leyenda y milagro o simplemente la fe de un pueblo que se puso bajo la protección del Cristo de la Caridad. Aquel verano la peste se detuvo y los rebrotes que se produjeron al año siguiente no tuvieron incidencia en Santa Olalla.
En aquel momento se hizo el conocido como “Voto al Cristo de la Caridad”: los Condes de Orgaz; el concejo de la villa, alcalde y regidores; clero de las tres parroquias y del convento franciscano, consagraron solemnemente esta villa de Santa Olalla al Cristo de la Caridad y le nombraron su patrón, convirtiendo la antigua fiesta del Triunfo de la Cruz, que había nacido en 1212 por la batalla de las Navas de Tolosa, en la Fiesta del Cristo de la Caridad.
Solo en otra ocasión en 1885 durante una epidemia de cólera en la que murieron 45 santaolalleros se renovó el voto. Aunque no se hizo de manera directa sino que el concejo de Santa Olalla se unió al voto realizado en La Puebla de Montalbán.
Hoy ante similares calamidades, Santa Olalla renueva su voto, su consagración al Cristo de la Caridad como patrón de esta villa y protector de la salud de sus vecinos.
Renueva el voto, en nombre de todos nosotros, nuestro alcalde don Pedro Congosto Sánchez.
sábado, 11 de julio de 2020
Un álbum de fotos de las procesiones de vehículos de San Cristóbal en Santa Olalla
domingo, 5 de julio de 2020
Un alfarero en Santa Olalla: Gregorio Sánchez Rodríguez
Tenemos
documentada la presencia de un alfarero en Santa Olalla, que durante los trece años de producción que tuvo en nuestro pueblo surtió de cacharros de barro para uso
doméstico a la mayoría de las casas santaolalleras, muchas de las piezas
antiguas que todavía se conservan, ya como reliquia, fueron salidas de su alfar
y horno. Se trata de Gregorio Sánchez Rodríguez (Talavera de la Reina, 24 de
diciembre de 1897).[1]
Desde muy joven
comienza a trabajar en los alfares talaveranos de “El Carmen” en la época de Emilio Niveiro y
Gil de Rozas, y posteriormente en la fábrica “Juan Ruiz de Luna” en el tiempo
de la sociedad de Ruiz de Luna con Guijo y Cía.
Muy pronto dominó el oficio y en Calera y Chozas estuvo ayudando a un alfarero que enfermó. Trabajó como alfarero en La Iglesuela y Los Navalmorales. En Alcaudete de la Jara, siendo todavía soltero, se establece por su cuenta.
Se casó con
Rufina Corrales Gracia; nacida, como él, en Talavera de la Reina en 1900.
Tuvieron a su primera hija. En 1923 llegó a Santa Olalla, donde se estableció
en una vivienda de la calle Alcolea, y allí tendría ocho hijos más.
En los
diversos anuarios de industriales aparece alternativamente como cacharrero y
como alfarero.
Su alfar
estaba situado en el barrio de las Charcas, la tierra la cogía del camino
Carriches, quitaban la de tierra de labor y bajaban después unos 50 centímetros.
Usaban la misma tierra para los cacharros de agua y para los de fuego. La
tierra la dejaba secar en una era y deshacían los terrones con un porrillo;
hacían la mezcla con agua en un pilón, se batía con una pala de madera y se
pasaba a dos pilas donde se dejaba solar. El barro solado lo pasaban al obrador
donde se pisaba y recogía en un rincón, tapándolo con arpilleras.
El horno era
abierto y algo enterrado, en la misma línea de todos los de la provincia. En la
rueda trabajaba solo él, pero en el resto de tareas contó con la ayuda de su cuñado
Alfonso Gil. Algunas vasijas se vidriaban, cociéndolas dos veces, la segunda
después de aplicado el esmalte.
Elaboró cántaros
de tres capacidades, también traía cántaros de la Puebla de Montalbán para
vender, botijos, huchas, comederos, bebederos, nidos para las palomas o zambombas.
Y vidriados solían hacer los pucheros, cazuelas, ollas y orzas.
Vendían a los
santaolalleros y también a otros cacharreros que distribuían su producción por pueblos
como Torrijos, Novés o Escalonilla.
Fue músico
por afición y tocó en la banda de Santa Olalla.
En julio de
1936 cuando las tropas de Franco avanzaban por la carretera de Extremadura hacia
Santa Olalla, Gregorio y su familia se refugian en Madrid. Terminada la guerra
no regresarían a Santa Olalla y se estableció en Los Navalucillos.
[1] PRADILLO MORENO DE LA SANTA, Juan Manuel:
Alfareros toledanos, (Junta de
Comunidades de Castilla-La Mancha. Toledo, 1997).
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Cántaro de Santa Olalla Catalogado por Juan Manuel Pradillo y que perteneció a su colección |